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Fecha: 19990806

Título: La Transfiguracion de Cristo es como una Pascua pequenita que muestra algo de su misterio

Original en audio: 9 min. 29 seg.


Santo Domingo de Guzmán murió un seis de agosto del año 1221; ya en esa época la Iglesia Católica celebraba y sigue celebrando esta fiesta de la Transfiguración del Señor.

Es una fiesta muy hermosa que nos muestra cómo en la humildad del misterio de Cristo está la grandeza de la gloria de Dios. Cristo se reúne con sus Apóstoles, con algunos de ellos en una montaña, y mientras estaba en oración, Dios Padre deja ver un poco del resplandor de la gloria de su Hijo, y eso crea un ambiente de amor, de dulzura, que hace que Pedro diga: "¡Qué bueno que nosotros estemos aquí!" San Mateo 17,4.

Esta experiencia fue muy importante para los Apóstoles porque Cristo, humillado luego en la Cruz, recibiría de Dios Padre la gloria resplandeciente que había estado anticipada por este día de la Transfiguración. Si queremos decirlo de otra manera, la Transfiguración de Cristo fue como una Pascua pequeñita, una Pascua que muestra algo del misterio de Jesús.

Quiso Dios, en su providencia, que nuestro Fundador, hermano y amigo, ése que nos ha animado en en nuestro camino de vida cristiana, que es la Orden de Predicadores, partiera a los Cielos precisamente el día de la Transfiguración del Señor.

Y es emocionante para nosotros recordar cómo fue la muerte de Santo Domingo. ¿De qué murió Santo Domingo? Dicen los testigos de la época que le aquejaban unas fiebres, además, el clima en Europa en esta parte del año, como sucede también en nuestro tiempo, es sumamente cálido, ardiente; pero más que la fiebre de una enfermedad, es el agotamiento de su cuerpo, -era un hombre de unos cincuenta años de edad-, es el agotamiento de su cuerpo lo que hace su situación crítica.

Ël se encontraba en Bolonia, y entonces los discípulos de Domingo, como pareciéndose a los discípulos de Cristo, quisieron irse con su maestro a una pequeña colina; también ellos en este día de la Transfiguración se fueron a una montaña, porque querían que hubiera un clima un poco más fresco, menos cálido, menos caluroso para Domingo que ya estaba muy enfermo.

Domingo estaba agotado porque se había desgastado trabajando, porque se había entregado a su labor. Atravesó Europa a pie, predicó en todas partes, ayunó con frecuencia, incansable en la oración, con una palabra de ánimo para todos. Santo Domingo se agotó, se consumió, se gastó por la causa de Jesús.

Santo Domingo era como uno de estos cirios cuando llega a su final: ya poco le queda porque todo lo ha entregado, todo lo ha entregado en luz, eso fue lo que hizo Domingo: luz por su vida, luz por su oración, luz por su ejemplo y luz por su palabra.

Domingo, poco antes de morir, llamó a los frailes más jóvenes de la comunidad, los novicios, se reunió con ellos un momento y les habló. Santo Domingo murió predicando, les habló sobre la vocación a la que habían sido llamados y les invitó a la obediencia, a la pobreza y a la pureza, a tener el corazón puro, amplio, libre, luminoso para que la Palabra pudiera tomarlos como instrumentos y ayudar a muchos y a muchas. Los frailes se daban cuenta de que Domingo estaba a punto de morir.

Dicen que nosotros los hombres somos duros para llorar, pero ese día no faltaron las lágrimas, primero uno y después otro, empezaron a desgranar como perlas lágrimas de dolor sincero porque nunca habían conocido a un sacerdote así, jamás se habían encontrado con un hombre tan santo, tan lleno de Dios, tan cercano a Dios y tan cercano a los hombres.

Domingo se dio cuenta del dolor de ellos y les dijo que no lloraran y dijo estas palabras que son su última promesa: "Yo les voy a ser más útil desde el cielo que lo fui en la tierra". Santo Domingo se estaba muriendo. Los frailes empezaron a hacer las oraciones de entrega del alma, era la transfiguración de Domingo, era el momento en el que él entregaba su vida, y en el que el misterio de ese Domingo tierno penitente se iba a entregar a la gloria del Resucitado.

Santo Domingo iba orando con los frailes, y cuando estaban diciendo alguna de esas oraciones que él repetía, él, orando con ellos, ofreció su propia vida y la entregó como Cristo cuando se despidió de sus discípulos. Era ceca de la una de la tarde del 6 de agosto de 1221.

Esta muerte de Santo Domingo, esta transfiguración de Domingo ha quedado grabada en la memoria de todos nosotros los frailes que llevamos su nombre. Y estamos convencidos de que también nosotros tenemos que gastarnos como él, tenemos que ser como cirios que se convierten en luz; tal vez para esta tierra sólo queda un nicho y unas cenizas, tal vez; pero para todos ustedes, para toda la Iglesia, la luz, y para Dios, la gloria.

Este ejemplo de Santo Domingo, ungido por el Espíritu de Dios, no cayó en tierra estéril; muy pronto una generación inmensa de frailes y de monjas contemplativas, monjas de clausura va sembrando los caminos de Europa, y luego, asociaciones de laicos, y luego, asociaciones de mujeres piadosas, de las que surgen las religiosas, las Hermanas Dominicas que nosotros conocemos hoy.

Esta es la familia d Domingo. Semilla buena se enterró el seis de agosto de 1221, y si hoy podemos verlos y alegrarnos, es porque esa semilla buena supo ocultarse en el misterio de Dios para brotar como luz en todos nosotros-.

Invito a todos a dar gracias a Dios.