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Fecha: 19970815

Título: El Evangelio no es una ideologia, es una realidad

Original en audio: 8 min. 37 seg.


Una vez más nos congrega la Iglesia para contemplar en la Santísima Virgen María, la realización del Evangelio. Esta es una gran diferencia que se da entre el Evangelio y las ideologías políticas, filosóficas, artísticas, o religiosas.

Una ideología en cuanto tal, es una propuesta, es una suposición. Suponemos, por ejemplo, decía Marx, que si desaparece la propiedad privada y si desaparece la clase burguesa, entonces desaparecerán también las clases sociales y habrá paz, gozo, trabajo, bienestar para todos; suponemos.

A partir de sus estudios y de sus análisis, él llegaba a esa suposición, y quería que el mundo entero se embarcara en esa suposición, y que todos nos montáramos en esa suposición, para ver si al fin resultaba esa suposición.

Ese no es el Evangelio de Cristo. Pero lo mismo sucede con muchas otras cosas. Dice, por ejemplo, un filósofo como Sartre: "El ser humano no tiene esencia, el ser humano es un proyecto, y lo que él diga y lo que él haga de sí mismo, eso es".

Y a partir de esas ideas, desarrolladas ampliamente en lo que se llamó el existencialismo, metió en un bus, metió en un tren a una cantidad de personas, muchas de las cuales se suicidaron, o renegaron de Dios, o se olvidaron de la fe e hicieron lo que quisieron con su vida, porque Sartre les había enseñado que uno sólo es lo que uno haga, lo que uno quiera hacer de su propia vida; que no hay un destino, que no hay una meta.

Esto es lo que llamamos una ideología. Una ideología es una propuesta, una gran suposición; es una creación del pensamiento humano, que a partir de algunas cosas que han sucedido, supone, especula cómo debe ser la humanidad.

El Evangelio no es una ideología, porque el Evangelio puede presentarse plenamente realizado. El Evangelio no es simplemente un, "hagamos de cuenta que todos fuéramos buenos", "supongamos que todos sonriéramos", "hagamos de cuenta que no hubiera pecado"; ese no es el Evangelio.

El Evangelio nos presenta al pecado obrando, y obrando con fuerza; al demonio obrando, con todas sus garras, con todo su ardor; nos presenta todas las fuerzas del corazón humano; todas las pasiones para lo bueno y para lo malo están ahí en la Sagrada Escritura.

Ningún libro tan real como la Sagrada Escritura; ahí aparece el ser humano con todas sus pasiones; ahí esta el iracundo, el codicioso, el envidioso, el lujurioso, ¡ahí están! Pero igualmente, ahí está la nobleza que alcanza el corazón humano, la pureza que logra, la verdad que lo ilumina cuando ese ser humano se abre totalmente hacia Dios.

Ese realismo de la Sagrada Escritura es lo que hace que nosotros no estemos corriendo detrás del tren de Marx, o del tren de Sartre, o de Nietszche, o de cualquier otro filósofo o pensador; nosotros no estamos corriendo a ver en cuál bus es que nos vamos a montar, porque todos esos buses son palabras humanas, en las cuales se supone que si entramos en un determinado modelo, en unas determinadas ideas, entonces lograremos el sentido de la vida, o la paz en la sociedad, o la prosperidad para todos.

La Biblia es un libro realísimo, y dentro de la Biblia, la creatura más real de lo que significa asumir la Palabra de Dios y vivirla, es la Santísima Virgen María. Por eso, la presencia de María en la Sagrada Escritura y en nuestra vida, es la que hace que el Evangelio no se convierta en una ideología.

Sin la Santísima Virgen, lo único que podríamos decir es: "Parece que es una buena suposición", "parece que es como interesante", porque si uno mira a la samaritana, si uno mira a San Pablo, si uno mira a la adúltera, si uno mira al ciego de jericó, pues uno puede suponer que eso da como buen resultado.

Pero, ¿quién ha vivido todo el Evangelio con todas sus consecuencias, con todas sus riquezas y con toda su gloria? La Santísima Virgen María, María de Nazaret.

Entonces nosotros, bendito Dios, nosotros cristianos católicos, nosotros tenemos la oportunidad, la dicha, que hay que aprovechar, que hay que amar, que hay que agradecer de no creer en una ideología y no estar corriendo detrás de una ideología.

La presencia bendita, perfumada, hermosísima de la Virgen, hace que nosotros sepamos que no estamos corriendo detrás de las ideas de alguien; ya podemos mirar en María el plan completo de Dios; ya tenemos en Ella un adelanto, humilde, ciertamente, porque se trata de una sola persona, pero glorioso, porque se trata de la persona amada por excelencia de Dios; ya tenemos ahí el modelo completo.

Nosotros no estamos, entonces, como algunas veces se realiza en la construcción, comprando sobre planos.

Hoy muchos arquitectos utilizan esa modalidad: usted compra su apartamento, pero lo compra sobre planos, es decir, allá la compañía le extiende unos papeles y le dice: "Mire, su apartamento va a quedar más o menos como a esta altura, va a tener estas caracteríticas, debe haber esta sala, y entonces allá usted va aponer esta matica, y luego tendrá una cama, y ahí tendrá una lamparita...", pero todo eso es, ¡imagíneselo, hermano!

Claro que son compañías usualmente muy sólidas. Pero el ejemplo lo tomo es para que nosotros sepamos que no estamos comprando sobre planos, tampoco estamos comprando en una maqueta.Le presentan a uno una maqueta, "mire, así va a quedar más o menos su casa", "su casa va a ser más o menos....", "haga de cuenta que usted estuviera ahí....", "supóngase que usted estuviera ahí metido...." No; nosotros ya tenemos el Evangelio realizado. Esa es la belleza y la gracia que tiene la solemnidad de hoy.

¿Qué es la Asunción de la Santísima Virgen? Es el epílogo, es el colofón glorioso, luminoso, como todo lo de la Santa Virgen; es el epílogo luminoso y glorioso que nos muestra la íntima consecuencia, la íntima maravilla, la íntima y definitiva obra del Evangelio en una creatura humana.

Si uno celebra con fe esta Eucaristía de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, si uno contempla con fe, con esperanza y con amor este misterio, uno sólo puede sacar una conclusión: el Evangelio no es una maqueta, el Evangelio no es un plano, el Evangelio no es una ideología ni una suposición, es una realidad.

Y conozco a una persona en la que ese Evangelio ha desplegado toda su fuerza, su gracia y su belleza, y esa persona es la Santísima Virgen María. ¿Por qué estás tan seguro? Porque yo he celebrado, junto con toda la Iglesia, la solemnidad de la Asunción; ¿y en la solemnidad de la Asunción qué estoy celebrando? Que hasta sus últimas consecuencias, hasta la plena redención de su realidad corporal, la Santísima Virgen es testigo de hasta dónde llega el Evangelio de jesucristo.

Gocémonos en esta celebración. Nosotros, que vamos de camino, ¿qué más podíamos pedir a Dios sino esa señal tan evidente del poder de su salvación? Y esa señal de Jesucristo es la Santísima Virgen.

Gocémonos contemplando esa señal, y por su intercesión y según su ejemplo, cumplamos también nosotros la voluntad de Dios, hasta la plenitud y la estatura de Cristo.