Ap06006a

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Fecha: 20110529

Título: ¿El Espiritu Santo es el protagonista de tu vida?

Original en audio 4 min. 37 seg.


Nuestro camino por el tiempo pascual va avanzando: llegamos ya al sexto domingo, y en esta ocasión y de aquí en adelante el Espíritu Santo de Dios será cada vez más el protagonista de la Pascua.

Podemos decir que el tiempo pascual es como un puente, un puente que va desde la resurrección de Cristo, que celebramos en la solemnidad de la Vigilia Pascual, hasta Pentecostés. Y en ese puente, Cristo y el Espíritu, de alguna manera extienden hacia nosotros su presencia, su poder.

Decían los antiguos Padres de la Iglesia que Cristo y el Espíritu eran como las dos manos de Papá Dios, y que Dios extendía sus manos para abrazarnos con el envío de su Hijo y con el envío del Espíritu.

Pues bien, el Hijo y el Espíritu son los que nos han ido acompañando en la Pascua, pero podemos decir que al principio tiene mayor presencia el Resucitado, las apariciones del Resucitado, el impacto en unos discípulos poco creyentes, las primeras persecuciones; y luego a medida que vamos avanzando en la Pascua, el Espíritu se va revelando como vida de la comunidad creyente, como líder en la misión, como luz que esclarece el misterio de Cristo, como fuerza para vencer las dificultades, como autor de maravillas, como aquel, en fin, que renueva todo lo que nosotros somos y tenemos.

Y por eso el Espíritu es tan importante en esta fase final del tiempo pascual. La primera lectura de hoy, por ejemplo, está tomada del capítulo octavo de los Hechos de los Apòstoles, allí se nos cuenta cómo un gran predicador, el diácono Felipe, ha hecho una obra maravillosa en una región que estaba cultural y religiosamente apartada del Judaísmo.

Aunque comparten un borde geográfico, samaritanos y judíos eran no solamente distintos, eran opuestos. Pero la predicación de Felipe tiene un impacto fenomenal entre los samaritanos, y ellos llegan a reconocer aquello que Jesús le había dicho a la samaritana, a saber: "La salvación viene de los judíos" San Juan 4,22.

Es admirable ese poder de Dios en la profecía, en la palabra y en los milagros de Felipe, porque llegó hasta el corazón de los samaritanos. Fueron bautizados. Pero aquí hay algo muy importante, todavía faltaba algo más para completar su iniciación. Este es un dato que la Iglesia lo ha tomado muy en serio, y por eso nosotros tenemos el sacramento del Bautismo y el sacramento de la Confirmación.

Fíjate cómo el diácono predica, fíjate cómo el diácono Felipe bautiza, pero cuando llegan las noticias de estas conversiones masivas de samaritanos, entonces la Iglesia de Jerusalén envía a Pedro y a Juan, y Pedro y Juan van allá, a Samaría, imponen las manos sobre los que ya habían sido bautizados, y entonces reciben el Espíritu Santo con poder.

Esta es ciertamente la base bíblica del sacramento de la Confirmación, y qué bien puesto está ese nombre: se trata de no reemplazar sino de confirmar la fe, confirmarla, hacerla firme, según la fe de los Apóstoles.

El Espíritu Santo, ¿es Él el protagonista de tu vida? ¿Has recibido ya la Confirmación? Y si ya estás confirmado, ¿conservas vivo el don que recibiste?