Apocalipsis 09: Se anuncia el reinado de Dios

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Tema 9. Se anuncia el reinado de Dios

http://fraynelson.com/blog/2011/06/23/apocalipsis-09-de-12-se-anuncia-el-reinado-de-dios/


En el capítulo cuarto aparece el trono de Dios; en el capítulo quinto, un libro sellado y también el Cordero degollado, que es el único que tiene la autorización, la dignidad, es el único digno de abrir este libro.

En el capítulo sexto se van abriendo los sellos y vamos a encontrar, en la parte de los sellos y en la parte de las trompetas, que el número siete se divide en cuatro y tres; entonces, los primeros cuatro sellos dan la largada a cuatro caballos que salen con distintos designios. Estos cuatro caballos de distintos colores están representando las plagas, digamos los males que tradicionalmente anunciaron los profetas como característicos del día de Yahveh.

La importancia que tiene que aparezcan estos caballos o que aparezcan estos daños a la tierra, es para decir que lo que fue anunciado por los profetas se va a cumplir y que de hecho queda ya cumplido aquí. Es muy importante en el Apocalipsis esa idea de que todo se va a cumplir, todo lo que fue anunciado, todo lo que fue predicho, todo se tiene que cumplir. Recordemos también aquella expresión de Jesús: “Hasta la última iota”, todo tiene que cumplirse.

Por eso, en estos primeros cuatro sellos, se da cumplimiento a una serie de daños que habían anunciado los profetas, ya sabemos que son al mismo tiempo designios de Dios y consecuencias de las obras humanas. Luego el quinto sello sirve para que se oiga la voz de los difuntos que están como en espera de que esa justicia reaparezca, o mejor, brille.

Luego, en el sexto sello, encontramos la conmoción del cosmos, todo se conmueve, todo se remueve porque lo que viene es muy grande, es de algún modo la dislocación de los poderes y los ciclos naturales. Los puntos de referencia del ser humano están en la naturaleza y en la sociedad.

En el sexto sello se dañan esos puntos de referencia porque el sol se vuelve oscuro, porque la luna se vuelve de sangre, porque caen las estrellas, entonces no quedan las referencias cósmicas, y en la sociedad tampoco quedan referencias.

¿Cuáles son las referencias en la sociedad? Son, pues, los gobernantes, las instituciones, los ricos, los poderosos, y estos también quedan completamente fuera de sí. Corren a refugiarse en las peñas, dando cumplimiento a lo que dijo Cristo: "Invocan a las peñas y les dicen: Caed sobre nosotros, ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero” Apocalipsis 6,16.

Entonces, ¿qué es lo que están contando estos sellos? Están contando, por una parte, que se cumplen lo que dijeron los profetas; por otra parte, que hay una justicia que está pendiente en todas las persecuciones contra los siervos de Dios; y por otra parte, que las referencias tradicionales desaparecen. Los puntos de orientación desaparecen, esa sensación de absoluto desamparo es también un modo de recordar la absoluta soberanía de Dios.

El orden natural está trastocado, la gente no sabe a qué atenerse; el orden en la sociedad está dislocado, no hay a quien mirar, no hay a quien escuchar. Los que parecían fuertes corren como ardillas asustadas, corren como conejos perseguidos, es decir, no hay referencias; no hay a quien mirar, es una sensación de absoluto desamparo, es la indigencia del ser humano que tiene de algún modo que desnudarse de todas sus pretensiones para prepararse a escuchar la voz de Dios.

En el Apocalipsis siempre hay esa triple aplicación: aplicación a la vida personal, aplicación a los cristianos del siglo primero y aplicación a la historia universal. Entonces todas estas escenas proféticas de algún modo le suceden a uno en la vida, de algún modo ya se cumplieron en el siglo primero, y de algún modo están todavía por suceder. Todo lo que se dice aquí hay que entenderlo en esos tres sentidos. A mí y a ti nos va a suceder esto, en nuestra propia vida, ya daremos algún ejemplo de eso.

A los cristianos del siglo primero les pasó esto, vieron esto de algún modo, y en la historia universal se va a cumplir de algún modo; siempre hay esa triple referencia de sentido, no son tres tiempos, porque fíjate que el pasado sí es el del siglo primero y el futuro sí es el del futuro de la humanidad, pero lo que le suceda a uno también es futuro para uno; entonces habría que decir el pasado de los cristianos del siglo primero, el futuro personal y el futuro universal. Son como esos tres tiempos, si los quieres mirar de esa manera.

¿Por qué esto se puede aplicar a la vida personal? Porque por ejemplo una persona, cuando se siente realmente enferma, siente como que está siendo invadida por estos caballos, es decir, siente la guerra; cuantas personas sienten que están en guerra, que les atacan por todas partes, como decía un padre por allá en un consejo de Provincia: "Todo el mundo en contra de uno y uno con diarrea", ese es el Apocalipsis de esa persona, siente que le caen las cosas.

Mire, esto que dicen aquí por ejemplo, que desaparecen las referencias, eso se experimenta, una persona por ejemplo en el proceso de envejecer se le acaban las referencias, ¿a quién mira una persona mayor, a quién mira? Las grandes personas que admiró, los unos resultaron falsos, los otros se murieron, los otros se acabaron, los otros no se supo nunca qué pasó, los otros no fueron verdaderos amigos.

Se le acaban las referencias y empiezan a morírsele a uno los del grupo de noviciado, y entonces va quedando uno solo, y todo el mundo mirándolo a uno a ver si uno está orientado y uno es el más desorientado de todos. Eso es parte de la edad madura, entonces hay gente que experimenta esto, esto lo experimentamos nosotros.

Eso que dice ahí, que se le acaban a uno las referencias, que uno no sabe si el sol, si la luna, si las hora; que uno pierde la referencia temporal, totalmente cierto. Lo que le sucedió a un padre amigo mío en Irlanda, él perdió la referencia temporal, y estaba así lleno de relojes, y él tenía un reloj grande, un reloj digital grande que daba la hora ahí en su habitación.

Entré a visitarlo y me preguntó: "-¿Qué hora son?" Y le dije: "-Son las cuatro y cuarenta", pero eso se veía ahí; entonces él me dijo: "-No, ahí dice cuatro y cuarenta, pero dígame usted qué hora son". "-No, es que lo que dice ahí, esa es la hora". "-No, no, no, dígame la hora de verdad". Él no creía que esa fuera la hora, confundía el día con la noche. Se le pierden las referencias. Entonces, esto que dice aquí también le sucede a uno, estas son cosas que uno experimenta, estas son realidades que uno conoce o llega a conocer personalmente.

“Se rompió el séptimo sello, se hizo silencio como de media hora”, dice aquí. Un silencio solemne que prepara algo todavía más impresionante. Siete ángeles que toman las siete trompetas" Apocalipsis 8,1. Y ahora tienen que sonar las trompetas, trompetas que ya hablan más inmediatamente, más directamente de la batalla, pero es importante ver que al mismo tiempo que se abre la batalla se deja sentir el perfume de la adoración y de la alabanza; esa escena es muy bonita, ustedes la conocen bien.

“Llegó otro ángel y se puso junto al altar con un badil de oro, le dieron muchos perfumes para que con las oraciones de todos los santos los ofreciera sobre el altar de oro colocado delante del trono. El humo de los perfumes se elevó delante de Dios por mano del ángel junto con las oraciones de los santos. El ángel tomó el badil, y lo llenó con brasas del altar, y las arrojó sobre la tierra; entonces se produjeron truenos, estruendo, relámpagos y temblor de tierra” Apocalipsis 8,3-5.

Entonces es al mismo tiempo que, qué impresionante, es al mismo tiempo la hora de la batalla y la hora de la alabanza; como indicando que al mismo tiempo, la adoración es un modo de batalla, y la batalla es un modo de culto a Dios; lo mismo que en el caso de los sellos, también aquí las siete trompetas están divididas en cuatro y tres. Suenan primero cuatro y luego se preparan las siguientes, las otras tres, y lo mismo que el caso de los sellos, las tres últimas trompetas pues indican acontecimientos o acompañan a acontecimientos muchos más graves.

“Los siete ángeles de las siete trompetas se dispusieron a tocar. Tocó el primero, hubo pedrisco y fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra; quedaron abrasadas la tercera parte de la tierra, la tercera parte de los árboles, y toda la hierba verde” Apocalipsis 8,6-7.

Ustedes recuerdan que, cuando salieron los cuatro jinetes del Apocalipsis, lo que se dañó fue la cuarta parte; aquí estamos hablando de un daño de la tercera parte, es decir, esto es un proceso, la situación se va poniendo cada vez más crítica, todo habla de la confrontación que vendrá mas adelante.

Segundo ángel: "Fue arrojado al mar algo parecido a una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre” Apocalipsis 8,8. Obsérvese la presencia de la sangre en lo que cae del cielo y en lo que se encuentra en el mar.

“Tercer ángel: "Cayó del cielo una estrella grande, que ardía como una antorcha, y se precipitó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió a causa de las aguas, que se habían vuelto amargas" Apocalipsis 8,11.

"Tocó el cuarto ángel, entonces fueron dañadas la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas. El día perdió una tercera parte de su claridad, y lo mismo la noche” Apocalipsis 8,12.

¿Qué es lo que está sucediendo aquí? Si lo miramos bien, lo que está sucediendo es la agonía de la Creación, es la Creación misma la que empieza a agonizar. San Pablo había dicho que "la creación espera la manifestación de los hijos de Dios" Carta a los Romanos 8,19. Lo que aquí se describe es la agonía. Es importante la expresión tercera parte ¿por qué? Porque en términos de fracciones sencillas es lo más cercano a la mitad, ¿y eso qué tiene que ver? Pues tiene que ver con que el mal, aún en estas circunstancias, es menor que el bien; aún en la agonía, el bien es por lo menos el doble del mal.

¿Sí ves? Una tercera parte quiere decir que dos terceras partes están a salvo; aún en la agonía de la creación, el bien duplica al mal, y yo creo que ese es un mensaje de bellísima esperanza. Esa sangre que está en el cielo, que está en la tierra y que está en el mar, ¿qué está indicando? Pues lo mismo que cuando un animal está herido y pierde su sangre, el mundo está perdiendo la vida, se empieza a sentir la cercanía, la proximidad de la muerte; pero no solo eso, la vida se ha vuelto amarga y oscura.

Fíjate, la muerte se acerca, la vida se vuelve amarga por esa extraña estrella llamada Ajenjo. La vida se vuelve amarga, la vida se vuelve oscura. Pero es muy interesante esto porque tiene una alusión lejana, me parece a mí, a la estructura del libro del profeta Ezequiel.

Tu recuerdas que en Ezequiel lo que sucede es que la gloria del Señor abandona el templo, y luego la gloria del Señor vuelve a Jerusalén. Entonces de lo que se trata aquí es de eso: El mundo, el mundo que conocíamos ya no es lugar para la vida; el mundo se ha vuelto inhóspito, el mundo ya no es la casa de la vida, se necesita una nueva casa. De modo que estas heridas en la Creación, esta agonía de la Creación, por una parte habla de muerte, pero por otra parte habla de mudanza.

De lo que se trata es de mudarse, de lo que se trata es de empacar y partir. Entonces, eso le pasa a los monasterios, eso le pasa a uno cuando se muere, eso le pasa a la Iglesia. La Iglesia que tiene que empacar y partir. La vida se ha vuelto escasa, amarga y oscura; y aunque el bien duplica por lo menos al mal, hay que pensar ya en mudarse. Ese es el mensaje que traen estas primeras cuatro trompetas.

Antes del quinto ángel, qué impresionante la voz del águila, "un águila que vuela altísimo y dice con voz potente: “¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra cuando suenen las trompetas restantes de los tres ángeles que van a tocar!” Apocalipsis 8,13.

Entonces viene la quinta trompeta. ¿Qué trae esta quinta trompeta?: “Vi una estrella que había caído del cielo a la tierra, se le dio la llave del pozo del abismo; abrió el pozo del abismo, y subió de él una humareda, como la de un horno enorme, y el sol y el aire se oscurecieron con la humareda del pozo. De la humareda salieron langostas” Apocalipsis 9,1-3, como en Joel, -Joel es el profeta que hace el anuncio del juicio de Dios y que mira en las langostas un ejército destinado a castigar a la humanidad-. Entonces es una plaga gigantesca de langostas.

"El dolor que producen es como el de la picadura del escorpión. En aquellos días buscarán los hombres la muerte y no la encontrarán, desearán morir, pero la muerte huirá de ellos" Apocalipsis 9,5-6. La situación es todavía más grave, ya no es solo que la vida es escasa, amarga y oscura, es también dolorosa.

“Las langostas parecían caballos preparados para la guerra, llevaban sobre su cabeza una especie de coronas que parecían de oro. Su caballera era como de mujer, y sus dientes como de león; llevaban corazas que parecían de hierro, y el ruido de sus alas recordaba el estrépito de carros tirados por muchos caballos que corren al combate” Apocalipsis 9,7-8.

“Su rey es el ángel del abismo, llamado en hebreo Abaddón y en griego Apolyon” Apocalipsis 9,11. ¿Qué significa Apolyon? Destrucción. "El primer “¡ay!” ha pasado" Apocalipsis 9,12, porque son tres "ayes" que dijo el águila, ese es el primer ay. Entonces la naturaleza se rebela contra el ser humano, y ataca de modo sistemático, produciendo gran dolor. Uno debería esperar que la gente en tales circunstancias se volviera a Dios, pero eso no sucede.

“Tocó el sexto ángel, oí entonces una voz que salía de los cuatro cuernos del altar de oro, que está delante de Dios. Dijo la voz al sexto ángel que tenía la trompeta: Suelta a los cuatro ángeles atados junto al gran río Eufrates. Los cuatro ángeles que estaban preparados para aquella hora, día, mes y año, fueron soltados para matar a la tercera parte de los hombres” Apocalipsis 9,13-15. Ya no es solo la amenaza, sino se va realizando.

“Contemplé los caballos y a los que los montabanl Llevaban corazas de color de fuego, de jacinto y de azufre. Estas plagas exterminaron a la tercera parte de los hombres pero los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos, no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver, ni oír, ni caminar. No abandonaron sus asesinatos, ni sus hechicerías, ni sus fornicaciones, ni sus rapiñas” Apocalipsis 9,17-21.

Hay que llegar entonces hasta este punto, hasta esta sexta trompeta, para darse cuenta que aunque la vida se vuelva escasa, difícil, amarga, oscura, dolorosa, y aunque llegue incluso la muerte misma, el ser humano es más duro que todo eso. El ser humano es más duro que esos terremotos, por eso ha descrito con tanto detalle a las langostas, y luego a los caballos que van a ejecutar la orden de la sexta trompeta. Parecen, diríamos nosotros en nuestro lenguaje, "robots de la muerte", preparados para acabar, preparados para asesinar.

Pues bien, si nos parecen duros, si nos parecen implacables, pensemos cuál es la dureza del corazón humano, que frente a todo eso, frente a una vida amarga, oscura, escasa y dolorosa, de todas maneras dice: Pues yo sigo con mis idolatrías, mis hechicerías, mis fornicaciones y rapiñas".

Como ustedes ven, lo que hacen estas trompetas es, de algún modo, mostrar la verdad del corazón humano, lo que sucede con estas trompetas, lo que vienen a traer estas trompetas es la desnudez del corazón.

El esquema que tenemos es este: teníamos los sellos, del uno al cuatro, luego viene los sellos cinco y seis, y luego el sello siete; pero el sello siete abre las trompetas y las trompetas van del uno al cuatro, luego, cinco y seis, y luego siete. Es el mismo esquema, estos son los sellos y estas son las trompetas.

¿Qué es lo que han mostrado los sellos? Los sellos lo que han mostrado es la indigencia, la radical indigencia del ser humano, que queda finalmente con el sexto sello, queda sin ninguna referencia, queda como desnudo, queda como desprovisto de todo, es decir, se ve obligado a recordar su condición de criatura, esta es la indigencia de la criatura, eso es lo que aparecen en los sellos.

Queda sin referencias, queda sin un mapa, ni siquiera lo más estable de la Creación, como es la salida y EL ocultarse del sol, o el aparecer y peregrinar de la luna, ni siquiera eso le sirve de referencia. Esta es la indigencia de la criatura, ¿Y qué es lo que aparece aquí? La verdad del pecador o la indigencia del pecador.

Entonces la estructura que tienen los sellos y las trompetas es esa. En los sellos aparece nuestra condición de criaturas, lo que nosotros somos, ¿y qué somos? Pues poco y nada. Y con las trompetas ¿qué es lo que aparece? Con las trompetas lo que aparece es que somos además pecadores, pecadores empedernidos, pecadores que nos aferramos más a nuestro pecado cuanto más parece que somos atacados. Catalina de Siena describe esto de la siguiente manera: “Yo soy nada, con pecado encima”.

La frase de Santa Catalina tiene una preciosa coincidencia con el libro del Apocalipsis. Los sellos revelan que somos nada en cuanto criaturas, y las trompetas revelan que somos nada con pecado encima. Así están las cosas en el capítulo noveno del Apocalipsis, y entonces ya se ve qué es lo que tiene que venir.

Si esta es la raza humana, si esta es la respuesta de la raza humana frente a la oferta divina que viene, pues entonces habrá que hablar del castigo final; y es allí donde se abre la parte más misteriosa y la parte más compleja del Apocalipsis, porque ya estamos prácticamente llegando a la confrontación y en esa confrontación pues es difícil seguir ya como un mapa.

El capítulo décimo empieza con estas palabras: “Vi también a otro ángel poderoso que bajaba del cielo envuelto en una nube, -eso significa portador de la gloria de Dios-, con el arco iris sobre su cabeza” Apocalipsis 10,1; ya ha aparecido antes el arco iris, el arco iris ha aparecido como una especie de corona sobre Dios en su trono. Aquí vuelve a aparecer el mismo arco iris.

“Su rostro era como el sol, sus piernas parecían columnas de fuego. Llevaba un librito abierto. Se paró sobre el mar y sobre la tierra. Y gritó con voz poderosa, como ruge el león” Apocalipsis 10,1-3; y entonces habla este ángel, y el hombre de la visión va a escribir lo que dice el ángel: “Pero una voz me dijo: Sella lo que han dicho los siete tronos y no lo escribas” Apocalipsis 10,4.

“Entonces el ángel que había visto yo de pie sobre el mar y la tierra levantó al cielo su mano derecha y juró por el que vive por los siglos: Ya no habrá dilación, cuando lleguen los días en que se oiga la voz del séptimo ángel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá consumado el misterio de Dios, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas” Apocalipsis 10,6-7.

Entonces nos quedamos sin saber qué es lo que traen esos truenos, hay un aspecto como misterioso en ese deshacerse o desmoronarse de la creación. Pero una cosa sí queda clara, y es que una vez presentada la indigencia de la criatura y una vez presentada la condición de obstinación de nuestro pecado, lo único que queda pues es la confrontación, Lo único que viene es el juicio".

El librito devorado: “La voz del cielo que yo había oído, me habló otra vez y me dijo: Toma el librito que está abierto en la mano del ángel, el que está de pie sobre el mar y sobre la tierra. Fui hacia el ángel y le pedí que me diera el librito. me respondió: Toma, devóralo, Te amargará las entrañas, pero te sabrá dulce como la miel. Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y sentí en mi boca el dulzor de la miel; pero cuando lo comí se me amargaron las entrañas. Entonces me dicen: Tienes que profetizar otra vez contra numerosos pueblos, naciones, lenguas y reyes".Apocalipsis 10,8-11.

Bueno, de ese librito hay varias interpretaciones. Una que me parece muy bonita es esta: que es hermoso entender los misterios de Dios, pero es terrible pasar por ellos. Como decía una señora muy carismática ella, de mucha oración, ya ella tuvo su apocalipsis porque ya falleció hace unos años; decía ella refiriéndose a otra gente, decía: “Hay personas que hablan del fin del mundo como si les fueran a dar un palco, y como si desde allá se pudieran ver todas las cosas con tranquilidad”. ¡No, pasar por estos misterios es durísimo!

Entonces, esa es la mezcla de dulzura y amargor que tiene el librito. Es, por un lado, la alegría de entender algo de Dios y sentir como uno siente a veces que percibe un poquito de la revelación, se siente dulce, es agradable; pero entre entenderlo y tener que vivirlo, ya es distinto.

A uno le dicen por ejemplo: "-La muerte lleva a la vida". "-¡Què bonito, eso está muy bonito! "-Bueno, pero como es así, te vamos a matar", eso ya no es tan agradable. "-La Cruz es gloriosa". "-Aleluya, amén". "Bueno, te vamos a crucificar", ya eso es distinto. Entonces, parece que el librito es un recordatorio de eso, es un recordatorio de que cuando hablamos de estas cosas, nosotros estamos entendiendo y disfrutando. pero cuando tengamos que vivirlo de todas maneras tendremos que pasar por la amargura.

Y luego viene la parte más complicada en interpretación de esto, o una de las más complicadas, que es el capítulo once, el de los dos testigos. Ese es un capítulo complejo porque se han hecho muchas especulaciones sobre qué pueden significar esos dos testigos. Evidentemente de lo que se habla es de dos ministros fieles a Dios que se oponen a los poderes de esta tierra, que son atacados por los poderes de esta tierra y finalmente mueren, es decir, son asesinados. Pero resulta que después de que ya han muerto resucitan, es muy complejo.

“Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan de su muerte, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra. Pero pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie, y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban. Oí entonces una voz potente, que les decía desde el cielo: ¡Subid acá!. Subieron al cielo en la nube a la vista de sus enemigos. En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, en el terremoto perecieron siete mil personas" Apocalipsis 10,13, número simbólico que ya sabemos que significa.

Bueno, ¿quiénes pueden ser esos dos testigos? Todo esto es preparación para la séptima trompeta. Acuérdate que entre el séptimo sello y lo que sucedió hubo un silencio; lo mismo aquí, como preparación a la séptima trompeta, está esta escena del librito, que es como un recordatorio, y está la escena de los dos testigos.

Hay varias teorías: unos decían que se podía referir como a Pedro y Pablo que de algún modo reviven en la historia. Pedro y Pablo que vuelven a aparecer, obviamente no en el sentido técnico de que resuciten, sino en el sentido de que vendrá como un nuevo Pedro y como un nuevo Pablo. Ese es un modo de entenderlo.

Otros en cambio piensan que aquí se da una situación semejante a la que se da en el libro de Nehemías. Encontramos en el libro de Nehemías que el proceso de reconstrucción de Jerusalén tiene trabajo de los laicos y tiene trabajo de los sacerdotes; está el sumo sacerdote Eleasib y está Nehemías que es un líder laico y que trabaja en esa reconstrucción.

Entonces, hay algunos que suponen que estos dos testigos, pueden hacer alusión al trabajo que la Iglesia hace desde su jerarquía, desde sus obispos y cardenales y papas; y el trabajo que la Iglesia hace desde los laicos como Nehemías que no era sacerdote.

Entonces, los enemigos de la Iglesia sienten igual fastidio del Papa, por ejemplo, y de los laicos obedientes a la Iglesia; es decir, estarían representados aquí, por una parte, -es una interpretación obviamente alegórica-, estarían representados aquí la santidad de la jerarquía y la santidad de laicado, igualmente detestables a ojos del mundo, igualmente repugnantes.

Y entonces viene como una especie de caída, como una especie de catástrofe que da un alivio, por supuesto, un alivio perverso a los enemigos de la Iglesia, porque sienten que la jerarquía ha caído y sienten que los defensores de la fe dentro del mundo laico han caído.

Pero finalmente ellos son recuperados, finalmente Dios los vuelve a llamar pero ya no hay lugar, ya no hay tiempo para reconstruir una estructura de pueblo de Dios en una tierra llamada al exterminio. Esa es una de varias interpretaciones que hay sobre este extraño capítulo once del libro del Apocalipsis, que quizás pudiera referirse a ese trabajo conjunto.

El hecho es que el librito devorado y estos dos testigos preparan la llegada de la séptima trompeta. El segundo ay ha pasado, pero viene enseguida el tercero: “Tocó el séptimo ángel, entonces sonaron en el cielo fuertes voces, que decían: “Ha llegado sobre el mundo el reinado de nuestro Señor y Jesucristo, y reinará por los siglos de los siglos" Apocalipsis 11,15.

Entonces los veinticuatro ancianos, que estaban sentados en sus tronos, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios, mientras decían: “Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, aquel que es, el que era, porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado” Apocalipsis 11,16-17. Entonces lo que trae la séptima trompeta es el reinado definitivo de Dios.

“Se abrió entonces el santuario de Dios en el cielo, y apareció allí el arca de su Alianza, y se produjeron relámpagos, estruendo y truenos, temblor de tierra y fuerte granizada” Apocalipsis 11,19.

¿Qué es lo que hay que destacar aquí? Fíjate que sí tiene sentido mirar a los dos testigos como la santidad dentro del clero y la santidad dentro de los laicos; ambos enemigos del mundo y rechazados por el mundo, y de algún modo se ven derrotados. Pero luego ya no queda lugar para la Iglesia como la hemos conocido, ya no queda lugar para el pueblo de Dios como era cercano a nosotros, ¿por qué? Porque lo que viene es el establecimiento definitivo del Reino de Dios. Esas son las circunstancias en que nos encontramos cuando suena la séptima trompeta.

Lo que sigue ahí entonces es que cuando se declara el Reino de Dios pues ya es el comienzo realmente de la confrontación, ya lo que viene ahí es que hay que dar la pelea y entonces aparecen los enemigos, y los enemigos que aparecen ¿cuáles son? Aparece el dragón, aparece la bestia, aparecen finalmente las plagas, hacia el final del capítulo quince.

Entonces miremos un poco cómo funciona esto. Cuando se declara el reinado de Cristo, el dragón tiene que salir, y esa es la primera victoria de Cristo: al demonio le toca mostrarse. ¿Por qué es victoria de Cristo? Porque el estilo del demonio ha sido siempre esconderse, el tener que mostrarse ya es su primera derrota, y por consiguiente, es la primera victoria del Señor.

Apareció en el cielo un signo sorprendente: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y tocada con una corona de doce estrellas. Está encinta, y grita por los dolores del parto, por el sufrimiento de dar a luz. Apareció después otro signo en el cielo: un gran dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, que llevaba sobre sus cabezas siete diademas. Barrió con su cola la tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra” Apocalipsis 12,1-4.

Esta caída de las estrellas por obra del dragón ha sido tradicionalmente vista como aquellos ángeles que siguieron a Luzbel y que, por consiguiente, son los ángeles caídos. Obsérvese cómo sigue la misma proporción de lo otro, ¿no? Es la tercera parte. Por fuerte que parezca el demonio, más fuerte es el bien; por abundantes que parezcan los demonios, por lo menos el doble son los ángeles aliados nuestros y fieles a Dios.

“Barrió entonces con su cola la tercera parte de las estrellas del cielo. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado y llevado hasta Dios y su trono. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada por mil doscientos sesenta días” Apocalipsis 12,4-6.

¿Qué aprendemos de este texto? Pues varias cosas. En el Génesis aparece la hostilidad entre la serpiente y la mujer. La serpiente en el Génesis atacó a la mujer. Como lo hemos comentado en varias homilías, hay una razón para esto: la mujer es ministra de la vida, atacar a la mujer es atacar la fuente misma de la vida humana, de eso es de lo que se trata. Envenenar el corazón de la mujer, corromper el cuerpo de la mujer, dañar la mente de la mujer, desconectar el espíritu de la mujer del Espíritu de Dios, eso es destruir la raza humana.

Entonces, fíjate cómo hemos llegado al capítulo once, después de todos estos sellos y estas trompetas, y lo que encontramos aquí es que en el fondo, en el fondo mismo de la historia humana, la historia sigue siendo el Génesis. Eso es lo que encontramos. Que las causas o las razones, que no son razones del enemigo para atacar a la raza humana, han sido las mismas siempre. Es como si se destapara el último cimiento de la Creación, y lo que apareciera es: Fíjese que siempre ha sido lo mismo, siempre el ataque a la mujer.

¿Quién es esta mujer? Pues hay varias interpretaciones. Por aquello que se dice de la mujer que da a luz a este que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro, pues hay una referencia a María, hay una referencia al pueblo de Dios y hay una referencia a la mujer como tal, es decir a las mujeres; hay como esa triple interpretación ahí.

Lo que parece más probable es que en primer lugar, la primera referencia o la primera alusión es al pueblo de Dios como tal; y por eso aparece con los dolores de dar a luz, porque la llegada del Mesías para el pueblo de Dios supuso toda esa tortura que empieza con el exilio y toda esa humillación que conocemos como el tiempo de los pobres de Yahveh. Entonces la primera referencia de esta mujer, es el pueblo de Dios.

Pero, no quita, no elimina que haya también una referencia a la virgen María, a la Madre de Jesús. La razón por la que parece preferible mirar lo del pueblo es porque la manera como sigue aquí: "La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta días. Apocalipsis 12,6.

Eso no hay cómo hacerlo coincidir con la Virgen, es decir, esos tres años en el desierto, porque fíjate que el niño fue arrebatado y llevado hasta Dios y su trono, entonces la mujer queda, y queda pero queda tres años en el desierto.

No hay manera de aplicar eso directamente a la Virgen María, esos tres años y medio, en cambio, sí nos hablan de algo: nos hablan de la mitad de un tiempo perfecto; esos tres años y medio son el tiempo en el que la Iglesia está como protegida, como pasando, como peregrinando por el desierto mientras llega el auxilio de Dios.

En resumen, suena la séptima trompeta, se declara el reinado de Dios, y ya el enemigo no puede seguirse escondiendo, ya tiene que mostrarse, y cuando se muestra, muestra lo que ha sido su estrategia de siempre. Su estrategia de siempre es atacar las fuentes de la vida, su estrategia de siempre es atacar a la mujer.

Y aparece también que esa mujer pueblo de Dios, esa mujer que es Israel, es la "doncella de Israel", como le llaman los profetas, da a luz al primogénito, da a luz al que rige con cetro de hierro, y ese niño sube hasta Dios, -ese es el misterio de la Ascensión-, pero la mujer queda, el pueblo de Dios queda, queda por tres años y medio, tres años y medio, mil doscientos sesenta días en las cuentas de ellos, con esos años lunares que ellos utilizaban.

O sea, para ellos el año tiene trecientos sesenta días. Entonces, esos tres años y medio son la mitad de un tiempo perfecto, algo así como que la mitad del tiempo ha sido antes de Cristo y la mitad del tiempo después de Cristo, de modo que Cristo es el centro del tiempo, eso es lo que se quiere decir con los tres años y medio.

El tiempo de la Creación es un tiempo perfecto, como si fueran siete años. Cristo está en el centro del tiempo, entonces después de Cristo ¿qué quedan? Tres años y medio; y durante esos tres años y medio esta mujer, que es la doncella de Israel, que es el pueblo de Dios, que es la Iglesia, está en el desierto. Entonces la vida de la Iglesia es un peregrinar, es un caminar en el desierto. El modelo de la Iglesia es Israel, y lo que la Iglesia experimenta es su radical dependencia de Dios.

Entonces el dragón fracasó en su intento de destruir al niño, de destruir la vida y de destruir la mujer. “Se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón, también el dragón y sus ángeles combatieron, pero no vencieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. El gran dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo o Satanás, el seductor del mundo entero, -fíjate los nombres que son todos importantes-, fue arrojado a la tierra junto con sus ángeles” Apocalipsis 12,7-9.

Serpiente, por todas esas referencias antiguas; diábolos, es una palabra que significa "el que crea división"; Satán, es una palabra que significa "el acusador", y de él se va a volver a hablar después, "el que los acusaba durante día y noche" Apocalipsis 12,10.

Ese es el acusador, el que busca la perdición de la raza humana, y busca la perdición porque la raza humana es imagen de Dios, su odio es Dios, pero como nosotros somos imagen y semejanza de Dios, y como somos de alguna manera ministros suyos en la Creación y en la Historia, pues por eso el odio hacia nosotros. Satán significa "acusador"; diablo significa "el que causa división".

“Oí entonces una voz potente, que decía en el cielo: Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios” Apocalipsis 12,10.

Téngase en cuenta que así como hay el acusador, hay el defensor. El defensor es el Paráclito, o mejor dicho, los Paráclitos. Los paráclitos son dos: el primer Paráclito es Jesucristo, y el segundo Paráclito o abogado es el Espíritu Santo.

“Por eso, regocijaos, cielos y en los que ellos habitáis. !Ay de la tierra y del mar! Porque el diablo ha bajado a donde vosotros enormemente enfurecido, sabiendo que le queda poco tiempo” Apocalipsis 12,12. La estructura misma de la Iglesia, si nuestra interpretación de los dos testigos es correcta, la estructura misma de la Iglesia ha quedado como desarticulada. Es un momento de terrible confusión y en tales circunstancias se presenta esta batalla final.

“Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Pero le dieron a la mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo. Entonces el dragón vomitó de sus fauces como un río de agua cuando la mujer escapaba, con intención de arrastrarla con su corriente” Apocalipsis 12,13-15

Recordemos que el agua es ministra de la muerte en la Biblia. Es ambigua porque trae vida, y si no hay agua, pues hay sequía y hay muerte; pero también es ministra de la muerte. El agua es sinónimo de confusión, es sinónimo de caos. La gran aparición del agua es el diluvio que sirve como castigo de muerte.

Entonces el demonio arroja esa agua, agua de muerte. "Pero la tierra abrió su boca y absorbió el río vomitado de las fauces del dragón. Despechado contra la mujer se fue a luchar contra el resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y se mantienen firmes en el testimonio de Jesús” Apocalipsis 12,17. Fíjate que la mujer solo había dado a luz un hijo, pero tenía muchos hijos, es bellísimo, ¿no? Porque nosotros somos hijos en el Hijo. No puede destruir a la Iglesia como tal, entonces va como uno por uno.

Hasta ahí vamos por el momento en esos comienzos de la confrontación. Lo más interesante para mí es cómo, al anunciarse el Reino de Cristo, se ve obligado a aparecer el mal; y cómo, de esa revelación del mal, lo que sale finalmente es una gran victoria....[[Categoría:Apocalipsis 011_015|Apocalipsis 11,15].