Apocalipsis 10: Imágenes del mal

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Tema 10. Imágenes del Mal.

http://fraynelson.com/blog/2011/06/25/apocalipsis-10-de-12-imagenes-del-mal/


¿Qué es lo que hemos encontrado en nuestra última reflexión? Que ya tuvo que mostrarse la Serpiente. ¿Qué fue lo que hizo que el Dragón o Serpiente saliera? El anuncio del Reino de Dios. Cuando, con la séptima trompeta, se anuncia el reinado de Dios, entonces el Dragón sale de su escondrijo, lo cual demuestra que la primera victoria del reinado de Dios es esa precisamente: que salga de su engaño, o de su capacidad de engaño, la Serpiente.

El Dragón, entonces, intenta atacar a la mujer. La mujer se interpreta piadosamente como figura de la Santísima Virgen, pero esa interpretación tiene un problema, y es que se dice que esta mujer fue llevada al desierto por tres años y medio, por mil doscientos sesenta días, y eso es muy difícil de ajustar a la vida de la Virgen.

Además, lo que aparece en ese texto, más bien sugiere que esa mujer tiene un hijo y tiene muchos hijos, y entonces parece más bien referirse a la fecundidad de Israel, que muchas veces fue comparado con una mujer, por aquello del amor esponsal: Dios es el esposo, Dios es el novio, el pueblo, entonces, es la novia, es la esposa. De hecho, esa imagen sigue latente y va a aparecer al final del Apocalipsis.

Además, lo de los tres años y medio ya dijimos que tiene también su sentido. Porque el Niño aparece en la mitad de siete años. Siete indica todo el tiempo, el conjunto del tiempo. Y en la mitad del tiempo, en la cumbre del tiempo, aparece el Niño. El Niño es obviamente Jesús, que es ascendido al cielo, el Dragón no puede hacerle nada; el Dragón ataca a la mujer, la mujer es llevada al desierto.

Entonces, el Dragón ha fracasado. Lo último que intenta el Dragón es inundar, envía un diluvio, pero esa especie de riada también fracasa. ¿Qué es esa riada, qué es esa agua? Entre los muchos sentidos que tiene el agua, agua de muerte, uno es la confusión, el caos. Acuérdate que ya desde el Génesis aparece que "el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. La tierra era caos y confusión. Oscuridad cubría el abismo y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” Génesis 1,1-2.

Entonces, uno de los sentidos que tiene el agua es caos y confusión. De modo que el demonio intenta ahogar en la confusión al pueblo de Dios, intenta confundirlo. Pero resulta que esa riada se la traga la tierra. No tiene éxito tampoco. Es más ágil el pueblo de Dios, es más fuerte la verdad que hay en él, y no se logra la confusión que pretendía el Dragón. Entonces el Dragón ¿qué hace? El Dragón nombra como una especie de embajador suyo, eso es lo que encontramos en el capítulo trece.

Lo que vamos a hacer en esta conferencia es presentar las figuras del mal, como aparecen en el Apocalipsis. Son siete. Y creo que lo más práctico es hacer aquí el mapa completo y así nos queda más claro. En primer lugar está la trinidad maligna, porque hay una Trinidad santa: Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo; pero hay una trinidad maligna, que consiste en el Dragón, la Bestia y la segunda Bestia. Esa es una trinidad maligna, que intenta replicar a la Trinidad Santa: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

Lo propio del demonio es replicar, imitar, falsificar. Acuérdate que cuando Moisés llega con su cayado a la corte del Faraón, y entonces el cayado se vuelve una serpiente, los magos del Faraón logran lo mismo a través de sus encantamientos. El demonio busca replicar. Entonces hay una réplica de la Trinidad, que es la Serpiente o Dragón, la Bestia y la segunda Bestia.

Además de eso hay otras dos figuras que aparecen, que son: Babilonia, -obviamente en sentido metafórico-, y la prostituta que aparece ahí, una mujer llena de arrogancia, llena de lujo, y con una capacidad infinita de seducción. La prostituta y Babilonia. Y luego hay otras dos figuras, que tienen que ser vencidas, que son la muerte y el hades. Hay que tener en cuenta que la expresión “muerte” en el Apocalipsis parece referirse sobre todo al hecho de morir, al hecho de tener que morir y al acto de morir; mientras que el hades representa el destino de los muertos, el destino incierto, el destino horrorizante de quedarse muerto.

La muerte indica el acto de morir o la realidad de la muerte, y el hades indica el hecho de quedarse muerto, de estar muerto. Entonces fíjate que son siete las figuras del mal en el Apocalipsis, muy de acuerdo con el simbolismo del número siete, que aparece y vuelve a aparecer en este libro. El mal aparece representado por este conjunto.

El Dragón intentó tres cosas: Intentó comerse al niño, pero el niño es de Dios, y no logra nada contra el niño; intentó atacar a la mujer, pero la mujer fue llevada al desierto, entonces, también contra la mujer, intentó la riada de la confusión. Tampoco eso le funcionó. Su segundo intento es contra la mujer, ya sea persiguiéndola o confundiéndola, y no logró nada.

Entonces viene su tercera estrategia: se da cuenta de que no puede obrar así, necesita de algún modo, y oiga esta palabra espantosa que voy a decir: necesita "encarnarse". Así como Dios “necesitó” encarnarse para salvarnos, el Demonio busca encarnarse, encarnarse para lograr su propósito. Es decir, necesita entrar en la red de las relaciones, los lenguajes y los intereses humanos, y para eso necesita encarnarse.

Por eso, así como Dios Padre envía a su Hijo, el Dragón envía a la Bestia. “Ví surgir del mar, -del mar, del agua, de la confusión., vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas“ Apocalipsis 13,1. El número diez ha aparecido varias veces. El número diez es el número, o uno de los números simbólicos de las naciones paganas.

“Diez cuernos y siete cabezas” Apocalipsis 13,1, pues está indicando, por una parte, su carácter pagano, es el paganismo redivivo, el paganismo que se alza en contra de la fe. Es de origen pagano.

Pero por otra parte tiene siete cabezas, que puede interpretarse de varios modos; pero creo que lo principal, según la imagen, es como la Hydra, -ese monstruo que tenían los griegos que tenía muchas cabezas, y que por consiguiente, como si fueran muchas serpientes al tiempo, puede atacar de todas las maneras posibles. Tiene todos los recursos de ataque. Es de origen pagano y tiene todos los recursos de ataque, esa sería la traducción al hecho de que tiene diez cuernos y siete cabezas.

“En sus cuernos diademas, en sus cabezas títulos blasfemos. Esta Bestia se parecía a un leopardo, tenía patas como de oso, y fauces como de león”. Apocalipsis 13,2. Por lo menos en lo que tiene que ver con el oso y el león, nos recuerda visiones de Daniel; pero además hay algo importante, y es que su carácter es de fiera, y por consiguiente, está sediento de sangre humana. “El que es homicida desde el principio” San Juan 8,44, llama Apóstol San Juan al Demonio. Es decir, su interés, su objetivo es traer la muerte al ser humano.

“Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero aquella llaga mortal se le curó; la tierra entera siguió maravillada a la Bestia” Apocalipsis 13,3, lo que no conseguía el Dragón. Entonces, la Bestia se convierte como en el representante del Dragón. Pero, una vez más, se trata de un disfraz, es el Dragón, pero el Dragón puesto en un lenguaje, puesto en una red de relaciones que es accesible a nosotros, es como una caricatura de la Encarnación.

“Le dieron una boca que profería grandezas y blasfemias, y le dieron además poder de actuar durante cuarenta y dos meses” Apocalipsis 13,5. Cuarenta y dos meses, si nosotros hacemos la cuenta, pues, a doce meses el año, estamos hablando de tres años y medio.

“Ella abrió entonces su boca para blasfemar contra Dios, contra su Nombre, el de su morada y el de los que moran en el cielo. Se le permitió hacer la guerra a los santos, y vencerlos; y se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación” Apocalipsis 13,6-7.

Es decir, realmente es muy poderoso, pero fíjate los verbos cómo se utilizan en voz pasiva: “Se le concedió”, “se le dio”, lo cual sugiere, de modo discreto pero certero, que ese poder no es suyo, sino que esa bestia se encuentra finalmente en obediencia a un plan, un plan que está más allá de ella. Y ese plan, aunque parece ser el plan del Dragón, termina siendo el plan de Dios.

Recordemos lo que le dice Cristo a Pilato: “No tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado” San Juan 19,11. Y también dice el Apóstol Santiago: “Toda paternidad, toda potestad, viene desde el cielo” Santiago 1,17. Entonces, aunque la Bestia, -y esto parece una gran contradicción-, aunque la Bestia tenga todo ese poder, detrás de todo ese poder, y detrás del daño espantoso que causa al pueblo de Dios, finalmente está el plan de Dios.

Entonces aparece la segunda Bestia. La primera Bestia, pues, ya vemos que es como una especie de encarnación del Dragón. La segunda Bestia es la encargada de hacerle propaganda a la primera Bestia. Entonces, la segunda Bestia viene a ser como una caricatura del Espíritu Santo. “Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra, sus dos cuernos parecían de cordero, pero hablaba como una serpiente” Apocalipsis 13,11.

Fíjate la capacidad de engaño: “Hablaba como una serpiente” Apocalipsis 13,11. En el fondo se trata del mismo origen. ”Ejerce todo el poderío de la primera Bestia al servicio de ésta, y hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada” Apocalipsis 13,12.

Bueno, entonces la primera Bestia ¿qué es? La primera Bestia es el poder convertido en ídolo. Una de las encarnaciones más visibles de ese poder convertido en ídolo, pues es el Imperio Romano. Los emperadores se deifican. Pero el emperador no basta con que diga: “Yo soy dios”, sino necesita un aparato publicitario, necesita un aparato de difusión, necesita medios de comunicación.

Por eso desde antiguo se ha visto en la segunda Bestia el uso perverso de los medios de comunicación. La prensa, la radio, Internet, la televisión, usados perversamente para magnificar, para alabar, para engrandecer el poder mundano, el poder del Imperio.

Entonces, la primera Bestia representa el poder convertido en ídolo, y la segunda Bestia representa los medios de comunicación, el aparato publicitario puesto al servicio del poder, para que la mente de la gente no busque otra cosa, para que la gente esté atrapada en el sistema.

¿Qué se dice, por ejemplo, de la segunda Bestia?: “Realiza grandes signos, hace bajar fuego del cielo, seduce a los habitantes de la tierra, le concedieron el poder de infundir el aliento a la imagen de la Bestia” Apocalipsis 13,15. La imagen de la bestia indudablemente hace referencia a lo que decíamos del emperador.

Dijimos que el Imperio Romano había hecho muy poca presencia en Oriente, entonces mandaban estatuas del emperador para que fueran veneradas. Y ahí era cuando la gente hacía fila y echaba el incienso. Entonces se dice aquí que la segunda bestia le da vida a eso, hace que aparezca vivo. Hace que la gente, en su confusión, en su ignorancia y en su miedo, sienta que esa estatua está como viva.

Bueno, uno dirá: “¿Pero qué tontería es esta? Es decir, ¿qué, esa estatua se movía como un robot ahí? ¿O qué es lo que quiere decir que tuviera aliento?” No, lo único que quiere decir es que la segunda bestia hace que las representaciones de la primera bestia sean algo vivo y real para la gente, algo vivo que toma decisiones.

Y esto se parece mucho a lo que sucede en nuestro tiempo. Si uno se pone a pensar quién toma las decisiones en nuestro tiempo, es muy difícil saberlo; lo único que uno sabe es que hay poderes a los que hay que obedecer. Sobre todo en la economía se nota esto, ¿quién determina cuánto vale una moneda? Eso lo determinan poderes oscuros, que uno no ve nunca.

Pero ellos nos hacen creer que así tiene que ser, y que no hay manera de vivir de otro modo, que este es el único modo de vivir, y que todos tenemos que pensar así, y que si no pensamos así, pues la bestia se va a poner muy furiosa. Y la Bestia corresponde en buena parte a lo que nosotros llamaríamos hoy el sistema. Tú no puedes hacer nada, tú no puedes salirte de la norma, porque te cae el sistema.

Pero es una condición paradójica la de la segunda Bestia, porque la segunda Bestia tiene que hacer propaganda. Y para hacer propaganda tiene que seducir los corazones. Entonces el arte de la segunda Bestia es mentir y contradecirse. Fíjate cómo se define al Espíritu Santo: “Es el espíritu de la verdad”; en cambio, la segunda Bestia es como un espíritu de continua mentira y contradicción, es un discurso que se redefine perpetuamente, es un engaño que no para.

Y eso sí que lo ve uno: hay una serie de personajes que uno ve cómo se contradicen. Tendríamos que entrar en mucho detalle para decirlo aquí, pero a mí me asombra, por ejemplo, la manera como este filósofo, Hume, ataca la fe, sobre todo la fe cristiana, pero la ataca sobre una montaña de contradicciones.

Él utiliza para atacar la fe cosas de la ciencia, -que en esa época se llamaba “filosofía natural"-, pero luego ataca a la filosofía natural porque tampoco cree en la teoría de la causalidad. Entonces Hume ataca la fe cristiana, ataca a la Iglesia institucional, en nombre de una ciencia a la que luego ataca para destruir la causalidad, en nombre del conocimiento que tiene un sujeto al que también ataca, porque tampoco existe el sujeto.

Entonces hay por lo menos tres capas de contradicción en Hume. Y por eso es tan difícil de atacar, porque cuando tú le vas a decir algo, como él se contradice a sí mismo varias veces, siempre puedes sacar lo que quieras. Es uno de los príncipes de la mentira en la Filosofía, es un hombre increíblemente perverso.

Y hay gente que lo admira, y yo he oído programas de grandes filósofos que dicen que es el más grande escritor de filosofía en lengua inglesa. Y Hume es una capa de contradicciones, eso es propio de la segunda Bestia. Yo no estoy diciendo que Hume sea la segunda Bestia, sino que ése es el estilo exactamente.

El estilo es atacar, y cuando tú me dices algo, entonces yo me contradigo pero sin destruir lo que dije antes y produzco otra mentira, y luego produzco otra. Se encuentran en Hume por lo menos tres capas de mentiras: El ataque a la Iglesia institucional en nombre de la ciencia, el ataque a la ciencia en nombre del fracaso, según él, de la teoría de la causalidad, y el ataque a la teoría de la causalidad en nombre de la desaparición del sujeto. Tres niveles de contradicción. ¿Qué constitución tiene eso, qué coherencia tiene eso? Ninguna, pero hay gente que se siente seducida por ese modo de pensar.

Otro que se parece mucho a esto de la segunda Bestia es el filósofo, archi enemigo del cristianismo, Nietzsche. Federico Nietzsche, Friedrich Nietzsche. Él también es lo mismo: entra en una cantidad de contradicciones, y su último recurso, que me parece el recurso más infantil y ridículo del mundo, es: “No me malinterpreten”.

Y “no me malinterpreten” quiere decir que Nietzsche se declara como el único intérprete autorizado de su propia filosofía. Lo cual quiere decir que cada vez que tú crees haber encontrado una contradicción en lo que él dice, él te responde: “Es que usted me está malinterpretando”. Y entonces crea otro discurso. Eso es propio de esto.

En nuestra época hay mucha gente que obra así. Hay muchos políticos que ya obran como la segunda bestia. Entonces, cuando se le demuestra algo, la persona tiene otra explicación: “Pero es que sucede esto, pero esto produce otra explicación", y parece que estuviéramos ante Nietzsche o ante Hume. Pero nunca dicen: “Soy culpable”, eso no lo dicen.

Más bien, mantienen un lenguaje de: “Yo asumo plena responsabilidad”, pero la plena responsabilidad nunca queda asumida en la realidad, porque la persona siempre tiene otra teoría, siempre tiene otra explicación, siempre tiene otra mampara para ponerse detrás de ella y seguirse protegiendo. Los cantantes, los actores, las actrices, en su gran mayoría, funcionan como la segunda Bestia.

Ellos nunca se arrepienten de nada. Le preguntaban a José Luis Rodríguez Zapatero, el desastroso, el apocalíptico presidente del gobierno español durante estos últimos años, le preguntaban si tenía algo de qué arrepentirse: “De nada. No tengo nada de qué arrepentirme”. El tipo ha despedazado valores esenciales de la sociedad española, ha llevado el país a la bancarrota económica, sólo por eso lo van a quitar, por la parte económica, lo demás no parece interesar tanto; y dicho eso el hombre se queda tan ancho y tan tranquilo. “No tengo nada de qué arrepentirme”.

Lo máximo que hacen estos actores, actrices, cantantes, políticos, es reinventarse: “Ahora he decidido ser otra persona. Nadie me pida continuidad con lo que yo fui”. La segunda Bestia, que se contradice perpetuamente.

Y el eco, el coro que dicen todos estos servidores de la segunda Bestia, el estribillo que repiten es: “No puedes salirte del sistema”, "no puedes salirte del sistema”. Por eso el valor profético permanente que tiene la vida monástica; porque la vida monástica lo que está diciendo es: “Sí, uno puede salirse”. Eso es lo que está diciendo la vida monástica: "Sí, uno sí puede vivir para Jesús, en todo, y por todo. La vida consagrada en general, y la vida monástica en particular, son cantos de guerra contra la segunda Bestia. Es decirle a la segunda Bestia: “¡No! ¡No!”

La segunda Bestia hace entonces el papel del Espíritu Santo. Es una caricatura del Espíritu, porque hace prodigios. Entonces por eso es necesario que todas estas personas se presenten como si fueran dioses, o semidioses, como si fueran inmortales, y hacen prodigios, y hacen bajar fuego del cielo; y crean sensaciones, ambientes, crean congregaciones y asambleas, en las cuales suceden prodigios. Si estos son los ataques, si esta es la trinidad de las tinieblas, ¿qué sucede con los elegidos de Dios?

“Seguí mirando y pude ver un Cordero, -ya este es el capítulo catorce-, un Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, lo acompañaban ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre” Apocalipsis 14,1. Y dice más adelante: “Estos son los que no se mancharon con mujeres pues son vírgenes. Son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya” Apocalipsis 14,4.

La virginidad a la que aquí se alude, por supuesto está en referencia a la fornicación idolátrica que antes he mencionado. Es decir, si el adulterio y si la fornicación son la imagen del pecado, la virginidad es la imagen de la fidelidad perpetua y perfecta a Jesucristo. Y entonces, ¿qué sucede con esas personas? Pues que son los fieles a Dios, son los que no se dejan marcar por el signo de la Bestia, son los que permanecen fieles.

A pesar del torrente de las mentiras,- por eso Catalina de Siena describe el mundo como un río tormentoso, que se lo lleva todo, que parece omnipotente-, estos ciento cuarenta y cuatro mil están pegados a Jesús, y lo siguen adondequiera que vaya.

Observemos que la estrategia de los ciento cuarenta y cuatro mil es esa, pegarse a Jesús, y por consiguiente, el desastre está en qué? Despegarse de Jesús, y uno se despega de Jesús cuando Jesús tiene que pasar por Getsemaní y uno dice: “Ahí sí no lo acompaño, hermano”. Ahí uno se despega de Jesús, y ese es su desastre, ese es el desastre de uno, que uno se despega de Jesús.

Pero si uno permanece pegado a Jesús, y si uno mantiene el nombre del Cordero y el nombre del Padre del Cordero, y si uno se mantiene aferrado al Cordero, entonces el Dragón no puede hacerle nada, la Bestia no puede hacerle nada, y la segunda Bestia no puede hacerle nada.

Otro ángel, versículo sexto: “Luego vi a otro ángel que volaba sobre lo alto del cielo, tenía una buena nueva eterna que anunciar a los que están en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Decía con voz potente: “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su Juicio”.Apocalipsis 14,6-7.

Esta frase es la que se atribuye a San Vicente Ferrer: “Timete Deum”. “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su Juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales” Apocalipsis 14,7. Un segundo ángel le siguió, diciendo: “Cayó, cayó la gran Babilonia” Apocalipsis 14,8. Entonces se introduce la siguiente figura: Babilonia.

¿Qué viene siendo Babilonia según esto? Babilonia es una de las encarnaciones, una de las manifestaciones de la Bestia. Babilonia sucede allí donde el poder toma cuerpo, el poder idolátrico, el poder idolatrado. El poder convertido en ídolo toma cuerpo, se convierte en un lugar, en una ciudad, en una burocracia, se convierte en una red de personas. Ahí, Babilonia toma cuerpo.

¿Por qué Babilonia? Porque Babilonia es la ciudad pecadora por excelencia, bueno, junto con Sodoma, con la diferencia de que Sodoma recibió su castigo, mientras que Babilonia se erige como la altiva, la blasfema, la que parece burlarse impunemente de Dios, la que tritura y tortura a los hijos de Dios, la que hace ironía: “Cantadnos un cántico de Sión” Salmo 137,3, la que convierte la adoración en entretenimiento, la que convierte la religión en pasatiempo, la que vuelve lo trascendental, fútil.

Esa es Babilonia, la que se burla de todo y se enseñorea, la que trae hacia sí las riquezas de todas las naciones, la que marca como esclavos a los que eran libres.

Entonces, esa es Babilonia. Y sin embargo, esa Babilonia aquí apenas se anuncia en su caída, todavía no ha caído, se anuncia la caída. Fíjate lo que tenemos hasta ahora. En el capítulo trece lo que se nos ha presentado es la trinidad de las tinieblas, se ha anunciado que vendrá esto, y se nos está contando cómo permanecen fieles los que son fieles.

Permanecen fieles, ¿por qué? Porque se pegan a Cristo. Permanecen fieles, ¿por qué? Porque, como dijo el primer ángel del capítulo catorce, adoran al Creador y no se quedan en la criatura. Acuérdate la frase de San Agustín: “El pecado es: "Aversio a Deo et conversio ad creaturas". La conversión, el arrepentimiento es: "Aversio a creaturis et conversio ad Deum”. Buscar a Dios.

Entonces, la manera de salvarse,- el Apocalipsis no es únicamente que nos muestre una película, sino que nos da estrategias-, la manera de salvarse de esta trinidad de tinieblas es: número uno, pegarse a Cristo, pase lo que pase; número dos, adorar al Creador, y no quedarse en la criatura.

Viene la vendimia de las naciones, que aparece al final del capítulo catorce. No nos detengamos en eso, porque básicamente viene a hacer es a limpiar el escenario, para que quede únicamente Babilonia, que es como el único refugio para todos los pueblos y las fuerzas de Dios. La Vendimia de las naciones, es decir, ya el trigo y la cizaña han crecido, y también ya se han separado.

El cántico de Moisés y del Cordero, capítulo 15: "Otro signo grande y maravilloso: siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, con ellas se consuma el furor de Dios. Contemplé también una especie de mar de cristal mezclado con fuego, y vi a los que habían triunfado sobre la Bestia, sobre su imagen y sobre la cifra de su nombre" Apocalipsis 15,1-2.

Famoso nombre, seiscientos sesenta y seis, o número seiscientos sesenta y seis, que entre otras interpretaciones posibles, significa “Nerón emperador”. En el siglo primero las persecuciones más sangrientas fueron las de Nerón y las de Domiciano. Nerón en la segunda mitad de los años 60s, es decir, como año 66, 67, y la de Domiciano en la última década, hacia el año 93, 95. Esas fueron las peores persecuciones del siglo primero.

“Los que habían triunfado sobre la Bestia estaban de pie junto al mar de cristal, y llevaban las cítaras de Dios, y cantaban el cántico de Moisés: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justo y verdadero es tu poder, oh, Rey de las naciones” Apocalipsis 15,2-3.

Lo que ellos están celebrando es la vendimia de las naciones. Lo que ellos están celebrando es que en esa gran confrontación sucederá también la gran Pascua. Y vienen entonces las siete plagas. Hay que anotar algo sobre estas siete plagas, y es que las plagas parecen indicar la destrucción de la Creación. Pero observa este detalle: de lo que se trata en realidad no es de destruir la Creación; de lo que se trata es de hacer aparecer su verdad.

Lo que sucede en la cosecha es que se ve qué fue lo que resultó, cuál es la verdad de un cultivo. Porque uno puede ver mucha mata, mucha rama y mucha hoja, pero qué es lo que hay, se sabe en el momento de la cosecha.

Uno puede ver que hay muchos engaños, pero mientras el demonio siga escondiéndose, todavía no se ve qué es lo que hay. Entonces, por favor, quitémonos la idea de que el Apocalipsis es un canto a la destrucción, es un canto a la verdad. Lo que está haciendo el Apocalipsis,-incluyendo en estas últimas plagas que ahora vamos a leer sumariamente-, lo que está haciendo el Apocalipsis es mostrando el desmonte de la Creación. De eso es de lo que se trata.

Yo sé que es una imagen muy mecánica y muy infantil, pero es como eso. Haz de cuenta que la Creación es como hecha de millones y millones de piezas, y lo que se hace en el Apocalipsis es: “Espere, quitamos, quitamos, quitamos y miramos qué es lo que hay. Mostremos la verdad, mostremos el secreto". Por eso se llama “Revelación”. "Quitemos el velo y miremos qué es lo que hay". Y por eso sucede Apocalipsis cada vez que aparece la verdad.

El Apocalipsis no es algo tan ajeno a nosotros: un buen retiro espiritual es un apocalipsis, es una revelación. Un buen retiro espiritual es el desmonte de las mentiras que uno tenía. Un buen retiro espiritual es llegar, finalmente, como lo dice Ignacio de Loyola, allá como en la tercera semana de su serie de ejercicios espirituales, eso es famoso.

Ignacio de Loyola tiene sus retiros espirituales distribuidos en cuatro semanas, y se supone que a la altura,- ahí me corregirán los jesuitas-, a la altura de la tercera semana aparece un tema, el tema de las dos banderas. Eso es famoso en los jesuitas. Y las dos banderas, ¿qué es? Que ya aparece la bandera del demonio y aparece la bandera de Cristo. Y ahora que ya se ven, ahora sí escoge: ¿Qué es lo que quieres hacer realmente? ¿Te quedas con Cristo, o qué? Entonces el Apocalipsis también es una confrontación, un desafío: A ver en qué estás finalmente.

Apocalipsis es lo que sucede cuando termina la peregrinación de los israelitas en el desierto, y Josué llega a las orillas del Jordán y encara a la gente, y dice: “Bueno, ¿en qué quedamos? Mi familia y yo seguimos con el Señor. Ustedes, ¿qué?” Y entonces, la gente dice a una voz: “Sí, seguiremos al Señor”; luego nadie siguió al Señor, pero dijeron eso. Es una confrontación.

Eso es lo mismo que sucede en el Apocalipsis. De lo que se trata es de eso: Desmontemos aquí qué es lo que hay, cuál es la verdad de esto. Entonces el propósito de lo que sucede con los sellos, de lo que sucede con las trompetas y de lo que sucede con las plagas es desmontar: “Miremos la realidad”.

“Vi que se abría en el cielo el santuario de la tienda del testimonio, del que salieron los siete ángeles que llevaban las siete plagas. Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles sendas copas de oro llenas del furor de Dios, que vive por los siglos de los siglos. El santuario se llenó del humo de la gloria de Dios, y nadie podía entrar en él hasta que se consumaran las siete plagas de los siete ángeles" Apocalipsis 15,7. .

Eso de que nadie podía entrar en el santuario es interesante, porque indica que hay un cierto momento en que el único culto que se puede dar es el culto de la verdad. Y eso es lo que sucede cuando se desmonta la Creación. Es decir, el rito no funciona si no existe la verdad. El primer culto que hay que dar es el culto de la verdad. Y eso es lo que van a traer las siete plagas.

Recuerde usted que las siete plagas hacen referencia al tiempo de las plagas en Egipto, pero recuerde también que estas siete plagas son las que están trayendo la verdad. Entonces el lugar del culto es ése. Este no es tiempo para ritos, este no es tiempo para creer que a base de ceremonias, ritos y cantos, mantenemos entretenido a Dios. Este es el tiempo de la verdad: ¿Qué es lo que hay?.

“Oí una voz potente que decía desde el santuario a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas del furor de Dios” Apocalipsis 16,1. ¿Y cuál es la verdad que aparece? La verdad que aparece es la misma de las trompetas, pero llevada hasta su último extremo.

No vamos a leer todo el texto, está en el capítulo 16, pero lo que vamos a ir encontrando es ¿qué? Blasfemia tras blasfemia. Y una cosa muy interesante: la gente es incapaz de conocerse a sí misma, es incapaz de reconocer su culpa, y le echa la culpa de todo a Dios. Cosas que uno ve en nuestro tiempo. No sólo en el nuestro.

“El primero, -el primero de los ángeles-, fue y derramó su copa sobre la tierra. Apareció una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen. El segundo derramó su copa sobre el mar, cuyas aguas se convirtieron en sangre como de muerto. El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales” Apocalipsis 16,2-4.

Si tú vas siguiendo la pista, este es el orden de la creación: la tierra, el mar, los ríos, los vivientes. Es el desmonte de la Creación. Es decir, lo que está haciendo Dios es como apagando la Creación, y que quede la verdad de cada cosa. “El tercero derramó su copa sobre los ríos…, cuyas aguas se convirtieron en sangre” Apocalipsis 16,4.Toda esa cantidad de sangre está indicando ¿qué? Que sale la vida, que ya no hay vida, que se termina la vida. Es como suspender la Creación.

”Oí entonces al ángel de las aguas que decía: Justo eres tú, el que es y que era, el Santo, has hecho así justicia” Apocalipsis 16,5.

El cuarto, a quien le fue encomendado abrasar a los hombres con fuego, derramó su copa sobre el sol, y los hombres fueron quemados por un calor abrasador. No obstante blasfemaron del nombre de Dios” Apocalipsis 16,8-9. Ahí empieza la serie de las blasfemias, con la cuarta copa.

”El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia, cuyo reino quedó en tinieblas” Apocalipsis 16,10. ¿Ves cómo se va retrocediendo en la Creación? Lo primero es: “Haya luz” Génesis 1,3. Y fíjate aquí cómo, en la quinta copa, desaparece la luz.

“Los hombres se mordían la lengua de dolor, pero aun así blasfemaron del Dios del cielo, por sus dolores y sus llagas" Apocalipsis 16,10-11.

El sexto derramó su copa sobre el gran río Eufrates, y sus aguas se secaron para preparar el camino a los reyes del Oriente. Vi también que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta, salían tres espíritus inmundos en forma de ranas. Son espíritus de demonios, que realizan signos y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la gran batalla del gran día del Dios todopoderoso. Los convocaron en el lugar llamado en hebreo “Harmagedón” Apocalipsis 16,12-16. Entonces el sexto es la rebelión consumada de los reyes de la Tierra.

”El séptimo ángel derramó su copa en el aire” Apocalipsis 16,17, en el aire, no queda ya nada. Bueno, esto de derramar la copa en el aire, ustedes dirán: “Bueno, ¿qué quiere decir? Contaminación, claro, ahí está el calentamiento global”. Pues no. Si ustedes recuerdan la Creación, lo primero que hizo Dios fue crear el aire, separó, creó un espacio entre las aguas.

Cuando se derrama la copa en el aire, lo que quiere decir es que aun ese espacio, que fue lo primero que hizo Dios, queda desarticulado. Entonces, el proceso de las siete copas, es como una creación al revés, es como devolver la Creación. ¿Por qué se devuelve la Creación? Porque tiene que aparecer la verdad de la Creación.

Es como si Dios tuviera, -esta es otra comparación muy infantil-, Dios tiene una fábrica donde muchas cosas funcionan, -haga de cuenta como la maquinaria esa de las hostias-, muchas cosas funcionan, y pitan, soplan, se mueven, y después de que todo eso está en funcionamiento, "vamos a apagarlo", y entonces se apaga todo, y se mira qué es lo que hay, y cómo está cada cosa. Lo que sucede con estas plagas es apagar la Creación, porque llega el momento de hacer la cuenta final.

Por favor, borrar para siempre la idea de que Apocalipsis es destrucción; Apocalipsis es camino hacia la verdad. Y lo que se hace es que aparezca la verdad, eso es lo que interesa.

Entonces, "todas las islas se esfumaron, las montañas desaparecieron, un gran pedrisco con piedras de casi un talento de peso, -un talento son cuarenta kilogramos-, cayó del cielo sobre los hombres” Apocalipsis 16,20-21. Es decir, es el colapso, es el colapso de la Creación. Se apagó la Creación.

“No obstante, los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco, pues había sido ciertamente una plaga muy grande” Apocalipsis 16,21.

¿Qué quiere decir esto? Que ha aparecido la verdad del hombre. Al apagar la Creación aparece la verdad del hombre. Y la verdad que ha aparecido es que no reconoce la gloria de Dios, que no ama a Dios y que no sirve a Dios. Y si no ama a Dios, y si no reconoce, y si no sirve a Dios, ¿a quién sirve? Entonces, sirve a Babilonia y sirve a la gran prostituta, que eso es lo que aparece en el capítulo 17.

“Entonces vino uno de los siete ángeles que llevaban las siete copas, y me habló: “Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre prostituta que se asienta sobre aguas caudalosas” Apocalipsis 17,1.

La imagen que se presenta de esta mujer está calcada en todas las mujeres seductoras y perversas de la Biblia. Es la imagen de la hija de Herodías, -Salomé, como que se llamaba esa muchacha,- es la imagen de Salomé, es la imagen de Jezabel, es la imagen de Dalila, es la imagen de todas estas mujeres que utilizan la fuerza de su encanto para apartar de Dios.

“Vi a una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos. La bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata” Apocalipsis 17,3-4. Púrpura, signo de realeza; escarlata, signo de prostitución. Acuérdate que el hilo de Rahab, la prostituta, era hilo escarlata. El rojo es color de seducción.

“La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas. Sujetaba con su mano una copa de oro llena de abominaciones y las impurezas de su prostitución. En su frente llevaba escrito un nombre: “La gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra”. Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y la sangre de los mártires de Jesús” Apocalipsis 17,4-6, alusión clarísima al imperio romano y especialmente a los cristianos arrojados al coliseo.

El pueblo romano no se cansaba de ver tortura y sangre, sangre y tortura, cada vez en un nivel más absurdo, cada vez más cruel, cada vez más sádico, cada vez más personas, niños, niñas, ancianos, despedazados, triturados, aserrados, dice la Carta a los Hebreos.

“Al verla me asombré sobremanera. El ángel me dijo ¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva” Apocalipsis 17,6-7.

Y describe a la bestia, haciendo alusión a reyes, un número de reyes, porque dijo que eran diez. Entonces que los cuernos representaban diez reyes, y los estudiosos se han puesto a jugar con esos nombres, que cuántos son, que qué emperador es éste…. Lo que parece bastante claro es que la bestia ahí es una alusión al estado del Imperio Romano en el siglo primero.

Entonces, el Apocalipsis, otra vez lo recordamos, tiene siempre tres aplicaciones: Uno lo puede aplicar a la propia vida, uno puede mirarlo como un mensaje de esperanza para los cristianos del siglo primero, y uno puede aplicarlo también a la historia de la Humanidad. Entonces, el final del capítulo diecisiete explica eso, explica esa interpretación al Imperio romano.

Termina diciendo el capítulo diecisiete: ”Y a mujer que has visto es la gran ciudad, la que tiene la soberanía sobre los reyes de la tierra” Apocalipsis 17,18. Eso sólo puede ser Roma, no puede ser otra cosa. Acuérdate que “civitas” se utilizaba para varios asentamientos humanos; pero sólo había una que se llamaba la urbe, “urbis”. La urbe era solamente Roma. Roma era el centro de todo. Y Roma es el poder que se idolatra.

“Después de esto vi bajar del cielo a otro ángel que tenía gran poder, y la Tierra quedó iluminada con su resplandor. Y grita,- otra vez se anuncia la caída-: Cayó, cayó la gran Babilonia, se ha convertido en morada de demonios, guarida de toda clase de espíritus inmundos. Todas las naciones han bebido del vino de sus prostituciones. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado” Apocalipsis 18,1-3.

Es interesante ver quiénes son los siervos de la gran prostituta: Son las naciones, los reyes y los mercaderes. Las naciones es la opinión pública, los reyes son la política, y los mercaderes son la economía. Entonces, la gran prostituta, que es como una representación de Babilonia, que es como una representación del poder de la Bestia, esa imagen, seduce, corresponde a lo que nosotros llamaríamos en buena parte el sistema, ese sistema opresor, homicida, que ve como necesaria la muerte de mucha gente.

En un país como Gran Bretaña, uno de cada cuatro embarazos acaba en aborto; eso significa que si en un año nacen, por ejemplo, cien mil niños, quiere decir que unos treinta y tres mil han sido asesinados. Pero eso es necesario para que el sistema funcione; el sistema se engrasa con sangre humana. Y eso se vuelve normal, y se convierte en imposición, y todos los países tienen que aprobar el aborto, y todos los países aprobar el matrimonio homosexual, y todos los países aprobar la eutanasia. Entonces, realmente el sistema está, el sistema existe, y el sistema oprime.

¿Quiénes han fornicado con la gran prostituta? Las naciones, porque la opinión pública finalmente queda conquistada por obra de la segunda Bestia; los políticos, porque para conquistar el poder tienen que llenarse de alianzas y alianzas, y de complicidades, habrá alguno que no, pero en su gran mayoría, pues en esas están.

Y luego los otros, los mercaderes, la economía, que dicen: “Pues a mí esto me gusta o no me gusta, eso no importa, pero el hecho es que esa vieja asquerosa se viste de oro y de perlas y de telas, pues yo se las vendo, y así hago yo lo mío".

Entonces fíjate cómo queda amarrado política, economía y opinión pública. Medios de comunicación, poder y potentados de la tierra, van formando una alianza, pero, ¿qué sucede? Se anuncia, -ya éste es el tercer anuncio de la caída de Babilonia-, y al tercer anuncio ¿qué tienen que hacer los hijos de Dios?: Huír.

“Oí otra voz que decía desde el cielo: “Salid, salid de esa ciudad, pueblo mío” Apocalipsis 18,4. "Sal del sistema". Entonces ahí es donde San Antonio dice: "Pues yo me voy, yo me voy”. Y se vuelve ermitaño. “Yo me voy”, dijeron los padres del desierto; “pues yo también me voy”, dicen allá Basilio, y Pacomio, y Gregorio de Niza; "y yo me voy”, dice Benito. Y se van. Y se van, entonces, a salir de Babilonia.

“Yo me voy”, dice Bruno, el fundador de los cartujos. ¡Qué vocación tan noble! Ustedes son Apocalipsis, realmente. De lo que se trata es de eso, de lo que se trata es de vivir para Jesús, de lo que se trata es de acompañar a Jesús a todas horas, de lo que se trata es de comprender el drama del mundo. Les digo que una vocación monástica bien vivida es tan hermosa, es tan hermosa porque es el puro frente de batalla, es decirle a Jesús: “Yo quiero estar en primera línea, yo quiero estar ahí”.

Estos grandes generales, -grandes, pero muchos de ellos sanguinarios y arrogantes y ególatras, como Alejandro Magno, como Julio César-, estos grandes generales a veces escuchaban esas exclamaciones de entusiasmo en sus soldados: “Déjame ir a mí primero”, “yo voy de primero”, “pónme en primera línea”. Esa es la vocación monástica: “Ahí voy, voy de primero, vamos a luchar por esto”.

“Salid, salid de esa ciudad, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas; sus pecados se han amontonado hasta llegar al cielo, Dios se ha acordado de sus iniquidades. Dice para sus adentros: Aquí estoy sentada como reina que soy, no soy viuda y no he de conocer el llanto. Por eso en un solo día llegarán sus plagas, peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego, porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado” Apocalipsis 18,4-8.

Entonces, los elegidos ya lo tienen claro, ya han cantado el cántico de Moisés, ya saben que están llegando a una Pascua, la gran Pascua, de hecho, y salen. Y entonces cae Babilonia. Ése es el final del capítulo 18.

“Llorarán y harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que fornicaron con ella y se dieron al lujo. Cuando vean la humareda de sus llamas se quedarán a distancia horrorizados, y dirán: ¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, ciudad poderosa, que en una hora ha llegado tu juicio!”. Lloran y se lamentan por ella los mercaderes" Apocalipsis 18,9-11.

"Los que negociaban con estos bienes, se lamentan diciendo: ¡Ay, la gran ciudad, que se vestía de lino, púrpura y escarlata, en una hora quedó arruinada tanta riqueza!” Apocalipsis 18,15-16.

Todos los capitanes, oficiales de barco y marineros, todos cuantos se ocupan en trabajos del mar se quedaron a distancia, y se lamentaban: ¡Ay, ay, la gran ciudad, con cuya opulencia se enriquecieron cuantos tenían naves en el mar, en una hora ha sido asolada!” Apocalipsis 18,17-19.

"Un ángel poderoso alzó entonces una piedra como una gran rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo: Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y ya no volverá a aparecer” Apocalipsis 18,21.

Y viene entonces la elegía sobre Babilonia: “No volverá a resonar en ti la música de cítaras y cantores, de flautas y de trompetas, no volverán a haber en ti artífices de arte alguna. No volverá a resonar en ti el ruido de la rueda de molino. No volverá a brillar en ti la luz de la lámpara. No volverán a oírse en ti las voces del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, porque con tus hechicerías se extraviaron todas las naciones, porque en ella hallaron la sangre de los profetas y de los santos y de todos los degollados de la tierra” Apocalipsis 18,22-24. .

Hay una cosa que destacar, y es que ustedes habrán notado el cambio de tiempo. Lo que se anuncia por tres veces es: “Cayó”; y sin embargo, lo que dice el ángel aquí es futuro: “No volverá a resonar en ti” Apocalipsis 18,22. Entonces fíjate que el Apocalipsis al mismo tiempo es ya sucedido y por suceder; en cierto sentido ya ha caído, en cierto sentido está por caer.

Puede decirse que ya ha caído en la aplicación que esto tiene en la persecución del siglo primero; puede decirse que cae Babilonia cuando un cristiano muere santamente. Porque la muerte de un cristiano, de un verdadero cristiano, es salir de Babilonia. Nosotros no salimos de las manos de Dios, nosotros no salimos de la alianza con Dios: morimos en alianza con Él y entramos a la gloria en alianza con Él, eso no cambia. Pero sí salimos de Babilonia.

Entonces, acercarse a la muerte es desengañarse también de todo, es salirse del sistema. En ese sentido hay una santa incredulidad, hay un santo escepticismo, y por eso hay un santo desengaño. El santo desengaño que hace que se mire sin amargura pero a distancia todo aquello que hace temblar de pasión o de miedo los corazones de otros. Eso es la caída de Babilonia, vista desde uno.

Cuando dice San Ignacio de Antioquía: “Nada me atrae de esta tierra, sólo escucho una voz que me dice: Ven al Padre", ya Babilonia había caído para él. Cuando San Pablo dice: “Sé vivir en la riqueza y en la pobreza" Carta a los Filipenses 4,12; "me da lo mismo una cosa que otra” Carta a los Filipenses 4,11, ya el sistema no tiene poder en él. Cuando Francisco de Asís entrega sus ropas al papá, y dice: “Ya no tengo más papá que Dios”, se acabó Babilonia para él.

Esta espiritualidad de salir de Babilonia era tan hermosa y tan clara en los orígenes de las comunidades religiosas. Salir de Babilonia y entrar en casa de obediencia. Como le dijo Enrique a Jordán: “Voy a Betania, casa de obediencia, voy a salir de todo esto". Y ellos sentían que entrando al monasterio, entrando en religión, que era el término que se utilizaba: "Yo entro en religión y yo salgo de Babilonia".

Pero por supuesto, si uno entra al monasterio a seguir haciendo política, a seguir manejando la opinión pública, y a seguir dependiendo de los centavos que entran, que salen, pues volvieron a entrar los mercaderes, los reyes de la tierra y la voz de las naciones. Entonces no se hizo nada.

Lamentablemente, pero no es este lamentar en última instancia, el mundo no se puede detener simplemente con candados y con rejas. La clausura tiene su importancia, nadie lo niega; pero el que crea que a base de candados y rejas se solucionaron las cosas, está muy lejos de la verdad.

Resulta que todo este espíritu del mundo se cuela, se mete por los locutorios, se mete por el teléfono, se mete por Internet, se mete en la música que uno oye, se mete en las conversaciones que recibe. Entonces, bonito lo de salir del mundo, bonito lo de ponerse un hábito, -queda uno disfrazado de santo-, bonito eso, pero será sólo un disfraz.

Si el corazón de uno no ha salido de Babilonia, es un disfraz. Y el corazón sale de Babilonia cuando uno sale de los ídolos de este mundo y de la opinión pública, cuando uno cesa en toda aspiración al poder, y cuando uno no busca provecho propio. Y no lo busca porque busca provecho para Cristo; no lo busca porque busca cosecha para Cristo.

No es que uno deje de desear. Es la diferencia entre el monasterio budista y el monasterio cristiano. En el monasterio budista, de lo que se trata es de dejar de desear; en el monasterio cristiano, de lo que se trata es de aprender a desear la gloria de Dios. En el monasterio budista se trata de que nada me importe, se trata de inaugurar la muerte; el monasterio cristiano le abre la puerta a la vida.

Cayó Babilonia. La gran confrontación, en cierto modo ha terminado. ¿Y qué significa “cayó Babilonia”? Mira, el Dragón había intentado atacar al niño, no lo logró; intentó atacar a la mujer, o sea al pueblo de Dios-, no le funcionó; entonces, hizo un encarnación, una caricatura de la Encarnación en la Bestia.

La Bestia se ayudó de la segunda Bestia, que es la que le hace propaganda. Esa estrategia produjo Babilonia, que se representa con la imagen de esa mujer perversa y altiva. Pero resulta que esto tampoco funciona, porque se cayó, porque ese plan tampoco da fruto. Entonces, en el capítulo 18 cae Babilonia. Quiere decir que toda esta parte ya está vencida.

Pero todavía tenemos que ver qué sucede con la muerte y el hades. Con la bondad de Dios, ahí nos asomaremos en nuestra siguiente reflexión.. ..