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Fecha: 19990404

Título: El amor es mas fuerte que la muerte porque Jesucristo resucito

Original en audio: 20 min. 17 seg.


"Aleluya", esta era la palabra que se nos había prohibido pronunciar durante de la Cuaresma. "Aleluya", esta era la palabra que no podíamos cantar. ""Aleluya, la palabra que inicia la danza de la Pascua. ""Aleluya, la palabra que brota de lo profundo del sepulcro y que hoy se esparce llenando de luz, de perfume, de sonrisas y de gozos al pueblo cristiano.

Cada uno de vosotros, mis hermanos, tiene una imagen de ese "",aleluya de ese gozo y de esa luz, en esa luz que está en vuestras manos, mirad por un instante esas luces, mirad lo que significa el misterio de esa luz, que es más fuerte que la noche de esa gracia, de ese regalo.

Nosotros, seguramente en nuestras casas tenemos mil modos de encender cirios o velas, pero hoy, acogiéndonos al símbolo de la Iglesia, hoy todos hemos querido alimentarnos de la luz del cirio pascual, para aprender también, mediante este sencillo signo, que la luz, que toda la luz nos ha llegado como regalo con la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.

Bendito Dios que nos concede celebrar esta Pascua. Bendito Dios que reservó para esta hora tesoros de salvación, de luz. Bendito Dios que reservó para este momento la gracia de sus regalos, lo más cálido y estrecho de sus abrazos.

Y la Iglesia, que no es desagradecida con los bienes de su Esposo y Señor; la Iglesia hoy como nunca escucha la voz de Dios, hoy como nunca se arma de paciencia, y sobre todo, de corazón de discípula. Y esa Iglesia, que somos nosotros hoy, con religiosa alegría, ha visto la historia de la salvación, ha visto que cómo es una historia de amor que se fue tejiendo desde el Génesis hasta la llegada de la plenitud de los tiempos con nuestro Santísimo Señor Jesucristo.

De cada una de las lecturas que hemos escuchado, de cada una podríamos tomar una frase, un pensamiento, para que la abundancia de este banquete no se quede solamente en la abundancia de palabras que golpean nuestros oídos. Estas palabras que se han proclamado aquí son las palabras que pueden alimentar sustanciosamente nuestros corazones, para que el misterio de la Pascua de Jesucristo llene, desde el centro de nuestro ser, todo lo que nosotros somos.

En la primera lectura hay un estribillo que se repite: “Dios vio lo que estaba haciendo y todo era bueno” Génesis 1,1-12. Qué maravilloso descubrir esa bondad última en todo lo que existe, qué maravilloso descubrirlo, así sea para después llorar, que todo ese mundo tan bueno se haya vuelto tan terrible.

Qué maravilloso descubrir esa bondad, para aprender a extrañarnos de la maldad. Qué bueno celebrar que Dios es bueno, para caer en la cuenta de que el mal es siempre un extraño y el pecado es siempre un indeseable; y las tinieblas y la muerte no pueden tener la última palabra, si Dios tuvo como primera palabra su bondad, el bien de su amor, de su poder y de su sabiduría.

En la segunda lectura nos encontramos con el sacrificio de Isaac, un relato que impacta nuestros corazones. Y a toda la bondad de la creación hay que verla salpicada por el pecado y hay que ver entonces a Dios iniciando la historia de un pueblo que será el pueblo de Israel.

¿Qué frase, qué pensamiento podemos guardar en nuestra mente de esta segunda lectura, tomada también del libro del Génesis? Podríamos recordar muchas. Yo les comparto una que me llega a lo más profundo del corazón. Cuando Isaac le pregunta a Abraham su padre: “Ya llevamos el fuego para el sacrificio, ya llevamos la leña, ¿pero donde está el cordero?” Génesis 22,7, dice Isaac.

Y esa pregunta: “¿Dónde esta el cordero para el sacrificio?” Génesis 22,7, es una pregunta que, pronunciada diecinueve siglos antes de Cristo, sólo tendría respuesta cuando Juan Bautista, en una mañana, pudo levantar su mano y decir: “Este es el Cordero” Génesis 1,29.

Diecinueve siglos de espera, de esperanza, de ayuno, para que pudiera llegar la fiesta del banquete, para que pudiéramos tener el cordero del sacrificio, Isaac pregunta: “¿Dónde está el cordero?” Génesis 22,7. Y el cordero no está en el regazo de Abraham, no será el hijo de Abraham el que muera, será el Hijo de Dios, el Cordero está en el regazo de Dios.

Y Dios un día lo dará de su propio regazo, lo entregará a nosotros, para que ese Cordero, el Cordero de Dios, nos limpie del pecado, maravillosa enseñanza.

Y en la lectura del Éxodo, ya vemos crecer este pueblo, el pueblo de la Alianza. Moisés se ve acosado. A sus espaldas, la furia del Faraón; frente a él, la furia de las aguas; y entre esas dos amenazas, la desconfianza, el temor, la murmuración de su propio pueblo.

Moisés no tiene a nadie, sólo tiene a Dios y ruega hasta que Dios le dice: “¿Por qué me sigues rogando? Dile al pueblo que se ponga en camino” Exodo 14,15, ¿hacia dónde el camino", "hacia las aguas". "Yo separaré las aguas" Exodo 14,16. Y Moisés pone al pueblo en camino.

Y de esta tercera lectura quisiera que nos quedara una frase: "El pueblo vio la victoria de Dios y vio a sus enemigos, a los egipcios, ya muertos, ya inofensivos, ya vencidos, los vio tendidos en la playa" Exodo 14,30.

¿Por qué me llama la atención esta frase de la tercera lectura? Porque eso es lo que yo quiero que Dios haga con nosotros en esta Vigilia Pascual, que nos conceda mirar a nuestros enemigos, que ya sabemos que no son tanto otros seres humanos, cuanto los pecados y las insidias del demonio.

Que Dios nos conceda ver a nuestros enemigos tendidos. ¿Cuál es el enemigo que quieres que Cristo te venza en esta noche, en esta noche de las victorias? ¡Tienes temor a la muerte? ¿Es la muerte tu enemigo? ¿Es la soledad? ¿Es la tristeza? ¿Es el odio? Clámale a Dios, y Dios, que todo lo puede, partirá por medio el mar, vencerá al Faraón, tu enemigo, y te permitirá contemplar con tus ojos a tu enemigo tendido por la playa.

A ese que ya le tenías miedo, tu lo verás muerto, inofensivo y vencido, esta es la fe grande que se nos anuncia desde la tercera lectura.

En la cuarta lectura de Isaías, cómo no escuchar aquella palabra de amor que Dios ofrece: “Por un breve instante te abandoné, pero con inmensa compasión te traigo de nuevo junto a mí” Isaías 54,7. Esa comparación entre Dios y el pueblo, como entre un amado y su amada, la repitieron muchas veces los profetas, dejemos que esa voz se oiga en nuestros oídos, “por un momento te abandoné, pero ahora con inmensa compasión te traigo hacia mi” Isaías 54,7.

Hay otra lectura de Isaías, la quinta, de la cual quiero yo rescatar esa frase que anuncia ya el misterio de la gracia, la salvación no será ya el fruto de caballos, ni de caballería, ni de caballeros, la salvación será el fruto de un regalo de Dios. ¡Qué manera tan grafica la de Isaías para describirlo: “¿Para qué gastar dinero en lo que no alimenta, el sueldo en lo que no deja satisfecho?” Isaías 55,2. “Todos los que tenéis sed, venid a sacar agua” Isaías 55,1.

¡Nos parece estar mirando a Cristo crucificado, del que brota el manantial de la gracia!

"!Todos los que tenéis sed, venid a sacar agua" Isaías 55,1. La promesa es también para ti cuando te esfuerzas. Qué trabajo, qué difícil te parece la vida, qué complicada te parece la vida y gastas tu esfuerzo, tu sueldo, tu tiempo, tu dinero, gastas tus horas, tus días y noches tratando de lograr un poco de felicidad.

¿No será que tiene razón el profeta? ¿No será que hay una promesa para ti y para mi? Que es, como dice él hermosamente: “Trigo de balde, vino y leche sin pagar nada, agua en abundancia" Isaías 55,1. Todo lo que anheles, todo lo que necesites, ahí está. Es la promesa fantástica, la promesa inconmensurable de la gracia.

Algo parecido nos deja la sexta lectura del libro de Baruc: “aprende dónde está el saber, dónde está la fuerza, dónde está el conocimiento, y sabrás dónde está la larga vida” Baruc 3,14. ¿Pero quien ha descubierto donde está? Nos dice Baruc: “Sólo Dios que todo lo sabe” Baruc 3,32.

Intérnate en el camino de la sabiduría, como te invita Baruc. ¡Cuántos libros, cuántas teorías! No despreciemos la inteligencia humana, sino apreciemos la inteligencia de Dios. No estamos nosotros despreciando el esfuerzo de los hombres, sino estamos apreciando y agradeciendo el esfuerzo que Dios hizo por nosotros, ¿no será que la senda de Dios es precisamente la que te hace falta?

Y esa ultima lectura del Antiguo Testamento, la séptima, tomada del profeta Ezequiel. ¿Qué tengo yo que añadir a unas promesas tan hermosas dichas precisamente en la Pascua? “Derramaré sobre vosotros agua pura” Ezequiel 36,25. ¿Qué te aleja de Dios? ¿Tus pecados? Escucha: “Derramaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados" Ezequiel 36,25.

¿Qué te aleja de Dios, tienes el corazón lleno de cicatrices, de heridas, destrozado destruido? Escucha: "Os daré un corazón nuevo" Baruc 36,26. ¿Qué te aleja de Dios, la melancolía, la amargura el desánimo el mal genio? Escucha: “Pondré en vosotros un espíritu nuevo” Baruc 36,26. ¿Qué te aleja de Dios? ¿Eres insensible, te has vuelto de piedra? Escucha: "Os arrancaré del cuerpo ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne" Baruc 36,26.

¿Qué te aleja de Dios, que sientes que Él está muy lejos de ti? Escucha: "Infundiré mi Espíritu en vosotros" Baruc 36,27. ¿Qué te aleja de Dios, te parecen muy arduos sus mandamientos? Escucha: "Haré que sigáis mis preceptos y que observéis y practiquéis mis leyes" Baruc 36,27. ¿Que te aleja de Dios, que sientes que, aunque el haya estado cerca, tú te fuistéis? Escucha: "Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres" Baruc 36,28.

¿Qué te puede alejar de Dios, crees que eso es para otras personas? Escucha: "Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios" Baruc 36,28. ¡Nada te puede alejar de Dios, nada puede separarte del amor que Dios manifiesta en su Hijo Jesucristo! Y toda la potencia de este amor, que es el amor de su Cruz y de su Pascua, toda esa potencia es la que hemos recibido en el bautismo y por eso, precisamente por eso, casi todas las oraciones que he dicho casi en todas las lecturas, si lo hemos notado, hacen referencia al bautismo.

De pronto algunos nos hemos extrañado por qué nos hablan tanto del bautismo. La explicación es sencilla: porque todo esto sería palabra muerta, palabra para otros, pero en el bautismo se cumple en ti todo lo que Dios dijo, todo lo que prometió, todo lo que anunció, toda la fuerza de lo que Él es, de lo que Él puede, de lo que Él sabe, toda su compasión se aplica a ti gracias al bautismo.

Y por eso esta es también la noche del bautismo, como nos lo recuerda la Carta de San Pablo a los Romanos: “Recordad que todos los que en el bautismo nos unimos a Cristo Jesús fuimos sepultados con Él para participar en su muerte" Carta a los Romanos 6,3. ¿Para que? Para que así como Él resucito de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. Toda la promesa de Dios ha llegado a ti gracias a las aguas del bautismo.

Bendito el Señor, bendita esta noche, bendito este aleluya que repetiremos por decenas, por centenares de veces, bendito ese cántico nuevo que Dios pone en nuestro corazón y en nuestros labios. No nos cansemos de escuchar la noticia, tal vez nosotros hemos de buscar a Cristo como aquellas mujeres que se fueron a buscar a un muerto.

El que hace de Cristo un filósofo, más busca un muerto; el que hace de Jesucristo un maestro espiritual, más busca a un muerto, porque Mahoma se murió, porque Buda se murió, porque todos los maestros hindúes se murieron, porque todo el mundo se muere, porque el que busca en Jesucristo sólo un maestro con ideas inspiradas, un poeta con palabras bellas, o un taumaturgo con prodigios en sus manos, el que busca así a Jesucristo está buscando a un muerto.

Estas pobres mujeres, acongojadas, dolidas, no habían tenido sábado, no habían tenido un descanso. Angustiadas, embriagadas de dolor, van buscando un muerto y llegan a la tumba, el Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "No tengáis miedo, sé que andáis buscando a Jesús, el crucificado" San Mateo 28,5.

La última noticia que ellas tenían es: se murió, quedó en el pasado. "Qué bonito hubiera sido, qué bueno fuera". Así todavía hay personas que buscan a Cristo con exclamaciones nostálgicas, como el que busca a un muerto: "¡Qué bonito fuera que la gente amara, que todos nos quisiéramos, que nos entendiéramos y nos comprendiéramos, qué bonito que el mundo entre todos se abrazaran y que todos...!"

O sea son nostalgias, nostalgias de un muerto. Hay un Ángel que nos dice en esta noche, así como en el gozo del nacimiento proclamó el gozo a los pastores, ahora también es un Ángel el que proclama el gozo y dice: “No tengáis miedo, sé que andáis buscando a Jesús, el Crucificado" San Mateo 28,5.

Tú que andas diciendo: “Si el mundo fuera, si la gente cambiara, tú estás buscando a un muerto, "no está aquí: resucito, como lo había anunciado" San Mateo 28,6, resucitó. Y por eso esta Semana, la Semana Santa, es la Semana que cambió la historia de la humanidad. Resucito, y esto significa que la ultima palabra no la tiene la muerte; resucito, y esto quiere decir que el amor es fuerte, más fuerte que la muerte.

El Cantar de los Cantares había dicho que el amor es fuerte como la muerte. Hoy descubrimos que el amor es más fuerte que la muerte. Y gozosos por ese amor, felices por ese amor, celebramos al que va delante de todos nosotros en un camino de luz, de esperanza, que hace que nuestra vida sea diferente.

Jesús mismo se nos aparece, Jesús mismo sale a nuestro encuentro para curar nuestro miedo, porque golpeados por todos los lados, hemos aprendido a desconfiar de todo el mundo. Jesús nos dice: “No tengáis miedo, id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea" San Mateo 28,18. Oiga, qué ternura la de Cristo, llama hermanos suyos a los discípulos que lo abandonaron llenos de cobardía y de traición.

"Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; que allá me verán" San Mateo 28,10. Y dicen los estudiosos de la Palabra de Dios: "Cristo los envió a Galilea porque la historia de amor del Evangelio había empezado en Galilea". De nuevo a Galiela, de nuevo al comienzo, de nuevo al principio, que el amor está vivo, que el amor reina, que el amor tiene la palabra definitiva sobre la vida humana, que Cristo resucitó.

¡Aleluya!