Asun005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20010815

Título: La Patrona de las porristas

Original en audio: 12 min. 42 seg.


Querido Hermanos:

Es una bendición para nosotros reunirnos en este día, porque en el misterio de la Asunción de la Virgen, nosotros vemos el final del camino, y eso es necesario para recobrar esperanza, para tomar fuerzas.

Viendo una película, no hace mucho, que un gran atleta se sometió a una durísima prueba: salir de la isla de Alcatraz, que queda en la Bahía de San Francisco en Estados Unidos, y tratar de llegar hasta la costa a nado, para demostrar si era posible que algún prisionero, después de haber huido de esa famosísima prisión, hubiera alcanzado a llegar hasta la costa.

Lo que hacía especialmente duro ese recorrido es la terrible temperatura del agua, que está cercana al punto de congelación, y un viento muy fuerte, es una prueba que incluso pone en peligro la vida no del artista sino del atleta.

Y este hombre se lanza a esa prueba y recorre esas aguas dando lo mejor de sí, prácticamente agotado alcanza a divisar la playa, alcanza a divisar la orilla, y mirando la orilla, toma un nuevo aire.

Cuando ya le faltaban cien metros o ciento cincuenta metros, que para los que no nadamos ya es toda una prueba, pero para un nadador de estos ya es poco, ya es comprensible que se va a recibir el galardón, y el hombre saca fuerzas y no se deja congelar, y avanza y alcanza a llegar medio muerto, pero llegó.

¿De dónde le salieron las últimas fuerzas? De ver la meta, ver la playa. Eso es lo que nos ofrece la fiesta de hoy.

La vida cristiana se parece a veces a esa durísima prueba, y nosotros tal vez como este atleta, estamos tentados a veces de dejar de nadar, dejarnos congelar, dejarnos morir, de volvernos a Alcatraz. Pero desde la playa hay una meta visible, es María.

Sabemos que el recorrido de Ella no fue más sencillo que el nuestro. A veces se enfatiza tanto en los privilegios, las gracias sobrenaturales, los dones de María, y todo eso es cierto, pero se enfatiza tanto que alguien puede pensar que para Ella fue más sencillo, y yo creo que pare Ella fue mucho más duro.

Su corazón, incapaz de resentimiento, de odio, de venganza; su corazón puro, iluminado por la gracia del Espíritu, era un corazón muy sencillo, y ese corazón sensible tuvo que recorrer un camino de mucha humillación, de mucha privación, de mucho desconcierto.

La Biblia nos dice que María muchas veces no entendía y guardaba en el corazón, como diciendo: "Será en otra ocasión que comprenderé".

En medio de ese silencio de Dios, en medio del dolor, o mejor, de tantos dolores, María siguió y siguió y siguió. Sabemos que pasó por la cruz, sabemos que en ese momento toda posible certeza, se agrietó, por decir lo menos, pero allí permanece Ella hasta el final, y eso es lo maravillosos del día de hoy: hasta el final.

Nosotros no podemos decir lo que se dice de María, no podemos decirlo de nosotros; María hizo su recorrido sin faltas, sin pecados; nosotros no podemos decir lo mismo. En nuestras vidas el pecado ha herido, ha salpicado, nos ha rasguñado, nos ha cansado, pero nosotros retomamos el camino como aquel atleta, mirando la playa, mirando el destino.

Fue tan bonito en esa película, pues claro, esas producciones donde todo lo filman, entonces había una cámara que iba acompañando el cuerpo amoratado de este hombre sometido a esa temperatura espantosa, otra cámara estaba allá en la playa, otra cámara en la prisión y entonces se veía cuando ya se iba acercando allá, la gente que lo vio venir, pues claro, lo saludaba y gritaba y movía las manos y le daba ánimo: "te falta poco, ya estás llegando".

Y él, mirando la playa y oyendo los saludos de las personas y la alegría, tomó fuerzas para ese último empujón y llegó hasta la meta.

Yo pienso que María, desde la playa del Cielo, nos está haciendo así: "Vengan, vengan. Sí se puede, vengan; y uno dice, "pero es que estoy congelado, es que ya intenté y no pude", y María desde allá nos está haciendo barra.

Podría ser la patrona de las santas porristas. Está haciendo barra, está llamando, nos está atrayendo. Las porristas con sus figuras jóvenes y bellas, con su gimnasia, con sus cantos, con sus sonrisas, quieren dar ánimo. María tiene de todo esto, según Dios se lo ha dado.

Tiene belleza, la belleza de María es ánimo para nosotros, y yo pienso que todos nosotros, pero especialmente las mujeres, por eso escuchábamos aquello de, “bendita tú entre las mujeres” San Lucas 1,42, necesitan un criterio, necesitan un modelo de belleza.

Porque si los únicos modelos de belleza que vamos a tener son los de las reinas de belleza, los de los cantantes, los de las modelos, pues obviamente, o la mujer se vuelve como esas mujeres, o la mujer entra en conflicto consigo misma: "Soy más fea que un camión por debajo"; y esa sensación acompleja, deprime.

Todos, pero especialmente las mujeres. Todos en realidad necesitamos mirar hacia la belleza de María, esa armonía donde cabe el cuidado por el detalle y la conciencia de lo que es grande y de lo que es importante, como es verdaderamente una mujer, por ejemplo, en su casa. Una mujer tiene que pensar en el futuro financiero del hogar y tiene que pensar en cuál es el hijo al que le gusta la crema de auyama y cuál no.

Lo grande y lo pequeño, y en María todo tiene su lugar; lo grande y lo pequeño, todo tiene su sitio; santa en cuerpo y alma, en sus sentidos, imaginación, memoria, pensamiento, en su corazón.

Señora Nuestra, dice Ignacio Larrañaga bellamente, "Señora nuestra, porque primero fue Señora de sí misma". Es una mujer que se gobierna, no una mujer gobernada, porque lo que uno siente a veces es que las mujeres son gobernadas, por ejemplo, por la propaganda.

Esta es una mujer que se gobierna y se gobierna según la mente de Dios. En Ella resplandece la belleza. Las porristas tienen alegría, por lo menos durante el partido.

María tiene también su propia alegría. Recordemos el saludo que le ha dado Isabel: Dichosa, feliz, esta sí fue la que encontró el camino, esta si fue la que hizo el mejor negocio, esta si supo lo que tenía que hacer, esta sí le apuntó por donde era, este sí es el camino.

La felicidad de haber encontrado el verdadero camino, la felicidad de recibir la bendición de Dios, la felicidad de la amistad con el Señor y esa felicidad también la tenemos nosotros, uno no puede vivir sin felicidad, uno no puede vivir sin alegría, necesitamos alegría.

Nos volvemos a los pecados, nos volvemos hacia los vicios tratando de encontrar algún género de alegría. María, desde la playa del Cielo, nos está saludando y está diciendo: "Tengo alegría, conozco el camino de la alegría".

Qué importante ese mensaje para nuestros oídos: "Conozco el camino de la alegría". Que eso lo diga una persona que conoce el destierro, o como hoy se dice, una desplazada; María es una desplazada, recuerda lo que vivió en la infancia de Cristo.

Que conoce el destierro, la pobreza, la humillación, la soledad, el desprecio, la maldad; que una persona así nos diga: "Conozco la alegría, conozco el camino de la alegría", o como dice el Magnificat: "Me llamarán dichosa todas las generaciones" San Lucas 1,48, esta es una gran noticia para nosotros.

Por eso, hermanos, hoy dejemos que el esplendor de la Santísima Virgen, que su belleza, que su alegría, que la santidad que hay en Ella, nos atraiga; dejémonos llevar por ese atractivo allá donde Ella ya se encuentra.

María, en el misterio de su asunción nos está diciendo: "Todo lo que dice el Evangelio es verdad, yo sé que es verdad, se ha cumplido en mí". Ese mensaje, esa certeza y ese gozo y esa belleza nos da María en este día.

Hermanos, alegrémonos entonces, fijemos nuestros ojos en esa playa, recibamos ese saludo y sigamos nuestro camino porque falta menos que al principio y porque ya sabemos hacia dónde nos dirigimos.