Ap06003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990509

Título: "Si me amais, guardareis mis mandamientos"

Original en audio: 22 min. 6 seg.


Estas lecturas del sexto domingo de Pascua empiezan a prepararnos de manera más inmediata para la solemnidad de Pentecostés. Y es el Espíritu de Dios, es el Espíritu Santo quien aparece de manera sugerida o expresa en las lecturas que hemos escuchado.

Espíritu Santo que completa el arrepentimiento de los pecados y la recepción del bautismo en el nombre de Jesús, según nos cuenta la primera lectura. Espíritu Santo que volvió a la vida a Jesucristo, "murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu" 1 pedro 3,18, nos dice la segunda lectura del Apóstol San Pedro.

Espíritu Santo que es fruto de la oración de Jesucristo, que está siempre con nosotros y que es otro defensor, porque el primer defensor es el mismo Cristo. Espíritu que culmina en nosotros el bautismo y que lo recibimos por la oración de la Iglesia, Espíritu que vuelve a la vida a Jesucristo, Espíritu que nos defiende y está a nuestro lado.

Se nos van juntando las obras y los bienes que trae el Espíritu Santo, para que estas mismas obras y estos mismos bienes, despierten en nosotros anhelo, hambre de ese don.

Sabiendo que hace tantos bienes y sabiendo que es un regalo, ¿quién no se anima a pedirlo? Así pues, una primera enseñanza en este día, es apreciar los bienes del Espíritu, contemplarlos, saborearlos, para animarnos a rogar la llegada cada vez más plena, cada vez más perfecta del Espíritu de Dios.

Eso en primer lugar, en segundo lugar, miremos una de esas obras del Espíritu, la que tiene que ver con la guarda de los mandamientos, “si me amáis guardareis mis mandamientos” San Juan 14,15, dice Jesucristo en la lectura del evangelio que hemos escuchado hoy. Una frase que es tan sencilla y que, sin embargo, tiene más de una interpretación.

“Si me amáis, guardares mis mandamientos” San Juan 14,15. Me parece que esta frase, sobre todo la entendemos, es decir, solemos entenderla en esta forma: para yo saber si ustedes me aman, voy a ver si ustedes guardan mis mandamientos, y si veo que no guardan mis mandamientos, quiere decir que no me aman.

El problema de esta interpretación, que a mí me parece que es la más común, es que no supera completamente el esquema que venía del Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento también había una serie, por cierto, amplia de mandamientos, y la condición era esa, la condición era guardar los mandamientos para que subsistiera la alianza, la guarda de los mandamientos era la gran prueba del amor de Dios, es decir, la gran prueba de que amamos a Dios.

Yo creo que sin forzar las palabras, hay que buscar una interpretación diferente, tal vez más profunda.

Imaginémonos un carro varado, el desventurado chofer de ese vehículo, va a ver con qué puede cambiar la llanta, y lo único que encuentra es una de esas cruceticas que parecen de juguete con las que vienen algunos carros recientes, algunos carros nuevos, no crean que todo lo no nuevo por ser nuevo es mejor, porque esta historia algo tiene de autobiográfica.

El desventurado chofer intenta valerse de esa cruceta de juguete y poco o nada logra. Un buen samaritano, versión siglo XX, probablemente un señor taxista, ve el problema en que se encuentra este carro y su conductor, y entonces, sacando una de esas crucetas antiguas, que además tenían por qué llamarse crucetas porque se parecían a la cruz, esas crucetas inmensas, le dice: “Sí, utiliza esta sí puede sacar las tuercas".

Le da una nueva herramienta, le da una nueva causa para producir un nuevo efecto, este desventurado chofer tenía una pequeña cruceta con la que no lograba mayor cosa, se acerca el otro experimentado conductor y le dice: “Con esta sí se puede”, y efectivamente, se logra lo que se pretendía.

Con esa comparación mecánica, de pronto podemos ayudarnos para entender las palabras de Jesús: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” San Juan 14,15; “sé que queréis guardar mis mandamientos”, es lo que la gente está queriendo desde que Moisés promulgó la Ley, así como el chofer varado quiere quitar esas tuercas para poder quitar la llanta.

Pero hay algo nuevo: “Si me amáis” San Juan 14,15, esta es la nueva cruceta para lograr esa guarda a los mandamientos; "les tengo un secreto, empiecen por amarme", ahí se hace posible la guarda de los mandamientos.

Mira lo que sigue: “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad” San Juan 14,16-17.

Vamos a tratar de relacionar estas dos frases, no se nos olvide que, aunque toda la Palabra de Dios es inagotable, el evangelio de Juan de algún modo es infinito, me gusta llamar al evangelio de Juan el evangelio infinito.

Vamos a tratar de relacionar estas dos frases: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” San Juan 14,15, va junto con: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros” San Juan 14,16.

Lo llama Defensor, esta traducción es la palabra que usualmente traducen por Paráclito, en griego es Paracletos; "pediré otro Paracletos que esté siempre con vosotros" San Juan 14,16.

Estas dos frases van seguidas, estos dos pensamientos van uno junto al otro, y les dice: “Le diré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros” San Juan 14,16, y esta idea del otro Defensor, es la que sigue desarrollando: “El mundo no puede recibirlo. Vosotros, en cambio, lo conocéis" San Juan 14,17.

"No os dejaré desamparados, volveré" San Juan 14,18. "Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre” San Juan 14,20, etcétera. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito” San Juan 14,15.

¿Qué relación tiene la guarda de los mandamientos con la presencia de Jesucristo? Si nosotros recordamos, en el capítulo diecisiete de este mismo evangelio, cuando Jesús le está orando al Padre Celestial le dice: “Guárdalos. Mientras yo estaba con ellos yo los guardaba” San Juan 17,11-12, ahora los encomienda al cuidado del Padre Celestial y le dice: “Guárdalos” San Juan 17,11.

Jesús guardaba a ese pequeño rebaño, así lo llamó una vez, Jesús guardaba al pequeño rebaño, pero ahora se va, ellos pueden sentirse, tal vez se sienten casi desamparados.

Jesús guardaba el pequeño rebaño significa, que mientras Jesús estaba con ellos, ellos podían guardar los mandamientos, ellos podían permanecer unidos a Dios; mientras Cristo estaba con ellos, Cristo los guardaba.

¿De qué los guardaba? ¿De hambre? No parece, porque hambres tuvieron que pasar; ¿de qué los guardaba? ¿De las persecuciones? No parece, porque no hizo sino anunciarles persecuciones; ¿de la incomodidad? Tampoco parece, porque ellos compartían una suerte bastante incómoda junto a este Profeta peregrino, Jesucristo.

¿De que los guardaba? Los guardaba del pecado, los guardaba de las insidias del mal, los guardaba de caer en tentación, los guardaba entonces en la amistad con Dios, los guardaba en el querer de Dios, en la voluntad de Dios, hacía entonces que ellos guardaran los mandamientos de Dios.

Junto a Cristo es muy difícil pecar, cuando Judas fue a pecar tuvo que irse de Cristo y dice el evangelio de Juan: “Y era de noche” San Juan 13,30; junto a Cristo, al lado de Cristo, sintiendo el palpitar del Corazón de Cristo y teniendo sus ojos encima, es muy difícil pecar.

Cristo guarda del pecado, Cristo hace que nosotros guardemos los mandamientos. ¿Entonces qué diremos? Que cuando aquí se traduce por Defensor es porque al lado de Cristo ellos estaban defendidos, ¿defendidos de que? Del pecado y de Satanás fundamentalmente.

Estaban defendidos al lado de Cristo, pero ahora Cristo se va, entonces ¿quién los va a defender? Pues hubo un Defensor que Cristo le va a pedir al Padre Celestial y ese Defensor, que es otro Defensor en las palabras de Cristo, es el que va a venir para que ellos puedan guardar los mandamientos.

Ahora vamos a unir las dos frases: “Si me amáis, guardareis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor” San Juan 14,15-16.

¿Cuál es la obra de ese otro Defensor entonces? Si nuestra interpretación es correcta, lo que va a hacer ese otro Defensor es infundir en nosotros un amor hacia Jesucristo, un amor tal, que nos hace posible que nosotros guardemos los mandamientos.

De manera que este amor a Cristo, este amor que es tan fuerte que hace que guardemos los mandamientos, no es simpatía por Cristo, Cristo no dijo: “Si os caigo bien, guardaréis mis mandamientos”.

No dijo: “Si os parezco simpático, guardaréis mis mandamientos”, “si os inspiro ternura, guardaréis mis mandamientos”, “si os llenáis de entusiasmo, viéndome, guardaréis mis mandamientos”; el amor está mas allá de todas esas cosas, de todas esas ternuras y sentimientos, de toda esa, incluso, admiración.

“Si me améis” San Juan 14,15, hay amor que está aquí de por medio, pues la manera digna, fuerte y vigorosa de amar a Jesucristo, es con ese Defensor que recuerda en nosotros las palabras de Cristo y que nos conduce hacia la verdad completa, es decir, es la verdadera manera de amar a Cristo, es según esa gracia del Espíritu.

De manera que Cristo va a rogar al Padre para que nos dé el Espíritu y el Espíritu viene a nosotros para que conozcamos y amemos a Cristo. Quienes amen el misterio Trinitario, deléitense en estas palabras. Miren esto: Cristo ruega al Padre que nos dé el Espíritu y el Espíritu viene a nosotros para que amemos a Cristo, y así guardemos la voluntad del Padre.

Esto está como para que lo escribamos en un papelito chiquito para que no se nos olvide, porque son relaciones en la obra de las divinas Personas.

Al final dice nuestro Señor: “entonces” San Juan 14,18, ¿cuándo es ese entonces? “No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo” San Juan 14,19.

¿A que se referirá ese volveré? Ese "volveré" no parece que se refiera al retorno último de Jesucristo para el juicio definitivo de las naciones, porque si aquí dice: “Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis”, y si Cristo dice: “No os dejaré desamparados, volveré” San Juan 14,18, quiere decir que Él vuelve para que no estemos desamparados.

Si esa vuelta fuera solo la del final, habría mucho cristiano que le iría allá. Ya, después de todas las batallas, tentaciones, pecados, ahora vuelve, pues quiere decir que estuvimos desamparados durante toda la historia, desde el día de su ascensión hasta su retorno, entonces habríamos quedado desamparados.

Ese "volveré" no creo que se refiera al retorno al final de los tiempos, ese "volveré", como lo interpreta la Doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena, se refiere a la presencia que Cristo tiene en nosotros por virtud de la vida del Espíritu.

Ahí se comprende, vuelve el Espíritu de Cristo, es decir, viene el Espíritu que Cristo le pidió al Padre, y ese Espíritu viene cargado de toda la presencia del mismo Jesucristo.

Entonces el Padre celestial, por la oración de Cristo, envía al Espíritu, y el Espíritu enviado por el Padre, por la oración de Cristo, llega a nosotros cargado de la presencia de Jesucristo. Cuando esto sucede, ¿qué sucede? “Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros” San Juan 14,20.

Es el Espíritu Santo el que hace, el que completa ese lazo de amor y unidad entre el Padre y el Hijo; y es el Espíritu el que completa el lazo de amor de unidad entre el Hijo, Jesucristo, y nosotros los que creemos en Cristo. ¡Que venga ese Espíritu!

Tenemos un argumento muy fuerte para pedirle Dios que nos dé el Espíritu Santo, muy fuerte. Podemos decirle a Dios Padre: “Tu Hijo te está rogando el don del Espíritu, escucha la súplica de tu propio Hijo, danos el Espíritu Santo, escucha la oración de tu propio y Santísimo Hijo, danos la gracia del Espíritu Santo".

Con ese amor en nosotros, con esa presencia del mismo Cristo en nosotros, podremos guardar los mandamientos.

Ahora se comprende todo, claro: ¡si es Cristo el que va a vivir en nosotros por la acción del Espíritu!

Es evidente que Cristo no tiene pecados, Cristo guardó los mandamientos, Cristo guarda los mandamientos, para Él son como connaturales: “De que pecado podréis argüirme?” San Juan 8,29, decía en alguna discusión con los judíos. Él no tiene pecado.

Viene el Espíritu Santo a nosotros, vive Cristo en nosotros y con ese Cristo vivo en nosotros es imposible el pecado. El pecado queda excluido, porque Cristo está reinando.

¡Que venga el Espíritu Santo, que venga sobre nosotros y colme en nosotros el anhelo de Cristo!

Una súplica bonita para este Pentecostés que ya está cercano: Espíritu Santo, ven a colmar el anhelo de Cristo.

Es anhelo de Jesucristo que el Espíritu venga a nosotros para que se complete, para que se cumpla la voluntad de Dios Padre en nosotros.