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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020330

Titulo: Nosotrso somos la gloria de Jesucristo, si lo reconocemos vivo en medio de nosotros

Original en audio: 12 min. 16 seg.


Esta noche, hermanos, nos estamos dando un gran banquete de la Palabra, hemos escuchado extensamente la Palabra de Dios en los pasajes que podemos llamar sin miedo, más representativos y más hermosos de toda la BibliaS se queda uno extasiado ante la belleza de cada uno de esos autores sagrados que nos han ido mostrando los episodios de nuestra salvación, y cómo Dios, tercamente, obsesivamente, ha permanecido en su proyecto de salvar al hombre.

Más allá de nuestros pecados, más allá de nuestras limitaciones, lo que hemos encontrado es a un Dios misericordioso, sabio y poderoso, que a través de nuestras mismas miserias, guía, conduce la historia hacia un a plenitud, y nosotros somos gente feliz y bienaventurada porque conocemos en dónde está esa plenitud: esa plenitud está en Jesucristo.

Por eso hoy le hemos gritado con gozo que Él es el Señor, que Él es el Rey. Le hemos dado vivas, aplausos, hemos levantado nuestro cirio, hemos cantado para Él, le hemos aplaudido muchas veces, le estamos dedicando nuestra mejor sonrisa y nuestro más cálido amor, porque Él es el resumen, Él es la culminación, Él es la cumbre de toda esta historia que veniamos recorriendo en estas lecturas.

Por Él, sólo por Él hemos recibido la salvación; por Él y sólo por Él hemos recibido la gracia y la verdad, como nos enseña el Apóstol san Juan. Por eso nos estamos dando este banquete con la Palabra de Dios, por eso vamos a tener una liturgia bautismal y por eso bendecimos el agua en memoria de nuestro propio Bautismo, porque esa palabra tan pequeñita tiene una realidad más grande que el universo que ven nuestros ojos.

A través del Bautismo nosotros hemos recibido toda esa gracia, toda esa luz, toda esa alegría, toda esa potencia de Jesucristo la recibimos en el corazón a través del bautismo. Por eso no hay nada más importante que le haya sucedido a uno en la vida, nada, nada es tan importante como haber recibido el Bautismo.

Nada es tan importante como el Bautismos porque en el Bautismo fuimos injertados en el tronco de la salvación, en el árbol de la redención. A través del Bautismo se nos introdujo en la fuente de la vida, esa fuente que brotó en el Corazón de Jesús cuando Él ya dormía en la Cruz.

Porque dice San Juan que de su pecho salió sangre y salió agua; sangre, signo de la Eucaristía, agua, signo del Bautismo. Nada es tan importante, nada más grande para nosotros que el Bautismo, porque a través el Bautismo nosotros hemos recibido esto que estamos celebrando en esta noche más que en ninguna otra noche, en esta noche y en este lugar, más que en ninguna otra noche, estamos celebrando el misterio de los misterios: estamos celebrando el corazón de nuestra fe.

Estoy muy feliz de estar aquí, estoy muy feliz de poder celebrar con ustedes esta Pascua, estoy muy feliz, hermanos, de pensar que a medida de que pasan los años yo veo que los cristianos tomamos más conciencia de que este es el centro de la Semana Santa, porque hubo una época en que se miraba al Viernes santo como el centro de todo; la cruz, el dolor, las llagas, la muerte, la tragedia, ese era el centro de la Semana Santa, y por eso tal vez se nos estaba volviendo una semana demasiado sombría.

Nosotros celebramos el Viernes Santo y nos dio dolor en el alma ver lo que le sucedió a Jesucristo; pero en esa noche tan terrible de dolor, ya nosotros veíamos brillar una lucecita, porque Jesús no murió fracasando, sino murió venciendo.

Jesucristo que no pudo ser vencido por el odio, que no pudo ser vencido por la soledad ni por la desesperación, Jesucristo que no pudo ser vencido ni por el demonio ni por el mundo ni por la carne, aunque haya muerto en la Cruz, ya en su muerte es el vencedor, ya en esa Cruz tan oscura del Viernes Santo ya se veía un relámpago de gracia y ese relámpago hoy es un día mas grande que todos los días, así sea de noche, porque esta noche, en medio de la noche, Jesucristo venció las tinieblas.

No hay ninguna noche que haya tenido tanta claridad como la noche de la Pascua de Cristo. Qué bueno que los cristianos ya vamos tomando conciencia de eso, qué bueno que nosotros llevando las luces encendidas también vencemos a la noche, y eso, hermanos, es un signo profético.

Ahora, así como en esta noche hemos llevado estos cirios y ustedes van a llevar estos cirios a sus casas, así tienen que llevarse también, esta palabra que se proclamó, a la casita; y la luz que recibimos aquí, para la casa también; y la gracia bautismal, para la casa, de nada sirve llevar agua si no se lleva gracia, hay que llevar la gracia de Cristo, hay que llevar el poder de Cristo, hay que llevar la alegría de Cristo.

¡Qué cantidad de gente! ¡Bendito sea Dios! Hubiera podido ser todavía más gente, y sin embargo ustedes y yo sabemos que muchos no vinieron, y que tal vez hubieran podido venir. No nos vamos a poner bravos con ellos, no vamos a dejar que eso nos quite la alegría, sino más bien tenemos que pensar: Ggran responsabilidad tengo, ¿por qué? porque me corresponde llevar gracia de Bautismo y luz de Pascua, tengo que llevar a esas calles, tengo que llevar a ese barrio, tengo que llevar a esas montañas y a esos llanos.

Al que no vino este año, al que se quedó perezoso en su casa, no hablo del que está enfermo, claro; al que se quedó perezoso en su casa y no quiso celebrar la fiesta de la familia que es la Pascua, a ése que se quedó en la casa no lo voy a regañar ni me voy a entristecer, sino que le voy a llevar una luz, como esa luz que usted tiene y le voy a llevar gracia bautismal para que ése que no vino este año, el año entrante sea el primero en estar aquí, para que se llene más y más la Iglesia que es nuestra Madre, se llene más y más con cánticos de gozo, con la alegría del perdón de Cristo.

Porque si quieren saber una cosa, hermanos, nosotros somos la gloria de Cristo, cuanto mayor sea el número de cristianos y mayor la santidad de los cristianos, más grande es la gloria de Jesucristo. Usted, con su conversión de vida, usted, con su oración perseverante, usted, con su amor fraterno, usted, con los carismas que le da el Espíritu Santo, usted es gloria de Jesucristo, aquí y ahora, en este mundo.

Usted es gloria de Jesucristo y son gloria de Jesucristo las familias consolidadas en su poder y son glorias de Jesucristo las vocaciones consagradas, los sacerdotes, las religiosas, la vírgenes consagradas son gloria de Jesucristo.

Los niños que aman a Dios y respetan su santo Nombre, los jóvenes que son generosos como tantos de ustedes. Yo he estado muy contento en esta Semana Santa de ver la generosidad de la gente. Jóvenes generosos, niños felices con Jesús, parejas fundadas en Jesús, vocaciones consagradas a la manera de Jesús, y si estamos enfermos, o si llega el ocaso de nuestra vida, perfectamente confiados en Jesús.

Nosotros somos la gloria de Jesucristo, mis hermanos, nosotros somos la expresión de su victoria, pero para eso necesitamos no solamente mirar al pasado: que Él resucitó, necesitamos que Él viva hoy en nosotros, necesitamos sentirlo y reconocerlo vivo en nosotros, y esa será la última parte de esta celebración, la parte de la Eucaristía.

Comemos el Pan vivo, el Pan resucitado, el Pan de la pascua que es el mismísimo Señor nuestro Jesucristo, esa imagen tan hermosa del Resucitado que está como saludando a todos y ofreciendo su victoria por todos nos alegra el corazón, pero esa imagen se quedará un día guardada en algún lugar, esa imagen no se va dentro de mí.

En cambio el Cristo vivo, el Cristo de la Hostia, el Cristo santísimo que yo comulgo, ese Cristo sí se va vivo conmigo, ese Cristo si se queda grabado en mi corazón y me da la victoria a donde yo vaya.

Como le decía Dios Padre a Santa Catalina de Siena, le decía: "Mira, cuando la persona comulga es como cuando se graba un sello en la cera que está blandita, aunque se quite el sello ya la cera adquirió esa forma, ya la cera quedó sellada".

Así somos nosotros: comulgamos y el signo sacramental, la especie de pan desaparece, pero el sello, el pertenecer a Jesucristo queda grabado en nosotros, esa será la liturgia eucarística.

Y de aquí salimos, hermanos, a anunciar como las mujeres del evangelio que escuchamos, de aquí salimos a anunciar lo que dijo el Ángel: "No está en la tumba, no está entre los muertos, no busquéis entre los muertos al que vive; Él está vivo" San Mateo 28,6.

Vamos a llevar la vida de Jesucristo, vamos a proclamar la vida de Jesucristo por todas partes, vamos a darle la gloria a Jesucristo con nuestra vida, para luego celebrarla eternamente en el cielo.

Amén.