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Fecha: 19981227

Título: En la familia se aprende el alfabeto emocional del ser humano

Original en audio: 9 min. 45 seg.


Queridos Hermanos

Esta es la fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, José, y María, y en esta fiesta podemos aprender dos cosas. Primera, que Jesús tuvo una familia con todo lo que esto significa, y segunda, que la familia tiene a Jesús.

Jesús tuvo una familia, fue educado, fue enseñado, fue protegido. En la familia de Jesús, en la familia de José y María se formó esa humanidad que luego fue ofrecida por nosotros en la cruz.

En esa familia Jesús aprendió a hablar, aprendió a orar; en esa familia Jesús conoció la pobreza, la persecución, la enfermedad, la alegría, el silencio. Desde esa familia podemos decir que se abrieron los ojos de Cristo a la compasión por todas las necesidades del mundo.

Cada ser humano, Dios lo introduce en esta tierra a través de la familia, a veces familias mutiladas, a veces familias enfermas; pero la familia de Jesús nos muestra cómo esa ventanita que Dios nos dio para llegar a esta tierra es de máxima importancia.

Porque desde allí miraremos nosotros el mundo. Es tan grande la importancia de la familia que podemos decir que en la familia se aprende el alfabeto emocional del ser humano. En la familia se aprende qué significa ser hombre, ser mujer, ser hijo, ser hermano.

¿Cuál es la verdad, y por qué es importante? ¿Cuál es el bien, y por qué hay que buscarlo? ¿Cuáles son los atractivos del mal? ¿En qué consiste la lealtad? ¿Qué es ser una persona honrada?

Amigos, para hacer un elenco de las enseñanzas que se reciben en la familia, necesitaríamos mucho tiempo y tendríamos que repasar casi toda la Escritura. Jesús tuvo una familia, pertenece al misterio de la humanidad real de Jesucristo el reconocer esta familia, pero nosotros queremos también, hoy, aprender que la familia tiene a Jesús.

Hace unos años, cuando se celebraban los matrimonios, tal vez, hace veinticinco años, siempre la segunda lectura era tomada de una Carta de San Pablo a los Efesios, en la que San Pablo habla de cómo la mujer tiene que estar sometida al marido.

Y este texto se convirtió en esa época, y después de esa época, en algo muy complicado para la predicación de la Iglesia católica, porque por esa misma época, digamos hace veinticinco años o algo parecido, pues fue tomando cada vez mayor fuerza, esto que se ha llamado la “liberación femenina”. Y entonces no faltan los estudiosos de La Biblia, los exégetas que dicen: “Esos textos pertenecen al machismo de San Pablo”, al machismo de la cultura judía.

Esos textos no rigen para hoy, o no valen para hoy, pero es que la enseñanza de San Pablo sobre la familia está en varios lugares, y no sólo en este pedacito de la Carta a los Efesios.

Por ejemplo, hoy hemos escuchado un fragmento de la Carta a los Colosenses, hemos leído el capítulo tres de Colosenses, dice San Pablo: “Como elegidos de Dios, revestíos de sentimientos de compasión, benevolencia, humildad, mansedumbre, y paciencia" Carta a los Colosenses 3,12.

¿Eso se lo dice al hombre, a la mujer? Se lo dice a ambos, se lo dice a todos los cristianos. Un poco más adelante, salto unos versículos, dice: “La paz de Cristo reine en vuestro corazón” Carta a los Colosenses 3,15.

Luego dice: “No os no olvidéis de dar gracias a Dios” Carta a los Colosenses 3,15; y otro dice: “Que la palabra de Cristo habite con toda su riqueza en vosotros” Carta a los Colosenses 3,16; luego dice: “Ya que vives en la gracia de Dios” Carta a los Colosenses 3,17.

Y luego de todo eso, sí dice: “Las mujeres que sean dóciles a los maridos, y que los maridos amen a las mujeres, que los hijos obedezcan a los padres, y que los padres no exasperen a los hijos” Carta a los Colosenses 3,18-21.

La enseñanza sobre la familia cristiana sólo puede ser comprendida y sólo puede ser vivida si Jesús está reinando, si Jesús no reina en el corazón de un hombre, es un desastre leerle el pedazo de la Carta a los Efesios, y decirle que la mujer tiene que obedecerle a él, si él es una bestia llena de pasiones, de codicias, de deseos, de resentimientos, de maledicencia; si es una persona en la que no reina Cristo, no vale para él que la mujer sea dócil a él, que la mujer le haga caso a una bestia.

Entonces, las cosas son muy claras en la Biblia. Si Jesús está en la familia, si la familia tiene a Jesús, entonces, y ¡sólo entonces! Oiganme bien, ¡entonces, y sólo entonces!, se le puede decir al hombre que la mujer será dócil a él.

Y se le puede decir a ella, que su esposo tiene la obligación de amarla, ¿y con qué medida? También lo dice Pablo en la Carta a los Efesios: “Con la medida del amor que Cristo tuvo por la Iglesia” Carta a los Efesios 5,25. ¡Ese pedacito¡ sí que se nos olvida!

O sea, que toda la solidez de la familia cristiana, esto parece una tontería, pero se nos olvida, toda la solidez de la familia cristiana ¿está en quién? En Cristo. Si Cristo reina, estas palabras se entienden, y se entienden bien.

Y yo te puedo asegurar que si una mujer se siente amada, amada en cuerpo y alma, amada en su pasado, y en su futuro, amada en sus cualidades, y sus limitaciones; yo te aseguro que esta mujer no se escandaliza de que se le diga: “Sé dócil a aquel que te ama.”

Ella no tiene dificultad en tener esa docilidad, eso no es difícil para ella, lo difícil es ser dócil cuando el hombre no tiene a Cristo en el corazón, y que se le diga al hombre que la ame como a su propia carne, como a su propio cuerpo; que se sacrifique por ella, que se entregue por ella, como Cristo se entregó por la Iglesia.

Eso es muy difícil. Si la mujer es un antro de caprichos, si está llena de todo género de pecados, de egoísmos, de conveniencia, es muy difícil que él quiera sacrificarse por ella.

Por eso, mis amigos, para que estas palabras de la Escritura lleguen a ser realidad en nosotros, para eso es necesario que Cristo esté en nosotros, y por eso hay que pasar por todos esos versículos del capítulo tres de la Carta a los Colosenses. Hay que pasar por saberse elegido de Dios, santificado por Dios, amado de Dios.

Hay que sentir que la compasión, la benevolencia, la humildad, la mansedumbre y la paciencia reinan en el alma. Hay que sentir que estamos vestidos del amor, y que estamos creando la unidad perfecta. En fin, tendrían que volver a leer este pasaje, que ustedes lo tienen en su casa, capítulo tres de la Carta a los Colosenses, ahí está para que usted lo lea.

Y así entendemos el plan de Dios para la familia. ¿Cuál es ese plan? Muy sencillo, que Cristo reine en cada uno, y así vuelve el orden a la familia, entonces la mujer será dócil al marido, el marido amará a la mujer.

Entonces los hijos serán obedientes a los padres, y los papás no exasperarán a los hijos, cada uno descubrirá su propio lugar. En esa que Pablo VI llamaba "Iglesia Doméstica", descubrirá su lugar ahí, y como Jesucristo, lo mismo que Cristo, podrá asomarse al mundo.

Entendiendo el significado de cada palabra, sabrá qué quiere decir amar, qué quiere decir servir, qué quiere decir hablar, escuchar, callarse, qué quiere decir orar y también qué quiere decir morir.

La Sagrada Familia, la familia de Jesucristo extiende sus bendiciones sobre cada una de las familias aquí representadas, que reine la gracia de Cristo en todos, y que esa palabra se haga carne en nuestros hogares.

Amén.