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Fecha: 20080518

Título: La fiesta de la Santísima Trinidad es el momento en que reconocemos todo lo que sabemos que Dios no es

Original en audio: 19 min. 42 seg.


Se puede decir que esta fiesta de la Santísima Trinidad es el momento en que reconocemos todo lo que sabemos que Dios no es, porque la historia de esta fiesta es de muchos siglos y es bien complicada. Lo que nosotros nos atrevemos a afirmar de Dios realmente es casi por exclusión, es más una colección de cosas que sabemos que hay que decir, porque si uno dice lo contrario está en realidad negando algo de lo que Dios ha revelado, por eso digo que es una fiesta un poco complicada.

Por ejemplo, gente hubo que dijo: "Cristo es una criatura, Cristo fue creado por el Padre". Entonces, como respuesta a eso, Nicea dice: "No, no es así, Cristo fue engendrado, no creado, y es de la misma naturaleza del Padre”.

Luego llegaron otros llamados neumatómacos que dijeron: “El Espíritu Santo es una fuerza, es una energía, es una manera de hablar de la acción de Dios”. Entonces, eso como que no suena del todo, y finalmente se llega a una resolución: "No, el Espíritu Santo y el Hijo y el Padre participan de una misma gloria, y tanto se puede adorar al Espíritu Santo, como se puede adorar al Hijo, como se puede adorar al Padre".

Es especialmente San Atanasio, podríamos decir, es especialmente él el campeón de esta historia un poco convulsa. Pero a ver si me puedo explicar con esto que estoy tratando de decir. El hecho de que nosotros digamos que Cristo no fue creado en le tiempo, sino que Cristo es eterno como el Padre, eso no significa que nosotros entendamos, que nosotros comprendamos todo el misterio de Cristo, lo único que comprendemos es que si decimos que Cristo fue creado estamos diciendo algo equivocado.

Y así se ha ido enunciando, así se ha ido perfilando esta afirmación fundamental de nuestra fe, Dios Padre, Hijo y Espíritu, pero eso no significa que entendamos a Dios sino que entendemos que si no decimos esto que afirmamos, es decir, si decimos lo contrario nos hemos salido de lo que Dios nos ha revelado.

Por eso es un enunciado por exclusión, uno como que sabe lo que no debe decir, pero el contenido mismo, el misterio mismo de lo que sí afirma permanece insondable, permanece abierto, permanece infinito. Y creo que es muy importante entender la palabra misterio en esta calve, un misterio no es una pared, es un pozo, un misterio no significa “ya no se puede saber más”, misterio quiere decir es infinito lo que hay que saber.

De modo que nosotros no entendemos el misterio de la Trinidad, eso no significa que no podamos preguntarlo, no significa que no podamos profundizarlo, más bien lo que significa es que la Iglesia ha tomado conciencia que esta afirmación no tiene fondo, es infinita, es como un océano que no tiene ni fondo ni rivera, decía Santa Catalina de Siena.

Así que hoy celebramos, no que hemos descifrado a Dios, no estamos celebrando aquí que logramos entrar por una puerta nueva, tal vez una puerta muy racional, muy lógica, muy metafísica, logramos entrar allá como en la intimidad de Dios y describirlo, explicarlo, comprenderlo, nada de eso, estamos celebrando la victoria de la fe verdadera, estamos celebrando que el mismo Espíritu ha preservado a la Iglesia y le ha dado por lo menos algunas claves, -que en últimas se resumen en el Credo-, le ha dado unas claves para que la misma Iglesia no niegue lo que ha recibido de Dios.

Pero si luego a uno le piden que explique eso pues sigue siendo difícil, sigue siendo inagotable. Además, es importante que sepamos que nuestros términos son terriblemente incapaces y terriblemente problemáticos cuando se trata de hablar del misterio mismo de Dios.

Estas afirmaciones básicas: Dios, una naturaleza, tres personas, decir que en Cristo hay una persona y dos naturalezas, y en Dios hay una naturaleza y tres personas, hablar de cómo el Espíritu procede del Padre y del Hijo, es decir, todo eso que constituye como el tratado clásico de la Trinidad, todo eso es valioso, pero es valioso sobre todo para evitar herejías, es valioso sobre todo para evitar que uno se aparte de lo que fue revelado.

Pero después de escribir y estudiar todo ese tratado pasan dos cosas: pasa que uno siente que Dios sigue siendo inagotable, eso le pasó a Santo Tomás como bien sabemos: “Frente a lo que he visto, lo que he escrito me parece paja. Quemen todo eso”, dice Santo Tomás después de su visión, aquella que tuvo el 6 de diciembre de 1273, tuvo allá una experiencia en que se sintió como tocado, como que Dios le dejaba ver algo. ¿Qué vio? No lo pudo decir nunca, y sintió que lo que había escrito se quedaba corto porque así es, así tiene que ser.

Entonces todas estas explicaciones que se den no son inútiles, son útiles, pero son útiles sobre todo para que no caiga uno en herejía, para que no termine diciendo tonterías, para que uno no vaya a decir que Cristo fue creado, que el Espíritu Santo es una energía, para que uno no termine diciendo que entonces nosotros nos podemos volver Cristo o que en el fondo todos somos Dios, o esas cosas que dice esa ideología o filosofía de la Nueva Era.

Para evitar errores esta fiesta es preciosa y fue en el fondo diseñada para eso, para evitar errores, para que uno no diga tonterías, pero eso no significa que ya poseemos las verdades. Mucho cuidado con adueñarse de Dios, mucho cuidado, hay que tener gran precaución de no creerse uno que nosotros sí tenemos, sí entendemos a Dios, y de no creerse uno y de no transmitir esa falsa impresión a otras personas, más bien, lo que parece sensato, en lo único en lo que puede terminar esa fiesta es en un silencio de contemplación y de adoración.

Aquí en esta Capilla, en esta iglesia del Monasterio de Santa María de Gracia podemos hacer una comparación con esta fiesta. A uno le enseñan, es decir, a una novicia por ejemplo, le enseñan: "Mira, este es el espacio para las monjas, aquí te sientas, aquí está el libro, aquí están los cantos", es decir, a uno le dan como unos parámetros: "Te mueves de aquí hasta aquí, tu horario va de aquí hasta aquí, tu puesto va de aquí hasta aquí, tu trabajo va de aquí hasta aquí", le ponen unos límites, unos parámetros, y así es toda vida organizada, toda vida tiene eso, tiene unos límites.

Pero sigamos con el ejemplo de la contemplativa esta: le ponen unos límites, que ella acoge porque encuentra ahí su vocación, entonces ya sabe: "Bueno, entonces este va a ser mi asiento, este es el libro que voy a utilizar, estos son los cantos, los salmos, aquí está la reja, el techo, el piso, el altar".

Pero nada de eso, nada de eso es Dios, nada de eso produce el encuentro con Dios, todo eso únicamente crea ciertas condiciones, crea cierto ambiente, evita distracciones, evita errores, pero finalmente el encuentro con Dios sigue siendo tan misterioso, tan impredecible, tan fuera de nuestro alcance.

Aquí uno sentado en este monasterio, como sería en la zarza en el desierto cuando lo de Moisés, todos estos límites y asientos y silla, atril, fasistol, cirio, canto, órgano, eso no garantiza nada, ahí se puede tener el mejor órgano, la mejor silla, la mejor escultura, y eso no garantiza nada.

El encuentro, el asomo al infinito es en otro orden, está en el orden de la humildad, de la adoración, de la búsqueda silenciosa, de la súplica ardiente, y si no existe eso interior todo lo demás es una payasada, un grupo de mujeres que dicen: "Bueno, ahora hemos decidido no salirnos de aquí". Bueno pues bien os aya, allá vosotras". Lo maravilloso, lo real, la sustancia no está en nada de esto.

Algo parecido acontece con esta fiesta: todas estas afirmaciones, que son importantes y muy afinadas, ¡es una filigrana! Cuando se dice por ejemplo que las relaciones dentro de la Trinidad son reales, ahí hay toda una metafísica profunda, las relaciones son reales, no son sólo racionales o virtuales, son reales, porque resulta que lo único que diferencia al Padre del Hijo y al Hijo del Padre es que el Hijo es Hijo del Padre y el Padre es Padre del Hijo, si logras entender eso ya estás lista para Santo Tomás.

Pero uno hace el esfuerzo y uno estudia y lo mira y lo mira en latín y mira la raíz griega, cual es la diferencia entre prósopon e hipóstasis, y todo eso es la reja, todo eso es la silla, todo eso es el piso, el techo; y una vez que tienes todo eso, lo que tienes claro es cómo evitar errores.

Pero el fuego no está ahí, el amor no está ahí, el abrazo, el beso, no está ahí, el silencio, el calor, el perfume no están ahí, la presencia no la garantiza eso, lo mismo que aquí todas estas cosas que van agregando no garantizan más o menos nada. Finalmente, y eso lo viene a descubrir uno con el tiempo, finalmente, en el momento en el que uno se para, se postra, se sienta a orar, uno sigue estando tan desnudo el primer día como el último, y pueden pasar treinta años, cuarenta años de monasterio y a uno le toma práctica a las cosas.

Ya uno sabe caminar, dónde están los escalones, dónde no me voy a caer, esto viene por aquí, ya uno sabe cómo tratar a las personas, ya uno se puede vestir con los ojos cerrados, para mí siempre ha sido un misterio el vestido de las monjas, no sé eso cómo funciona, tampoco me interesa entrar en detalles, no tienen que aclararlo; pero es una cosa complicada, pero ya yo sé perfectamente que después de unos años la monja se arregla y se viste sola, ya sabe cómo manejar hábito, ya sabe cómo caminar, que un ventarrón no la saque volando, ya sabe todo; y sin embargo, no sabe nada.

Esta fiesta tiene que acabar en eso, en que finalmente sabemos muchas cosas, pero son eso, los límites donde uno dice: “Dentro de este conjunto estamos a salvo de una cantidad de errores”.

Pero qué es Dios, y qué es encontrase con Dios, y qué es servir a Dios, y qué es agradar a Dios, qué es agradarle, qué es vivir en amistad con Él, eso de algún modo seguimos sin saberlo, eso de algún modo sólo lo revela Dios a los pequeños y a los sencillos, lo cual no quiere decir que menos estudios signifique ser más pequeño y más sencillo, porque hay gente que no tiene estudios, pero lo que no tiene de estudios lo tiene de orgullo y de tozudez, entonces tampoco eso ayuda.

Lo que necesitamos es lo que alguno llamó “la docta ignorancia”: saber lo suficiente para evitar los errores, y saber, sobre todo, que no sabemos, en ese sentido, si nosotros asumimos esto, sobre todo en una fiesta como la Trinidad, si nosotros de veras asumimos esto, vamos a presentar un rostro mucho más auténtico de la Iglesia.

Porque a veces se presenta a la Iglesia como diciendo: “Atención todos que nosotros sí entendemos a Dios. Tenemos aquí el monopolio de la verdad, el monopolio de la eternidad, las llaves del cielo, el control". Ese rostro presuntuoso, altivo, ese rostro de la Iglesia no sólo es pastoralmente desastroso sino que es esencialmente falso.

El obispo, el sacerdote, el teólogo más que nadie necesitan tener una actitud de infinita adoración, de silencio humilde ante un misterio que nos desborda, ¿por qué viene el Hijo? ¿Por qué se derrama el Espíritu? ¿Cómo es Dios finalmente? ¿Cómo puedo yo agradarle? Eso no me lo dan ni las rejas ni la sillas, eso únicamente lo despierta el Espíritu en los corazones humildes, creyentes que saben rendirse, que saben postrarse, que saben abajarse ante el Altísimo.

Por eso tiene extraordinario sentido hablar de este día de la Trinidad como un día de la vida contemplativa, no sé quien tuvo esa feliz idea, pero es buenísima, porque de lo que se trata es eso, por un lado saber que todo Dios y todo lo de Dios nos interesa; pero por otro lado caer en la cuenta, realizar que únicamente en el silencio, en la adoración, en la humildad, se puede esperar y recibir el abrazo del Amado y de eso, sobre todo de eso, han de ser expertas las contemplativas.

Continuemos nuestra celebración dando gracias a Dios, que dándonos a su Hijo y dándonos al Espíritu se ha Él mismo, seha dado todo.

Dios no tiene pedazos, Dios cuando se da, se da entero. este Dios que se ha revelado, que se ha entregado entero, de alguna manera reclama la integridad, la totalidad de nuestro ser que se abaja ante Él y que le adora y que proclama su gloria.