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Fecha: 19990611

Título: Retrato del Corazon de Jesus

Original en audio: 12 min. 52 seg.


Jesucristo es admirable en su ciencia, en sus palabras, en sus obras, en su paciencia, en su constancia. Realmente, en Él está el espejo completo de todas las virtudes, pero las virtudes tiene su reina, tienen quien las presida y es la caridad, es el amor.

Así también, entre todas las virtudes de Jesucristo, la que brilla, la que reina sobre todas es el amor, y si Cristo es admirable en cualquiera de sus virtudes, es especialmente admirable en su amor, en su manera de amar en primer lugar al Padre, al Padre Dios, y en segundo lugar en su manera de amarnos a nosotros.

Esta solemnidad del Sagrado Corazón es una cátedra del amor de Jesucristo. Es un día para meditar, para agradecer, para celebrar el amor de Jesucristo, el amor que hizo posible nuestra reconciliación con el Padre y el amor que hace posible la unidad y la reconciliación entre nosotros.

No se trata de un amor de puro sentimiento, no estamos hablando de las buenas intenciones de Cristo. Es un amor que conocemos sobre todo por su eficacia, por su poder, por su obra, por lo que ha hecho.

Lo primero que sabemos del evangelio es que es un poder, un poder que salva, un poder que restaura, un poder que limpia y ese poder del evangelio proviene, indudablemente, y recibe toda su eficacia del amor de Jesucristo.

Es muy difícil retratar esto, yo que tengo ocasión de ver tantas y tantas imágenes del Sagrado Corazón, cero que hay una que no me disgusta; no me gusta, pero tampoco me disgusta.

Hay tantas imágenes, me gusta que haya imágenes del Sagrado Corazón, me gusta que se entronice la imagen del Sagrado Corazón, eso me gusta. Pero que me gusten las imágenes mismas, no me gustan. Es tan difícil retratar el amor, es tan difícil describirlo. ¿Cómo plasmar un rostro, cómo plasmar una figura de Jesucristo, un amor que es belleza sobre toda belleza, que es poder sobre todo poder, que es ciencia sobre toda ciencia?

De ese amor estamos hablando, en ese amor nos estamos sumergiendo, ese amor estamos agradeciendo, es el mismo amor que estamos retornando a Dios, porque es el amor que ha bajado como Palabra eficaz a nuestras vidas y que en nosotros da fruto y vuelve hacia Dios.

El Santo Evangelio que la Iglesia nos propone es como una intimidad de ese corazón de Cristo. Es uno de los pocos pasajes en que Cristo habla de sí mismo y sobre todo habla de su propio Corazón. Texto perfectamente escogido para la solemnidad de hoy.

Dice Él: “Te alabo, Padre, porque si ocultaste estas cosas a los sabios, las revelaste a los pequeños” San Mateo 11,25, eso lo dice la versión de San Mateo, el pasaje paralelo en San Lucas es más explícito, dice: “Jesús, conmovido en el gozo del Espíritu Santo dijo…” San Lucas 10,21.

Ese rasgo, esa descripción que hace San Lucas es muy hermosa porque nos permite asomarnos un poquito al Corazón de Jesucristo y de todos lo que se podría meditar, yo sólo quiero compartir con ustedes una reflexión sobre esa oracioncita que hace Cristo, porque en esa oracioncita Cristo retrató su propio corazón.

“Te alabo, Padre, porque si ocultaste estas cosas a los sabios las revelaste a los pequeños.” San Mateo 11,25-30, eso lo dijo Cristo lleno de alegría, nos dijo San Lucas, cosa que es extraña. Cristo no parecía ser efusivo ni sentimental ni emocional. Pero en esta ocasión se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo “Te alabo” San Lucas 10,21.

Es una oportunidad única para conocer ese amor del que venimos hablando, una oportunidad maravillosa de saber qué es lo que logra Jesucristo, porque si usted quiere conocer qué es lo que una persona ama, busque qué es lo que alegra. Donde está tú alegría, allí está tú amor. ¿Cuáles son tus alegrías? Esos son tus amores.

Y como este es un pasaje en que Cristo se alegró, pues tenemos que saber cuál es el amor que está detrás de esa oración, detrás de esa alabanza.

Es una alabanza extraña porque parece una alabanza como de revancha: “Porque ocultaste estas cosas a los sabios y las revelaste a los pequeños” San Mateo 11,25-30.

De pronto uno esperaría que el amor de Jesucristo o la alegría de Jesucristo fuera, por decirlo así, más universal, o que hubiera dicho sólo la parte de los pequeños pero sin decir: “Te alabo, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios” San Mateo 11,25. Uno se siente un poco extraño de que Cristo dice: “Te alabo, porque ocultaste estas cosas a los sabios” San Mateo 11,25.

Yo creo que esa es la parte problemática de esa alabanza. “Porque revelaste estas cosas a los pequeños” San Mateo 11,25, se entiende como un motivo de alabanza. Es como un maestro maravilloso que puede explicar, que puede manifestar las cosas más abstrusas, las cosas más difíciles, incluso los alumnos más duritos de entendimiento.

"Te alabo, Padre, porque tú logras explicarle estas cosas a los sencillos", pero Cristo no dijo: "Te alabo porque tú logras explicar, dijo: "Te alabo, Padre, porque tú revelas estas cosas a los sencillos” San Mateo 11,25.

De todos modos si Cristo hubiera dicho solamente ese pedacito uno como que lo entendería más y seguramente uno lo entendería de esta manera: "Te alabo, Padre, porque tú te las arreglas para hacer entender incluso a los brutico de la clase, qué es lo que tú quieres decir".

Pero esa no es la enseñanza que podemos sacar de esta alabanza, ese no es el motivo de la alabanza de Cristo, Cristo no está alabando aquí la capacidad pedagógica de Dios, que incluso a los más brutos y a los más cerraditos les hace entender las cosas; como quien dice, entienden los más inteligentes y se las arregla para hacer entender hasta los bruticos.

Eso no es lo que Cristo dice, y para que quede claro que no es eso lo que dice, pues ahí dice: “Te alabo porque ocultaste estas cosas a los sabios y a los entendidos” San Mateo 11,25.

Cristo no está diciendo aquí que el Padre Dios es como una especie de maestro, que claro, se hace entender de los adelantados del salón pero se las arregla también para que los bruticos no se quedan. No está hablando de eso. No está hablando Cristo de la capacidad pedagógica de Padre sino está haciendo aquí un elogio de los caminos de revelación del Padre. Eso es lo que está alabando aquí Jesucristo.

¿Y qué quiere decir eso de: “Te alabo porque ocultaste estas cosas a los sabios y entendidos”? San Mateo 11,25, ¿por qué eso puede ser un motivo de alabanza? ¿Cómo así que alabar a Dios porque hubo gente que no le entendió, hubo gente que no lo comprendió? ¿Por qué ese puede ser un motivo de alabanza?

Puede ser motivo de alabanza porque, ¿quiénes son esos sencillos, esos pequeños, quiénes son, a quiénes corresponden? Esos sencillos y esos pequeños son aquellos que son despreciados por el mundo, son aquellos que no tienen cómo hacerse valer en esta tierra.

El que tiene plata, con la plata se hace valer, el que tiene apellidos, con los apellidos se hace valer, el que tiene amistades, con las amistades se hace valer. Pero el que no tiene con quién hacerse valer, ese es el pequeño.

¿Por qué sabemos que eso es lo que pensaba Cristo? Porque en el mismo evangelio según san Mateo Capítulo veinticinco, habla de los pequeños, cuando dice: "Tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; estuve enfermo, y me visitaste” San Mateo 25,35-36. Dice: "Todo lo que hicisteis a uno de estos, mis pequeños, mis humildes" San Mateo 25,45, los pequeños son los que no se pueden hacer valer por sí mismos, esos son los pequeños.

¿Y qué tiene de bueno ser así pequeño? Tiene de bueno que el que no puede hacerse valer por sí mismo, aprende a poner su confianza en Dios. De manera que lo más bajo del mundo se junta con lo más alto del cielo y eso es maravilloso y eso suscita la alabanza en el Corazón enamorado de Jesús.

Esa parte ya la entendemos un poquito y ahora, ¿por qué entonces alaba a Dios de que los sabios y los entendidos no logren comprender, no puedan resumir la revelación? Pues porque ese es el camino mejor para ellos, lo mejor que le puede pasar al sabio, según esta tierra es que no entienda por fin algo, eso es lo mejor que le puede pasar.

Porque cuando el sabio que se las sabe todas no puede pescar esta, empieza a dudar de sí mismo, se agrieta su soberbia, se cae su pedestal, llega a tierra y se vuelve pequeños y ahí sí, pequeño, Dios le puede revelar sus secretos.

O sea que hay que dar gracias por las dos cosas: gracias porque los pequeños que no tienen en qué apoyarse, tú les sirves de apoyo, pero gracias porque a los grandes que sí pueden apoyarse, tú los dejas que se den sus totazos, porque esos totazos que se dan los grandes, ese no poder entender de los sabios y de los adelantados, esa incomprensión y esa ceguera en que quedó San Pablo que se sabía la Ley de Moisés y quedó ciego, en el camino de Damasco, se quedó ciego, no podía ver nada, no podía dar un paso; ¡bendita ceguera, bendita! Esa ceguera le mostró a Pablo, que no veía, que no estaba viendo nada.

El comienzo de la luz es la ceguera, el comienzo de la verdadera sabiduría es darse uno cuenta de que no entiende. Es ternura de Dios, no es crueldad ni venganza de Dios, es ternura de Dios. Que los sabios y los entendidos se queden sin comprender nada, eso es ternura de Dios, porque así Dios los está conduciendo a que lleguen a ser un día pequeñitos y cuando sean pequeños, entonces les podrá contra todos sus secretos.

No es que Dios esté diciendo: "Los sabios nunca entenderán nada, los pequeñitos si entenderán siempre". Lo que está diciendo es: "Los pequeñitos comprenden y los que creen que comprenden; hagamos que no comprendan para que entonces comprendan que no comprenden y así lleguen a comprender".

Esa es la pedagogía de Jesucristo, esa es la pedagogía del Padre y cuando Jesús se da cuenta de que el Padre Celestial hacía eso con la gente, Jesús desbordó en alabanza y dijo: “¡Este es mi Papá! Mi Papá encontró la manera de llegarle a los más pequeños y por esa puerta de lo pequeño, indicar a todos, también a los que se creen grandes".

Así es Jesús, Jesús con su amor sabio y poderoso, Jesús con su amor lleno de alabanza, a quien no hemos podido retratar; a mí no me gustan los retratos, no me gustan los cuadros de Jesús, pero aquí, aquí yo veo retratado el Sagrado Corazón de Jesús.