Apocalipsis 08: Llega el Día del Señor

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Tema 8. Llega el Día de Yahveh

http://fraynelson.com/blog/2011/06/23/apocalipsis-08-de-12-llega-el-dia-de-yahveh/


Es bueno descubrir una especie de telón de fondo que está detrás de todas estas visiones proféticas preparatorias a la confrontación.

Recordemos la estructura básica del libro del Apocalipsis: Jesús es “el que era, el que es, y el que ha de venir” Apocalipsis 1,8. Como Jesús es el que era y el que es, entonces Él es el que conoce a su Iglesia, y eso es lo que ha aparecido en los capítulos del uno al tres.

Como Él es el que ha de venir, entonces leemos en el capítulo cuarto lo siguiente: “Vi una puerta abierta en el cielo, y aquella voz que me había hablado antes, parecida al sonido de una trompeta me decía: sube acá que te voy a enseñar lo que has de suceder después” Apocalipsis 4,1. Este será el tema entonces para los siguientes capítulos.

Pues bien, hay un telón de fondo para eso que ha de venir, lo que ha de venir es nuevo en cierto sentido, pero ya había sido anunciado también, y se trata del gran tema del día de Yahveh. Yo creo que tenemos que detenernos un poco en esta expresión, una expresión que tiene su presencia ya en los profetas pero que alcanza como su máxima densidad precisamente en estas visiones del Apocalipsis.

El día de Yahveh es una imagen que se va enriqueciendo en las palabras de distintos profetas, es un día de justicia, es un día de pasar la cuenta, es el día del gran juicio, y por eso para entender lo que es el día de Yahveh tenemos que decir alguna palabra sobre cómo se entiende la justicia.

Yo he encontrado, a lo largo de los años, que tal vez el camino que tenemos que en nuestra lengua castellana para acercarnos al concepto de justicia como está en la lengua hebrea, quizás la palabra que más nos sirve es la palabra "ajustar". Esta palabra tiene su origen o tiene su relación con "justicia", pero es que sirve mucho, "ajustar", lo contrario de ajustar es desajustar, el mundo está desajustado, la vida está desajustada y Dios quiere ajustarla.

Son muchísimas las palabras que tienen que ver con justicia porque también se podría decir "ajusticiar", o se podría decir "juzgar", o se podrían decir muchas otras, pero creo que una las que más nos sirve es esta, "ajustar". Si algo está desajustado y llega el artesano, o llega el herrero, o el carpintero, entonces lo ajusta.

Ajustar ¿qué es? Es tomar lo que estaba torcido y llevarlo a su camino, a su estándar, a su norma. Por ejemplo, hay una escalera que tiene un pasamanos, pero resulta que ese pasamanos es de hierro y tiene una barra de madera, pero la barra de madera que tiene se ha desajustado, se ha apartado, la madera dañó, se humedeció, lo que sea, se ha desajustado, entonces lo que hay que hacer es ajustarla.

Cuando Dios hace justicia, lo que hace es ajustar el mundo, porque el mundo se ha apartado del camino de Dios; el mundo se ha torcido, entonces hay que enderezarlo. Son ideas en realidad muy sencillas, aquí realmente no estamos haciendo grandes descubrimientos.

Y ese acto de ajustar es entonces deshacer la obra del pecado y volver al plan de Dios. Eso es lo que significa ajustar. Porque el pecado es torcimiento, es divagación, es apartarse, entonces el acto de ajustar es traer lo que estaba torcido y ponerlo en su lugar; deshacer la obra del pecado y volver al plan de Dios. Así vemos, por ejemplo, que el hijo pródigo se había apartado, de hecho, geográficamente se había apartado.

La parábola de Lucas , capítulo quince, nos dice: “Se fue a un país lejano” San Lucas 15,13, se ha apartado; pero allá recibe como esa luz, como esa gracia de conversión, y entonces él vuelve sobre sus pasos, eso es deshacer la obra del pecado; deshace la obra del pecado y vuelve al plan de original, vuelve a la casa de Dios. Esa es la idea de ajustar.

Entonces hacer justicia es ajustar, hacer justicia es deshacer la obra del pecado y es volver al plan original de Dios. Pero resulta que aquí es donde empieza la confusión. Hacer justicia, o lo que aquí hemos dicho, ajustar, se dice a veces con una palabra que engendra confusión: hacer justicia es justificar.

Fíjate que este verbo "justificar", con esa raíz que aparece al final, significa hacer. Por ejemplo, panificar es volver pan; rectificar es hacer recto, volver recto; justificar es hacer justo. Entonces, lo que en las Biblias llaman, -incluyendo los escritos de San Pablo-, llaman justificar, y lo que sale de aquí, el sustantivo abstracto, "justificación", la justificación ¿qué es? La justificación es el acto de justificar, justificar es hacer justo, hacer justo es ajustar, no son cosas complicadas, pero nos van aclarando.

Porque ejemplo, en nuestro español usual, cuando se dice "justificación", eso se parece mucho a una excusa. Si a alguien le dicen: "Mire, no se justifique, ¿qué se le quiere decir?: "No diga excusas, -además excusas inanes, inútiles-, no diga excusas", y resulta que el genio de la lengua hebrea va por otro lado completamente. La justificación es llegar a hacer justo, y llegar a hacer justo es ajustar, y ajustar es deshacer la obra del pecado y volver al plan de Dios.

Pero ese volver al plan de Dios no es simplemente, -y en esto sí nos apartamos de la metáfora o de la comparación con la escalera-, volver al plan de Dios no es algo simplemente mecánico; la cercanía entre ese trozo de madera y el hierro, es una cercanía solamente física, pero uno no puede estar cerca de Dios simplemente en términos físicos, porque Dios no es un cuerpo; estar cerca de Dios es estar en buenos términos con Él, es estar, como lo describen los Padres Germán Correa y Pedro Ortíz, en el Leccionario colombiano, "es estar a paz y salvo con Dios".

El resultado de la justificación, el resultado de justificar, el resultado de ajustar es deshacer las obras del pecado y volver al plan original de Dios, quedando a paz y salvo con Dios, quedando en buenos términos con Dios; es estar de una manera libre, amigable, transparente, descansada como uno está con un amigo. Esta idea es muy importante porque entonces nos cuenta qué es lo que quiere decir el juicio de Dios.

El juicio de Dios no es entonces una explosión de su disgusto, aunque así lo describan los profetas antropomórficamente hablando: “Viene del día de Yahvéh, día grande y terrible, día de nubarrones, día de truenos”, no sé qué. En esas descripciones uno puede pensar que todo consiste simplemente en que Dios iba llevando cuentas, ¿no? Dios iba diciendo: "Bueno, va una, van dos, van tres, ¡ya no me aguanto más, ya no me aguanto más, esto se acabó!" Y entonces Dios explota y en esa explosión de su ira, pues revienta la creación y que caiga quien caiga, porque Dios se puso bravo.Eso no tiene nada que ver con lo que aquí aparece.

Entonces de aquí, de justificación, podemos entender lo que es el juicio. El juicio de Dios ¿qué es? El juicio de Dios es el gran ajuste de la creación, y de justificación también podemos entender lo que es un justo. Por ejemplo, se dice de Zacarías y de Isabel que eran justos; se dice del anciano Simeón que era justo, entonces este "justo" ¿qué quiere decir? Justo quiere decir ajustado, el que se ajusta al plan de Dios, o el que ha sido ajustado al plan de Dios, el que sigue el camino del Señor, es lo que quiere decir justo.

En general la palabra justo en la Biblia corresponde en términos morales a lo que nosotros llamaríamos una persona santa, una persona que sigue el camino de Dios, una persona correcta, una persona que delante de Dios vive en amistad con Él. Entonces el día de Yahveh ¿qué es? Pues es el día del ajuste, es el día de ajustar la creación.

Bueno, teniendo ya más o menos claras estas ideas, podemos dar un paso más, y este paso tiene que ver con lo que el Concilio Vaticano II llama la autonomía relativa, autonomía de las realidades creadas.

Es decir, lo que ahora nos tenemos que preguntar es: ¿cómo sucede este ajustar? ¿Cómo sucede esta intervención divina? O dicho de otra manera: dado que nosotros los seres humanos gozamos de libertad, pues da la impresión de que una intervención divina, puramente externa, sería algo así como abusiva y como desconectada de la historia. Es decir, ¿cómo se relaciona el entretejido de las libertades humanas y de las acciones humanas con el juicio de Dios? Esa es la pregunta, ¿eso cómo se relaciona? Y esto es lo que nos va a llevar a un concepto muy interesante que es la plenitud de los tiempos.

Fíjate en el capítulo trece de la Primera Carta a los Corintios, dice el Apóstol San Pablo: “El amor no lleva cuentas” 1 Corintios 13,5. Entonces parece muy extraño que Dios, Dios mismo que es Amor, esté llevando cuentas, como diciendo: "Bueno, un día que no se levantó; otro día, y no se levantó; otro día, y no se levantó".

Por supuesto que Dios lo sabe todo, pero es que la expresión "llevar cuentas" es algo así como un tomar distancia para esperar el momento de caer, esa es la idea de llevar cuentas. Como sucede a veces en las parejas, que se van llevando ese tipo de cuentas, ¿no?: "Llega tarde, llega tarde, llega tarde, entonces me voy a aguantar una vez más, pero a la próxima que me llegue tarde, le digo".

Es decir, eso supone una distancia, un distanciamiento interior, eso es vigilar como el cazador a la presa: "Estoy esperando el momento, la hizo, ese es mi momento, se le cae". No podemos imaginar a Dios de ese modo.

Entonces fíjate que hay dos problemas que hay para resolver. Primero, ¿cómo se articula ese correr y tejerse de las voluntades y actos humanos con el juicio de Dios? Y segundo, que Dios no es un Dios que esté llevando cuentas, ese no es un Dios, aunque Él lo sabe todo, lo típico y lo propio de la expresión "llevar cuentas" no es característico de Dios, entonces ¿qué es lo que sucede? Bueno, la explicación de nuestro amigo Santo Tomás, la da con respecto al tema de la ira, él dice que la ira de Dios es una expresión de la acumulación de las consecuencias del pecado.

Con esa explicación quedan resueltas las dos objeciones que hemos dicho, no es que Dios intervenga abusivamente como al margen de las libertades humanas, sino que precisamente nuestros actos humanos tienen consecuencias, esas consecuencias se amontonan, y el amontonamiento, la montaña de nuestras consecuencias cae sobre nosotros mismos.

Entonces el tiempo, de la visita de Dios, no es un tiempo marcado desde fuera, sino es un tiempo que depende del adentro. Del adentro ¿qué quiere decir? Depende del desarrollo de las voluntades humanas, esto se ve muy bien en el caso de Nínive, ¿no? Este hombre, Jonás, predica y da un tiempo, pero el tiempo que da Jonás, es el tiempo, llamémoslo así, extrapolado, es decir, si las cosas siguen como van, Nínive se acaban en cuarenta días, ese es el sentido de la profecía; pero los profetas no hablan en ese lenguaje condicional.

Jonás lo presenta como un hecho: "Nínive será destruida en cuarenta días" San Lucas 15,13, pero viene una respuesta del rey de Nínive, y viene una respuesta de penitencia y conversión en todo el pueblo, e incluso los animales hacen penitencia, según el relato del profeta Jonás, todo el mundo hizo penitencia.

Y entonces la penitencia y la conversión cambian el reloj; el reloj no está predeterminado, esto es lo mismo que recuerda el Cardenal Ratzinger haciendo una exégesis de los acontecimientos de Fátima, el reloj no está predeterminado, no estamos ante una bomba de tiempo que esté ahí lista para una determinada fecha: "Va a llegar el 2012, va a llegar el 2015".

Pero claro habrá gente que no alcance el 2012, eso también es cierto, pero en todo caso "va a llegar esa fecha y va a explotar", ¿no? Como en las películas de acción de Hollywood, siempre hay una bomba que tiene un número que va disminuyendo: "Once, diez, nueve, ocho, ¡ya esto va a explotar!" No, nosotros no estamos ante un reloj externo, una fecha o una hora predeterminada, sino que los acontecimientos del mundo retrasan o alejan la hora de Dios.

Es lo mismo que nos dice el Apóstol San Pedro: “No es que Dios retrase su venida, sino que con paciencia aguarda a que todos se conviertan” 2 Pedro 3,9, es decir, que las voluntades humanas determinan el tiempo cósmico, ¡ay, Dios mío, qué palabra ésa! Las voluntades humanas determinan el tiempo de la creación, hay una solidaridad imposible de describir en palabras que une a la naturaleza creada con el actuar humano.

Entonces el reloj de la creación pasa por nuestros corazones, el reloj de la creación depende de nosotros, porque en la medida que se acumulan las consecuencias de nuestros pecados, esa acumulación, -la palabra no la utiliza Santo Tomás, pero se podría utilizar-, la acumulación objetiva de las consecuencias de nuestros pecados es lo que produce finalmente la catástrofe. Y esa acumulación objetiva de consecuencias es lo que produce entonces el día de Yahveh, y es lo que produce el juicio de Dios.

De ahí surgen algunas preguntas. Por ejemplo, ¿de qué tipo de consecuencias estamos hablando? Son consecuencias físicas, morales, mentales, intelectuales, espirituales, pero las más fáciles de comprender son las consecuencias físicas. Por ejemplo, si una persona no se alimenta bien, tarde o temprano, eso tiene consecuencias. Si una persona consume droga, pues eso trae consecuencia en su organismo, se acumulan esas consecuencias. Ese es el ejemplo más fácil de entender.

Una persona ha sido alcohólica, seguramente ha arruinado su hígado, entonces le llega una cirrosis, la persona muere. La acumulación de los actos pecaminosos, O mejor, la acumulación de las consecuencias de esos actos, llega a producir una catástrofe, la catástrofe es de alguna manera el fruto de lo que se ha sembrado, dice San Pablo: “El que siembra en la carne, de la carne cosechará corrupción” Carta a los Gálatas 6,8.

Entonces hay unas consecuencias, las más fáciles de entender son esas consecuencias físicas: lo que le sucede al fumador, lo que le sucede al que se contagia de una enfermedad venérea, lo que le sucede al que echa a perder su hígado, lo que le sucede a cualquiera de esos; pero las consecuencias van en todos los órdenes, y eso lo muestra también el Apocalipsis.

Por ejemplo, hay consecuencias intelectuales, estas son interesantes: cómo hay una acumulación de consecuencias intelectuales, dice en algún lugar de la Escritura: “Se volvieron vanos sus pensamientos”, indicando ¿qué? Que la persona que acostumbra su cerebro, acostumbra su mente a pensar tonterías, llega un momento en que queda como blindado, como impermeable frente a la Palabra de salvación, es decir, su dureza, lo impermeable de su mente es una consecuencia de tantos actos de vanidad y de superficialidad.

¡Y Este es un asunto preocupante! Es decir, póngase usted a pensar que la gente realmente más bonita, la gente más bella, las que tienen esos cuerpos de reina de belleza, tienen que adorarse unas cuatro horas al día, ¿cómo se adoran? A base de masajes y gimnasio. Una súpermodelo, según declaran ellas mismas, tiene que pasar cerca de tres horas de ejercicio todos los días o más, y después de ese tiempo necesita no sé cuántos masajes y tratamientos para que su piel esté siempre perfecta.

¿Eso qué quiere decir? Que durante cuatro horas al día esta mujer no hace más que adorarse en un espejo, no hace más que obsesionarse por eso, su única preocupación es que sus músculos estén perfectos, que el tono esté perfecto, que la piel esté perfecta, que el bronceado esté perfecto, y ella está obligando a su cerebro a pensar únicamente en eso: "Mi piel, el tostadito de la piel, el músculo de no sé donde, el gordito de no sé donde".

Ese constante pensar en eso, hace que su cerebro se atrofie en otros aspectos, entonces la persona queda perfectamente insensible, la persona queda perfectamente atontada, bloqueada para aprender otras cosas; este es otro ejemplo de lo que significa acumular consecuencias y llegar a un momento en que la persona está endurecida.

Lo mismo sucede con el pecado, con el pecado también se puede llegar a ese tipo de endurecimiento. Y por eso, aunque cuesta tanto trabajo pronunciar estas palabras, hay que decirlo con claridad: la posibilidad de la condenación eterna es real, ¿por qué? Porque el endurecimiento también es real.

¿Eso ha sucedido, y en alguna persona ha sucedido, y podemos asegurar de alguien con nombre propio que se haya condenado? Nunca lo ha dicho la Iglesia de una persona con nombre propio, nunca, pero que tenemos que admitir como verdadera y real la posibilidad del infierno, eso jamás lo podemos negar, y vemos de dónde sale, surge de este endurecimiento progresivo, que hace que la persona cada vez cierre con otra capa más, con otra reja más, con otra muralla más, cierre su corazón a la gracia, entonces la persona aprende a impermeabilizarse frente a todo llamado del amor de Dios.

Es posible sin embargo que Dios en su infinita generosidad, y Dios en su infinito poder, logre penetrar esas murallas que se acumulan, eso puede suceder, pero en lo que a nosotros respecta, vemos para dónde va este tema; la acumulación de consecuencias produce finalmente a un desastre, esa acumulación de consecuencias es la que lleva al juicio de Dios, es la que lleva al Día de Yahveh.

¿Y cómo sabemos que esas consecuencias se están acumulando? Pues aquí se aplica el gran principio que nos da Jesús, un principio que tiene que ver con lo bueno y con lo malo: "Al que tiene, se le dará; y al que no tiene, se le quitará" San Mateo 13,12.. Es decir, lo bueno llama a más bondad y lo malo llama a más maldad. Se ve muy bien en el caso de la mentira: una persona mentirosa tiene que desarrollar su inteligencia para decir la siguiente mentira, porque toda mentira produce una red de mentiras.

Entonces hay que mentir y volver mentir, pero entonces ya la inteligencia tiene que conectar con la mentira. Pero, a ver, si tengo que decir mentiras con frecuencia, entonces tengo que aprender a dominar mis emociones, porque si la gente va a notar que estoy diciendo mentiras, entonces se pierde.

Todo mentiroso tiene que desarrollar una gran inteligencia, tiene que desarrollar un tremendo control de sus emociones. De un pecado van surgiendo otros y otros, pero una vez que una vez que tengo el control de mis emociones, tengo también control sobre las emociones de otros, entonces puedo dominar a otros, puedo aprovecharme de otros. Esa posibilidad, esa especie de propagación del mal en el corazón humano, es la que hipotéticamente lleva a la figura del anticristo.

¿Qué es el anticristo dentro de este enfoque del juicio de Dios y de la acumulación de los males? Pues el anticristo se refiere a esa realidad humana llevada al último extremo. ¿Qué clase de personaje tendría que ser el anticristo? Tendría que ser una persona supremamente inteligente, con una gran facilidad de palabra, con un dominio completo de sus emociones y con un gran dominio, con un gran control sobre su imagen, tiene que tener una imagen de persona bondadosa, de persona amigable, de persona que hace el bien, tiene que pasar por benefactor.

Entonces el mal se acumula, porque un mal va llamando a otro mal; así como un criminal, para producir sus golpes más certeros, tiene asociarse con otros, no porque los ame, los detesta, prueba de que los detesta es que quisiera deshacerse de ellos, y a veces se deshace de ellos; logrado el crimen, hay que asesinar, hay que destruir a todos los demás; no los ama, pero los utiliza. Entonces el mal llama a otros males, el bien llama a otros bienes, eso es lo que muestra el Apocalipsis.

El Apocalipsis es un libro muy lógico, lo que nos está diciendo el Apocalipsis con todas estas consecuencias de los pecados, por una parte, no es algo que Dios imponga como desde fuera, sino que es el fruto mismo del corazón humano, que va sacando sus consecuencias; y por otro lado, el Apocalipsis está recordándonos una verdad esencial, y es que los males llaman a otros males, los pecados llaman a otros pecados.

Jesús dice que cuando sale ese demonio busca a otros siete demonios peores para llevar a una condición aún más lamentable al hombre del que había salido ese primer demonio.

Este es el esquema, este es el telón de fondo para los sellos, las trompetas y las plagas. El telón de fondo es el Día de Yahveh, el día de Jhaveh es el día de la justicia y el día de la justicia no es que Dios esté mirando un reloj y esté diciendo: "Ya, ésta es la hora", sino el día de Yahveh es el fruto maduro, por eso se habla de la siega, por eso se habla de la cosecha, ha llegado el tiempo de la vendimia, lo vamos a encontrar ahí en uno de los textos, porque la historia está madurando, está madurando a medida que los males atraen a otros males y los bienes atraen a otros bienes.

Es apenas natural, que si los males atraen a otros males, se produzcan centros de acumulación de maldad. En una persona esa acumulación astuta, supremamente artera de maldad es lo que se llama el anticristo, ese es el anticristo, es la acumulación inteligente para propio provecho de todos esos rasgos de la maldad; el mal tiende a acumularse, el bien tiende a acumularse, tarde o temprano tiene que darse una confrontación. El Apocalipsis es un libro muy lógico, tiene que darse una confrontación.

Si los males se van sumando,sumando, y los bienes se van sumando, sumando, pues entonces tiene que darse el momento en el que el bien y el mal tienen que entrar en conflicto, y entonces vendrá la confrontación, y entonces vendrá la victoria, y así termina el libro del Apocalipsis, y así termina la historia humana, y esperemos que así termine también nuestra propia vida.

Con este contexto miremos algunos elementos, algunos versículos de estas imágenes, de estas visiones. El esquema general es sencillo: terminaron las Cartas a las Iglesias, recordemos que las cartas a las Iglesias son un mensaje de Jesucristo, a ver, ¿qué aparecía en al principio de las Cartas a las siete Iglesias? Jesús dice lo siguiente: “Escribe, pues, lo que has visto, lo que ya es y lo que va a suceder más tarde, escribe a la Iglesia de Éfeso” Apocalipsis 1,19, etcétera.

Es Cristo el que manda a escribir esas cartas, y luego es Cristo también que le habla: “Vi una puerta abierta en el cielo, y aquella voz que me había hablado antes, parecida al sonido de una trompeta me decía: Sube acá que te voy a enseñar lo que ha de suceder” Apocalipsis 4,1.

El capítulo cuarto, que es un capítulo muy breve del Apocalipsis, describe el trono de Dios, eso es lo que describe. Se apoya, evidentemente, en el profeta Ezequiel, esas visiones impresionantes, majestuosas de Ezequiel, vuelven a aparecer aquí: El trono de Dios. Dios mismo no se describe, "es uno que está sentado en el trono, hay un arco iris alrededor de Él, y hay veinticuatro tronos alrededor del trono" Apocalipsis 4,2-4, el veinticuatro es dos veces el número doce, es el Israel de la Antigua Alianza, y el Israel de la Nueva Alianza, es decir, todo Israel.

“Del trono, relámpagos y truenos, gran estruendo, las siete antorchas de fuego, los siete espíritus de Dios” Apocalipsis 4,5, de los que ya hemos hablado, que no sabemos si corresponde a los siete dones del Espíritu, o si se refiere a siete Ángeles; entre otras cosas, hay toda una tradición que habla de los siete Ángeles, y esto ha sido problema y objeto de discusión en la Iglesia.

Y como en la Biblia aparecen sólo los nombres de tres Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael, hay personas que han buscado los nombres de los otros cuatro, interpretando que estos siete espíritus son los siete Arcángeles, y entonces la idea de ellos es que esos nombres se pueden sacar de otros libros, de lo que se llama literatura apócrifa, en concreto el nombre que más se repite es el de un Uriel, y luego vienen otros nombres que se suponen que serían los nombres de los otros cuatro que no están mencionados explícitamente en la Biblia.

La Iglesia finalmente ha rechazado eso, la Iglesia ha rechazado que se utilicen otros nombres de Ángeles, si no son los que aparecen expresamente en Escritura, por una muy buena razón, y es porque no tenemos manera de afirmar nada con algún grado de certeza sobre esos otros arcángeles. Se puede decir algo de Gabriel, se puede decir algo de Miguel, se puede decir algo de Rafael, porque aparecen, pero de los demás ¿qué se puede decir? ¿Qué tan serio se puede tomar la literatura apócrifa?

Hay cosas que parecen, digamos hermosas, bien escritas, pero también hay una cantidad de desfiguraciones, algunas con buena intención. ¿Te acuerdas que de niños tal vez nos leyeron esa historia, o la leímos, de cómo Jesús hacía unos pajaritos de barro, y los pajaritos de barro de Jesús volaban? Pues eso parece simpático, pero eso niega a Cristo, eso niega la humillación de la vida oculta de Cristo, eso niega la Biblia, y parece que le está haciendo un elogio a Cristo, pero es una negación de Cristo.

Otro evangelio apócrifo cuenta, que cuando la Sagrada Familia iba para Egipto, entonces las palmeras se extendían para hacerles sombra, y eso niega la humillación de Cristo, eso niega la pobreza de un desplazado, eso es una burla para los que no tiene palmeras que les hagan ese favor.

En la literatura apócrifa, incluso aunque hubiera buena intención, ¡el daño que se hace es terrible! ¿Cómo puede uno creer en la literatura apócrifa? En la literatura apócrifa salen distintas cosas, hasta alguna de ellas blasfemas, como varias sugerencias de amor entre Jesús y María Magdalena, eso también aparece en la literatura apócrifa. Entonces, si ese es el tipo literatura que me va a dar a mí los otros nombres de Ángeles, ¿qué autoridad tiene esas historias sobre Ángeles?

Bueno, existe otra posibilidad, y es que hay personas que han tenido visiones sobre Ángeles y han descubierto, o dicen que les ha sido revelado nombres Ángeles, incluso de muchos Ángeles. El caso más notable es el de esta señora, aparentemente muy santa, la del "Opus Angelorum", Gabriela se llamaba, una señora muy mística, una señora muy santa ella, se supone que ella recibió una cantidad de nombres de Ángeles, es posible que sí, y hay mucho de la doctrina que aparece ahí, que uno dice, podría ser.

Pero el problema de la Iglesia es este: ¿Cómo pueden aplicar su autoridad ahí? ¿Cómo puede aplicarla? ¿Eso es verdad o no es verdad? No hay manera de saberlo. Entonces decir que eso es verdad, pues es gravísimo porque no tiene ninguna comprobación, no ninguna base, ni en la Tradición ni en las Escritura, y decir que eso es mentira, tampoco se puede decir.

Lo que el Vaticano ha dicho a esta gente del "Opus Angelorum" y a los entusiastas de los escritos de la Madre Gabriele es que eso no se puede utilizar, y ahí están estos escritos, algunos dicen que son para devoción privada, lo que sea, pero no se puede utilizar, y una verdadera angelología o una verdadera teología de los Ángeles no anda explicando nombres, sino que contará otras cosas sobre estos seres espirituales.

Este es uno de los muchos casos en los que el Apocalipsis ha conducido a callejones sin salida, porque la la gente que ha afirmado esos nombres de Arcángeles, ¿en qué queda finalmente? Lo más sano, me parece a mí, es seguir la interpretación, muy prudente y siempre muy sobria, que da la Iglesia, y esa interpretación siempre ha dicho que estos siete espíritus se refieren o a la plenitud del único Espíritu, o se refieren a, efectivamente, Ángeles Santos de Dios, sin dar nombres, o se refieren a los dones del Espíritu.

Bueno, es una visión hermosa, reaparece el cántico de Isaías: “Santo, Santo, Santo, es el Señor todopoderoso” Apocalipsis 4,8; y aparecen esos cánticos que tenemos, bendito sea Dios, en Vísperas: “Eres Digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; por tu voluntad existe y fue creado” Apocalipsis 4,11.

Una cosa para añadir en este capítulo cuarto, que es la visión del trono de Dios, es que aparecen también cuatro vivientes, que ya desde ya el siglo II han sido interpretados como imágenes de los Evangelistas. Fue sobre todo San Irineo el que empujó esta interpretación. Entonces aparece un toro, aparece un león, aparece un águila y aparece un hombre. Y entonces se dice que el toro o novillo es San Mateo, el león es San Marcos, el águila es San Juan y el hombre es San Lucas. Se dice de San Lucas es el “Evangelista Humanitatis Christi”, es el que nos ha presentado los aspectos como más humanos de Jesucristo.

Esta interpretación es alegórica y es bonita. Entonces por eso se asocia a Marcos con un león, y por eso aparece Mateo con el toro, y por eso aparece el águila de san Juan, el Evangelista teólogo que se ha remontado hasta las alturas del Verbo y del Logos, antes de la Encarnación.

Son imágenes alegóricas, bonitas, pero en su interpretación original no tienen que ver con eso. La interpretación original es que el número cuatro es el número del cosmos, es el número de la creación, y al parecer estos cuatro seres espirituales, estos cuatro gigantes poderosos están indicando fuerzas espirituales que gobiernan el mundo del cosmos, que gobiernan la creación, desde luego de parte de Dios.

Adoración, esa es la palabra que aparece en torno a este trono: "Los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos, y arrojan sus coronas delante del trono, diciendo: “Eres Digno Señor, Dios nuestro....” Apocalipsis 4,10-11.

Aquí hay algo importante que decir y es lo que tiene que ver con la eternidad. Se supone que esta escena acontece en el cielo, acontece en la eternidad. Lo que voy a decir va a sonar un poco irrespetuoso para algunos oídos piadosos, así que prepárense.

Estos ancianos arrojan sus coronas, luego ¿quién se las recoge? Porque dice aquí: “Cada vez que los vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado, los ancianos tiran las coronas” Apocalipsis 4,9-10, pero luego tendrán que recogerlas. Es ridículo, ¿cierto? Es una escena ridícula, uno se imagina a esos pobres viejitos buscando cada uno su corona, volviéndosela a poner, y esperando a que llegue otro momento de alabanza para volver a tirar la corona.

¿Tú te acuerdas de lo que dijimos de que no se pueden sumar las imágenes, sino que hay que tomar cada imagen en sí misma, y lo que hay que sumar son los significados? Entonces las coronas ¿qué indican? Las coronas indican, desde luego, realeza.

Estos son príncipes de la tierra, estos son los seres más importantes de la humanidad, y ellos, los reyes, reconocen que al Único Rey, -por eso se quitan la corona-, reconocen que sólo Dios es Rey, sólo Dios Reina, casi hay aque hay un eco aquí del lema de San Miguel Arcángel: "¿Quién como Dios?" Se quitan la corona y la arrojan, renuncian a ser reyes, reconocen que solo Dios es Rey.

Pero hay algo interesante y es la repetición de la escena. Mira lo que dice antes: “Cada uno de los cuatro vivientes tiene seis alas" Apocalipsis 4,8, -esto proviene por supuesto de Isaías-; "están llenos de ojos todo alrededor y por dentro" Apocalipsis 4,8, -ya uno siente que eso es un monstruo-, ¡no! Cada ojo indica conocimiento, el estar llenos de ojos significa una plenitud de conocimiento que Dios les ha dado, conocimiento de lo interior y de lo exterior.

“Repiten sin descanso día y noche ¡Santo, Santo, Santo!” Apocalipsis 4,8; y cada vez que ellos repiten: ¡Santo, Santo, Santo! Y cada vez que ellos repiten Santo, Santo, Santo, los ancianos arrojan sus coronas. ¿Qué debe entender uno de esto? Que la eternidad, para ser descrita en imágenes, pues, no resulta tan sencilla, la eternidad en imágenes es complicada.

Nos explica nuestro querido Santo Tomás de Aquino que las imágenes provienen del mundo sensible, las imágenes y la imaginación provienen del mundo sensible, y el mundo sensible y el mundo material, el mundo que depende de la materia es exactamente lo que no hay en el cielo ni en la eternidad; esto quiere decir que no hay imágenes apropiadas de la eternidad, no hay manera de describir el cielo en imágenes, logrando en esa descripción algo que sea verdadero.

Lo que nosotros podemos hacer es tomar aspectos del cielo y tratar de describirlos en imágenes, pero no existe una traducción entre la eternidad y la imaginación, no se puede imaginar lo que ni el ojo vio ni el oído oyó; no hay manera de traducir la eternidad a nuestra imaginación, esta advertencia es severa porque es algo que renace sin cesar, y hay personas que incluso pueden decir: "Bueno, -como alguien comentaba-, pero además de cantar "Santo, Santo, Santo", ¿qué más hacen los Ángeles? Porque el cielo puede ser aburrido según eso, es un cielo aburrido.

No hay manera de traducir la eternidad en el tiempo, no existe esa manera, entonces ¿qué se ha utilizado para traducir la eternidad? Se han utilizado tres tipos de imágenes: una imagen es el punto, otra imagen es la flecha y otra imagen es el ciclo. El problema de la eternidad es que precisamente no tiene tiempo. El difunto Padre Pastor Prada, nos describía la eternidad, buscando que nos enfervorizásemos de novicios, nos describía la eternidad como un asombro que hace desaparecer el tiempo y que nunca acaba, es una imagen bella, eso es un punto, el asombro que es como un punto.

Supongamos que una persona, quizás un niño, que llega a un parque maravilloso, ¡se supone que Disney World es uno de los parques más fantástico que se pueda imaginar! El niño va en el carro con su familia y llega por primera vez a Disney World y entra y mira ese castillo, y mira todo lo que hay, y todos los juegos, y todos los mecanos, y todas las cosas que eso tiene, todas las atracciones, y el niño queda en un asombro total.

Ese momento de asombro, que es como un éxtasis natural de unos cuantos segundos, algo nos dice de la eternidad y del cielo. El cielo es como un punto, un momento de asombro, y cuando el niño está asombrado, en esos pocos segundos en que vive ese asombro, porque ya después inmediatamente la mamá lo regaña: ¡Mijo, venga para acá, tenga cuidado con eso!" Pero antes del primer regaño que le dará la mamá, el niño está como en éxtasis, y en esos segundos que dura su éxtasis, el tiempo no pasa para él. Esa es una imagen de la eternidad: el punto, un asombro en donde el tiempo desaparece y que dura para siempre.

Me acuerdo del Padre Pastor contándonos qué era morirse y qué era entrar al cielo. Y él decía: "Llegar al cielo es sentir ese asombro, pero un asombro que ya no termina, el tiempo sencillamente desaparece". Ese es un modo bonito de describir la eternidad como un punto, un punto, el punto, el instante, el asombro.

Otra manera de describir la eternidad es como una flecha. La eternidad se describe también como una sensación creciente, como una alegría que no acaba. Por ejemplo, en el libro del Apocalipsis se describe, más adelante, claro está, la Jerusalén del Cielo y la visión de los pueblos que van entrando, es como una alegría que va creciendo.

Así como cuando en una familia llega una fecha importante, por decir la Navidad, y van llegando: ¡Mira, que ya llegaron los primos!, ¡Ay vino el tío no sé cuanto! ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¡Ya llegó...!" Esa alegría creciente, la alegría creciente del banquete, la alegría creciente de la fiesta, la alegría creciente de la reunión, eso es describir el cielo como una flecha.

Otra descripción parecida es la que utilizan los que hablan del cielo como un océano, un océano en el que uno puede sumergirse y hundirse, uno puede sumergirse, uno puede hundirse en el océano infinito, en el océano luminoso del Amor Divino, y nada termina.

Decía San Juan de la Cruz, en la lectura que ustedes recuerdan, San Juan de la cruz dice que Cristo es como una mina donde uno entra en uno de esos socavones y dentro de ese encuentra otro, y dentro de ese otro, y otro, y otro, ¡y eso no acaba! Esa es otra imagen del cielo como una flecha que cada vez crece; no es que el cielo sea así, porque si el cielo fuera así estaríamos hablando del tiempo, tendría que haber tiempo, en el cielo no hay tiempo; pero estas descripciones nos ayudan a percibir eso, a percibir de algún modo, un aspecto, ¿cierto? Lo que ni el ojo vio ni el oído oyó.

Lo mismo aparece en la otra imagen, que es el ciclo, el ciclo que se repite, porque también el ciclo tiene su propia alegría, esto lo saben bien los enamorados, por eso los enamorados repiten un determinado ciclo, es el juego del "-yo te quiero, ¿tú me quieres?" "-Sí, yo también te quiero", "-yo te quiero más", "-yo también te quiero", y repita. ¿Qué es lo que trae el ciclo? El ciclo lo que trae es la sensación de que esto es para siempre, de que esto no lo puede destruir nada, esto estará siempre ahí, y por eso las parejas no quieren que ese momento termine.

Esas son las tres grandes imaginaciones de la eternidad, pero esas son eso, imaginaciones. Cuando aquí se habla de que cada vez arrojan las coronas, no es que arrojan y recogen, arrojan y recogen, sino es una manera de decir que es una adoración perfecta, perpetua, completa, irrevocable, estable, es una adoración de los ancianos que representan a lo más noble de la raza humana y del Israel de Dios, adorando. Eso es lo que dice Santo Tomás.

Del ciclo lo que se tiene que tomar es la idea de la estabilidad; de la flecha hay que tomar la idea de la intensidad; y del asombro hay que tomar la idea del éxtasis. Entonces uno toma la idea, según esto Santo Tomás, la idea, no imaginación, no la imagensino la idea, sí nos aproxima un poco a la eternidad.

En el capítulo quinto aparece el Cordero, pero antes del Cordero aparece el libro de los designios de Dios: “¿Quién es Digno de abrir el libro y arrancar sus sellos? Pero nadie era capaz, ni en el Cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra. Yo no paraba de llorar, porque no se podía encontrar a nadie digno que pudiera abrir el libro ni leerlo. Pero uno de los ancianos me dice: No llores, ha triunfado el león de la tribu de Judá, el retoño de David, Él podrá abrir el libro y sus siete sellos” Apocalipsis 5,2-5.

Y entonces aparece el Cordero degollado, también la figura es monstruosa, pero ya no vamos a insistir en esto porque ya tenemos la claridad al respecto.

"Siete cuernos" Apocalipsis 5,6, el cuerno es imagen del poder, entonces el altar del Templo de Jerusalén tenía dos cuernos, de Moisés salían destellos de poder, pero eso en hebreo se dice cuernos, por eso algunas veces se representa a Moisés como si tuviera unos cuernos, que eso queda repugnante, pero es por eso, por falta de falta de conocer el idioma hebreo.

Esos cuernos a lo que aluden es destellos de poder, fuerza. El altar tenía dos cuernos y de Moisés salía como el poder; lo mismo aparece aquí: "Siete cuernos" Apocalipsis 5,6, ¿qué quiere decir siete cuernos?: "Me ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra"; "siete ojos" Apocalipsis 5,6, quiere decir "pleno conocimiento, conozco tus obras, conozco tu conducta".

Y dice: “Se acercó, tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero” Apocalipsis 5,7, esto se llama adoración. Yo pregunto: ¿Cómo existen todavía seres humanos que pretenden negar la divinidad de Cristo? Es que más claro no puede estar ahí, los mismos que adoran a Dios y los mismos que tienen un gesto específico de adoración hacia Dios, le dan ese gesto hacia Jesucristo.

“Los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, tenía cada uno una cítara, señal de alabanza, y copas de oro llenas de perfume” Apocalipsis 5,8, son cálices donde se ofrece ese incienso perfumado. Luego viene ese cántico que ustedes lo interpretan a veces bien, a veces no tan bien: “Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y compraste para Dios hombrea de toda raza, lengua pueblo y nación” Apocalipsis 5,9.

Entonces sigue sigue la visión, ya apareció el trono, ya apareció el libro,ya a apreció el Cordero, y entonces tienen que abrirse los siete sellos.

Cuando se abren los sellos, ¿qué es lo que está sucediendo? Pues está llegando este juicio de Dios, y eljuicio de Dios empieza por aquellos males que Dios había anunciado por boca de los profetas. Lo primero que aparece es un caballo blanco, sobre el caballo blanco hay dos interpretaciones. Se rompe el primer sello y sale un caballo al galope, un caballo blanco, ese el caballo tiene dos interpretaciones.

El caballo era característico de los partos; acuérdate en Pentecostés, hablamos de los partos, medos y elamitas. Los partos utilizaban caballos blancos muy bien adiestrados, muy bien enseñados, y los partos luchaban de modo feroz contra el imperio Romano, entonces podría referirse a la guerra. Pero mucha tradición de la predicación de los Padres ven en el caballo blanco a la Palabra de Dios.

Sin embargo, si uno mira el texto, resulta que aquí sucede lo mismos que con los Evangelistas, es una alegoría bonita lo de la Palabra, pero no, no es lo que está en el texto! A mí me da pesar con el Apocalipsis, porque muchas imágenes, como son tan elocuentes, como son tan vigorosas, la Iglesia las ha tomado, o algunos predicadores las han tomado para ciertos propósitos, pero no son los que están ahí, y ya voy a decir el más duro de todos: el de la Virgen.

El capítulo doce, que presenta una mujer vestida del sol, de una vez a ver la Virgen ahí, ¡hombre, que no! Realmente no es la Virgen, se puede hacer una alusión, se puede hacer una comparación, pero en el Apocalipsis esa no es la Virgen María.

Lo mismo aquí, el caballo blanco, ¡hombre, se ve ahí que sale con vigor la predicación! Bonito, pero no, no, no, realmente a lo que está aludiendo es a otra cosa, y lo dice expresamente, mira: “A los cuatro jinetes se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, el hambre, la peste, y las fieras” Apocalipsis 6,8, eso no es la Palabra de Dios.

Lo que aparece ahí es el desencadenamiento de estas consecuencias de las que hemos hablado aquí, en la tradición de los castigos que se habían mencionado; La espada o la guerra es lo que representa ese caballo.

El segundo sello, segundo caballo, el caballo rojo, se le concedió desterrar de la tierra la paz. Luego el tercer caballo que llevaba una balanza, ¡qué cosa tan rara, un caballo con una balanza! Y era un jinete con una balanza”, y era aquí un caballo negro, y luego: “Oí la voz del cuarto viviente, un caballo verdoso, un caballo color muerte, color peste" Apocalipsis 6,8. Esos son los castigos que habían anunciado desde antiguo por los profetas, y eso es lo que están indicando esos cuatro sellos.

Entonces los primeros cuatro sellos lo que hacen es ponernos en el contexto de los castigos que habían anunciado los profetas desde antiguo. Fíjate que la parte dañada de la tierra es relativamente menor, es una cuarta parte que resulta afectada por esos castigos: el castigo de la espada, el hambre, la peste y las fieras. Aquí menciona la Biblia de Jerusalén que el de la balanza es el de hambre, indica el excesivo precio que hay que pagar por cualquier cosa, así pese muy poco.

En el quinto sello ¿qué sucede? El quinto sello es impresionante: "Las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios se pusieron a gritar “¿Hasta cuando Dueño Santo y Veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengarte de los habitantes de la tierra por haber derramado nuestra sangre? Entonces recibió cada uno un vestido blanco, y se les dijo que se esperasen todavía un poco” Apocalipsis 6,9,11. Ese fue el quinto sello. Fíjate como esto afecta toda la tierra, el cielo, es realmente cósmico.

Sexto sello: “Se produjo un violento terremoto, el sol se puso negro como paño de crin, la luna enrojeció como sangre, las estrellas cayeron sobre la tierra, el cielo desapareció como un libro que se enrolla, las islas fueron removidas de sus asientos, los reyes de la tierra, los tribunos, los ricos, los poderosos se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes. Y entonces dijeron: Caed sobre nosotros y ocultadnos a la vista del que está sentado en el trono, porque ha llegado el gran día de su ira” Apocalipsis 6,12-16.

El capítulo séptimo nos cuenta que serán preservados los servidores de Dios, y al romperse el séptimo sello, entonces empieza la serie de las trompetas, porque esto va así, poco a poco. Entonces el último sello lo que abre es la serie siete de las trompetas, de las cuales contaremos algo con mayor brevedad en nuestra siguiente sesión..