Ap06002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960512

Título: Espiritu Santo es absolutamente fundamental en nuestra fe

Original en audio: 12 min. 43 seg.


Hermanos:

Estamos ya en el sexto domingo de Pascua. Este tiempo pascual va desde la Resurrección del Señor hasta Pentecostés. La Resurrección del Señor es precisamente la solemnidad de la Pascua, la culminación de toda la Semana Santa, como bien sabemos.

Y Pentecostés es la donación del Espíritu Santo a la Iglesia; hay un modo muy fácil de relacionar estas dos celebraciones, y de entender el por qué son el principio y el final del tiempo pascual.

La idea es que todo lo que pasó en el Domingo de Pascua a Cristo, con la gracia del Espíritu Santo, les pasa a los que son de Cristo; es decir, el Espíritu Santo une nuestra vida a la vida de Cristo.

De modo que aquello que sucedió en Cristo, suceda también en nosotros. Cuando recordamos una fecha nacional, como el veinte de julio, o el siete de agosto, recordamos algo que otras personas hicieron y que nos ha traído bienes.

Pero no es algo que nosotros podamos hacer, por lo menos de la misma forma; esta es una gran diferencia entre las festividades patrias y las festividades litúrgicas. En la Liturgia nunca celebramos algo solamente para decir: “¡Que bonito fue aquello, quién hubiera estado allí!”

Muy al contrario, celebramos el pasado para descubrir y realizarlo hoy y esperar esa plenitud de mañana. La Liturgia cristiana está de lleno en el tiempo, y sólo recuerda el pasado para que sea presente hoy.

Y para que el día de mañana alcance su plenitud. Bueno, alguien podría decir: “Lo mismo sigue sucediendo con las festividades patrias”, porque nosotros recordamos la Independencia nacional, por dar ese ejemplo.

Y hoy Colombia tiene también que ser liberada, tiene que ser independizada, no son ni uno ni dos los que se preguntan si realmente hay soberanía en nuestro país a la vista de muchos hechos.

Entonces, uno podría preguntarse si no se necesita una nueva gesta, comparable o incluso superior a la de nuestros héroes patrios, que sacara nuestro país de las esclavitudes y de las dependencias de las que se encuentra hoy.

De esa manera, nosotros estaríamos haciendo algo semejante a lo que hicieron ellos. Otro tanto se dice de algunos líderes o ideólogos políticos. Estudié un tiempo en la Universidad Nacional. Y mis ojos se acostumbraron a ver los letreros, como por ejemplo “Mao vive”. Ellos no estaban hablando de la resurrección de Mao, sino estaban diciendo que los ideales y las ideas de Mao tenían que seguir estando presentes.

Es lo mismo que hacemos los Cristianos pregunto yo, cuando nosotros decimos “Cristo vive” Podrían contestarnos los maoístas en coro, y decir “Mao vive” Somos nosotros unos repetidores, así sea actualizando la obra.

¿Unos repetidores de las gestas de héroes definitivamente caducos, en este caso repetidores de la gesta de nuestro héroe Jesucristo? No lo somos. Si no existiera el Espíritu Santo no habría ninguna diferencia.

Entre el maoísta que grita con entusiasmo: “Mao vive, porque yo voy hacer hoy en Colombia, o en Perú, o en América Latina el ideal de Mao", y el cristiano que dijera: “Cristo vive, porque yo voy hacer hoy lo que Cristo quiso", ¿cuál es la diferencia? Creemos un poco de suspenso.

Si usted no sabe la diferencia, tal vez usted es una especie de Maoísta. La diferencia está en que cuando nosotros decimos: "El ideal de Bolívar hay que rescatarlo, o cuando decimos: “El pensamiento de Mao está vivo”, ahí el que tiene el papel protagonista para lograr la actualización del programa político ideológico, es el mismo que grita la consigna.

El mismo que pinta el letrero en la pared blanca de la Universidad Nacional diciendo “Mao vive” Ese mismo se compromete en su fuero interno, y con un grupo de activistas a llevar eso a término.

Es él, el que tiene que obrar, porque para sus propias ideas Mao está bien enterrado, o bien incinerado donde quiera que se encuentre, al fin y al cabo como buen maoísta no podrá creer en la vida eterna.

Entonces, fíjate cuando se dice “Mao vive”, o el Che, o Bolívar, o el que sea, soy yo el que tengo que obrar. En cambio, cuando nosotros decimos: “Cristo vive”, y escuchamos un evangelio como el de hoy, estamos entendiendo que la gran diferencia es que de este Cristo vivo, surge y brota para nosotros una presencia misteriosa, pero real.

Los misterios no son realidades, amigos, cuando se dice que hay un misterio no significa; “No piense”, sino significa: “Crea”, y creer no es lo mismo que no pensar.

Cuando nosotros decimos: “Cristo vive”, lo decimos en ese Espíritu que ha sido comunicado a nosotros, y de esta manera la Iglesia nos está preparando para la festividad que tendrá lugar dentro de dos domingos: la gran festividad de Pentecostés.

La gracia del Espíritu Santo no es una especie de "animémonos todos, animémonos todos y verá que todos sacamos adelante el programa de Cristo". No es una especie de proselitismo, de "animémonos, y rescatemos los ideales de Bolívar o de Mao".

No es "animémonos", es "recibamos la animación, el ánimo, -ánimus, ánima, vida-. Recibamos la vida que Cristo resucitado infunde a nosotros". De manera que el Protagonista en la vida del cristiano, no es el cristiano, sino el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo.

Bueno, como usted ve, esa persona del Espíritu Santo es absolutamente fundamental en nuestra fe, porque si no creemos en esa presencia del Espíritu Santo, nosotros somos unos activistas. Y además, como estamos un poco inactivos, entonces somos una especie de activistas inactivos. Alguien podría preguntar: "¿Bueno, ¿y qué prueba hay de ese Espíritu Santo?"

¿Porque no será que, al fin y al cabo, cuando uno oye gritar a los maoístas: “Mao vive”, durante dos horas, oír a un coro de maoístas gritar eso, uno empieza a sentir que ellos tienen espíritu para trabajar lo suyo? ¿No será que el espíritu de los cristianos es simplemente otro nombre para nuestro entusiasmo, para trabajar por Cristo?

¿Es el Espíritu Santo otro nombre de nuestro entusiasmo? No, señor. Las pruebas irán apareciendo en este domingo, en el próximo domingo, y especialmente en el domingo de Pentecostés.

Usted recuerda, le voy a dar solamente un ejemplo, ¿los apóstoles era un grupo de entusiasmados? ¿Era un grupo de fervorosos activistas? ¿Era un grupo, una célula de proselitistas?

Era un puñado de gente cobarde, y asustada que estaba temiendo que los iban agarrar, y que les iban a hacer lo mismo que le hicieron a Cristo; eso es lo que eran ellos, y ésta es la diferencia fundamental.

Quiso Dios, en su divina misericordia, que fueran unos cobardes, los que predicaran el Evangelio para que entendiéramos que la predicación no se hace por virtud del entusiasmo humano, sino, por virtud del amor que brota del Cuerpo glorificado de Cristo, pero estos hombres de ignorantes fueron transformados en sabios, de cobardes en valientes, y ellos, que no podían dar razón ni de su propia fe, resultaron ser los maestros de las naciones.

Esa es la obra, que puede hacer el Espíritu Santo en nosotros. Eso es lo que hace que el grito: “Cristo vive”, no se convierta dentro de nosotros en una simple consigna, o en el efecto de unos aplausos bien dados, o de una música sugestiva.

El grito: “Cristo vive”, proviene del grito que da el Espíritu Santo a nuestras almas; esa certeza interior de que todo aquello que se nos dice exteriormente es así, y es verdad, sin ese don del Espíritu, nosotros quedamos indefensos, y cobardes.

Y cuando llega el mundo con todas sus pompas, y ofertas no sabemos qué hacer. Cuando llega el tiempo de la persecución, cuando llega el tiempo del desánimo, no sabemos qué hacer.

Cuando se sacan en público las vergüenzas de la Iglesia, como en películas de cine, no sabemos qué hacer, y entonces, nos volvemos un ocho. ¿Usted, no es por casualidad uno de esos cobardes que cuando oye chistes verdes de curas no sabe qué decir? ¿Y se ríe estúpidamente, porque no sabe qué decir en favor de los curas? ¿No es usted una de esas personas que cuando oye hablar mal de la Iglesia no sabe cómo hilar dos o tres frases?

¿No es usted uno de esos que cuando otro dice que el Papa no sabe ni dónde está parado, usted se calla y se colorea y baja la mirada? Pues usted necesita de la gracia del Espíritu Santo.

Y esa gracia hará en usted que de su cobardía se levante en valor, y hará que de su ignorancia se levante en sabiduría, y hará que pueda dar testimonio con verdad y con fuerza y convicción de que el Señor, el mismo Señor que hemos estado celebrando en esta Pascua, vive.

Y no vivirá por el entusiasmo suyo, sino el entusiasmo suyo vivirá por Él. Eso es lo que Dios le tiene prometido.

Amén.