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Fecha: 20021215

Título: El Adviento es una espera en alegria por medio de la oracion y el agradecimiento

Original en audio: 15 min. 37 seg.


El tercer domingo de Adviento tiene una nota de alegría, como lo hemos notado en las dos lecturas primeras y en el texto que hemos utilizado como Salmo de respuesta, que no es otro sino una porción del Cántico de alabanza de la Santísima Virgen María.

Los vestidos de Adviento no son vestidos de alegría, son vestidos de penitencia, de soledad, deseo de un futuro. Pero este domingo tiene esa nota de la alegría, porque aunque la esperanza no es presencia, saber esperar trae alegría. Y este es el primer mensaje para este día.

La verdadera esperanza sabe sonreír aunque todavía no tiene nada, aunque todavía no posee nada, lo mismo que sucede cuando aguardamos a una persona que nos es muy querida, a un amigo, o una amiga, o tal vez algún pariente. Aunque todavía no lo tenemos entre nosotros, el corazón se alegra.

Existe una alegría, incluso en la ausencia, y esa alegría hay que aprender a vivirla, porque la Iglesia, mientras esté en esta tierra, estará en Adviento y no tiene derecho, aunque esté en Adviento, a privarse de la alegría. Hay que saber sonreír y hay que saber alegrarse, aunque todavía no poseamos, aunque sólo estemos esperando.

Podemos tomar una segunda enseñanza del Libro poético de Isaías en el capitulo sesenta y uno: “Como el suelo echa sus brotes, el Señor hace brotar su justicia y los himnos ante todos sus pueblos” Isaías 61,11.

Es una imagen lindísima, porque mientras no salen los brotes, parece que la tierra no tuviera nada; mientras no se ven los brotes, nosotros no vemos las semillas, pero cuando aparecen los brotes, entonces sabemos que hay algo que estaba sembrado.

Si tenemos dos parcelas, una donde se ha sembrado y otra donde no se ha sembrado, mientras no aparecen los brotes, pareciera que no hubiera nada en ninguna de las dos; pero un día aparecen los brotes, y entonces sabemos en dónde se sembró.

Apliquemos esto a nuestro caso. La mayor parte de nuestro trabajo es semilla, semilla que sembramos para la cosecha de la vida eterna, y por eso la mayor parte de lo que sembramos no se ve. Sembramos y predicamos la Palabra, sembramos y anunciamos el Reino de Dios, pero no se ve, parece que no se hubiera hecho nada, porque no se ven los brotes.

“Cuando aparezcan los brotes, aparecerá la justicia del Señor y los himnos jubilosos de su pueblo” Isaías 61,11. Saber esperar es saber sembrar, y saber sembrar es entender que los brotes no se van a ver inmediatamente, mucho menos los frutos, ni tampoco las flores; no se van a ver los brotes, por eso sembrar se parece a perder.

Si uno saliera al campo con un poco de semilla y luego regresara después de haberla sembrado, como la semilla no se ve inmediatamente, parece que se hubiera perdido mucho de nuestro trabajo; va a parecer perdido y va a parecer que hemos desperdiciado nuestro tiempo y nuestras fuerzas, porque no se va a ver. Pero, “Cuando aparezcan los brotes, entonces brillará la justicia del Señor y los himnos jubilosos de su pueblo” Isaías 61,11.

Saber sembrar, saber esperar es saber ser invisible, es tener paciencia para ser invisible. Hemos aprendido hasta ahora dos cosas: que saber esperar es saber sonreír en la ausencia, y segundo, que saber esperar es tener paciencia mientras somos todavía invisibles.

Cuando las leyes injustas ganan terreno en los parlamentos, cuando las guerras parecen extenderse, cuando los coeficientes de muerte por hambre o por otras causas aumentan, cuando las estadísticas nos hablan del desastre de la familia, sentimos que somos invisibles, que lo que hacemos no aparece.

Saber esperar es tener paciencia para ser invisible, aguardar el día en que brote la justicia.

Y una última enseñanza, que tomamos de la lectura de San Pablo. Pablo reúne tres cosas: la alegría, de la que ya hemos hablado, la oración y la gratitud, y las tres son permanentes. Fíjate como que dice esta traducción: “Estad siempre alegres” 1 Tesalonicenses 5,16, permanecer.

“Sed constantes en orar” 1 Tesalonicenses 5,17; constantes, permanecer. “En toda ocasión, tened la acción de gracias” 1 Tesalonicenses 5,18; en toda ocasión, permanecer.

Y luego dice: “Esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús con respecto a vosotros” 1 Tesalonicenses 5,18.

Un modo interesante de resumir la voluntad de Dios: permanecer en la alegría, en la oración y en el agradecimiento, la gratitud. La plegaria y la alegría van juntas, y a mi me parece que no podemos separarlas; no se puede permanecer en la alegría si no se permanece en la oración, porque el mundo tiene suficientes motivos de tristeza, y si no hay nada más que mirar sino este mundo, entonces la alegría se le apaga a uno.

Pero el que tiene un ojo en este mundo y un ojo más allá de este mundo, el que puede ver más allá de lo que aquí encuentra, y esa es la mirada que nos da la oración, ése puede permanecer en la alegría. Somos llamados a la alegría, a sonreír incluso en la ausencia, pero no podemos permanecer en la alegría, si no permanecemos en la oración.

Por otra parte, hay una relación también entre el agradecimiento y la alegría. Nosotros necesitamos una mirada especial: siempre hay que agradecer. Sólo desde esa mirada positiva que nos da la alegría encontramos qué agradecer. ¡Y es tan importante aprender a agradecer, tan importante!

La alegría despierta la acción de gracias, y la gratitud conserva la alegría. Examine usted a la gente que conoce y descubrirá que las personas que son más agradecidas son las personas más felices, y es que es natural. La persona que es agradecida se acostumbra a buscar qué agradecer, es decir, lo bueno.

La persona que tiene la virtud, el buen hábito de agradecer, agradecer en toda ocasión, como dice San Pablo, es la persona que tiene también el buen hábito de encontrar lo bueno, de encontrar lo positivo, y por eso puede permanecer alegre.

De manera que el agradecimiento, el hábito de buscar lo positivo y la oración, el hábito de penetrar a través de lo negativo, son necesarias para permanecer en la alegría.

La alegría no puede subsistir sola, necesita esas dos piernas, tiene que sostenerse con la acción de gracias, con el agradecimiento, que trae consigo la buena costumbre de ver lo positivo, y la oración, que trae consigo la buena costumbre de mirar a través de lo negativo.

Cuando un apersona realmente impregna su vida de oración, puede mirar a través de lo negativo y presentir el buen fruto que de ahí saldrá; y cuando una persona cultiva la gratitud, tiene el buen hábito de encontrar lo positivo, y cuando una persona tiene esas dos cosas, es indestructible, puede permanecer en la alegría.

Bueno, ¿y por que Pablo nos invita a la alegría? ¿Por qué nos ordena que seamos alegres? nos dice que: “Esa es la voluntad de Dios en Cristo Jesús” 1 Tesalonicenses 5,18. Eso suena como muy solemne, ¿qué tal eso? ¡La voluntad de Dios es que usted sea alegre! Uno esperaría que dijera: "La voluntad de Dios es que usted sea santo, bueno, generoso, misionero".

¡La voluntad de Dios es que usted sea alegre! Lo que sucede es que la alegría es una gran defensa contra el pecado. El pecado necesita encontrarnos confundidos o encontrarnos tristes, para poder arrastrarnos. La alegría no es todo, pero sí, en gran parte, la tristeza nos convierte en juguetes del demonio.

Según dice esa frase: “Al demonio le gustan las almas tristes porque son su juguete”, es fácil inducir al pecado un alma triste, porque pasar de la tristeza a la amargura es fácil, pasar de la tristeza a la amargura, al resentimiento, es muy fácil; pasar de la tristeza, a la amargura, a la tristeza, al odio es muy fácil.

Irnos de ahí al país de la envidia, muy sencillo, todo eso está conectado, además, como el alma humana necesita motivos de gozo, de esparcimiento, las almas tristes son las almas curiosas. Un alma triste, un alma apagada necesita alicientes y un aliciente es una tentación, algo emocionante: "¿Qué tal un vicio, una amistad prohibida, un pecado?"

Un alma alegre es un alma que está supremamente defendida contra el pecado. El demonio, cuando quiere hacernos pecar, siempre llega a proponernos algo, pero si nos encuentra alegres, ¿qué nos puede proponer? Si ya nos encuentra felices, ¿qué nos puede proponer? Si todo lo que él puede proponer es felicidad, placer, gozo, pero si ya lo tenemos, se queda sin qué proponernos el demonio; nada gana, al menos que el alma esté triste o esté confundida, por eso es importante la alegría.

La alegría no es una pintura decorativa en la vida humana, la alegría es un mandamiento; "estad alegres" 1 Tesalonicenses 5,16, eso no lo dice San Pablo únicamente porque esté en simpatía con esta comunidad; "estad alegres" es porque la alegría es una gran defensa contra el pecado, ¡nunca se le olvide eso! ¿Qué le puede proponer el demonio a un alma alegre? Nada.

Pero eso no es todo, se necesita también sabiduría, por eso dice San Pablo: “No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo; quedándoos con lo bueno” 1 Tesalonicenses 5,19-20. Si nosotros llegamos a ser almas sabias, con esta sabiduría que discierne lo bueno y lo malo, y almas alegres, ¡es casi imposible el pecado, es casi imposible!

Una persona que tenga luz y que tenga gozo, está muy, muy protegida contra el pecado, y por eso dice San Pablo esa cosa tan solemne, “Esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús” 1 Tesalonicenses 5,18. Por eso es tan importante la alegría.

Hay que tenerle miedo a la gente que no está feliz, el que no está feliz está tramando, el que no está feliz se está escondiendo, el que no está feliz se está escondiendo o esta escondiendo algo. La felicidad es el estado propio de aquel que se acerca al bien entre los bienes, que es Dios.

Hay que tener temor, y según dice la Carta a los Hebreos, “Hay que velar para que ninguna raíz amarga llegue a nuestras comunidades” Carta a los Hebreos 12,15; porque ahí donde desaparece la alegría, muy pronto una turba confusa de males, pecados y demonios atacan.

Bueno, hoy estamos hablando de la alegría, es el domingo de la alegría en Adviento; y hemos dicho que hay que saber esperar sonriendo, aunque hay ausencia; hemos dicho que hay que saber esperar sembrando, aunque no se vea; y hemos dicho que hay que saber esperar alegres, porque el alma alegre es un alma defendida.