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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20081221

Título: Maria: tejedora del amor

Original en audio: 17 min. 11 seg.


Tiene una belleza especial que escuchemos este evangelio de la Anunciación que está en el capítulo primero del evangelio de Lucas, y que lo proclamemos y lo meditemos en esta Parroquia, que es la Parroquia de la Anunciación.

La imagen que tenemos aquí, que preside de algún modo esta iglesia, recuerda esa escena. Por supuesto, tenemos la Santísima Virgen, tenemos al Ángel Gabriel, y yo quisiera hacer mi reflexión mirando esta imagen porque muchos de ustedes van a ver más esta imagen que a mí; entonces esta queda, y siempre que la veamos podremos recordar este pasaje.

Esta imagen está pintada según la tradición de los iconos, las imágenes sagradas de Oriente, de los cristianos de Oriente. Y algunos detalles que yo pueda destacar de esta imagen ayudan a disfrutar más el texto bíblico y a enamorarnos más del misterio de la Encarnación.

Obsérvese que el ángel, pues, tiene alas, esto es muy frecuente en la representación de los ángeles. Esas alas no quieren decir que necesariamente se le haya visto así al ángel o María lo haya visto así. Las alas simplemente recuerdan la posibilidad de unir el cielo con la tierra, como los pajaritos y otros seres alados pueden levantarse y pueden bajar.

El Patriarca Jacob vio una escalera y ángeles que subían y bajaban. Las alas nos recuerdan la presencia providencial de los ángeles en nuestra vida. En particular aquí del Ángel Gabriel. Ustedes observan que tanto Gabriel como María tienen el halo propio, ese círculo luminoso, que es la representación de la santidad. Es un mensajero del cielo y es la santidad de María en la tierra.

Él es el mensajero de la gracia y Ella es la llena de gracia. Observan también que Gabriel tiene un cetro, ese elemento que aparece ahí es el cetro, que recuerda lo que dice el texto que hemos oído: “el Señor Dios le dará el trono de su Padre David” El cetro es la representación de la autoridad regia, la autoridad de un rey.

Además, en Israel, el cetro recuerda ese bastón de pastor que tenía Moisés, porque en la tradición de los hebreos, el rey es también el pastor, es el que dirige. De modo que el Arcángel se presenta ante María y le anuncia eso, que el que va a nacer es un Rey y eso está representado por medio del cetro.

Es un poco difícil si se mira desde lejos, pero para los que tengan buena vista, ustedes notarán cómo está la mano de Gabriel: es una mano que aparece en una posición un poco extraña. Lo que está haciendo Gabriel es uniendo el pulgar y el anular y los otros tres dedos aparecen saliendo.

En muchas iglesias cristianas, en comunión con nosotros los católicos en Oriente, la bendición el sacerdote la da, no con la mano así, como es común que lo hagamos aquí en Occidente, sino que el sacerdote une el pulgar y el anular y sobresalen los otros tres dedos, y el sacerdote da la bendición así.

Y dice uno: "Bueno, ¿y cuál es la razón de trazar la cruz así? Resulta que en los cinco dedos de la mano es fácil recordar los dos principales misterios de nuestra fe. Y esta cultura oriental es una cultura que se apoya mucho en las cosas gráficas.

Los dos dedos que se unen aquí representan las dos naturalezas de Cristo, que es verdadero Dios y verdadero Hombre. Y estos dos dedos se unen porque Cristo no es dos personas sino una sola persona, por eso está unido; una sola persona que es Dios y que es Hombre, por eso se unen estos dos. Y los otros tres dedos nos recuerdan el otro dogma, el otro centro de nuestra fe: las tres personas que representan un solo Dios.

Así como estos tres dedos que quedan corresponden a una misma palma de la mano, las tres personas divinas son una sola naturaleza. En Dios solo hay una naturaleza, aunque hay tres personas; y en Cristo hay una sola persona, aunque hay dos naturalezas.

Todo se recuerda con los cinco dedos de la mano. Entonces los orientales, al dar la bendición con ese modo extraño, lo que están recordando es la fe en el verdadero Dios y en el verdadero Cristo. Un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu, y un Cristo que es verdadero Dios y verdadero Hombre.

Trazamos la señal de la cruz y estamos diciendo: "El verdadero Dios y verdadero Hombre nos ha dado la verdadera salvación". Es muy hermoso. Eso es lo que representa Gabriel al acercarse a María.

En la parte superior de la imagen aparece la paloma, que es un símbolo muy tradicional del Espíritu Santo. La razón de que esté esa paloma es que en el Bautismo de Jesús, Juan, después de bautizar a Jesús, vio los cielos abiertos, expresión que no sabemos completamente qué significa.

¿Qué es eso de ver los cielos abiertos? Parece que es una experiencia espiritual de comunión entre lo que nosotros somos y lo que Dios es. Y una paloma sobrevoló, esa paloma representaba esa unción del Espíritu que Cristo recibió en su Bautismo para su misión particular, y su misión era darle le plena gloria a Dios a través de nuestra salvación. Por eso la paloma representa el Espíritu, porque muchas gente dice: "¿Y por qué la paloma representa el Espíritu?" Es por ese texto bíblico.

El color que rodea a la paloma es el dorado, no es amarillo sino dorado. El color dorado, lo mismo que el blanco resplandeciente, son los colores de la gloria, los colores de la divinidad, los colores de la majestad en el cielo.

La paloma habita en la gloria. Pero ustedes observan que hay una línea dorada que desciende y que está entre Gabriel y María. Es decir, el ángel le dice aquí a la Virgen: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y quedarás a la sombra poderosa del Altísimo” San Lucas 1,35.

Esta línea dorada es el cielo que desciende y ustedes observan que el cielo desciende, más o menos, hasta la altura del vientre de la Santísima Virgen, indicando de un modo bello y pudoroso, la acción del Espíritu que hizo posible el milagro de la Encarnación. Así se cumple lo que dice aquí el Arcángel: “A tu Hijo lo llamarán santo e Hijo de Dios” San Lucas 1,35.

Hay muchos otros símbolos que podríamos destacar. Observen ustedes que hay dos casas, como dos casas que aparecen: una casa antigua, una casa nueva. La de la izquierda y la de la derecha están unidas por una especie de manto. Esas dos casas, representan, por una parte, las dos alianzas, y por otra parte, los dos Testamentos. La Biblia tiene el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Entonces son separados, son dos alianzas distintas. Uno puede vivir en la casa del Antiguo Testamento, uno puede vivir en la casa del Nuevo Testamento.

Pero con María empieza la casa del Nuevo Testamento, y aunque son dos casas distintas hay algo que las abraza, hay algo rojo que las abraza: ese manto rojo representa la comunión en el misterio de la sangre, porque aunque eran dos alianzas distintas: la alianza de Moisés y la Alianza de Jesús, en ambos casos fueron selladas con sangre.

Pero hay una gran diferencia: la sangre de la alianza de Moisés fue la sangre del cordero pascual, mientras que la Sangre, en el caso de Jesús, es la Sangre del Hijo mismo de Dios.

Un último elemento que quiero destacar de esta hermosa imagen es: si uno mira con detalle uno ve que María está tejiendo. María tiene un huso, ¿cierto? Esta barrita que tiene un hilo, está tejiendo, el tejido es no solamente un símbolo de un hogar que comienza, porque se teje precisamente para los de casa. En esta cultura el tejido no es tanto para vender sino para los de casa. Pero sobre todo es un recordatorio del salmo 139 en el cual se dice bellísimamente, que "Dios es el que teje" Salmo 139,13. Dios es el que teje en el vientre de la mamá, Dios teje a cada ser humano.

Y fíjate que algo de eso queda en la medicina, nosotros hablamos de los tejidos. En biología, un conjunto de células es un tejido. Un tejido es, por una parte, ese conjunto de células que constituyen, que tienen una misma función y están conectados de varios modos; pero un tejido también es esto. Es decir, María es donde se teje, María es donde se teje a Cristo, ¡es algo tan sutil, es algo tan hermoso! El tejido de Cristo, el cuerpo de Cristo, sucede en el vientre de María.

Una vez más, ustedes ven que a la altura a la que llega el rayo de la gloria del Espíritu Santo, que es más o menos el vientre de María, es a la misma altura a la cual está el tejido de Ella.

Es decir, Ella recibe, por una parte, esa luz, esa gracia del Espíritu; pero por otra parte, Ella teje a Jesucristo, Ella le da una textura a Cristo. Cristo es al mismo tiempo un regalo del Espíritu, regalo del Espíritu que es contexto de amor por medio del cual Dios Padre realiza el milagro de la Encarnación en María.

Esa advocación del Espíritu no la dejen perder: "El Espíritu Santo, el contexto de amor de la declaración del Padre". Fíjate: "Contexto de amor". Y al mismo tiempo María que teje, teje la vida de Cristo.

El tejido de la vida de Cristo no es solamente darle un cuerpo a Cristo; es lo que se hace con un niño al educarlo. Tejer la vida de una persona no es solamente darle un cuerpo y tirarla al mundo. Tejer la vida de un niño es ayudarle a conectar unas con otras cosas en su vida, es darle una estructura. Lo que hace que una persona pueda no solamente sobrevivir sino ser útil y realizarse plenamente, es que tiene que tener una estructura, y el papá y la mamá lo que hacen es tejer eso en los niños: tejer las razones, tejer los afectos, tejer las oraciones.

Qué hermoso que papás y mamás, según esta imagen, se miren como aquellos que están tejiendo en sus hijos, están dando una estructura a los hijos.

Hay una tradición que dice que María fue la que tejió también el manto que utilizaba Jesús. En aquella cultura la gente no se cambiaba mucho de ropa, y la gente conservaba los mantos, hechos de hilos muy fuertes, los conservaba como tesoro precioso.

En el momento de la crucifixión se dice que repartieron las vestiduras de Jesús, pero hubo una túnica o un manto que estaba hecho de una sola pieza, de arriba abajo. Los que saben tejer, y sobre todo, las que saben tejer, se pueden imaginar lo difícil que es hacer, de una sola pieza, un vestido para un adulto.

Hay una piadosa leyenda que dice que el manto de Jesús, o la túnica de Jesús, la había hecho María, cosa que no es absurdo pensar. Y ese manto de Jesús, esa túnica, que se llama inconsútil, o sea que no tenía ningún remiendo, ninguna costura porque había sido hecha de una sola pieza, esa fue la misma que rifaron los soldados.

Les pareció preciosa, era la tela que había hecho, era el vestido que había hecho María, y a los soldados les pareció tan bonita que dijeron: "Esto no lo rompamos", y lo rifaron entre ellos.

También dice otra leyenda que ese manto con el que se cubre pudorosamente la parte central del cuerpo Cristo fue tomado precisamente de otro tejido de la Virgen, probablemente su propio velo. Estos relatos antiquísimos, del manto que cubre a Cristo en su parte central, y del manto que fue rifado, enlazan perfectamente con una imagen como esta en la cual María es la que teje a Jesús y la que teje para Jesús. En ambos casos el mensaje es: Jesús como un regalo de María para cada uno de nosotros.

Yo lo que los puedo invitar, mis hermanos, es a que recibamos ese regalo: regalo del Espíritu en la línea dorada de la gloria, regalo de María que con humildad y perseverancia ha tejido al Hijo de Dios. Regalo del cielo y de la tierra. Ese es Jesucristo para nosotros.

En esta Navidad, como decíamos al comienzo de la Misa, vamos a recibirlo así en el corazón. Que no haya solamente la Navidad social, que haya la Navidad real, y la Navidad real es recibir éste, el regalo de Jesús.

Y el regalo de Jesús es también el cielo. Cuando yo rezo por Patricia, ese es el regalo que yo le pido a Dios Padre para ella: que le dé a Jesús. Cuando rezamos la Salve a esta misma Señora le decimos: "Muéstranos a Jesús, muéstranos tu tejido, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre".

Bueno, yo le pido hoy a María, que haga este regalo a Patricia, si no lo ha hecho ya. María: muéstrale tu tejido, muéstrale tu regalo a Marta Patricia.

Amén.