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Fecha: 19951231

Título: Debemos aprender de las virtudes que se dan en la Sagrada Familia

Original en audio: 24 min. 59 seg.


Amigos Queridos:

Esta fiesta de la Sagrada Familia diría uno que es sumamente oportuna en los tiempos que vive la familia hoy. Yo creo y espero que en muchas iglesias, que en muchísimas capillas, que en muchísimas asambleas, hoy se haya predicado y se esté predicando en defensa de la familia cristiana que tiene tantos enemigos.

Así como Herodes y Arquelao podrían considerarse enemigos del Niño Jesús y enemigos de esta Familia, por tanto, así también la familia hoy tiene enemigos que la persiguen, enemigos que la dividen, enemigos que la disuelven.

A este respecto, la enseñanza de los Papas ha sido brillante, ha sido clarificadora. Cuando se habla de la familia como santuario de la vida, como Iglesia doméstica o como célula de la sociedad, cada uno de estos apelativos y tantos otros, nos podrían servir para hacer una reflexión sobre la importancia de la familia y sobre el vigor y la fortaleza que hay que tener hoy para defender a la familia.

Por esta vez, sin embargo, yo no quisiera dedicar mis palabras a esa reflexión sobre la familia hoy, porque además la fiesta no se llama “la fiesta de la familia hoy”, sino se llama “la fiesta de la Sagrada Familia”, y a veces los sacerdotes caemos en el peligro, en la tentación de convertir nuestras predicaciones sólo en crítica de lo que está sucediendo.

Cuando la Palabra de Dios, en buena parte, es para anunciarnos lo que va a suceder y para contarnos cómo pueden ser las cosas. Para descubrir el pecado hay muchos recursos y muchos indicadores, casi se necesita abrir los ojos para saber que las familias están en crisis.

Pero para saber de qué manera la familia puede ser lo que tiene que ser, no tenemos muchas palabras que nos indiquen, por eso creo que es hermoso y es provechoso en este día, que dirijamos nuestra mirada simplemente a esta Familia Sagrada, para que de ella aprendamos.

De modo que nuestras celebraciones no sean sólo una quejumbre de los problemas del mundo, sino sean una alabanza de las soluciones de Dios, ¿porque qué hacemos de tanto quejarnos que el mundo tiene problemas, si no tenemos más palabras, más aún, palabras, muchas más palabras para bendecir las respuestas de Dios?

No vaya a pasarnos a nosotros como cristianos, que quedemos tan agotados de quejarnos del hambre, que no tengamos luego fuerzas para comer el alimento que Dios nos da; y no sea que estemos lamentándonos tanto de nuestras tristezas, que ni siquiera nos alegremos de las alegrías de Dios.

Entonces, levantemos nuestra atención, tengamos nuestra mirada en esta Familia a la que llamamos Sagrada Familia, ya este apelativo dice mucho, porque hay esta diferencia entre sagrado y santo, que se parece, pero nosotros no las utilizamos indistintamente; una cosa es lo sagrado y otra cosa es lo santo; lo santo, por así decirlo, es como la meta; lo sagrado es aquello que sirve de camino hacia lo santo, de símbolo, de sacramento, de instrumento eficaz que lleva hacia lo santo.

En este sentido, hay una realidad sobre la tierra que es “sacrosanta”, es decir, que es sagrada y santa a la vez, es precisamente el sacramento que estamos celebrando, la Eucaristía; la Eucaristía es sagrada porque es camino, pero es santa porque es la meta.

Y así nadie anda tan rápido como el que comulga, el que comulga entra en el camino y sale del camino. Esa virtud unitiva de la Eucaristía la exalta Santo Tomás de Aquino como aquello casi más grandioso, podríamos decir, que tiene este sacramento, y en eso supera a todos los otros sacramentos, que de alguna manera se ordenan hacia ella, hacia la Eucaristía; la Eucaristía es sacrosanta, Dios es santo.

Después de la Eucaristía y alrededor de la Eucaristía, tenemos la misma raíz, por ejemplo, en los sacramentos, así como un medicamento es aquello que sirve para sanar, en latín existe el verbo medere que significa sanación, así como el medicamento sirve para sanar, sacramento es también la explicación de Santo Tomás de Aquino, de alguna manera alude a aquello que hace sacro.

Entonces tenemos una familia sacramental, podemos decir que la Familia Sagrada, Jesús María y José es una familia sacramental, es decir, es una familia que sirve de camino, que sirve de instrumento, que sirve como de símbolo y de puesta en marcha de nuestro pensamiento y de nuestro corazón hacia Dios.

La Sagrada Familia es sagrada porque precisamente nos conduce, a quien medita en ella, a quien la conoce, a quien la trata, la lleva hacia Dios, por eso es sagrada. Nuestras familias también pueden ser sagradas, en la medida precisamente en que se convierten en sacramentos, de modo que quien los trate, quien entre, entra en comunión con Dios.

Hecha esa explicación, ahora pensemos en lo que significa que sea una familia. Las lecturas, por ejemplo del Oficio de Lectura de hoy y en parte las lecturas que nos ofrece la Santa Iglesia, exalta mucho la obediencia, la sumisión de Jesús.

Yo quisiera destacar otro aspecto de la Familia Sagrada. Dentro de esta familia hay un ingrediente fundamental, que es la unión; ¿cómo se logra la unión dentro de una familia? Se logra cuando cada uno es de los otros.

Entonces esta familia es familia con todas sus fuerzas, porque Jesús es de María y Jesús es de José, porque María es de Jesús y María es de José, y porque José es de María y José es de Jesús. Para hacer una familia que sea familia, lo que hay que lograr es eso, que cada uno sea de los otros.

Entonces vamos a detenernos en ese punto. ¿Cómo fue que sucedió eso? Pues mira, por una serie de relaciones que son bellísimas, son muy lindas. Jesús es de María porque de Ella tomó su cuerpo, tomó su sangre, como comentábamos en nuestra reflexión del día de ayer, tomó una lengua, una educación, y de María aprendió tantas cosas. Jesús es de María, Jesús es también de José.

La novena tradicional del Niño Dios habla de José como el padre de Jesús, esa palabra proviene de un verbo latino que indica la opinión, lo que se pensaba, el verbo latino lo que significa es que Jesús era tenido como hijo de José; pero la relación entre Jesús y José es mucho mas intensa que eso, no es simplemente lo que podría ser un padre adoptivo, es mucho más profunda la relación entre Jesús y José.

Jesús es de José. Pienso que la razón profunda es doble, porque Dios encomendó a José que fuera el jefe de esa familia, número uno; y numero dos, porque María compartió toda su vida con José y porque al compartir su vida y sus afectos y sus amores compartió al amor por excelencia.

Es decir, gracias a María Jesús es de José; gracias a que María se lo dio, gracias a que María le dio el Hijo que Dios le había dado, se lo dio a José y así Jesús es de José.

San Lucas, cuando el episodio de la pérdida allá en el templo, no dice que María estaba afanadísima y José tranquilo; ¿cómo le habla María en ese momento al Niño cando lo encuentra?: “Mira que tu padre y yo te estábamos buscando” San Lucas 2,48.

A Jesús le da el tratamiento del hijo de José, hijo ciertamente no engendrado de José, hijo ciertamente no engendrado de semilla de José; pero sí engendrado en su corazón, en su afecto, en su vida, porque María lo había sembrado en la vida de José, porque María se había dado a José.

La respuesta de Jesús dice: “Yo tenía que ocuparme en las cosas de mi Padre” San Lucas 2,49, donde discretamente recuerda su origen en Papá Dios, pero a renglón seguido dice Lucas que “Jesús estaba sometido a ellos” San Lucas 2,51, esto significa que no hay una oposición dentro del corazón de Cristo entre José y Papá Dios, está sometido a José y está ocupado en las cosas de su Padre.

Es decir que Jesús reconoce en José a aquel que tiene esa misión y ese papel, podríamos decir sacramental, para el mismo Cristo de Papá Dios, y yo creo que de aquí se deduce la inmensa grandeza de San José.

San José fue para Jesús como Papá Dios, y yo creo que todas las fibras y todas las capacidades paternales de José, toda su fuerza de hombre y todo su deseo de ser papá se gastaron en eso, en ser papá Dios para ese Niño.

Entonces, ¿qué hizo José con su fuerza generativa? ¿Qué hizo José con sus ganas de ser papa? Pues las gastó todas, todas las quemó siendo sacramento de Papá Dios para Jesús, siendo una señal de Papá Dios para Jesús; siendo eso, José fue entera y absolutamente papá.

Y por eso, a mí me parece incluso humanamente comprensible, que José no hubiera querido no sólo por razones religiosas, ojo, sino por razones humanas, masculinas, no hubiera querido o hubiera renunciado en paz en su alma a engendrar hijos en María.

Yo creo que José no tuvo que plantearse ni siquiera el asunto, toda su fuerza masculina, todas sus ganas de ser papá, estaban gastadas en ser señal de Papá Dios para ese Niño, para Jesús, y así Jesús es de José.

Y María no cometió pecado, María no dice mentiras, María espontáneamente le puede decir: “Mira que tu padre y yo te estábamos buscando” San Lucas 2,48; así hemos descubierto que Jesús es de María y que Jesús es de José.

Pero también lo otro es cierto, María es de Jesús, nótese que en la Sagrada Escritura todas las alusiones a la Santísima Virgen tienen que ver con su Hijo. Se dice, y bien se dice, que las mamás encuentran la razón de ser de su vida en sus hijos, pues bien, yo creo que María es de Jesús, porque todas las fuerzas de su alma femenina están ahí, encuentran su lugar, encuentran su camino, su perfección en ese Niño.

A uno le puede quedar una pregunta: María es mamá de Jesús, ¿pero María no necesitaba, por ejemplo, otros hijos? ¿No supone eso como en una especie de egoísmo, eso de centrarse en un solo hijo?

Las observaciones de los psicólogos dicen que normalmente los hijos únicos son personas difíciles en la socialización, y a veces es difícil ser esposo o esposa siendo hijo único.

¿Eso cómo funciona en el caso de Jesús? ¿Cómo era eso? María es de Jesús, sí, porque las mamás de alguna manera encuentran toda su razón de ser en sus hijos; bueno, admitamos eso así, ¿pero María agotaba todo su ser en ese Hijo único? ¿Qué pasaba con el hecho de que Jesús fuera su hijo único? A eso hay que responder de dos maneras: primera, en el ambiente en el que vivieron José, María y Jesús, la familia no era tan cerrada como uno se la imagina hoy.

Si cuando uno piensa en una familia de papá, mamá e hijo, uno se los imagina viviendo en un conjunto cerrado, en el piso diecisiete de un edificio con portería; el lugar de ellos no era así, el hogar típico para los israelitas es de tal naturaleza, que las personas pasan casi más tiempo con sus parientes, con sus vecinos y con sus amigos, que dentro de su casa.

O sea, no nos imaginemos, por favor, que José tenía una tremenda carpintería montada allá en la casa y el Niño no salía prácticamente de la casa; recordemos lo que ya hemos comentado en otra oportunidad, la palabra griega para designar el oficio de José ciertamente significa carpintero, pero tiene un rango de significados más amplio, José era el artesano y hay una traducción en castellano popular, que a mí me gusta mucho, que es el "todero", José era el "todero".

Nazaret era en un villorio, todavía hoy sigue siendo muy pequeño, Nazaret era una veredita pequeña, que dicen los estudiosos que no debía de tener más de cincuenta o cien casas, y en esa casa pequeña y en ese ambiente pequeño, donde no había tampoco demasiada madera, porque el material donde se hacían las casas en tiempos de Jesús era prácticamente excavando en un tipo de roca sedimentosa que está todavía ahí.

No había demasiada madera, entonces José era como esa especie del obrero del pueblo, como el "todero", como el que se halla para hacer pequeñas reparaciones locativas, y Jesús, así me lo imagino yo, Jesús era el ayudante estrella del "todero".

Entonces no nos imaginemos a la Sagrada Familia como girando en torno al Niño, porque entonces tendríamos en Jesús el príncipe de los malcriados, la Sagrada Familia no giraba en torno al Niño.

Mi papá tiene una descripción muy linda para hablar de esos niños consentidos y él describe lo que él cuenta que vio en una cierta familia: un niño malcriado hasta que ya, y no comía sino a sus horas y lo que él quería, y bueno, ese día el niño había resuelto que no iba a comer en la mesa.

Entonces la mamá con el plato de comida detrás del niño, a ver, dónde quiere comer: pero entonces el niño se le ocurrió que no comía sino con música, entonces el papá con un tocadiscos portátil, con el disco preferido, y el papá con el tocadiscos y la mamá con el plato de comida, esa no es la Sagrada Familia.

Entonces si por hijo único estamos afirmando que María no tuvo ningún otro parto, Jesús fue hijo único; pero si por hijo único estamos entendiendo que José y María daban vueltas alrededor del Niño, esa no es la Sagrada Familia; José era un hombre con una vocación absoluta de servicio, porque la palabra griega para designar su oficio significa eso, el que esta al servicio de…, el "todero”, del artesano.

Usted ha visto ese tipo de señores que son de confianza en las familias, al que de pronto todo el mundo llama, se sabe que hubo un problema de plomería, “hombre, llámate a don Jairo”, ese hombrecito de confianza, que ya toda la familia sabe que es el hombre que sabe hacer las reparaciones.

Otro día se desprendieron unas tejas y una gotera, “llama a don Jairo”, y Jairo se convierte en arréglalo todo, y es el hombre que está ahí al pie, y sabe un poco de electricidad, de albañilería, un poco de plomería; ese es el género de vocación de servicio de José

¿Ustedes creen que Jesús tenía esa vocación de servicio a la humanidad si hubiera estado siempre metido en su casa esperando que llegara el momento de que lo adoraran? No, una familia en extrema pobreza y en extrema necesidad, en un pueblito que no se menciona en el Antiguo Testamento donde hay tantas indigencias, tenía que ser un hombre que aprendió del corazón de Dios, estoy hablando de Jesús, del corazón de Dios aprendió a servir, pero de María y de José aprendió a servir.

La Sagrada Familia no gira en torno a sí misma, ese es uno de sus artes; entonces, por eso María desde el principio de la existencia de Jesús y desde el principio de la instrucción que José, le daba a Jesús, ¿qué oficio aprendió Jesús? Pues lo que hacía José, ahí no podemos pensar en la escuela de altos estudios de Nazaret, eso no existía.

Desde el principio de la vida de Jesús, María encuentra en su Niño y en su esposo esa vocación de servicio. Entonces María no es dueña de ese Niño, ni ese niño es único, en el sentido de que colme y de que llene totalmente sus intereses o sus afectos; sí los llena, pero los llena en la medida que ese Niño es un servidor.

Así Jesús es de María, así María es de Jesús, pero María también es de José, como lo destaca sobre todo el Evangelio de Mateo, pues ya vemos bien que José tomaba decisiones y decisiones importantes; y María comparte el destino de José, entre otras cosas, en cuanto al lugar del nacimiento de Jesús.

Si recuerdas bien, cuando el empadronamiento, el que tenía que irse a empadronar era José, y lo explica muy bien el Evangelio: “Puesto que José era de la casa y familia de David, tuvieron que irse a empadronar a Belén” San Lucas 2,2-5.

Entonces María está compartiendo el destino de su esposo, está yendo allá donde tiene que ir, y luego José dice: “Para Egipto” San Mateo 2,14, y vamos para Egipto; y luego José dice: “No volvamos a Judea, vámonos a Galilea" San Mateo 2,21-22, y ahí está María, con lo cual bien se nos muestra que María participa del destino de José.

José es de María, José sabe postrarse ante el misterio que sucede en su esposa, en su amada, sobre esto no creo que haya que distinguir, no haya que profundizar mucho; y José, desde luego, es de Jesús, porque no hizo nada más, no se lee que haya hecho ningún posgrado, que de pronto hubiera podido hacerlo.

Es tan humilde y tan hermosa la figura de José, aparece sólo en el momento que aparece Jesús, y aparece para lo que tiene que hacer, y luego desaparece tan humildemente de las páginas de la Escritura, que ni siquiera sabemos de su muerte. Podemos intuir, desde luego, con la mayor parte de la tradición en la Santa Iglesia, que ya había fallecido para el tiempo de la Cruz de Cristo, eso lo podemos suponer, pero fíjate qué humildad.

Esa humildad de José ¿qué nos está diciendo? Que su única razón en esta vida fue hacer lo que tenía que hacer con Jesús, no hizo más, tampoco hizo menos.

Hermanos, nos hemos asomado a los vínculos de amor, de fe, de esperanza de esta familia, y nos hemos encontrado con que no es una familia cerrada sobre sí misma, pero si es una familia donde cada uno pertenece a los otros.

Que la alegría y la fecundidad de este amor impregne nuestros corazones y nos enseñe a vivir de otra manera nuestras relaciones domésticas.

Así sea para gloria de Dios.

Amén.