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Fecha: 20081130

Título: El Adviento nos recuerda que Jesucristo, aunque nacio en Belen, todavia tiene que venir a nuestras vidas porque necesitamos conversion

Original en audio: 20 min. 36 seg.


Decíamos al comienzo de la Eucaristía que nosotros los cristianos siempre celebramos el amor de Dios manifestado en Jesucristo. El motivo de nuestro gozo, el motivo de todas las celebraciones es siempre uno: Jesucristo. Jesucristo como expresión viva del amor de Dios. Jesucristo como Esperanza de la humanidad. Jesucristo como compendio de todo aquello que encontramos de bueno en esta vida y más allá de esta vida. Jesucristo como la razón de ser del universo.

Nosotros siempre celebramos a Jesucristo, pero como el amor de Cristo se hizo especialmente manifiesto cuando entregó todo por nosotros en la cruz, la celebración más grande que tenemos es la celebración de su Muerte y de su gloriosa Resurrección.

Esta celebración es la que se llama la Pascua, y como es la celebración más grande, hay que prepararla. Hay un tiempo de preparación para la Pascua, ese tiempo se llama la Cuaresma, hace memoria de los cuarenta días que Cristo estuvo en el desierto. Esa es la Cuaresma.

Y luego, como el don de la Resurrección de Cristo hay que saber apreciarlo, como es un regalo que tiene tanta riqueza por dentro, entonces esa fiesta de la Pascua se prolonga en el tiempo que se llama precisamente tiempo pascual.

Entonces así tenemos Cuaresma y tenemos Pascua, son dos tiempos litúrgicos importantísimos que tenemos. La Cuaresma, esos días antes de celebrar la Semana Santa y la Vigilia Pascual y todo aquello. Y luego lo que llamamos el tiempo de Pascua que son cincuenta días hasta Pentecostés.

Estos son dos tiempos litúrgicos y esos dos tiempos son lo más antiguo que tenemos los cristianos. Lo primero que celebraron los cristianos es lo mismo que nosotros celebramos: la muerte cargada de amor de Jesús, y su Resurrección que es el perdón para nosotros y la fuente de nuestra esperanza y alegría.

Pero después de un tiempo, después de unos siglos, esa contemplación del misterio de Cristo va ayudando o va llevando a los cristianos a descubrir otras riquezas, por ejemplo las riquezas de la Encarnación y del Nacimiento.

En los Evangelios se cuentan los acontecimientos que precedieron el Nacimiento de Cristo, y ciertamente hay motivo para celebrar ese nacimiento porque como lo vamos a ir encontrando en todas estas lecturas preparatorias, en ese Nacimiento se reúne, podemos decir se concentra, el anhelo de muchos siglos.

Un anhelo, una esperanza, un deseo, que no es solamente de tiempos pasados, sino que sigue siendo también nuestro anhelo, porque nosotros seguimos necesitando de Cristo.

Entonces así surgió otra pareja de tiempos litúrgicos. Teníamos ya Cuaresma y Pascua. Eso es por allá hacia el tiempo de primavera en el hemisferio Norte.

Pero entonces vienen otros dos tiempos: el tiempo de Adviento, que es el que estamos empezando hoy y que llega hasta el día de Navidad, y luego, precisamente el que se llama tiempo de Navidad que es muy cortico, dura usualmente unas dos o tres semanas y es básicamente para celebrar el gozo del Nacimiento de Cristo, pero también su manifestación a los pequeños, a los pobres, a los extranjeros, como se da en el caso de la Epifanía.

Todo esto es para que conozcamos y para que valoremos nuestra Liturgia que es preciosa y está llena de símbolos. Yo por lo menos no quisiera que ninguno de ustedes se sintiera extraño, se sintiera como un simple visitante en la casa de Dios. Esta es nuestra casa y tenemos que conocer el significado, el significado tantas veces hermoso, rico, que tienen estos símbolos a veces inadvertidos, a menos que alguien nos cuente de qué se trata.

Quizás, por ejemplo, no conocíamos esto de la corona de Adviento, entonces si alguien no sabe nada de la corona de Adviento y un día llega y ve que hay unas velas de colores, de pronto dice: "Debe ser que pusieron eso por un bautismo, o debe ser que la señora que hace la decoración se le ocurrió eso.

Y nos perdemos esas pequeñas cosas, esos pequeños detalles que son también un lenguaje, porque a través de los símbolos, la Iglesia, lo mismo que sucede en las familias o que sucede en las parejas, a través de distintos símbolos, la Iglesia tiene un lenguaje de amor. De esto, seguramente sabemos mucho, nuestra vida está llena de símbolos, tomarse de la mano es un símbolo, regalar algunas flores es un símbolo.

Cuando la gente se pone esos gorritos, para mí ridículos pero chistosos, esos gorritos puntiagudos que a veces se ponen en los cumpleaños, ese es un símbolo, es una manera de ponernos todos ridículos para facilitar que todos nos riamos de todos. Entre otras cosas, sirve para eso.

Es decir el ser humano necesita esa clase de lenguaje. Entonces nosotros en nuestra Iglesia aprovechamos multitud de símbolos. Pensemos en el uso que hacemos del aceite, del agua, de la luz, la disposición, la arquitectura, la escultura, la pintura, todos esos son símbolos, porque todos ellos quieren hablarle a nuestros sentidos.

Nosotros los seres humanos no somos espíritu puro, nosotros tenemos una realidad corporal que Dios mismo ha querido porque Él es nuestro Creador, y por eso nuestra fe tiene que tocar también nuestros sentidos, y lo hace especialmente a través de estos símbolos.

Así que la invitación es doble: por una parte, a estar atentos a esos símbolos de la Liturgia, símbolos corporales, arquitectónicos, pictóricos, etcétera; y por otra parte, a entrar de corazón en este tiempo que estamos empezando hoy, el tiempo del Adviento.

La palabra misma es la primera catequesis sobre el Adviento. Adviento viene del latín “adventus” que quiere decir la llegada. El Adviento es tiempo de preparación para una llegada. Como somos cristiano, pues ya sabemos la llegada de quien, celebramos la llegada de Cristo.

De inmediato podemos pensar que se trata únicamente de un recuerdo de la Navidad. Como algunos dicen, y es una expresión bonita, una manera de celebrarle el cumpleaños a Jesús. Al fin y al cabo, la Navidad es eso, es como celebrarle el cumpleaños a Jesús. Pero es mucho más que eso. Cuando celebramos la llegada de Cristo también estamos recordando que nos hace falta Cristo, que también nos hace falta.

Es decir, estamos recordando que aunque Él ya vino hace do mil años, todavía tiene que venir. Que aunque Él ya nació en Belén, todavía tiene que nacer, y aunque Él empezó su camino en esta tierra allá en Nazareth, donde sucedió el milagro de la Encarnación, todavía Cristo tiene que comenzar su recorrido, su recorrido precioso de salvación, tiene que comenzarlo en muchas vidas.

O sea que el Adviento no es solamente para mirar hacia el pasado y decir: "¡Tan bonito el cumpleaños de Cristo!" O decir: "¡Tan tierno que se ve el Niño Dios!". El Adviento tiene esa nota, podemos llamarla de cierta seriedad, que es la seriedad de darse cuenta que algo muy serio hace falta en la vida, algo muy serio falta en el mundo, algo muy serio falta en muchas familias.

Y yo creo que este Adviento va a ser completamente inolvidable para mucha gente porque los acontecimientos que nos rodean en el mundo sí que nos están gritando que falta algo, que falta algo, que falta algo no, ¡que falta muchísimo! Que falta mucha justicia, que falta mucha paz en muchas personas, que falta mucha solidaridad, que falta muchísimo amor, que falta muchísima alegría.

Entonces el Adviento no solamente es recordar a Jesús que nació, sino el Adviento es darnos cuenta de cuánto nos hace falta como personas, como familias, como comunidades. Cuánto les falta a nuestra humanidad. ¿Qué está pasando, -podemos preguntar- en el mundo-, ¿qué está pasando cuando crímenes tan horrendos están sucediendo? ¿Qué está pasando cuando hay injusticias que producen desánimo, resentimiento?

Ustedes son conscientes, por ejemplo, de esto que está sucediendo aquí en Irlanda, cuando algunas de las personas con posiciones directivas utilizan los dineros de los que pagan impuestos para su propio lucro, para su propio placer.

O sea, cuando una persona, por ejemplo, paga un viaje de ochenta mil euros a Estados Unidos y cuando otra persona, también del gobierno, está autorizando eso, el problema no es si Irlanda es rica o es pobre, el problema es que gastar ochenta mil" euros en eso y llegar a esos acuerdos, simplemente "porque yo puedo hacerlo", "porque yo tengo el poder", "porque estoy aquí detrás de este escritorio", eso tiene un efecto devastador, eso tiene un efecto espantoso, esa es una catequesis de muerte, es una catequesis de desánimo para mucha gente, porque el mensaje que se grita desde ese escritorio es: “Cuando tengas poder, utilízalo para ti”, "cuando tengas como llenar tu boca, llénatela y no te importe nadie más".

Mucho más doloroso cuando la persona involucrada en esta clase de crímenes, según todas las evidencias, precisamente tenía que facilitar el empleo aquí. Eso está sucediendo en este país. A veces uno cree que las ondas destructivas de la muerte únicamente suceden donde hay muchísima pobreza o donde hay otra clase de injusticia social flagrante.

Pues no, estamos aquí en Irlanda, hay una cierta prosperidad y nos encontramos con esta clase de escándalos. ¿Y cuál es el mensaje que recibe el empleado público, el funcionario que está empezando su carrera pública, qué mensaje recibe? El mensaje que recibe es: “Ojalá tenga yo más poder para robar con más ganas, ojalá pueda hacer yo lo mismo".

Y así vamos construyendo un mundo donde cada uno mira únicamente por lo suyo. Un mundo donde los corazones se endurecen. Un mundo en el que la ley que rige es la ley del más fuerte; y por supuesto, un mundo donde los pequeños, los ancianos, los inhabilitados, esos quedan por fuera. Si no eres suficientemente astuto, si no tienes las garras bien puestas, si no sabes dar codazos con fuerza, quedas fuera de esta carrera, porque esta carrera la gana el más fuerte.

Cuando vemos eso, por no hablar de otros muchos males que afligen a nuestra tierra, como el terrorismo en la India, como las guerras religiosas; ahora no nos hemos acabado de despertar del golpe de estos atentados en Bombay, en la India, y ya se habla de cientos de muertos en el centro de Nigeria, conflictos en parte étnicos, tribales, religiosos, muy complejos.

El problema en el Congo sigue igual o peor, Ruanda...., es decir, dice uno: "¿En qué estamos? Es decir, ¿hacia dónde avanza la humanidad, si es que avanza? Si en los países que están mejor también se vuelven más absurdos, más enojosos, más irritantes los robos, el defraudar al fisco público; y si en los países pobres pasan estas cosas, ¿en qué está nuestra humanidad?"

El Adviento es un poco eso, el Adviento es hacernos esa clase de preguntas, el Adviento es reconocer que necesitamos, que necesitamos verdaderamente conversión, porque así como hablamos de dinero o de violencia política, así podríamos hablar también de parejas, o podríamos hablar de aborto, o podríamos hablar de educación, o podríamos hablar de problemas éticos muy complicados.

Estamos jugado a ser aprendices de brujo, ahora dicen algunos científicos: "¿Oiga, y por qué no clonamos a un Neanderthal para los interesados en la ciencia? ¡Hagamos un clon a ver cómo eran los Neanderthales!" Los Neanderthales se extinguieron hace unos cientos de miles de años, pero el DNA o el ADN de los neandertales se puede reconstruir, se puede reconstruir el genoma completo del neandertal. Y algunos científicos, entre ellos rusos, han encontrado un modo que parece prometedor para revivir especies extinguidas.

El primer candidato para revivirlo es el mamut. El mamut vivió hasta no hace mucho. Entonces ese mamut que tenía pelo, tenía una especie de pelambre larga, ese mamut lanoso, pues lo quieren restaurar, y han encontrado un procedimiento para partir del genoma del mamut y empezar a utilizar los óvulos de una especie cercana, probablemente el elefante, para ir produciendo cada vez más criaturas o seres que finalmente darían como resultado un mamut. Entonces, "¡vamos a resucitar al mamut!"

Bueno, no se había secado la tinta después de esa noticia cuando ya otro propuso: "Pues si podemos resucitar al mamut, ¡resucitemos al neandertal de una vez!" Y otros proponen que mezclemos el genoma humano con genoma de cerdo o de ratón; y otros dicen: "Utilicemos embriones para hacer órganos de repuesto"; Y dice uno: "¿En qué estamos? ¿A dónde vamos? ¿A dónde va esta humanidad?" ¿Hay un límite o no hay un límite? ¿Eso simplemente sigue y sigue y sigue?"

Hace poco, en un programa especial, un científico decía: "Estamos estudiando la bioquímica del cerebro, analizando casos de personas superdotadas porque creemos que podemos mejorar, por medio de ese análisis, podemos mejorar cosas como la memoria o la agilidad mental". Entonces este señor está proponiendo que se produzcan tratamientos que en parte serían neuroeléctricos, en parte bioquímicos, tratamientos para capacitar a algunos seres humanos para que tuvieran capacidades mucho más allá de lo normal.

Por ejemplo, por decir algo sencillo, sustancias que si las persona la ingiere muchas veces, le producirían una memoria fotográfica impresionante. Bueno, y dice uno: "Para los que a veces olvidamos cifras o nombres, ¡eso sería una bendición!"

Pero el problema es que esas sustancias no van a ser para todo el mundo, el problema es que esos aditivos para producir superhombres y supermujeres, esos aditivos van a salir a un costo exorbitante, entonces muy probablemente vamos a tener personas que tienen una capacidad de prolongar su salud o de mejorar sus capacidades mentales o capacidades físicas mucho más allá del común de la raza humana; es decir, gente que va a jugar con ventaja.

¿Qué va a pasar en la humanidad cuando eso suceda? ¿Qué va a pasar cuando tengamos personas que pueden procesar información casi a velocidad de computadora con una memoria impresionante? ¿Qué va a pasar cuando esta clase de gente tenga una cuota mayor de poder? ¿Qué va a pasar con nosotros o qué va a pasar, decía el obispo, "con los nietos de nuestros acólitos?"

Todas estas preguntas, mis hermanos, todas estas son las preguntas del Adviento: "¿Para dónde va nuestra humanidad? ¿Para dónde vamos? ¿Qué estamos haciendo con el don precioso de la vida?"

Y la conclusión a la que uno llega, seguramente, es la misma conclusión que nos plantean las lecturas de hoy: “Ven Jesús, ven Señor, ven, ven a salvarnos, ven a salvarnos de nuestros desmanes éticos o bioéticos o antiéticos; ven a salvarnos de nuestra codicia que no se detiene aunque tengamos los bolsillos a reventar; ven a salvarnos de nuestras adicciones, ven a salvarnos, Señor; ven a salvarnos de nuestro afán de venganza que no cesa, que no termina que no se sacia nunca".

El Adviento ee recuperar el apetito, es recuperar el hambre, el hambre de Jesús. El Adviento es llegar a ese punto en que decimos: “Necesitamos la mansedumbre, la sabiduría, la bondad, la pureza de Jesucristo. ¡Te necesitamos, Jesús; ven, Señor, Jesús!

¡Ese es el Adviento!