Asun009a

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Fecha: 20100815

Título: En la Asuncion de Maria los cristianos descubrimos nuestra propia vocacion

Original en audio: 22 min. 34 seg.


Hermanos

Es una verdadera bendición y un verdadero honor vivir esta fiesta de la Asunción de la Virgen en una casa, esta Basílica, que es la casa de Ella.

¡Qué hermoso sentirnos recibidos en el corazón, en las estancias, podemos decir, de María! ¡Qué hermoso junto a Ella aprender el Evangelio de Jesucristo, un Evangelio que Ella practicó con tanta perfección hasta el punto que podemos decir: Ella misma se volvió Evangelio. El Evangelio se realizó en la vida de Ella.

Es un gusto estar aquí, compartir nuestra fe, celebrar juntos la misericordia de Dios, alegrarnos y sonreír, mirando la victoria de María, porque eso es lo que estamos celebrando hoy, el triunfo de Ella sobre el ultimo enemigo; hay muchos enemigos en la vida, pero el enemigo más grave es la muerte, y nos dice la Primera Carta a los Corintios en algún lugar: “El ultimo enemigo va a ser vencido; la muerte, el ultimo enemigo, va a ser vencido".1 Corintios 15,26.

Entonces estamos celebrando la victoria de Ella, o si digo mejor, la victoria que Dios realizó a través de Ella, porque nadie puede vencer enemigos tan poderosos, como son el pecado y la muerte, no los podemos vencer por nuestras fuerzas, necesitamos ser sostenidos por Dios, ser penetrados por su Espíritu, por su gracia, ser guiados por su luz, y todo eso se cumplió en la vida de María Santísima.

Tomemos algunas ideas de las lecturas que nuestra madre la Iglesia nos ofrece en el día de hoy, para llevarnos también algo para la casa. Una cosa que me llama la atención en este lugar de peregrinación que se llama Chiquinquirá, es cómo los peregrinos siempre quieren llevar algo a su casa, por eso los recuerdos, las imágenes, los rosarios, los cuadros, queremos llevar algo para la casa. Esa misma actitud debemos tener en el plano espiritual, no sólo en esta Misa, sino en cada Misa, siempre llevarse algo para la casa.

Hoy estás visitando la casa de la Virgen en Chiquinquirá, tienes que llevarte algo para tu casa, no sólo algo material, como decir un cuadro pintado, o una imagencita, o un rosario, esas cosas son bonitas, pero más que llevarte algo material, importante que te lleves un tesoro en tu corazón.

La primera lectura nos habla de una mujer, y hay algo fascinante en el misterio de esta mujer del capítulo once y el capítulo doce del libro del Apocalipsis: “Se abrió en el cielo el templo de Dios y en su santuario apareció el Arca de su Alianza” Apocalipsis 11,19. ¿Cuál fue la primera Arca de la Alianza? Fue una caja de madera, entiendo yo que de cedro, que hizo Moisés, y le puso unas placas de oro, y ahí se guardaba, se guardaba ¿qué? Se guardaban las Tablas de la Ley y se guardaba un poco del maná, el maná que había servido de alimento en el desierto.

El Arca de la Alianza representaba entonces a la vez el mandato de Dios y el auxilio de Dios; el maná representaba la fuerza de Dios que sostiene; y La Ley, el rollo de la Ley representaba la voluntad de Dios, lo que Él manda a su pueblo.

Esta Arca de la Alianza era la señal de la victoria para los Israelitas, cuando ellos salían en combate llevaban el Arca de la Alianza, tenían que ir a combatir a los filisteos, nombre genérico de las tribus que poblaban Palestina en aquella época, es decir, hacia el siglo XII, el siglo XIII antes de Cristo.

Entonces los israelitas iban acompañados por el Arca de la Alianza y el Arca iba adelante, y en ese lugar santísimo ellos ponían su confianza, ellos tenían la certeza de su victoria.

El Arca de la Alianza estuvo bajo tiendas de campaña hasta en tiempos del Rey David, a David se le ocurrió que el Arca tenía que estar en el templo, que había que hacerle un templo al Señor, finalmente Dios no le permitió a David hacerle este templo, pero por lo menos el Arca sí pudo ser trasladada a un lugar muy especial de la ciudad de Jerusalén, la llamada ciudadela de Sión, una pequeña colina en Jerusalén donde el mismo David tenía su palacio.

Y cuando trasladaron el Arca, David entró como en un júbilo, empezó a danzar como un loco, loco de amor y de alegría por sentir la presencia de Dios; fue tan vigorosa esa danza del rey que incluso hubo gente que la criticó y dijo que el rey había quedado en ridículo expresando tanto sus emociones; pero al rey no le importaba eso, él decía: “Si se trata de Dios, pues haré el ridículo cuantas veces sea”, porque estaba realmente ebrio de júbilo.

Lo triste que esa Arca de la Alianza se perdió, es uno de los misterios de la humanidad, nadie sabe dónde quedó el Arca de la Alianza. En el siglo VI a de C., los caldeos dirigidos por su general Nabucodonosor entraron en Jerusalén y al parecer en aquella ocasión se llevaron el Arca de la Alianza, el hecho es que eso no apareció, sea en esa invasión de los caldeos, o luego cuando los romanos destruyeron Jerusalén hacia el año 70 ya de nuestra era, el Arca no aparece en esta tierra.

Y fíjate lo que nos dice el libro del Apocalipsis: "Se abrió en el cielo el santuario de Dios, y en su santuario apareció el Arca de la Alianza" Apocalipsis 11,19.

¿Y por qué es hermosos recordar este recorrido que va de la tierra al cielo del Arca de la alinza? Porque María es como el Arca de la Alianza, porque Ella meditó la Palabra del Señor, Ella, como nos dice el Evangelista San Lucas, "guardaba en su corazón" San Lucas 2,19, así como en un Arca se guardan tesoros preciosos, así María en el recinto de su corazón guardaba la Palabra del Señor y guardaba también memoria de cada uno de los acontecimientos, los eventos, hasta los más pequeños de Jesucristo.

Nadie tiene ese tesoro sino solo Ella, solo Ella tiene en su corazón todos los retratos de Jesús a medida que iba creciendo, las palabras que decía, la manera como oraba, el modo como se comportaba, María tiene ese tesoro precioso, nadie, nadie más lo tiene.

Por eso mis amigos, perder a María es perder demasiado, y tenemos que sentir, yo diría que más que disgusto verdadero pesar, de aquellos que se llaman protestantes o que usurpan el nombre de cristianos, porque dicen: “No, yo me volví cristiano”. ¡Qué cristiano vas a ser tú si desechas el tesoro más grande, la persona que mejor conoce a Jesucristo, el Arca de la Alianza es María! ¡Ella lleva en su corazón ese recuerdo, esa memoria grabada!

Si las mamás todas tienen esa capacidad, yo hace poco perdí para esta tierra a mi propia mamá, Dios la tenga en su Reino, muchos de ustedes la tienen todavía aquí, cercana, hablen ustedes con sus mamás y ustedes se darán cuenta cómo una mamá tiene ojos como nadie los tiene, para observar los detalles más pequeños, llegan a conocer tanto el tono de voz de sus hijos que con un saludo ya saben cómo está el hijo.

Pues eso le pasaba a María, Ella tenía en su corazón esa capacidad para recibir la Palabra del Señor y Ella enriqueció ese corazón hasta el infinito y más, a través del recuerdo, a través del conocimiento como nadie lo tiene.

Por eso, amigos, tenemos que sentir pesar de los que pierden a María, tenemos que sentir dolor por aquellos que la menosprecian: "No, era una mujer como cualquier otra mujer". ¡Qué va a decir usted eso, hombre! ¿Acaso hay alguna otra mujer que haya escuchado este elogio del evangelio de hoy? “Bendita tú entre todas las mujeres” San Lucas 1,42, ¡no hay otra como Ella, no hay! Ella es la bendita y es la bendita porque recibió la bendición única.

Pero no solo es María Arca de la Alianza en razón de esos tesoros de recuerdo y de amor hacia Cristo; también Ella, de un modo místico, es Arca de la Alianza, porque en Ella se celebró la alianza entre Dios y el hombre.

En el misterio de la Encarnación sucedió en las entrañas purísimas de la Virgen, en las entrañas purísimas de María se realizó la unión en la sola persona del Verbo de las dos naturalezas, divina y humana, y esa es una alianza más perfecta que la alianza con Moisés, porque la alianza con Moisés no podía dar la fuerza para cumplir lo que Dios quería, por eso dice San Pablo en el capítulo séptimo de la Carta a los Romanos: “Hago el mal que no quiero” Carta a los Romanos 7,15.

Efectivamente, la sola ley de Moisés ilustra nuestra mente, le indica lo que deberíamos hacer, pero carece de la fuerza interior, la fuerza que necesitamos para cumplir ese mandato, en cambio en la nueva y más perfecta alianza tenemos a nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, esa es la mas perfecta alianza.

Como hombre, puede padecer infinitamente, y así lo hizo, ofreciendo sacrificio de reparación por nuestros pecados; como Dios, su sacrificio tiene un valor infinito de reparación, un valor infinito que reviste, como cuando somos bañados en las aguas del bautismo, o como cuando somos bañados con la Sangre de Cristo en la confesión, un perdón que reviste y que transforma nuestro ser haciéndolo semejante al suyo. ¿Ves cómo en las entrañas de María sucedió la alianza entre Dios y el hombre? Ella es el Arca de la Alianza.

Y dice la lectura del Apocalipsis: “Después apareció una figura portentosa, una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas” Apocalipsis 12,1. ¡Y aquí hay un aspecto, tan profundo, tan hermoso!

Cuando nosotros oímos hablar de una mujer, nosotros católicos oímos hablar de esta mujer vestida de sol y el pensamiento vuela inmediatamente hacia la Virgen, pero cuando fue escrito el Apocalipsis hacia finales del siglo I. los destinatarios de este libro, que eran básicamente cristianos de lo que se llamaba Asia menor y que hoy queda en lo que es Turquía, ¿ellos qué podían imaginarse? ¿Ellos qué podían entender cuando leían este texto?

Resulta que en el Antiguo Testamento muchas veces se compara a Dios con un enamorado, un novio, un esposo, Dios es el enamorado, ¿y cuál será entonces su novia? Pues la novia será el objeto de sus amores, la novia será aquella que ha querido Dios conquistar, ¿y a quién ha querido conquistar con sus favores, con sus providencias, con sus ternuras y con su paciencia, con su poder y con su salvación? ¿A quién ha querido conquistar Dios? Al corazón de su pueblo.

Por eso los profetas, entre ellos Oseas y también Ezequiel, y también Isaías y muchos otros hablaron del pueblo, el pueblo de Dios es como una mujer, de modo que cuando los primeros lectores del Apocalipsis se encontraron con este texto, sin duda lo que sintieron es que esa mujer se refería al pueblo mismo de Israel, y digo que esto es hermoso porque se da una maravillosa dialéctica, como una atención bella entre la imagen de una mujer y la imagen de un pueblo, esta mujer es mujer y es pueblo, es pueblo y es mujer.

Y es bello que lo pensemos así, porque eso indica que esta fiesta no solamente para mirar a esta Reina tan bella y alegrarnos con Ella y darle aplausos y mandarle besos, sino también es para que sepamos que nosotros somos la mujer y que nosotros tenemos que ser pueblo de Dios, vestido de sol, tenemos que ser pueblo de Dios, coronado de estrellas, tenemos que ser pueblo de Dios con la luna por pedestal, o dicho de una manera quizás menos poética, todo lo que le ha sucedido a Ella nos tiene que suceder a nosotros.

La Iglesia tiene que brillar con ese esplendor, con esa santidad con esa hermosura que solamente tiene ella, y por eso cada mujer es un pueblo, el nombre Eva, el nombre que tradicionalmente se le da a la primera mujer está emparentado con unas raíces de lengua hebrea que significan madre de los vivientes, esa es una posible traducción, otra traducción es la que ha sido tomada del varón o la varona.

Pero lo interesante y hermoso de ese relato del Génesis es que en Eva estaba todo un pueblo, de las entrañas de Eva todos nosotros venimos, todo un pueblo, toda la humanidad, y por eso cada mujer lleva dentro de sí una humanidad posible, cada mujer lleva en su corazón y en sus entrañas un estilo peculiar de universo, y por eso la mujer tiene un misterio que ha fascinado siempre, sobre todo a la mente masculina, es verdad que a veces el varón se dedica únicamente a desear a la mujer; pero eso es poco, si el varón logra superar esa primera etapa, que es únicamente como instintiva y pasional, el varón empieza a fascinarse por el misterio de la niña y de la joven y de la mujer, porque la mujer lleva dentro de sí un universo posible.

A una mujer le cabe toda una humanidad, porque la mujer es fuente de vida, ministra de la vida, para la bueno o para lo malo, por eso lo que le suceda a la mujer le va a suceder a toda la sociedad: si la mujer se corrompe, se corrompe toda la sociedad entera; si la mujer se vuelve superficial, vanidosa, materialista, egoísta, ya sabes qué le espera al mundo.

O sea que cada mujer es un pueblo y en cada pueblo hay como una mujer. Uno puede pensar en Colombia, por ejemplo, como una mujer que ha sido violada y violentada muchas veces, que no ha podido realizar su vocación, que no ha podido desplegar toda su hermosura, que no ha podido ser solicita madre de sus hijos porque han aprendido a matarse. Cada pueblo es una mujer y cada mujer lleva en sí un universo y lleva un pueblo.

Pero eso, aplicado a esta fiesta de hoy, nos está diciendo que en María se condensa el misterio de la Iglesia y nos está diciendo que nosotros, la Iglesia, tenemos que seguir tras sus huellas hasta estar vestidos del sol y ese vestidos del sol es lo que experimentó en chiquito Moisés cuando se asomaba al Arca de la Alianza y en profunda contemplación su rostro quedaba bañado de luz y él salía y estaba vestido de gloria, irradiando la hermosura de Dios.

Así también nosotros vamos a seguir tras las huellas de María, vamos a seguir su ejemplo, vamos a imitarla ¿en qué? Sobre todo en la fe, en la obediencia, en la humildad y en la caridad. Vamos a buscar, junto a María, que nuestros propios cuerpos sean verdaderamente templos del Espíritu, porque si hoy celebramos que su cuerpo se ha llevado al cielo, también descubrimos ahí nuestra propia vocación.

Porque ser cristianos, mis hermanos, no es solamente ser buenas personas, para que nosotros fuéramos buenas personas no hacía falta que Cristo muriera en la Cruz, que chorrera hasta la última gota de su Sangre en el Calvario, eso no se necesitaba, si todo el mensaje cristiano se pudiera resumir en palmaditas en la espalda y en decir: "Vamos a ser buenas personas".

Nosotros hemos sido llamados a algo mucho más alto, hemos sido llamados a una victoria sobre el pecado y sobre la muerte, hemos sido llamados a ser templos de la gloria del Señor, hemos sido llamados a ser María, la hermosa Reina y Madre que acoge a los peregrinos y que recibe a todo el pueblo creyente.

¡Bendita sea Ella! ¡Bendita su memoria! ¡Bendito su corazón!

Amén.