Apocalipsis 07: Visión de Conjunto de las Profecías

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Tema 7. Visión de Conjunto de las Profecías

http://fraynelson.com/blog/2011/06/22/apocalipsis-07-una-vision-de-conjunto-de-las-profecias/


La estructura del Apocalipsis se puede deducir de aquello que define a Cristo: “El que era, el que es y el que ha de venir”. Recordemos siempre esa especie de lema del Apocalipsis porque es el que también orienta en la distribución del contenido.

"El que era", eso aparece muchas veces en la riqueza de imágenes, tomadas obviamente de las Escrituras, y eso significa de lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Entonces, “El que era” quiere decir que ahí habrá resonancias del sacrificio, del Cordero, de la Pascua, de todo aquello que ya es un camino en el que Cristo estaba.

"El es el que es", y esto significa el que está presente, el que utiliza ese verbo: "conozco", Cristo habla en presente: "Conozco"; y si observamos en las Cartas a las Iglesias, lo primero que Él dice conocer es tu conducta: "Conozco cómo eres, cómo te comportas, cómo hablas, qué piensas, cuáles son tus temores". "Conozco", ese es el presente.

Y luego viene la parte de "el que ha de venir", y el que ha de venir se describe en visiones proféticas; o sea que el libro del Apocalipsis tiene una distribución temática en realidad sencilla: son dos partes, como ya lo dijimos, lo que corresponde al presente son las Cartas a las Iglesias, y lo que corresponde al futuro, es decir, a "El que ha de venir", corresponde a los capítulos del cuatro al veintidós.

Entonces vamos a entrar en esa segunda parte, aquí es donde las cosas parecen complicarse más, se llama "Las Visiones Proféticas", en el título que le pone la Biblia de Jerusalén, "visiones proféticas". Y hay tanta riqueza de comparaciones, imágenes, símbolos, números; son tantas descripciones y narraciones, que uno puede perderse.

¿Cómo hacemos para mantenernos ubicados dentro de este conjunto que es, por supuesto, la parte central del libro del Apocalipsis? Yo creo que, para no perdernos, lo mejor es recordar que el tema central es una confrontación y una victoria; es decir, esto tiene una preparación, una confrontación y una victoria.

¿Qué es lo que ha de venir? Una preparación, una confrontación y una victoria. ¿Qué es lo que le espera a la comunidad cristiana? Una preparación para la batalla, una confrontación y una victoria de Cristo, y eso es lo que alimenta precisamente la esperanza.

Fíjate que ese esquema, cuando uno lo mira así en esa simplicidad, resulta tremendamente útil, porque lo podemos aplicar, por ejemplo, a nuestra propia vida: "¿Qué es lo que me espera en mi futuro?" Pues tengo que prepararme porque habrá batallas, tengo que enfrentar esas batallas en el nombre de Cristo, y luego podré celebrar la victoria en el nombre de Cristo, esa es la vida del cristiano.

¿Qué le espera a Pérgamo, a Tiatira, a Filadelfia, a Esmirna? Eso les espera: que se preparen para la batalla, que vivan la batalla, o sea la confrontación, y que luego se gocen en la victoria; ese es el Apocalipsis.

Entonces el gran esquema hay que tenerlo claro: el presente corresponde a las siete Iglesias, y el futuro es lo que corresponde a esos que se dice de Cristo, "El que ha de venir", y el futuro entonces tiene una preparación, una confrontación y una victoria. Ahí está todo el libro del Apocalipsis: presente y futuro; preparación, confrontación y victoria.

Vamos a entrar en el tema de la preparación: esa preparación viene dada por una especie de ritmos o de oleadas, y esos ritmos se describen con el número siete, entonces no nos vamos a perder ni nos vamos a asustar. La preparación incluye tres cosas que son: los sellos, las trompetas y las plagas. Esa es la preparación: sellos, trompetas y plagas.

La confrontación es más compleja de lo que aparece a primera vista, porque es una confrontación con todo lo que se opone al plan de Dios, y resulta que lo que se opone al plan de Dios son muchas cosas. Recordemos que se habla de tres enemigos del alma: el demonio, el mundo y la carne. El Apocalipsis hace énfasis en el ataque o la oposición a Dios que presentan el demonio y el mundo, con respecto a la carne no hace tanto énfasis, no hace particular énfasis en ese aspecto.

Pero no se nos olvide que cuando se habla de la sinagoga de Satanás o cuando se habla de los judaizantes, esa era la mentalidad carnal que San Pablo denunciaba; entonces se puede decir que lo que atañe a la carne está denunciado en esta parte del presente, en ese sentido técnico que tiene la palabra carne en el Nuevo Testamento, que no debemos nunca reducirlo únicamente a sensualidad ni a cuerpo ni a sexo.

Luego, la parte carnal aparece denunciada en esto del presente, sobre todo en el tema de los judaizantes. ¿Qué tienen que ver los judaizantes con la carne? Porque en la Biblia, y especialmente en la predicación de San Pablo, que realmente vemos que está bastante representada en el Apocalipsis, la carne se refiere ¿a qué? Se refiere al aspecto relacional, al aspecto de debilidad y al aspecto de complacencia del ser humano. Son las tres dimensiones que tiene la sarx en los escritos de San Pablo.

Carne implica la relacionalidad: nos podemos relacionar porque tenemos un cuerpo, porque tenemos carne; Cristo entra en relación con nosotros porque tiene un cuerpo, porque tiene carne. Luego está la debilidad: la carne es débil, necesita ser alimentada, necesita ser abrigada, pero también somos débiles en el sentido de que necesitamos respaldo para nuestras opiniones, necesitamos consuelo en nuestras tristezas, necesitamos seguridad en nuestras dudas, también en ese sentido somos débiles.

Entonces ¿esa debilidad nos lleva a qué? A buscar alianzas y partidos, por eso ustedes ven que en la Carta a los Gálatas, capítulo cinco, donde se mencionan los frutos de la carne, ahí se presentan como frutos de la carne las rencillas, los partidismos, las envidias, incluso la hechicería, y dice uno: "pero ¿qué tiene que ver todo eso con la carne?" Pues tiene que ver porque la carne denota también el aspecto de debilidad que uno tiene, y como uno es débil, uno busca aliarse, uno busca ser fuerte a través de consolidar la opinión con otros. Eso de andar buscando partidos, eso de andar buscando respaldo en los de la misma raza, los del mismo pensamiento, eso es mentalidad carnal y ese es el gran pecado de los judaizantes.

El otro aspecto de la carne es el aspecto de complacencia, que es lo que usualmente se asocia más con la carne, complacencia en términos de comodidad, complacencia en términos de pereza, complacencia en términos de placer. Ahí tenemos todo un esquema sobre lo que es la carne.

Entonces fíjate, la carne tiene que ver con tres cosas: relacionalidad, por una parte; luego, debilidad o fragilidad que uno experimenta, en su cuerpo pero también en su mente, uno necesita respaldo, necesita cariño, ayuda, consuelo, quien lo reciba, quien lo acoja, quien lo entienda.

Una vez en un Capítulo, según cuenta el Padre Adalberto allá en el Angelicum, en un Capítulo, reunidos todos esos venerables, y se para un estudiante extranjero y dice: "Yo me he sentido excluido, a mí nadie me pone cuidado aquí; aquí se vive el individualismo, el frío, la soledad", no sé cuánto, hizo toda una declaración de su estado emocional. Bueno, el Capítulo terminó así un poco como que nadie sabía qué decir, al final se paró un viejito y dijo: "Mire, yo le propongo una cosa: después de Completas pase por mi habitación, yo le doy un beso en la frente".

Entonces, la carne tiene que ver con esas tres cosas: relacionalidad, fragilidad, debilidad. La debilidad es la que hace que uno busque consuelo, que uno busque quien le apruebe las ideas, quien piense como uno, quien vote como uno vota, eso es pura carne, estar uno buscando a ver quién tiene como el mismo pensamiento mío, a ver, reunámonos, y entonces hagamos, y eso es tratar uno de fortalecerse, eso se llama carne. Y el tercer aspecto es la complacencia y dentro de la complacencia está la comodidad, está la mediocridad, está la pereza, está el placer, ese tipo de cosas.

Bueno, esa es la mentalidad carnal, entonces la mentalidad carnal aparece denunciada aquí en el presente, sobre todo en el tema, ya dijimos, de los judaizantes, y un poco en el tema de la magia, porque la magia es profundamente carnal, es sentirse uno fuerte: "Aquí tengo el antídoto, aquí tengo la contra, aquí tengo el poder. En este frasquito que ustedes ni siquiera alcanzan a ver, aquí en este frasquito tengo el poder". Es una manera de fortalecerse o de creerse uno fuerte.

¿Qué es un horóscopo? Un horóscopo es una caricia a la debilidad humana: "¿Qué me traerá la vida? "-No, no te preocupes", por eso la gente consulta a distintos adivinos, a veces les va mal, como a un amigo mío que tenía muchas empresas, fue donde uno de esos brujos, uno de esos adivinos y le dice: "Bueno, esta vez le tengo malas noticias: usted va a tener una quiebra en sus tres empresas más grandes el año entrante", y el hombre queda desconsolado, y el adivino le dice: "Usted no se preocupe porque se va a morir antes".

La hechicería fíjate que es una caricia a la carne, es tratar de salir uno de la intemperie, es tratar de salir uno de la incertidumbre, es tratar de buscar, -esa palabra que me gusta tanto en inglés "reassurance"-, es tratar de buscar algo que me fortalece, algo que me consolide, algo que me sostiene, de ahí viene la magia, de ahí viene la hechicería. Todo eso está denunciado en el presente.

Eso significa que en la parte del futuro que en la parte del futuro, que son los capítulos cuatro al veintidós, lo que vamos a encontrar ¿qué es? Son tres los enemigos: demonio, mundo y carne, vamos a encontrar la lucha contra el demonio y contra el mundo. En el lenguaje del Apocalipsis esas luchas tienen que añadirse a otra lucha fundamental, que es la lucha contra la muerte.

Entonces los enemigos que van a ser vencidos, por eso digo que la parte de la confrontación es complicada, no es sencilla, porque mire cuántos enemigos tiene que ser vencidos: tiene que ser vencido el pecado, tiene que ser vencido el demonio, tiene que ser vencido el mundo y tiene que ser vencida la muerte.

Son muchos enemigos, en ese lenguaje, el demonio aparece descrito de varias maneras, pero sobre todo aparece descrito dentro de esa imagen del dragón, de la serpiente que intenta devorar el niño que va a nacer de aquella mujer, en el capítulo doce; entonces, la confrontación es confrontación contra el dragón, es confrontación contra la bestia. Dice uno: "Bueno, ¿cómo será el tema de la Bestia? ¿En qué consiste la Bestia?"

Para que vayamos teniendo algunas ideas claras, según la terminología que surge en el profeta Daniel, que ustedes saben que es de los adelantados en esto del lenguaje apocalíptico, la expresión "Bestia" siempre alude al poder endiosado, es decir, ya es una lucha contra el endiosamiento del poder. La bestia.

Luego, hay que luchar contra Babilonia, Babilonia ¿qué es? Pues Babilonia es el mundo, Babilonia es ese tejido compacto, impenetrable, impermeable de alianzas, complicidades y pecados humanos que hacen que la virtud y la santidad se vuelvan prácticamente imposibles, a eso se le llama el mundo. La Primera carta de Juan dice: "No améis al mundo ni lo que hay en el mundo" 1 Juan 2,15, ese mundo aparece en el Apocalipsis bajo la imagen de Babilonia.

Pero entonces ya uno ve que Babilonia y la Bestia pues se parecen mucho; y entonces está la otra imagen, que es la gran ramera o la gran prostituta, que es como la personificación de lo mismo. Estas tres imágenes hay que tenerlas claras porque se alimentan mutuamente. La bestia, la ciudad pecadora, que es Babilonia, y la gran prostituta, son imágenes que se complementan mutuamente y que tiene que ver con lo que hemos dicho del mundo.

Luego está el tema de la muerte, que también tiene que ser vencida, y por eso hacia el final la muerte tiene que devolver sus muertos, es decir, la muerte pierde finalmente la batalla.

Esos son los enemigos que se pierden aquí en la confrontación, y luego vendrá la victoria. ¿Y la victoria en qué consiste? La victoria se describe principalmente en dos imágenes: la imagen de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, pero esa imagen inmediatamente se vuelve imagen de boda: Las bodas del Cordero. Entonces, la victoria es una boda y la victoria es una ciudad santa, una ciudad segura, una ciudad que no necesita santuario, una ciudad que está colmada de la presencia de Dios, del conocimiento de Dios, de la luz de Dios.

Este es el esquema del Apocalipsis: el presente y el futuro, el presente, hasta el capítulo tres; el futuro, capítulos cuatro al veintidós; en el presente se denuncia especialmente lo que tiene que ver con la carne en el sentido paulino del término. Carne quiere decir relacionalidad, quiere decir debilidad y quiere decir complacencia.

Entonces, eso es carne, ¿y eso lleva fácilmente al pecado? No necesariamente, entre otras cosas Cristo nos salva con su carne, por su relacionalidad llega a nosotros, por su fragilidad puede padecer por nosotros, y precisamente, porque renuncia a esa comodidad en el lábaro de la Cruz, nosotros tenemos salvación. Eso es el presente.

Y luego, en el futuro, tenemos la preparación, la confrontación y la victoria. La preparación se da ¿en qué? En grupos de siete: siete sellos que van primero, después siete trompetas que van después, y después siete plagas que van después, y ahí entra ya el terreno de la confrontación.

La confrontación es grande y es compleja porque se trata de vencer a todos los enemigos de Dios y del hombre, esos enemigos que entonces serán el demonio y el mundo, porque ya de la carne se habló. ¿El demonio y el mundo bajo qué imágenes aparecen? Bajo la imagen del dragón, bajo la imagen de Babilonia, la gran prostituta y la bestia. Y finalmente la victoria, que tiene esas dos imágenes principales que son: la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén y las bodas.

No es tan complicado, ya mirando así el esquema uno dice "pues es que tiene mucho sentido, porque realmente lo que uno ve en la vida espiritual es eso: que uno, cuando no está en batalla, está parándose para la batalla, "¿no es la vida un servicio militar?", decía Job, "no es la vida servicio militar?" Job 7,1.

Entonces, un buen cristiano vive como en servicio militar; pregúntele a los soldados, sobre todo en un país como Colombia, en qué se la pasan, se la pasan: preparándose para la batalla, dando la batalla, celebrando la victoria y preparándose para la siguiente batalla. Esa es la vida del cristiano.

Entonces el Apocalipsis no es algo que esté tan remoto de nosotros; es algo que está bastante cercano, porque nosotros mismos tenemos que pasar la vida en esto: preparar la batalla, realizar la batalla; celebrar la victoria, y preparar la siguiente batalla, son ciclos que se van dando.

Vamos con la preparación, a ver qué más podemos aprender de esta preparación. Dijimos que aparecen tres series, series de siete. El número siete indica el cumplimiento de algo, entonces, cuando se habla de siete sellos, quiere decir que se ha cumplido completamente esa fase, la fase de los sellos; esos sellos, se refiere ¿a qué? Los sellos son la marca del emperador en un documento, esos son los sellos.

Entonces, los emperadores mandaban un documento, emperadores o grandes dignatarios, pero eso estaba reservado al emperador. Los emperadores mandaban sus documentos, ¿qué hacían con el documento? Lo envolvían en una cinta, le echaban una sustancia roja, que cuando se calienta, pues se puede tratar como un líquido, eso se llama el lacre, y entonces, así caliente, se pone el sello.

Sello del emperador. Si alguien rompe eso, no hay manera de volverlo a pegar, porque tendría que volverse a calentar el lacre, pero si lo calientas, ya pierdes el sello.

Entonces, el sello indica un designio, eso es lo importante del sello, el sello es un designio, es una decisión, y todavía hay una palabra que es un poco mejor que esa: es una providencia, el sello es una providencia divina.

Cuando se habla de siete sellos, se está hablando de siete designios, se está hablando de siete etapas, se está hablando de siete pasos dentro de un proceso. Siete, como aparece ese número, nos está indicando que es la culminación de la providencia divina; lo primero que aparece es el designio providente de Dios, esos son los sellos, para que tengamos el sentido general, luego vamos a ver un poco más los detalles, pero para que tengamos el sentido general.

Entonces aparecen los siete sellos, y esos siete sellos son los siete sellos de Dios, ¿sobre qué? Sobre la historia humana. Es decir, sólo Dios conoce el verdadero significado de la historia humana, y sólo Dios provee en la historia humana, y sólo Dios determina lo profundo de la historia humana, y sólo Dios puede explicar la historia humana.

Y por eso nadie puede leer ese libro, el libro que vamos a encontrar ahora, nadie podía leer el libro, porque nadie puede explicar para qué es la vida, nadie puede explicar por qué existe el universo, nadie puede explicar por qué tantas falencias pero también tanta virtud en el ser humano, nadie tiene una última palabra; entonces el libro está sellado, hay siete sellos sobre ese libro.

Siete pues significará que está completamente sellado, que no hay ninguna posibilidad de entenderlo; pero también, como estos sellos se van a ir abriendo progresivamente, eso también significa que en algún momento se esclarece del todo la providencia de Dios.

¿Y cuándo se esclarece la providencia de Dios? Cuando llega la trompeta. Entonces, siete trompetas. Las trompetas en nuestra sociedad no cumplen mayor oficio, salvo en los carnavales o en las orquestas. En el mundo antiguo las trompetas tienen siempre que ver con una voz de alarma, con una voz de guerra y con una voz de congregación.

Es decir, la trompeta sirve para esas tres cosas: sirve para dar la señal de alarma, por ejemplo si hay un fuego, dar la señal de alarma si viene los enemigos; la trompeta sirve para llamar al combate, entonces, al sonido de la trompeta, entran los ejércitos en la refriega; o si no, la trompeta sirve para congregar a los mismos guerreros o incluso a la población.

Entonces, termina esa etapa de las providencias de Dios, de los designios de Dios, y Dios está llamando ¿para qué? Para la gran confrontación, es el llamado a la gran confrontación, es un proceso que viene de siete trompetas, ese sonido, esa escalada de trompetas está indicando que se está hablando de la gran confrontación, esta no es cualquier confrontación.

Para una batalla basta con hacer sonar la trompeta, se hace sonar, y ya se entra a la batalla; pero aquí se hace sonar siete veces la trompeta, indicando así que se trata de lo que Saddam Husein, con arrogancia infinita llamaba "la madre de todas las guerras", pues la madre de todas la guerras es lo que va a aparecer aquí: estamos hablando de la guerra entre todas las guerras, estamos hablado de la gran confrontación.

Y aparecen luego las plagas, ¿qué papel tienen estas plagas? Pues las plagas indican tres cosas: en primer lugar, son una reminiscencia de Egipto, aunque en Egipto no fueron siete sino diez, pero son reminiscencia de Egipto. Es decir, así como el pueblo tuvo que oír la voz de Moisés, y tuvo que obedecer a Moisés, y tuvo que reunirse para celebrar la Pascua, y así venció al faraón, aquí estamos venciendo al verdadero faraón, de eso es de lo que se trata.

Entonces, las plagas están indicando que estamos en un contexto semejante al de Moisés, y por eso aparecerá también el cántico de Moisés y del Cordero, porque estamos ante una nueva Pascua, porque estamos ante una nueva lucha con el faraón. El faraón, por lo visto, está redivivo, el faraón está atacando con saña incalculable e incontenible al pueblo de Dios. Las plagas entonces indican en primer lugar que estamos ante una nueva Pascua.

En segundo lugar, las plagas indican que Dios está en la refriega, porque eso fue exactamente lo que sucedió en el caso de Moisés; las heridas no las causó Moisés, no las causaron tampoco los israelitas; las heridas en los intereses, en las posesiones y en las vidas de los egipcios, esas heridas las hizo Dios. Dios está entrando en batalla, las plagas indican eso.

Y en tercer lugar, las plagas indican las resonancias cósmicas de la redención; es decir, el mundo, la creación, no es un teatro indiferente, que simplemente presta su estrado para que unos actores hagan ruido, y después terminen y todo quede igual; la creación misma está implicada. Inmediatamente viene a nuestra memoria lo que dice San Pablo: "La creación gime con dolores de parto esperando la manifestación de los hijos de Dios" Carta a los Romanos 8,19

Significa que nosotros no somos representantes, no somos simplemente actores, no somos simplemente símbolos, sino que nosotros tomamos la responsabilidad de la creación, o dicho de otro modo, a través de los elegidos la creación tendrá que llegar a su victoria, y por eso las plagas traen a nuestra mente la resonancia de esta batalla en los pilares mismos de todo cuando existe. Por eso las plagas también van mostrando de un modo escalado las consecuencias del pecado que, por fin, sale a la luz.

Otra cosa que podemos decir sobre las plagas es que las plagas revelan, es que hay un pasaje tan impresionante en los salmos, donde se dice: "Se vieron los cimientos de la tierra" Salmo 18,1, es algo como cuando un soldado es gravísimamente herido y dolorosísimamente herido y se llega a ver incluso el hueso".

"Se vieron los cimientos de la tierra" Salmo 18,15, se llegó como hasta el fundamento mismo. Las plagas llegan hasta eso, hasta los huesos de la creación, hasta los cimientos de la tierra, hasta lo más radical del dolor y de la angustia. Las imágenes que dice el Apocalipsis son impactantes: "La gente gritaba enloquecida por el bramido del mar" Apocalipsis, eso es como poesía casi, pero poesía oscura, poesía trágica.

"La gente gritaba enloquecida por el bramido creciente de las olas", pero aún en esas circunstancias, el ser humano es más duro que todo eso que le visita, y la gente no se convierte.

Entonces, no solamente hay una afirmación sobre la teología de la creación, sino que hay una afirmación sobre la teología de la redención. Si sobre la teología de la creación se está nos está diciendo que nosotros somos embajadores de la creación y que la creación alcanzará su plenitud únicamente a través de nosotros, en cuanto a la redención se está diciendo algo que es impresionante, casi diría yo, espeluznante: las fuerzas que batallan en el corazón humano son todavía más fuertes.

Todo lo que podamos ver en términos de terremotos, y en términos de peste, y en términos de combates, y en términos de espectáculos en el cielo, todo eso todavía no es tan duro como puede ser duro el corazón humano. Y esto es importante por el aspecto de la confrontación, diría yo que es exactamente la diferencia entre el Apocalipsis y una película de Hollywood, en la película de Hollywood lo que nosotros encontramos es que todo el espectáculo está sobre todo afuera, por eso se habla de "efectos especiales".

Yo he visto varias de esas películas y reconozco con humildad que algunas las he disfrutado, por ejemplo hay una película que se llama “Impacto profundo”, una película de hace diez, doce, quince años, no tengo la fecha precisa, en la que se ve cuenta cómo un meteorito alcanza la tierra, y entonces eso es impresionante, claro; luego, vi otra película que se llama “El día después”, todo eso yo lo vi, “El día después”, contando lo que sucedería en el mundo en el caso de una catástrofe nuclear, ¡impresionante!

Luego hay otra película que se llama "2012" que cuenta lo que debería suceder el año entrante, y ahí se ven mejor los efectos especiales, es una cosa impresionante.

En el Apocalipsis el drama no es solamente exterior, aunque sucedan todas las cosas que sucedan, el corazón humano es todavía más duro, es más duro que un terremoto, es más duro que una plaga, es más duro que una batalla sangrienta; y también eso nos muestra, como por reflejo, el comienzo de la victoria: a un corazón no se le gana ni siquiera con esas fuerzas formidables; al corazón humano sólo lo conquista el amor, el amor de Dios.

Entonces, cuando uno mira todas esas plagas espantosas y todas esas tragedias, y cuando uno ve que eso no logra convertir a las personas, por reflejo uno aprende a apreciar lo que significa la conversión.

¡Qué milagro tan hermoso! ¡Qué milagro tan precioso que es poder creer en Cristo! Por eso decía Santo Tomás de Aquino que un solo grado en la gracia vale más que todo el universo visible, es por eso, porque ni todas las tragedias del cosmos logran conmover al corazón humano, y la resistencia del corazón humano parece infinita, y la gente puede endurecerse y endurecerse y endurecerse más, incluso ante cosas que uno diría: “¡Hombre, si son esas las personas las que más deberían creer!”.

Por ejemplo el dolor que tiene el alma mía con este científico que ahora no hace sino que predicar su ateísmo, Stephen Howking, ¡semejante genio, con la cabeza que tiene para hablar de las leyes de la física y utilizar eso para negar a Dios! Siendo la cosa más triste del mundo, que ese hombre tiene una enfermedad terriblemente paralizante.

Entonces, este señor con su enfermedad paralizante, y utiliza su inteligencia y un sintetizador electrónico para decir que no cree en Dios, uno dice: ¡Qué corazón tan duro! Cuando esa persona, precisamente por la inteligencia que tiene, y por la condición en la que se encuentre, y por lo cercana que está a la muerte, por cualquiera de esas tres razones o todas ellas, debería ser fervoroso, enamorado de Dios, agradecido con el Señor, postrado ante su majestad; pues no, el corazón humano es así, es resistente, es duro.

Y cuántos otros que son historias que a uno realmente le hieren y que le hacen a uno pensar cuánto sufre realmente Jesús por nosotros, con razón le dijo el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque: “¡Mira este corazón que tanto ha amado a los hombres y que de ellos no ha recibido sino desprecio, indiferencia, burla!”

Fíjese usted, eso tenía que decir el Sagrado Corazón porque es verdad: nos ha amado de una manera sencillamente imposible de creer, nos ha amado más allá de toda medida, y encontrar indiferencia y encontrar resistencia, y luego pensar uno que en el corazón de uno también eso existe, es decir, también uno tiene el pavoroso, oiga el el adjetivo que utilizo, también uno tiene el pavoroso derecho o la pavorosa posibilidad, -porque eso no es técnicamente un derecho-, uno tiene la pavorosa posibilidad de decirle a Dios: "¡No!"

¿Y quién es uno? Una brizna que hoy está y mañana no; y sin embargo, y todo lo que uno ha recibido, y todos los estudios que ha hecho, y todos los retiros que ha tenido, y todas las horas de Santísimo, como como me decía no hace mucho mucho una amiga. Decía: “¿Y yo por qué no logro dar ese paso a pesar de tantas oraciones?" Ella misma se extrañaba de la dureza de su corazón, sobre todo en lo que tiene que ver con perdonar.

Hay personas que son de una resistencia, y dicen: “No, y yo yo no perdono, y no perdono”, se está muriendo: “Pues me moriré sin perdonar”, y se mueren. Entonces dice uno: "¡Qué misterio el que hay en el corazón humano!" Realmente el misterio del corazón humano es más grande que todos estos terremotos, es más grande que todos estas catástrofes, incendios, plagas.

El misterio del corazón humano es sencillamente abismal, es una cosa que a uno le impresiona, todo lo que puede haber en el corazón, y lamentablemente uno puede hacer eso, y uno puede desconectarse y uno puede decir: no creo, no amo, no espero"; por supuesto, eso es el desastre, es la destrucción, es el suicidio, el suicidio espiritual, es el comienzo del infierno en vida, pero lamentablemente esa posibilidad existe. Y yo creo que uno de los mensajes, y no el menos importante del Apocalipsis, es recordarnos eso, que esa posibilidad existe.

Entonces yo invito ¿a qué? Yo invito en este momento, mirando esto, yo invito a que nos preguntemos qué es lo que le estamos negando a Jesús, porque es que no pensemos que esto es únicamente: "Cuando el Anticristo, -que esa es otra figura que tendrá su importancia en esto, no es la más relevante, pero tiene su importancia-, cuando el Anticristo niegue a Cristo, ¡ay Dios mío, cuando niegue a Dios! ¡Ay, cómo va a negar a Dios! ¡Y Stephen Howking negando a Dios! ¡Ay, pero qué ingratitud!"

Pero sólo Dios sabe lo que haya recibido un tipo de estos, que familia tuvo, qué consuelos encontró, si en los momentos en que más necesitaba alguien que le enseñarle a orar, seguramente en su adolescencia, en su juventud, si hubo alguien o no lo hubo; pero nosotros, nosotros que hemos recibido tanto, nosotros que tenemos el día y la noche únicamente para amar a Jesús, nosotros sí que tenemos que dolernos de lo que le negamos a Dios., uno tiene que decir: “¡Pero quién soy yo?” ¿Pero qué pasa conmigo? ¿Cómo es que yo le estoy negando a Jesús esto?”

Y pasa la vida y pasa la vida y "cómo se viene la muerte, tan callando, -decían las coplas de Jorge Manrique-; cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor". Entonces uno ve que se le va yendo la vida y uno dice: "¡Caramba, qué estoy haciendo!"

Entonces el examen de conciencia que uno tiene que hacerse es ese: "¿Cuál es mi “no”? ¿Qué es lo que yo le estoy negando a Jesús y por qué razones? “¡Oh!, cuán duras fueron mis entrañas pues no le abrí”, dice el poema ese de Cuaresma que se atribuye a Lope de Vega, eso es, por ahí va muy bien; uno tiene que hacerse esa pregunta, el problema mío no es únicamente el mundo: "¡Ay es que el mundo! ¡Ay, esta gente! ¡Estas discotecas! ¡Esta perdición! ¡Esta gente que de droga! ¡Manada de corruptos! ¡Manada de libertinos!"

Sólo Dios sabe, esas porquerías, esos basureros de los que han salido esos pobres seres humanos, basureros psicológicos, basureros emocionales; ¡no han tenido papá, no han tenido mamá, no han tenido nada!

Pero uno, la mayoría de nosotros, yo creo, si no todos, desde temprana infancia hubo alguien que nos enseñó a pronunciar el Nombre de Dios, a tener temor de Dios, a buscarlo en el Santísimo, a invocarlo, a orar, fuimos preparados para los sacramentos, ¡cuántas providencias ha tenido Dios con nosotros! Fíjate: sellos trompetas y providencias, ¡cuántas providencias ha tenido Dios con nosotros! ¡Cuántos gritos de alarma! Esas son las trompetas, ha tenido Dios con nosotros, ¡cuántos dolores ha tenido Dios con nosotros llamándonos y diciendo: “Oiga usted, a ver".

Porque en el fondo las providencias, las trompetas y las plagas ¿qué son? Llamados, son los llamados de Dios, con sus caricias y providencias, con sus advertencias y amonestaciones, con los dolores y con las frustraciones., ¿qué ha hecho Dios en mi vida? Llamarme, Dios me ha estado llamando, Dios ha estado diciendo: "Mira, quiero que vivas en fidelidad y en amor, quiero que cumplas lo que dice el profeta Miqueas en ese texto inmortal, que por supuesto nos fascina, ese texto maravilloso, ¿qué es lo que el Señor espera de ti?: "Se te ha mostrado, ¡oh hombre!, qué es lo que Dios espera de ti" Miqueas 6,8, y entonces empieza a explicarle, y eso se encuentra en el capítulo sexto del profeta Miqueas.

"¿Con qué me presentaré ante Yhavé y me inclinaré ante el Dios de lo alto? Me presentaré con holocaustos, con terneros añojos? ¡Aceptará Yhavé miles de carneros, miríadas de ríos de aceite? ¿Ofreceré mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por mi propio pecado?" Miqueas 6,7.

Responde Yahvé: “Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder humildemente con tu Dios” Miqueas 6,8.

La traducción de la Liturgia de las Horas es más bonita: “Que ames la justicia, que practiques la misericordia y que camines humildemente ante el señor", eso es lo que Dios espera de nosotros, pero nosotros se lo hemos negado muchas veces, y uno tiene que caer en cuenta de eso.

Este no es un problema de que "el Congreso son una manada de corruptos que aprueban el aborto", "esos presidentes", "este alcalde que no sirvió para nada", es que es fácil criticar así, y hay gente que es experta para decir: "Mire, el Papa debería..., el Obispo debería...., si el Provincial no hace...., y si el Prior no dice.... y si el otro no…", ¡y uno queda limpio y tranquilo!

Pues, no señor, la cosa es al revés: "se te ha mostrado a ti, ¡oh hombre!, lo que el Señor espera, lo que desea de ti: que practiques la justicia, que ames la misericordia y que camines humildemente ante tu Dios" Miqueas 6,8.

Entonces ya sabemos qué es lo que nos espera en esta línea de la preparación: en la preparación hay sellos que son providencias, trompetas que son voces llamando a la conversión, y plagas que son esos momentos de ruptura, que son esos momentos de fractura y esos momentos de fractura son preciosos. Acuérdese que el hijo prodigo se convirtió fue por eso, por una plaga, bueno, plaga en sentido muy extendido de la palabra, porque y le salieron tan mal las cosas que eso fue una bendición, el hecho que le salieran mal las cosas fue lo que lo salvó, o sea, lo salvó una plaga.

Dios nos manda esas tres cosas: providencias, nos manda amonestaciones y nos manda frustraciones, contradicciones. Nos vamos a quedar con tres palabras, entonces vamos a decir que esas providencias son manifestaciones de su amor, esas providencias son como declaraciones de su ternura, de su designio, yo creo que las podemos llamar prácticamente caricias de Dios; pero además de las caricias están las amonestaciones, y además de las amonestaciones están las contradicciones.

Fíjate como el Apocalipsis uno lo siente tan cercano cuando lo lee así, uno dice: “Claro, es que lo que va a vivir la humanidad, lo que va a vivir la Iglesia, lo que vive cada comunidad y lo que vivo yo, es el mismo proceso: preparación, confrontación y victoria.

Y en la preparación ¿qué hay? Las caricias de mi Dios que es tan bello, que es tan amoroso; las amonestaciones que son trompetas que llaman a la batalla; y las contradicciones, donde entran las frustraciones, las cosas que no funcionan, las traiciones, la conciencia del propio pecado: “¿A mí por qué todo me sale mal?”.

Como ese señor que fue donde el médico: "Doctor a mí nadie me pone cuidado", y dice el el doctor: "El siguiente", así le pasa a uno con esto, uno tiene que vivir contradicciones, las cosas no pueden salir como uno quiere, uno tiene que vivir experimentando contradicciones, limites, problemas, frustraciones, sonrojos, confusión.

-¡No, pero cómo se vino a saber esto, ay, Dios mío! ¡He quedado muy mal! ¿Qué es esto? ¡No, hice el oso!" Entonces fíjese: sonrojos, a veces es bueno que aparezca la realidad de uno, apareció la realidad, la realidad de San Pedro apareció, el tipo alegaba: “Yo moriré por ti” San Juan 13,37, y luego quedó en ridículo; pero qué bueno ese ridículo, a veces tiene que suceder.

¿Cuáles son los ridículos que uno tiene que padecer? ¿Cuáles son las frustraciones que uno tiene uno que pasar? ¿Cuáles son las cosas que le tienen que fallar? Eso no lo sabe uno, el único que lo sabe es Dios, y Dios es el que regula todas esas llaves; la llave de los designios, eso está también muy claro en el Apocalipsis, Dios es el que manda los caballos, Dios es el que manda los Ángeles, Dios es el que manda que se toque la trompeta, Dios es el que manda las plagas, Dios es el que abre esas llaves, porque Dios sabe que tampoco se puede someter demasiado al ser humano.

Entonces, si Dios le hace pasar a uno demasiados ridículos, llega un momento en el que la persona se acompleja y queda devastada; ninguno de nosotros puede soportar demasiado, eso uno no puede venir con esas historias, y por eso hay que tener mucho cuidado con la gente que dice: "No, yo soy enamorado de la cruz" y no sé qué, o no sabe lo que está diciendo, o dígalo con mucho cuidado, porque eso es muy delicado.

"Que voy a vivir el misterio de la cruz", que no se qué, espere, tenga mucho cuidado, porque en términos de frustraciones, contradicciones, dolores, desasosiegos, desiertos, es que esa lista es grandecita y todo eso pertenece al reino de las plagas, y en esa lista grandecita uno no se debe creer fuerte, porque las fuerzas de uno son limitadas y únicamente Dios es el que sabe hasta dónde tiene que abrir cada llave para llevarlo a uno al punto exacto.

Como los que están cocinando, que dicen: "Ya casi da punto", siempre que están batiendo, por ejemplo cuando está uno batiendo la clara de huevo, uno dice: "Ya casi da punto", entonces Dios a veces lo tiene que poner en la batidora hasta que dé punto, y cuando ya da punto, queda blanquita la clara de huevo que es ahí donde se puede hacer el merengue, el ponche y todas las cosas que se hacen con clara de huevo, y uno dice: "No ya no más, y Dios dice: "No, espere, es que no ha dado punto".

Ya tenemos la estructura general del Apocalipsis, ya vemos el proceso que tenemos, sabemos que no nos vamos a detener en cada capítulo y cada versículo porque no alcanzaría el tiempo, pero yo creo que estos mapas nos van ayudando para luego la lectura personal, porque es que lo más importante de un retiro es tu encuentro personal con la Palabra, eso es lo más importante y es lo más hermoso.

Lo más hermoso del retiro es tu encuentro con Jesús en esa cercanía; lo más importante no es lo que yo diga, lo más importante es cuando Jesús te empiece a preguntar: “Óyeme, ¿y por qué tú me niegas esto? ¿Por qué me sigues negando esto? Te va a ser duro darle coces al aguijón. ¿Por qué sigues en esa terquedad? ¿Qué es lo que pasa contigo?"

Y uno dice: "No, yo voy a esperar a ver ver si en la otra sede...", y resulta que en paciencia nadie le gana a Dios, y entonces Dios dice: "Bueno, no hay ningún problema, volvemos a hablar en un tiempo a ver en qué andas tú y a ver en qué ando yo". Eso le pasa a todo obstinado: "Vamos a ver quién gana en terquedad, yo soy eterno, vamos a ver si tú me ganas".

Yo creo que esa pelea está perdida desde un principio, lo mejor es lo que dicen los cantos carismáticos: “Ríndete a Cristo”, esa es la realidad. Jesús es el Señor, ríndete a Cristo, ríndete a Él, reconoce en Él tu Señor, el amor de tu alma, a tu esposo; piensa qué es lo que has estado negando y abre la puerta para que Él sea tu victoria.