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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19991219

Título: La fe, virtud fundamental en la Escuela de Maria

Original en audio: 11 min. 14 seg.


El Adviento tiene siempre cuatro domingos. Y las figuras que la Liturgia nos ofrece en su Palabra, van haciendo el camino hacia la celebración del misterio del Nacimiento del Señor.

Como habremos notado, seguramente, son tres estas figuras. En las dos primeras semanas, se destaca Isaías, en la tercera semana, Juan el Bautista, y esta última semana está centrada en las palabras, los hechos, los afectos, las esperanzas de María y de su esposo José.

Son los tres maestros que la Iglesia nos ha puesto, para que nos enseñen la ciencia de la esperanza, para que nos enseñen a quitar los obstáculos y a aguardar con amorosa paciencia la llegada de Jesús.

Tomando las lecturas que hemos escuchado durante todo este tiempo, lo que podemos entender, es que se trata no solamente de un recuerdo. Hay una novedad permanente en la obra de Jesucristo en nuestra vida. Y nosotros aprendemos a esperar, ejerciendo, precisamente, la esperanza.

Cuando nos acercamos a estos misterios, los que son propios de la Encarnación del Hijo de Dios y de su nacimiento en nuestra naturaleza mortal, cuando repasamos esas lecturas, estamos también educando a nuestro corazón para el retorno último de Jesucristo; pero, además, para acogerlo, para recibirlo, para encarnarlo, -podríamos decir-, en los acontecimientos de nuestra vida.

De los tres maestros, Isaías, Juan y María, indudablemente, es Ésta última la que puede decirnos más sobre lo que significa acoger la Salvación de Dios y ofrecer la Salvación de Dios. Porque, en Ella, esa esperanza se convierte en cumplimiento, y esa paciencia se convierte en júbilo y en alabanza.

Necesitamos inscribirnos en la Escuela de la Santísima Virgen. Necesitamos aprender de Ella, qué es éso de acoger la Salvación de Dios. Necesitamos recibir sus lecciones, para que la obra de Dios no sea en vano para nosotros.

Ya no es el Ángel Gabriel, o por lo menos, ya no son sólo los Ángeles los que nos predican la llegada de Jesucristo. A través del ministerio de los Apóstoles y de la Iglesia entera, el anuncio de Salvación está hoy fresco, tan fresco como en la mañana de Pascua.

¡Ahí está la propuesta! ¡Ahí está la oferta! Lo que se necesitan son corazones modelados según el Corazón de la Virgen, para recibir esa propuesta, para encarnar a Jesucristo, y para ofrecer a Jesucristo por la vida del mundo.

El anuncio, el mensaje está ahí. Todo esto que dice el Ángel a la Santa Virgen según el evangelio de hoy, está vivo, se sigue anunciando, se sigue proclamando. Está fresco y nuevo, disponible para los oídos, para el corazón y para la vida.

Como necesitamos de la Escuela de la Santísima Virgen María, necesitamos aprender de su silencio y de su palabra oportuna, de su humildad y al mismo tiempo, de su audacia, de su prudencia y de esa exquisita manera de ofrecerse a Dios; su perfecta disponibilidad.

Con Ella, nosotros aprenderemos a escuchar el Anuncio que nos llega por la voz del Ángel, que nos llega por la voz de la Iglesia. Con Ella, aprenderemos a no recibir en vano ese Anuncio, a darle fe viva, a recibir esa Palabra, y a convertirla en carne de nosotros.

¿Qué lecciones serían las primeras dentro de esa Escuela? ¿Qué es lo primero que nosotros podríamos recibir de Ella? Esa es una pregunta difícil de responder, me parece a mí. Porque, compiten en ese Corazón Santísimo, el tamaño de la humildad, de la fe, de la esperanza, del amor.

Difícil sería decir, qué es lo primero que hay que tener. De lo que sí podemos estar seguros, es de que en Ella, lo mismo que en todos nosotros, la puerta de la fe es la que hace posible todo lo demás. Esa palabra última que le dice el Ángel en la escena misma de la Anunciación, es válida también para nosotros: "Para Dios nada hay imposible" San Lucas 1,37.

¿Crees tú que Dios puede tomar tu vida y transformarla más allá de tu imaginación? Si esa puerta está abierta, seguramente las demás bendiciones de Dios pueden llegar. Si esa puerta está cerrada, creo que todo lo demás se pierde.

Me parece a mí, que la primera y principal enseñanza del Corazón de María, está en la fe. Por algo, la felicitación que le da Isabel, es fundamentalmente porque ha creído. ¡Es la fe!

Debido a que son tantas y tan grandes las virtudes de la Virgen, uno puede quedar como prendado de otras virtudes. Sin embargo, esas otras virtudes no existen sin la fe. Y no tienen, ni su tamaño, ni su belleza, sin la fe.

Podemos admirar la pureza de María. Podemos admirar su resistencia hasta el martirio espiritual, como predica San Bernardo, su generosidad, su humildad, tantas otras cosas. Mas, si admiramos esas virtudes sin la fe, intentaremos lograrlas con nuestros recursos que son ridículamente insuficientes y que sólo pueden prepararnos estrepitoso fracaso en el camino del Espíritu.

Admirar, por ejemplo, la humildad ante tantas tribulaciones, dificultades, persecuciones, admirar eso y después pretender imitarlo, nos lleva al ridículo intento de repetir Babel.

La virtud fundamental, la primera, -siendo todas grandes, siendo todas inconmensurables-, es la fe. Y con esa fe, podemos abrir la puerta para que Dios construya en nuestra voluntad y luego con nuestra voluntad, todo lo que sea necesario para que la Redención que nos mereció Jesucristo, alcance su plenitud.

Pidamos al Señor, entonces, ese don que es el primero de todos: creer; creer infinitamente, creer sin medida. Lo primero que tiene que volverse infinito en nosotros, es la fe. Roguémosle a Dios, pidamos la intercesión de la Virgen para esa fe.

¿Hasta dónde estás dispuesto a creerle a Dios? Es una pregunta que podemos hacernos en estos últimos días ya cercanos a la Natividad del Señor. ¿Hasta dónde estás dispuesto?

"¡Para Él, nada es imposible!" San Lucas 1,37. ¿Hasta dónde estás dispuesto a creerle? ¿Hasta dónde puede llegar tu fe? Si le encuentras límites a esa fe, pide a Dios que te dé una fe sin límites.