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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20081221

Título: San Pablo nos ofrece varias definiciones acerca del Evangelio

Original en audio: 17 min. 13 seg.


Hermanos:

Casi siempre en nuestras lecturas hay una gran relación entre la primera y el evangelio; la segunda lectura es un poco independiente. El peligro que esto tiene es que casi nunca se predica de la segunda lectura, mucho menos cuando el evangelio es tan hermoso, tan importante como es el evangelio de la Anunciación.

El anuncio que el ángel Gabriel le da a la Santísima Virgen invitándola a responder al amor de Dios, esto en sí mismo es maravilloso, Dios toca a la puerta del corazón de María y la invita a que Ella responda. Entra la gracia, el regalo de Dios, pero también entra la voluntad humana, que tiene que responder.

Mi atención, sin embargo, va a detenerse por unos minutos, como ustedes pueden presentirlo, en la segunda lectura de hoy. Una lectura que es muy difícil de leer como nos lo puede contar aquí la lectora.

Uno no sabe qué hacer con esa lectura, es difícil, y lo único que uno quiere es que se acabe pronto. Está tomada del final de la Carta a los Romanos y lo que sucede con la Carta a los Romanos, escrita por supuesto en griego, es que en el idioma griego muchas frases resultan como una especie de caracol. Son frases largas que tienen dentro otras frases y otras frases y a veces uno no termina de entender qué es lo que se dice.

Yo voy a desmadejar esa frase. Ustedes saben que la Iglesia tiene un oficio, una profesión que se llaman los exégetas, o los exegetas, que son los que tienen que ayudar a sacar el sentido de la Palabra de Dios. Yo no llego a tanto, yo soy un desmadejador. Vamos a desmadejar un poco esta segunda lectura, está tomada del capítulo dieciséis de la Carta a los Romanos y básicamente es una alabanza.

La frase sencilla –porque estas son frases dentro de frases, dentro de frases-, la frase sencilla es ésta: “Hermanos, al que puede fortalecernos según el Evangelio, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” Carta a los Romanos 16,25-27. Y el pueblo dice: "Amén".

Esa es la frase, la frase de San Pablo es esa: “Al que puede fortalecernos según el Evangelio, la gloria por los siglos de los siglos” Carta a los Romanos 16,25-27. Fortalecernos según el Evangelio.

Pero entonces empieza a explicar cuál es el Evangelio, y en esto le sucede como cuando una persona está enamorada, o cuando una persona quiere contar una historia con muchos detalles, que empieza a decir algo, pero se acuerda y sigue por otra cosa, y se acuerda y sigue por otra cosa.

Eso le pasa a la gente enamorada y les pasa a los niños cuando van a contar una historia. El verbo de los niños es como el "Chavo del 8": “Fíjate, fíjate, fíjate, fíjate todo lo que me pasó, me encontré, y ese me dijo, y el otro me dijo, pero ese fue el mismo...”. Y así se va volviendo un poco complicado el relato. San Pablo aquí habla como un enamorado, habla como un niño que está fascinado por la palabra que predica. San Pablo no perdió esa característica, San Pablo no perdió su entusiasmo, su amor, su pasión por el Evangelio.

Entonces, la frase es muy sencilla: “¡Al que puede fortalecernos según el Evangelio, la gloria por los siglos” Carta a los Romanos 16,25-27, esa es, es decir: "Alabemos al que nos puede dar la fuerza a través de su Evangelio".

Pero San Pablo dentro de esa frase chiquita mete muchas otras frases, porque él tiene que explicar cuál es el Evangelio. Entonces dice: “Es el Evangelio que yo proclamo” Carta a los Romanos 16,25. Y ese evangelio que él proclama es predicando a Cristo Jesús. Es el Evangelio de los Apóstoles y es el Evangelio que anuncia el mensaje de Cristo Jesús.

¿Qué significa la palabra "Cristo"? Significa Ungido. El nombre "Jesucristo" quiere decir: "Jesús es el Cristo"; Jesucristo quiere decir: "Jesús es el Ungido". ¿Cómo se dice Ungido en hebreo? Se dice Mesías. Jesús es el Cristo, Jesús es el Mesías, Jesús es el Ungido.

Jesús de Nazaret, el humilde Profeta, grande en obras y palabras, que murió en la Cruz, Ese es el que recibió la unción de Dios, Ese es el que trae la salvación. Ese es el resumen del Evangelio, ¡qué bonito! La palabra Jesucristo ya es el resumen del Evangelio. Uno dice: "Jesucristo", y está diciendo: "Jesús es el Cristo, Jesús es el Mesías, Jesús es el Ungido de Dios. Jesús de Nazaret, el humilde profeta de Nazaret, grande en obras y palabras, Ese que pasó haciendo el bien, ese es el Ungido de Dios". ¿Ungido para qué? Ungido para realizar la obra de nuestra salvación.

Pero él sigue explicando cuál es ese Evangelio, qué es predicar a Cristo Jesús. Dice: "Revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos" Carta a los Romanos 16,25. "El Evangelio es revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos"Carta a los Romanos 16,25.

El Evangelio es un misterio. La palabra "misterio" ¿qué quiere decir? Misterio no significa lo que no se puede entender, sino lo que nunca acabaremos de entender. -Para los que son amigos de las frases, escriban esa que les va a servir y es muy bella-. Misterio no es lo que yo no puedo entender, misterio es lo que yo nunca acabaré de entender. Por ejemplo, en este humilde y hermoso altar vamos a consagrar el pan y el vino como Cuerpo y Sangre de Cristo, es el misterio de la presencia de Cristo en la Eucaristía.

¡Misterio! ¿Qué quiere decir misterio, que ahí no se entiende nada? No, quiere decir que por más que profundicemos y profundicemos y profundicemos, siempre sentimos que hay más para sacar y que nunca terminaremos de entender, nunca terminaremos de abarcar. Eso es misterio en la Biblia. Misterio no es una barrera, misterio es un camino que avanza hasta el infinito de Dios. -Esa es otra frase que les sirve-.

El misterio no es una pared, no es una barrera, es un camino que se hunde en el infinito océano del poder de Dios, del amor de Dios, de la sabiduría de Dios.

Entonces San Pablo nos recuerda que el Evangelio es misterio, ¿y eso qué quiere decir? ¡Que jamás terminaremos de entenderlo! Se celebran miles de Misas todos los días. Han pasado decenas de miles, centenares de miles, tal vez millones de días desde que Jesús partió de esta tierra, -visiblemente por lo menos-, ¡y en esas millones de Misas y millones de predicaciones se habla de Jesucristo y nunca terminamos de admirar, nunca terminamos de agotar la riqueza del Evangelio!

El Evangelio es misterio, ¿misterio qué es? Un camino que se hunde en el infinito de Dios. Misterio no es lo que no se puede entender. Misterio es lo que yo jamás acabaré de entender. San Pablo llama a esto “el misterio mantenido en secreto durante siglos eternos” Carta a los Romanos 16,25.

Esta expresión creo que se encuentra solo aquí en la Biblia, “siglos eternos”. Eso es como cuando uno está esperando algo con mucha ansia. El tiempo se le alarga, se le alarga, cuando uno está esperando con mucha ansia. Por ejemplo, le van a sacar a uno una muela, el tiempo... ¡Ese ejemplo no es bueno! Debo buscar otro mejor.

Cuando uno está esperando con ansia algo, ¿no? por ejemplo que llegue, que llegue el ser amado, ¿no? Que llegue el ser amado. Tienes, de pronto, una cita de amor. Cuando uno tiene una cita de amor, el tiempo se alarga, se alarga, se alarga. Entonces San Pablo dice que el Evangelio, que es la Buena Nueva del amor manifestado en Cristo, ese amor no empezó a existir en el día de la Anunciación, ese amor ya estaba ahí. El amor ya estaba en el corazón de Dios pero no había aparecido, no se había manifestado, no sabíamos de él. ¡Pero sí lo necesitábamos!

Yo hago la comparación casi siempre con la persona que está pasando grandes estrecheces económicas y tiene un CDT por dos mil millones de pesos ahí en una gaveta del escritorio, y pasando hambre y metiéndose en nuevas deudas y sufriendo mucho, y con ese poco de dinero ahí amontonado en un papel o en un baúl.

¿Ve? Eso es lo que nos pasaba a nosotros. Ya Dios nos amaba, Dios no nos empezó a amar el día del sí de María, ya Dios nos amaba, pero ese amor estaba como escondido, y como nosotros necesitábamos ese amor, como nosotros necesitábamos esa salvación, el tiempo se nos hacía largo como dice Isaías por el capítulo 64: “Ojalá rasgaras el cielo y bajaras, ojalá vinieras, ojalá llegaras" Isaías 64,1. El tiempo se nos hacía eterno.

San Pablo llama al Evangelio: "Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora" Carta a los Romanos 16,25. Ese "ahora" es lo que en griego se llama Kayrós, el tiempo oportuno, el tiempo propicio, el tiempo de Dios. Esto que sucedió para toda la humanidad también sucede en tu vida. Por ejemplo, hay personas que no llevan la vida, sino que la arrastran, arrastran una vida triste, una vida miserable y no saben la noticia del amor de Dios.

Para ellos el amor está escondido, para ellos el amor está en secreto. Y ellos suspiran por ese amor, anhelan ese amor pero no lo conocen, pero para esas personas puede llegar el Kayrós.

Cuando Martha estaba orando al principio en esta reunión decía: ”¡Esta tarde es tarde para la gloria de Dios!” Es decir, este es el momento, este es el Kayrós. Lo que nos estaba diciendo Marta en su oración era: "Este es el Kayrós, esta es la visita, este es el momento, este es el ahora. El lugar es aquí y el tiempo es ahora". Recibe, recibe la visita de Dios; el tiempo es ahora, recibe, recibe la visita e Dios.

San Pablo nos dice que "el Evangelio es predicar que Jesús es el Cristo" Carta a los Romanos 16,25. "El Evangelio es revelar un misterio, –ya sabemos lo que es misterio–, revelar un misterio que estaba escondido pero que ahora se ha manifestado" Carta a los Romanos 16,25.

Y esa manifestación tiene varios niveles. Mire lo que dice el Apóstol: “Manifestado ahora en la Sagrada Escritura, dado a conocer por decreto del Dios Eterno para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe" Carta a los Romanos 16,26.

¿Cómo es la manifestación? "Manifestado en la Sagrada Escritura" Carta a los Romanos 16,26, porque Cristo es la plenitud del significado de toda la Biblia. Sin Cristo, la Biblia, -que sería solo Antiguo Testamento-, queda como una inmensa pregunta sin respuesta, queda como hambre que no encuentra, que no termina de recibir el alimento, queda como una promesa que no fue cumplida.

Entonces, "manifestado en la Escritura" Carta a los Romanos 16,26, porque Cristo es la plenitud de la Escritura. "Dado a conocer por decreto del Dios eterno" Carta a los Romanos 16,26, porque Cristo no se envió solo, Cristo fue enviado por el Padre. Y todo el amor que nosotros encontramos en Cristo no es otra cosa sino la benevolencia, la ternura, la piedad de Dios que se ha mostrado en el Hijo enviado, en Jesús.

Y dice que ese Evangelio tiene un objetivo, y con esto terminaremos esta predicación. El objetivo del evangelio, ¿cuál es? "Traer a todas las naciones a la obediencia de la fe" Carta a los Romanos 16,26. Ese es el Evangelio. El Evangelio es la obediencia de Cristo para la obediencia a Cristo. Así lo describe con otra palabras también en la Carta a los Hebreos.

Los que les gustan las frases, escriban esta que no la van a encontrar fácilmente, porque San Pablo en este pasaje, como escribió así enrevesado, entonces cuesta trabajo a veces entenderlo. El Evangelio es la obediencia de Cristo que invita a la obediencia a Cristo. Nos dice la Carta a los Hebreos: "Aprendió sufriendo a obedecer y se ha convertido así en causa de salvación para todos los que le obedecen" Carta a los Hebreos 5,8-9.

La obediencia de Cristo que acogió el decreto del Padre, -decreto de nuestra salvación-, se convierte en obediencia a Cristo, porque aceptando el mensaje del Señor y recibiendo sobre todo su gracia, nosotros entramos en plena comunión con el Padre.

Mire cuántas definiciones nuevas del Evangelio. No terminaremos de sacar todas estas riquezas, no nos va a alcanzar la vida para sacar todas estas riquezas.

Mire que hermosura las que hemos aprendido hoy: Que el Evangelio es misterio, -ya dijimos como era-, que el evangelio es proclamar que Jesús es el Cristo, que el Evangelio estuvo como escondido en secreto en siglos que parecían eternos, que el evangelio es plenitud de la Sagrada Escritura, que el Evangelio es el decreto de Dios Padre por nuestra salvación, y que el Evangelio es la obediencia de Cristo que se vuelve obediencia a Cristo.

Y eso es lo que queremos hacer nosotros, obedecer a Cristo, seguir su mandamiento. Y le preguntaban los judíos a Cristo: "¿Y cuál es el mandamiento? ¿qué es lo que tenemos que hacer?" "Lo que tenéis que hacer, -responde Cristo-, es creer en el que Dios ha enviado".

Nosotros respondemos entonces, ¡creyendo!