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Fecha: 20051204

Título: La vida cristiana en Adviento, un esperar y apresurar la llegada del dia del Senor

Original en audio: 10 min. 34 seg.


Queridos Hermanos:

Hay una expresión que aparece ya en el Antiguo Testamento y que se repite pocas veces en el Nuevo Testamento, pero con un profundo significado. Estoy hablando del "Día del Señor" 2 Pedro 3,10.

Para nosotros, el día del Señor es el domingo, un día de celebración, un día en el que la Liturgia nos recuerda la victoria de Cristo sobre la muerte.

Mas, cuando los Profetas hablaban del Día del Señor, realmente se referían a un sólo día; no a un día dentro de una semana, ni a un día dentro de un mes, o dentro de un año. Se referían a una intervención única, majestuosa, poderosa, soberana, irrepetible, algo que no tendría ningún paralelo. ¡El Día del Señor es la manifestación del Reinado de Dios!

Mientras estamos en esta tierra, siempre aparecen poderes. Hay mucha gente que tiene poder, por su dinero, por su familia, por el partido político al que pertenece, por los conocimientos, incluso por la belleza.

Cada vez más se utiliza esa terminología, también para las actrices y las cantantes. Cuando se menciona una "diva", la palabra "diva" lo que quiere decir es éso, "divina". Lamentablemente, las cosas se trivializan tanto, que incluso de algunas modelos se dice que son "diosas".

Por supuesto, ese no es el pensamiento de la Biblia. Muy al contrario, los Profetas fueron aquellas personas que predicaron, que hay Uno que es el Señor, que el Señor es solamente uno. Si algo está en primer lugar en la predicación de los Profetas, es el primer Mandamiento de la Ley de Dios: primero, Él.

Y si recordamos el enunciado de ese Mandamiento en el libro del Deuteronomio, lo que dice es: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón" Deuteronomio 6,5. Aunque, antes de eso, lo que expresa es: "Escucha, Israel, el Señor es solamente uno" Deuteronomio 6,4.

¡Dios es el que reina! ¡Sólo hay Uno que reina y ése es el Señor! Sin embargo, lo anterior no parece tan claro, cuando vemos desde el reinado de la belleza hasta el reinado de la ciencia, pasando por el reinado de la política, o de la corrupción, o del dinero, o lo que sea.

¡Dios es el Rey! ¡Dios es el que reina! Pero, eso no parece tan claro. Descubrir que Dios es el Rey, no es obvio. Y aquí es donde los Profetas anunciaban: "Llegará un día en el que será claro, en el que será obvio para todos, en el que será patente que sólo Dios reina".

Por eso anunciaban la visita de Dios. Esa visita de Dios es la manifestación de que Él es el Rey. ¡Él es el Señor! Esto, ciertamente, es parte de nuestra fe cristiana, ciertamente, es parte de nuestro Credo.

Cuando nosotros decimos, -quizá distraídamente en la Misa-, que "Jesús volverá a juzgar a los vivos y a los muertos", a lo que nos estamos refiriendo, es a esta visita, a esta visita de Dios con poder, a esta visita en que se manifestará la majestad del Señor.

Y eso es exactamente lo que nos cuenta la segunda lectura de este domingo, tomada de la segunda Carta del Apóstol San Pedro: "El Día del Señor llegará como los ladrones" 2 Pedro 3,10. Entonces, dice el Apóstol Pedro: "Los cielos desaparecerán con gran estrépito, los elementos serán destruidos por el fuego y perecerá la tierra con todo lo que hay en ella" 2 Pedro 3,10.

Aquí, Pedro no está hablando de un día entre otros días; está hablando de esa visita decisiva y última.

Hermanos, estamos en Adviento, estamos preparando la llegada del Señor, estamos preparando la visita de Dios. Mas, como dijo sabiamente un teólogo español hace poco, "el Año Litúrgico acaba de empezar, pero el Año Litúrgico empieza por el final".

Comienza por el final, porque lo primero que celebramos en el Adviento, es que Dios habrá de visitar decisivamente la historia humana. Lo que estamos recordando en Adviento, es que Él es el Señor y que su señorío se manifestará y aparecerá un día ante todos los pueblos.

Mucha gente cree que el Adviento es solamente la preparación para recordar que Jesús vino. Pero, el primer objetivo del Adviento, el primero en importancia y el primero cronológicamente hablando, -porque éste es el sentido de los primeros días del Adviento-, ese primer objetivo, mis hermanos, es que Dios viene, que el Día del Señor está pendiente, que Dios habrá de manifestar su gloria.

Nosotros estamos preparando el Cielo. Nosotros nos estamos preparando para el Cielo, también. Estamos predicando con nuestro ser, con nuestras palabras y con nuestras obras, estamos predicando al mundo, que hay Uno que es el Señor.

Por lo tanto, ser cristiano es vivir en Adviento, es vivir preparando la llegada de Jesús. Es lo que nos sigue diciendo el Apóstol Pedro: "Puesto que todo va a ser destruido, piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes" 2 Pedro 3,11.

Y vienen aquí los dos verbos, con los que quiero terminar: "Piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes, esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor" 2 Pedro 3,11-12.

Esa es la vida cristiana en Adviento; pero de algún modo, siempre. Nuestra vida es éso, esperar y apresurar la llegada del Día del Señor, el advenimiento, el retorno de Jesucristo.

Lamentablemente, muchos católicos viven distraídos de esto. Y cuando oyen hablar del retorno de Cristo, creen que esa es sólo una predicación para protestantes ¡Qué descuido tan grande! ¡Nosotros predicamos el retorno de Jesucristo! Porque, no podemos llamarlo Nuestro Señor, si no reconocemos que Él es el único Soberano, que Él es el Rey de reyes.

Aquí aparece clarísimamente la belleza del Año Litúrgico. ¿Cómo termina el Año Litúrgico? Proclamando que Jesucristo es el Rey de todos. ¿Y cómo empieza el Adviento? Suspirando, esperando y preparando la llegada del Rey de reyes.

Esa es nuestra vida cristiana, una vida aferrada a una esperanza alegre y poderosa, una vida que quiere ser consciente y consistente con esa enseñanza.

Esto significa, por cierto, lo que nos ha dicho el Apóstol: "Vivir con santidad, con generosidad, con entrega" 2 Pedro 3,11, vivir cada día así, preparar con nuestras palabras, preparar con la misma libertad con la que obramos, el retorno de Cristo.

¿Qué estás haciendo, cristiano? ¿Qué estás haciendo, cristiana? ¿En qué gastas tus días? ¿En preparar el retorno de Jesús? Porque, Él viene, y yo quiero que venga pronto, quiero que Él, que es el Señor, sea conocido, reconocido, adorado, amado y servido por todos.

Amén.