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Fecha: 20000815

Titulo: Dios se ha manifestado completamente gracias al ministerio de Maria

Original en audio: 26 min. 10 seg.


Amados Hermanos:

Con esta reunión hermosa, llena de color, de canto, de fiesta, de alabanza y de danza, con esta reunión tan bella estamos cumpliendo la Palabra de Dios, porque la Palabra que acabamos de proclamar, y que se encuentra en el evangelio según San Lucas, tiene una profecía. Y nosotros aquí reunidos, felices, en actitud de alabanza y de gratitud, nosotros estamos cumpliendo la profecía que está en la lectura de hoy.

Porque en la Lectura de hoy dijo María, allá en la casa de su pariente Isabel, dijo “Me felicitarán todas las generaciones” San Lucas 1,48. Ella acababa de escuchar aquella palabra entusiasmada, arrebatada de amor, la palabra de Isabel que le dijo: “Bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu vientre” San Lucas 1,42.

Tan bello el Espíritu Santo, como que tomó a Isabel en ese momento, y de la boca de Isabel salió el elogio del Espíritu Santo para María: “Bendita tú entre las mujeres” San Lucas 1,42.

María recibe estas palabras, e iluminada por el mismo Espíritu, comprende que la fuente de toda bendición, la raíz de toda bendición está en Dios, y por eso no se queda con el elogio; le han regalado una flor, no se queda con la flor, e inmediatamente se la ofrece a Dios. Qué humildad y qué hermosura de la Virgen, le ofrece a Dios la flor que ha recibido, pero comprende también que hay un misterio de amor que la une al plan de la salvación que Dios tiene.

Y por eso, esta mujer que era una jovencita, quizá no tenía mas allá de catorce o quince años cuando sucedió, esta mujer que era una muchachita, una jovencita en un pueblito, esta mujer dice semejante profecía: “Me felicitarán todas las generaciones” San Lucas 1,48.

¿Qué tal eso? Parecen palabras de una persona trastornada, de una persona ilusa, pero no, son palabras proféticas y si alguna embriaguez tiene Ella no es embriaguez de vino, no es embriaguez de licor, es la embriaguez del Espíritu Santo que está haciendo su obra en Ella. Y a través de Ella el Espíritu Santo nos permite reconocer esa obra maravillosa.

Así que nosotros aquí congregados, nosotros alabando a Dios por lo que ha hecho en María, nosotros estamos cumpliendo la Biblia, estamos cumpliendo la Palabra de Dios, y si una persona se dice cristiana y dice que cree en la Biblia y no felicita a María y no se alegra con María, no está cumpliendo la Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios tiene esta profecía que es muy clara y que es muy importante: “Me felicitarán todas las generaciones” San Lucas 1,48.

¿Por qué? María da la razón: “Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí” San Lucas 1,49. Nosotros conocemos a Dios por las obras que hace, Dios, según nos cuenta el apóstol Santiago, habita en una luz inaccesible, nadie le ha visto ni le puede ver, pero nosotros sabemos de Dios por las obras que realiza.

Las obras de Dios tienen siempre tres señales, las obras de Dios manifiestan siempre tres cosas, tres señales: fe sabiduría y misericordia; nosotros conocemos a Dios no porque le hayamos visto sino porque hemos visto sus obras y las obras de Dios tienen tres señales: el poder la sabiduría y la misericordia.

Es algo como lo que sucede con los artistas, nosotros los conocemos por sus obras, a un pintor lo creemos conocer por sus obras que pinta, a un compositor por las melodías que arregla, a un escultor por las obras que nos presenta.

Nosotros conocemos a los artistas por sus obras, así también a este Artista sobre todo arte, a este Artista de todos los artistas, Dios, lo conocemos por sus obras, y de veras que las obras de Dios son esplendorosas.

Por ejemplo, el Salmo 8 trae como una especie de éxtasis de alabanza por lo que Dios ha hecho en la naturaleza, cuando contempla el cielo, dice el salmo 8: "Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos; la luna y las estrellas, que has creado, siento: ¿Qué es el hombre para que te fijes en él, el ser humano para darle poder?" Salmo 8,4-5.

Qué hermosas son las obras de Dios, qué hermosas las estrellas, los planetas; qué hermosos los misterios que nos descubre la ciencia, ahí descubrimos el poder de Dios; la naturaleza sirve para descubrir el poder de Dios y descubrir la sabiduría de Dios; qué misterios tan profundos se esconden aun en las criaturas más pequeñas.

la semana pasada, leyendo una noticia, unos científicos de un gran laboratorio de Biología, en el Estado de California, en los Estados Unidos, estaban maravillados porque empezaban a comprender cómo es que pican los mosquitos, la cosa más sencilla y más pequeña del mundo, la picada de un mosquito.

Estos científicos, como decimos nosotros, estaban embobados viendo todo lo que tiene el mosquito para poder picarnos; un mosquito tiene una cantidad de herramientas, ahí en esa especie de trompa, tiene como especies de serruchos, punzones, taladros, de todo para poder abrir la piel nuestra y tiene como un pequeño laboratorio de bioquímica para que a uno no se le coagule la sangre.

Porque el mosquito necesita de esa sangre para alimentar a sus crías. ¡Qué maravillosa es la picada de un mosquito! Claro que cuando nos pican no nos parece nada maravillosos; la picada de un mosquito es una cosa maravillosa.

La ciencia nos ayuda a descubrir las maravillas de Dios en la naturaleza y el poder de Dios, pero atención, las obras de la naturaleza de pronto nos dejan como aplastados, como dijo aquel hombre del salmo 8: "Cuando contemplo el cielo, pienso, ¿qué es el hombre?” Salmo 8,4-5.

Todo tan grande y yo tan chiquito, todo tan fuerte y yo tan débil; por ejemplo, cuando actúan esas fuerzas de la naturaleza.

Estaba mirando un programa de televisión, estudios que han hecho sobre estas tormentas que han vuelto a los famosos tornados que son como ciclones por la Tierra.

Hay un Estado, Texas, donde hay muchos tornados y presentaban las escenas de cómo los tornados iba entrando en la ciudad, y tu veías una cantidad de papel molido que se elevaba, y decía el locutor que, "eso que usted ve como papel molido, son trozos de metal, tejados enteros de viviendas".

Y en una parte de la película presentaron cómo el tornado cogía un camión y lo levantaba, el camión salió disparado, decía la película, a 300 kilómetros por hora hacia arriba; imagínate una fuerza de esas.

Uno mira un tornado de esos, un terremoto, un cataclismo, una tormenta, un maremoto, y uno siente miedo. Y por eso, muchos hombres primitivos sentían miedo ante la naturaleza; llenos de temor, temblaban cuando llegaba un eclipse, o cuando el clima cambiaba, o cuando la lluvia no llegaba; temblaban, sentían miedo.

La naturaleza sirve para descubrir el poder de Dios y para descubrir la sabiduría de Dios, pero la naturaleza, que es tan bella, no nos ayuda a veces para descubrir la misericordia de Dios, porque lo que nos encontramos, a veces no es muy misericordioso.

Esas fuerzas de la naturaleza, los incendios, por ejemplo, voraces incendios, las plagas de langosta, las enfermedades; no, la naturaleza tiene un aspecto muy rudo a veces.

La obras de Dios tienen tres señales que son: el poder, la sabiduría y la misericordia. Pero resulta que el poder y la sabiduría aparecen por todas partes en la naturaleza; para que apareciera la misericordia se necesitaba un camino distinto.

Dios tenía que aparecer de otra manera, porque porque con el miedo el corazón humano se paraliza; con el miedo se vuelve esclavo, nunca se vuelve amigo.

Cuando en la familia impera el miedo, es como si el papá no quisiera tener hijos, sino esclavos; cuando en la escuela impera el miedo, es como si el rector o los profesores no quisieran tener alumnos, sino esclavos; cuando en un país, como pasa en tantas partes de nuestro país, impera el miedo, "voy a matarte, voy a torturarte, voy a secuestrarte, voy a desaparecer"; cuando impera el miedo, es como si un país no quisiera tener ciudadanos, sino esclavos.

Dios no quiere tener esclavos, Dios quiere tener hijos, Dios quiere tener amigos, y para tener amigos y tener hijos, se necesita que Dios se manifieste de otra manera, porque la sola manifestación de la naturaleza infunde en nosotros admiración pero también espanto.

Y por eso, Dios empezó a manifestarse de otra manera, y no sólo por la naturaleza, le habló a un hombre, Abraham: "Abraham, sal de tu tierra a la tierra que yo te mostraré. Con tu nombre voy a bendecir las naciones; yo voy a bendecir al que te bendiga y voy a maldecir al que te maldiga" Génesis 12,1-3. Así le habló Dios, capítulo doce del libro del Génesis.

Y Dios, el Dios Todopoderoso, se convirtió en el Dios amigo, que le dice: "Mis amigos, van a ser tus amigos; tus enemigos, van a ser mis enemigos. Vamos a hacer alianza" Génesis 12,3. Y así empezó un camino maravilloso.

Luego viene Moisés, y la Biblia nos trae este elogio hermosísimo de Moisés: "Dios hablaba con Moisés como un hombre habla con un amigo" Éxodo 33,11. Era Dios hablándole como de corazón a corazón a Moisés, era Dios buscando un camino diferente para llegar al corazón humano, porque Dios, que nos hizo a nosotros, sabe cómo estamos hechos y Dios sabe que con las solas fuerzas de la naturaleza sólo tenemos temor y espanto.

Ese camino maravillosos que atraviesa todo el antiguo Testamento, llega finalmente hasta esta mujer que hoy estamos recordando, hasta esta mujer. Dios envía a un Ángel a esta mujer y le dice: "Mira, tú vasa concebir"; no temas, y vas a concebir, y vas a dar a luz un hijo" San Lucas 1,30; le manda a decir Dios por el ministerio de este Ángel Gabriel.

¿Qué estaba diciendo Dios ahí? Le estaba diciendo: "Mira, el mundo está enfermo, el mundo está herido, el mundo está sucio; y he resuelto limpiarlo, y he resuelto sanarlo, quiero curarlo, quiero dar la medicina, ¿me ayudas?" Dios llegó hasta la fuerza de la voluntad de María y le preguntó, no se le impuso.

Por eso no hay criatura que más ame a Dios que María, porque por Ella hemos recibido al Autor de nuestra salvación, el único y bendito, el Santísimo Señor Jesucristo. Pero Dios no aplastó la voluntad de María, le habló como amiga, le habló como novia, le habló como amada, y esperó la respuesta de María.

Estuvo cerca de Ella y le abrió su infinito corazón, corazón más grande que los abismos que vemos en los mares, corazón más grande que las selvas y los océanos, corazón más grande que la noche que nos asusta por su inmensidad, o que los espacios que nos separan de otras galaxias y planetas. Dios abrió su infinito corazón para decir a María: "Quiero sanar el mundo; amo al hombre, lo amo y quiero sanarlo. Es una propuesta.

Claro que el mismo Dios que le hablaba a María por el ministerio de este Ángel, iluminaba a María por la gracia del Espíritu. Si María pudo dar ese sí, y toda la vida de María fue un sí, un sí continuo, profundo, rotundo ante Dios, se debe fundamentalmente a que Dios mismo habitaba en Ella.

Es la gracia del mismo Dios la que hizo posible que María dijera que sí a Dios. Solo elegida Ella, santificada Ella, redimida anticipadamente, nos dice la Teología católica, redimida anticipadamente por la fuerza del Espíritu; así santificada y elegida, María pudo decir sí; y por eso, un camino totalmente nuevo apareció con Jesucristo, la grande manifestación de la misericordia.

Ya conocíamos el poder, ya habíamos visto la sabiduría, pero faltaba la misericordia. Y por eso, dice María que, "Dios auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia" San Lucas 1,54. Como que la misericordia había quedado rezagada, como que no aparecía, como cuando salen a correr los niños en el campo de recreo y hay uno que está enfermito y no alcanza a llegar, y va siempre atrás.

La misericordia como que no aparecía; aparecía el poder, aparecía la sabiduría, pero la misericordia como que no terminaba de aparecer. ¡Qué hermosa traducción! "Ahora Dios auxilia a Israel su siervo, acorándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres" San Lucas 1,54.

Y por eso, a través de María, a través del sí de María, se hace posible la manifestación definitiva, plena, completa de Dios; faltaba esa dimensión, faltaba que apareciera en su plenitud el tamaño de la misericordia de Dios, que es mucho más que lo que podemos decir o imaginar.

Y apareció la misericordia, porque Jesús, en sus ojos, en sus palabra, en sus milagros, en sus exorcismos, en su absolución de pecados, pero sobre todo en su muerte sangrienta en la Cruz, y del frío del sepulcro y de la gloria de la Resurrección, Jesús es la misericordia de Dios hecha visible.

Dios le dijo a una santa muy grande, Santa Catalina de Siena, le dijo: "Mi amor se ha hecho visible en la Sangre de mi Hijo; mi compasión se hizo visible, ahora nadie puede dudar de cuál es el tamaño de mi compasión, teniendo la Sangre de Cristo."

Y por eso nosotros descubrimos que hay esa misericordia, que existe esa misericordia; y María lo dice en su Cántico: "El nombre de Dios es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación" San Lucas 1,49-50.

La misericordia que va llegando como en oleadas de amor, de compasión; la misericordia va llegando, va llegando; la misericordia se ha vuelto abundante, sobreabundante. Una vez san Pablo se puso a pesar en esto, sobre la misericordia.

Resulta que para nosotros es fácil descubrir dónde abunda el pecado:"Todo el mundo es mentiroso, todo el mundo es malo, todo el mundo es chismoso, todo el mundo es envidioso, todo se consigue con plata, todo es injusticias, todo es pagando en esta vida".

Cuando utilizamos esas expresiones, ¿qué estamos diciendo? "Pecado, mire, pecado; vea, por todas partes pecado; vea, vea, pecado, pecado; por todas partes pecado"; ¿y qué dice san Pablo? San Pablo dice: "Pues sí, tienes razón, el pecado abunda, pero donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia" Carta a los Romanos 5,20, la misericordia de Dios.

O sea que cuando usted quiera saber cuál es el tamaño de la misericordia de Dios, nada más haga estas cuentas: cuando uno se siente bien triste y deprimido, uno dice: "¡Uyyy, hay pecado por todas partes!; en ese momento, acuérdese de San Pablo; si le parece que hay mucho pecado, calcule cuánto habrá de misericordia.

Porque dice san Pablo:"Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" Carta a los Romanos 5,20. ¿Cuánto habrá de misericordia entonces? ¿Cuánto? ¿Cuánto hay de misericordia? Nadie tiene esa cifra, porque nadie tiene el número de los años de Dios, y nadie le ha medido el cociente intelectual, y nadie le ha medido el pulso.

Es infinita la compasión divina, es infinita la misericordia; "y la misericordia llega a sus files de generación en generación" San Lucas 1,50.

Por eso, gracias al ministerio, al servicio de María, Dios ha manifestado la plenitud de su rostro, ha manifestado su ser, porque en Cristo hemos podido ver a Dios. Acuérdate lo que Nuestro Señor le dijo a Felipe: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" San Juan 14,9.

Gracias al ministerio de María hemos podido ver a Jesucristo, y gracias al rostro de Cristo, podemos decir que hemos visto al Padre; Dios se ha manifestado, Dios se ha revelado, Dios se ha manifestado completamente gracias al ministerio de María.

En este día nosotros felicitamos a María, en este día sentimos que la primera obra de la misericordia es Ella misma; la primera obra de la compasión en esta maravillosa historia, que se llama la hitoria de la salvación, está en Ella; Ella misma está hecha de misericordia.

Y eso es lo que encontramos a los largo de la vida de María, cuando llegan aquellas bodas en Caná; estaban en una fiesta, se les acaba el vino, y María habla con el corazón compasivo, y aunque el hijo le haya respondido de una manera un poco fuerte, María le dice: "No tiene vino" San Juan 2,3, se compadece de ellos.

Y así también María quiere pasar por los hogares, por nuestras comunidades, por nuestros grupos, y quiere llegar a tantas vidas que les falta el vino de la alegría, que les falta el vino de la ilusión y de la esperanza.;