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Fecha:20071230

Título: La ideologia igualitaria actual va en contra de la familia

Original en audio: 22 min. 2 seg.


Hermanos:

Los seres humanos somos distintos unos de otros por muchas razones. Es evidente, la edad, también la raza, la educación, los gustos, el género; somos muy distintos y las diferencias a veces traen tensiones.

Por ejemplo, una persona que es mucho más inteligente que otra puede tener la tentación de aprovecharse de la que es menos avispada. El que es fuerte a veces puede tratar de ganarlo todo con su fuerza. Una mujer bonita puede utilizar su belleza destacada para seducir y para guiar incluso destinos de otras personas.

Cada quien suele utilizar lo que tiene de sobresaliente, a veces, para el propio provecho pensando únicamente en sí mismo.

Esta historia es muy conocida, esta historia es tan antigua como la humanidad, y por eso la pregunta surge: ¿qué hacemos con las diferencias? Hay gente que tiene mucho dinero, hay gente que tiene poco; hay gente que tiene grandes iniciativas, y otros en cambio son pasivos; hay unos que son muy generosos, otros en cambio muy tacaños. Y siempre tenemos niños y adultos, y siempre tenemos mujeres y hombres. ¿Qué hacer?

En el siglo XIX se empezó a imponer una ideología que ha tenido distintas caras. La primera cara que tuvo fue el comunismo. Según esa ideología, la manera de solucionar el problema de las diferencias entre los seres humanos es igualarnos a todos.

El comunismo proponía una solución hasta cierto punto radical, por no decir brutal: un ejército poderoso, liberador, revolucionario destituye de su poder a los poderosos y de su riqueza a los ricos. Se acaban los ricos, se acaban los poderosos, se reparte todo entre todos, todos quedamos iguales. Esa fue la fantasía del comunismo: "Eliminemos las diferencias poniéndonos todos iguales".

Hay algunas cosas buenas, algunas cosas que salieron bien en ese movimiento. Si uno mira por ejemplo Cuba, uno encuentra que hay cosas que han mejorado en comparación con otros países. Es famosa Cuba por sus resultados atléticos, por la calidad de su medicina; bueno, hay varias cosas en las que Cuba destaca.

Pero el modelo comunista también crea una cantidad de problemas. Por lo pronto crea un aparato burocrático que es un nuevo elitismo. Ese aparato burocrático, ese partido, que es el partido único, entonces es el que acapara todas las posibilidades de gobierno; es una nueva élite.

Sucedió en Rusia; y esa burocracia terminó siendo ineficiente para el mismo país. Pero como además dijo el Cardenal Poupard, el comunismo demostró que para sacar a Dios del corazón humano hay que destrozar al corazón.

El comunismo no puede admitir la existencia de un Dios, no puede admitirla. Porque si hay un Dios que me ha amado tanto, si hay un Dios que ha hecho tanto por mí, entonces la dignidad de cada ser humano impide que se le trate como una ficha dentro de un organigrama o dentro del engranaje estatal. La religión será siempre un problema para el comunismo.

Pero el comunismo no es la única cara de esa especie de monstruo homogenizador que surgió en el siglo XIX. Ese monstruo es el que dice que la única forma de resolver las desigualdades es cercenando a todo el mundo y que quedemos todos iguales.

La primera cara de esa ideología es el comunismo, pero luego viene otra. Resulta que el comunismo fracasó. Cayó el muro de Berlín, no hay mucha gente que crea en el modelo de Cuba; no hay mucha gente que crea o que mire con paz la revisión o la renovación del comunismo en Rusia; y sobre el comunismo chino no vamos a hacer aquí una disertación. Se acabó el comunismo pero no se acabó el problema.

Ahora viene otro rostro de la misma idea: no importa ser hombre, no importa ser mujer. La solución, según esta ideología, es que todos seamos bisexuales. Ahora todo actor tiene que ser bisexual; toda cantante y toda modelo tiene que ser bisexual; es decir, todos tenemos que funcionar con todos.

Según eso, ya no importa si uno es hombre o si es mujer; sino que en nosotros los hombres tiene que haber una apertura para que nos gusten los hombres o las mujeres, y a las mujeres les tienen que gustar otras mujeres y los hombres.

Y en los cargos y en los oficios y en las profesiones y en las ocupaciones el criterio que se sigue es que todo debería ser al 50%. Esa es otra cara de la misma ideología igualitaria.

Y yo estoy hablando de esto porque uno de los textos bíblicos más fuertes en contra de esa ideología igualitaria que quiere que los hombres no sean hombres y las mujeres no sean mujeres, uno de los textos más fuertes es la Carta de San Pablo a los Colosenses.

Un gran profeta que Dios le dio a la Iglesia en la persona del Papa León XIII a fines del siglo XIX ya vio este problema, lo vio con claridad. Él lo abordó desde la perspectiva económica que era la que estaba surgiendo en ese siglo XIX.

Pero las reflexiones de León XIII y por supuesto de otros Papas hasta Benedicto XVI felizmente reinante van en la misma línea de lo que aquí nos enseña el Apóstol san Pablo. Y lo que nos enseña San pablo es que nadie tiene que avergonzarse de ser hombre completamente hombre y ser mujer completamente mujer. Que los papás tienen que sentirse felices de ser papás, y los hijos tienen que ser felices de sentirse y saberse hijos.

Y eso es lo que hemos escuchado en esta segunda lectura. Dice aquí, por ejemplo, el Apóstol San pablo en el texto lo siguiente: “Los maridos deben amar a sus mujeres, las mujeres deben ser dóciles a sus maridos” Carta a los Colosenses 3,18. A ver cuántos hoy se aguantan ese versículo.

"Las mujeres deben ser dóciles a sus maridos" Carta a los Colosenses 3,18. La ideología igualitaria inmediatamente dice: “No, la mujer no debe ser dócil al marido, la mujer debe plantarse frente al marido y decirle: "Aquí negociamos: fifty, fifty; la mitad la decides tú y la mitad la decido yo; yo decido las cortinas de la sala y el comedor, tú decides las habitaciones; tú decides qué estudia la niña y yo decido dónde vamos en vacaciones’”.

Por supuesto la ideología del fifty, fifty, mitad y mitad, es la ideología de que en realidad no hay unión, hay negociación, y son dos cosas totalmente distintas.

El matrimonio, la familia cristiana no es una negociación como la que se hace entre dos países, o como la que usted hace cuando hace un negocio. Cuando usted tiene un socio, lo que usted quiere con su negocio es: “Vamos a repartirnos”, ¿cierto? "Y como ambos le metimos el hombro a este negocio, mitad para ti, mitad para mí”.

El matrimonio no es fifty, fifty. El matrimonio no es negociación, el matrimonio es más que eso, el matrimonio es unión. Pero, ¿cómo se llega a esto? Se llega a esto si aprendemos que cada frase tiene su complemento.

“Que la mujer sea dócil al marido” Carta a los Colosenses 3,18. Ahí es donde las parejas que están aquí empiezan a codearse. Entonces el esposo le hace: “¿Si oye, mija?”. Pero luego dice San Pablo: “Los maridos deben amar a sus mujeres y no tratarlas con dureza” Carta a los Colosenses 3,19. Y ahí es cuando ella saca el codo y dice: “¿Si oyó?”

La solución no es: “La mujer negocie con el marido, el marido negocie con la mujer”, como si fueran dos extraños. La solución es: “La mujer dócil y el marido amable, suave, amoroso”. Es la fórmula combinada la que funciona; no es eliminar la diferencia.

Otro ejemplo: “Los hijos deben obedecer a sus padres” Carta a los Colosenses 3,20. "¿Si oyó, mijo? “Los padres no deben tratar mal a los hijos”. "¿Si oyó, papi?" Es el complemento. Lo que Dios quiere no es la desaparición de las diferencias que Él mismo creó, “hombre y mujer nos creó” Génesis 1,27.

Dios no quiere que las mujeres se vuelvan hombres, ni los hombres mujeres. Dios quiere que cada uno sea lo que es y aprenda a dar desde lo que es, y aprenda a respetar y ayudar desde lo que es. Esta es la segunda idea fundamental.

La primera idea fundamental de esta predicación es que hay una ideología igualitaria, que luego entonces hablará de matrimonio gay y hablará de otra cantidad de cosas.

Hoy se ha realizado en Madrid una tremenda manifestación; centenares de miles de personas se han manifestado lideradas por el cardenal María Rouco defendiendo la familia. Le sienta muy bien esto a España porque España va muy mal encaminada en este tema, pero bastante.

Y nosotros, que parece que siguiéramos siendo colonias, vamos detrás, y en vez de imitar lo grande que tiene Europa o lo grande que tiene Estados Unidos o Canadá, somos expertos en imitar todo este tipo de fragilidades, resbalones y grietas de esas culturas.

Entonces mis hermanos, la primera idea es: hay una ideología igualitaria; la segunda idea es: la Biblia no cree en esa ideología sino que cree en la complementariedad al modo de estas frases. San Pablo escribió de este modo en distintos lugares, y esta ha sido la enseñanza de la Iglesia.

El tercer punto es que la felicidad está en esto. Resulta que yo estoy por cumplir, si Dios me lo permite, dieciséis años de sacerdote en unos pocos meses.

O sea que he tenido ocasión de tratar bastantes hombres, mujeres, en pareja, fuera de pareja, los que les funcionó la pareja, los que quisieran tener pareja hasta llegar al caso de este hombre que trabajaba aquí en el convento de Santo Domingo al cual le pregunté: “-Bueno, ¿y qué planes tiene para el año entrante?” “-Me voy a casar”. Le dije “-¿Y está seguro?” Me dice: “-Sí, padre, me caso, me caso porque me caso, así me muera de eso”.

Así que he tratado distintos tipos de personas. Yo he visto que esta fórmula, la de la Biblia, no es una imposición que viene desde fuera. Mire, Dios es el creador, Dios es el que nos hizo, Dios es el que sabe cómo funciona el corazón humano, Dios es el que sabe cómo funciona el corazón de un hombre y cómo funciona el corazón de una mujer.

Y entonces la frase que les parece más difícil, la frase políticamente más incorrecta de la Biblia es “que las mujeres deben ser dóciles a los maridos”. Pero yo le digo una cosa: en todos los casos donde yo he encontrado mujeres que se sienten felices con sus parejas, no tienen ningún problema en ser dóciles.

El problema no es la docilidad. En el fondo el corazón femenino se siente feliz de ser liderado pero por un hombre que valga la pena y por un hombre que no utilice su liderazgo ni para aplastar, ni para humillar, ni para creerse lo que no es.

El problema de la mujer no es que alguien la lidere, al contrario, cuando por alguna razón la mujer tiene que asumir el liderazgo teniendo al marido, ella misma se siente mal. Por lo menos en dieciséis años de sacerdote y decenas, centenares de parejas que he conocido, esto es lo que yo he aprendido.

La mujer no se siente feliz de tener que tomar las riendas de la casa, no, lo hace en último caso. Si tiene que ser cabeza de familia, lo hace, sobre todo por los hijos. Pero esa no es la felicidad del corazón femenino.

La felicidad del corazón femenino es: “Estoy al lado de un hombre que vale la pena, estoy al lado de un hombre admirable, grande, que tiene un rumbo en la vida y que además me quiere, me respeta y es dulce conmigo”. Esa es la felicidad de una mujer; eso es lo que una mujer quiere.

Y el hombre, por lo tanto tiene una vocación de liderazgo, pero tiene que aprender qué significa eso. En otro pasaje San pablo dice: “Esto es como Cristo amó a su Iglesia” Carta a los Efesios 5,32. Esto lo dice allá en su Carta a los Efesios.

El hombre tiene que ser líder; líder ¿qué significa? “En la casa mando yo”. Pues vamos a ver: ¿eres tú el que manda, eres tú el que dirige la oración en la casa? ¿O tú mandas qué: “Mijo, tráigame la cerveza”? ¿Esas son las órdenes tuyas únicamente? ¿Las órdenes suyas son para provecho suyo?

Cuando San Pablo, o mejor, cuando el Espíritu Santo nos dice a través de San Pablo que el hombre es el que tiene que ser el líder de la casa, eso no significa que sea un líder para sí mismo y para su provecho; el modelo está claro: un líder como Cristo con la Iglesia.

¿Y qué hizo Cristo por la Iglesia? Nos lo responde el mismo Apóstol: “La amó y se entregó por ella, se desvivió por ella hasta vestirla de pureza y de santidad" Carta a los Efesios 5,25-26,

Presénteme un hombre que tenga esos sentimientos, un hombre que quiera vestir a su esposa de pureza y santidad, que la ame como Cristo amó a la Iglesia, que sienta que quiere cuidarla, que quiere guiarla, que quiere acompañarla y sentirse felizmente acompañado por ella. Ese es el modelo del hombre.

El texto del evangelio nos presenta un hombre así: San José, San José es esa clase de hombre, San José es un líder. Mire esa calidad de líder, por eso Dios le habla a San José.

Todos los santos y doctores de la Iglesia están de acuerdo en que la Santísima Virgen María excede en santidad a todas las demás criaturas, y en eso, por supuesto, está incluido San José; pero Dios le habla es a José: “Levántate, haz esto, sal para Egipto, vuelve de Egipto”.

San José es el líder de a casa, pero ¿líder para qué? Para proteger, líder para defender, líder para cuidar, líder para que el plan de Dios se realice en el hogar.

Estos son los hombres que necesitamos. Los muchachos, los jóvenes que hay aquí, los niños que hay aquí puedan entender estas palabras; yo les digo lo siguiente queridos jóvenes y niños: “ustedes están llamados por Dios para ser líderes, sean hombres felices de ser hombres, de guiar la casa, pero de guiarla con la autoridad de Cristo, guiarla desde la autoridad de la verdad, del amor y de la fe”.

Lo que desautoriza el liderazgo del hombre no es que él dé órdenes; lo que desautoriza es que dé órdenes únicamente para su provecho, y que no sea justo, y que no sea dulce.

Pero un hombre que tenga afecto, que tenga ternura, que tenga dulzura, un hombre que esté mirando primero a Dios y el plan de Dios, así como hizo San José en el pasaje del evangelio, un hombre así es un hombre que tendrá a su lado a una mujer feliz y que tendrá a su cargo unos hijos felices de pertenecer a esa familia.

Yo deseo a todas las familias aquí representadas un día lleno de bendiciones y les pido también que no nos olvidemos de aquellos que no tienen familia por alguna u otra razón o que se les ha agrietado o roto la familia.

Hay algo que a mí me maravilla de este hogar de Nazaret, y es que siendo tan pequeñito, Jesús, María y José, era un hogar abierto. Por eso en otros pasajes del evangelio se habla de los “hermanos deJesús” San Marcos 31,32. No es porque fueran hijos de María o de José; es porque el hogar de Nazaret era un hogar abierto.

Hoy, por seguridad y porque vivimos aterrorizados con los atracos, los robos, los secuestros, las violaciones, vivimos aquí paranoicos todos; cada uno se encierra, la familia muere cuando se encierra, la familia de Nazaret no es una familia encerrada, Jesús no es un niño aislado, acomplejado, solo, Jesús es un niño que aprende desde que está pequeño a compartir con otros, a estar con otros, a ser familia con otros.

Esas peregrinaciones, como cuando fueron a Jerusalén, no eran los tres montados en un burro, o en un burro María y Jesús, y José llevando el burrito como es la imagen tradicional; la Sagrada Familia no es una familia aislada; esas peregrinaciones eran masivas, por eso se les perdió el Niño Jesús en Jerusalén.

Porque resulta que en esas peregrinaciones, madres e hijos iban por un lado y los hombres iban por otro lado; iban como a dos ritmos las caravanas.

Y como Jesús estaba en los doce años que era la edad en que los niños dejaban de estar más con la mamá y empezaban a estar más con el papá, entonces por eso José pensó que el Niño estaba en la caravana de mamás e hijos, mientras que María pensó: "Jesús está en la caravana de los hombres". Por eso se les perdió el Niño.

O sea que de ese pasaje aprendemos que la familia de Nazaret no era de una familia encerrada sino una familia abierta.

Hoy es más difícil, hay inseguridad, hay robos, hay peligros, por todas partes nos van a robar, van a estallar bombas, nos van a secuestrar, todo es peligroso; pero aún en medio de estos peligros tenemos que aprender a abrir nuestras familias sobre todo para los que están tristes y solos.

Resumen: hay una ideología igualitaria que va frontalmente en contra de la familia. El plan de Dios es distinto, nos enseña a descubrir las riquezas de ser hombre, de ser mujer, de ser pequeño, de ser mayor; y nos enseña a complementarnos y a ayudarnos teniendo todos la mirada puesta en el modelo que Dios nos muestra en Cristo Jesús y su familia.