Ap05004a

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Fecha: 20020428

Título: No dar tanta importancia a los problemas, sino a la Palabra del Senor y a la predicacion

Original en audio: 12 min. 28 seg.


Con la ayuda del Señor, vamos a tomar algunas enseñanzas de las lecturas que acabamos de oír. Estas enseñanzas no agotan la Palabra de Dios, porque la palabra es como una fuente inagotable, es más, posiblemente el Espíritu Santo le puede indicar a usted en el corazón otras aplicaciones, otras enseñanzas que ni siquiera se dicen en la Iglesia. El Espíritu, que nos inspiró esta palabra, es el mismo Espíritu que nos ayuda a explicarla y que nos ayuda a entenderla.

En la primera lectura hemos oído sobre algunos problemas que tenía la Iglesia. A veces podemos imaginar el tiempo de los primeros cristianos como una especie de sueño maravilloso en el que no había ningún problema, en que nadie discutía con nadie, en el que no había conflictos, fricciones, envidias, el paraíso, mejor dicho.

La primera lectura nos baja de esa nube. Donde hay humanos, hay humanidad, y aunque haya habido maravillosas experiencias del amor de Dios, persiste en la carne humanan la tendencia al egoísmo, a compararse con los otros, a sacar ventaja, a quejarse más de la cuenta.

No idealicemos el tiempo de los primeros cristianos; hubo discusiones entre ellos, porque los que eran de origen judío recibían un trato distinto de los que tenían origen menos judío. Eran también judíos pero de lengua griega, porque a partir de la dispersión que tuvieron cuando lo de Babilonia, los judíos ya no estuvieron confinados en la tierra de Palestina.

Y había muchos judíos que hablaban principalmente o únicamente la lengua griega, y recibían distinto trato. Discriminaciones, preferencias, roscas, problemas, que también encontramos en nuestro tiempo.

Entonces la enseñanza es doble. Primero: no idealicemos esa época de los primeros cristianos; y segundo: no nos desesperemos si encontramos en nuestro tiempo debilidades semejantes a las que hemos oído hoy.

Intervienen los Apóstoles de una manera sabia, de lo que se trata es de resolver el problema. Pero aquí viene otra enseñanza: los problemas de cada día no nos pueden absorber toda la atención. Por encima de la administración, por encima de los problemas, las intrigas, los celos, los chismes; por encima de todo eso, los pastores de la Iglesia tiene que saber mirar más alto y más amplio.

Y por eso los Apóstoles se reservan la misión suprema: la oración y la predicación; la cercanía con el Señor, y la proclamación de la Palabra del Señor.

Otra enseñanza para nosotros, porque aquí nos podemos preguntar qué tanto peso tienen en nosotros los problemas de cada día. He visto acabarse grupos de oración, he visto acabarse grupos juveniles por asuntos de celos, de chismes, de intrigas, de roscas, ¿qué les pasa a esos grupos y por qué se acaban?

Porque le dan tanta importancia a esos problemas, que se olvidan de lo fundamental: pase lo que pase, tenemos que garantizar la oración; pase lo que pase, tenemos que garantizar la predicación. Esas dos cosas no las podemos permitir.

Porque, a veces, es una estrategia del demonio ponernos a dar vueltas sobre los problemas, para que nosotros, en medio de nuestros celos, envidias, intrigas, nos mareemos y no le prestemos atención a lo principal y primero que es la Palabra del Señor y la búsqueda de la gloria divina.

Eso puede suceder, por ejemplo, con tantas noticias malas y vergonzosas que estamos oyendo sobre la Iglesia. En la radio, esos presentadores se dan gusto horas enteras sacando escándalos de sacerdotes, el daño que han hecho los sacerdotes, las perversiones de los sacerdotes, los pecados de los sacerdotes, que se vean las vergüenzas.

Hoy miraba en Internet el periódico más grande de circulación nacional que tiene Colombia, y tienen una sección: "Si usted sabe de escándalos con sacerdotes, mándenolos aquí a esta dirección", ¡ah, para tener harto de qué hablar!

Yo no niego que hay una cantidad de miserias, pero darle vuelta a nuestras miserias es estrategia del enemigo para que nosotros no le prestemos atención a lo primero y primordial que es la oración y la predicación de la Palabra del Señor.

Nosotros no podemos dedicar todo nuestro tiempo a resolver problemas. Y cuando en un grupo hay muchos problemas, se necesita algún tiempo para hablar las cosas, pero se necesita tiempo para juntar manos y orar, orar, orar; y se necesita tiempo para abrir la Palabra y ser amonestados por Dios.

Este es un consejo que sirve para muchas cosas: sirve también para las parejas, las parejas también se pueden marear. Aprendí en Física, que existen en el espacio sideral, unas estrellas que se llaman estrellas gemelas, que la una da vueltas alrededor de la otra. Cada una es encadenada, podríamos decir, agarrada, atrapada por el campo gravitacional de la otra, y dan vueltas.

En algunos cuerpos celestes que se llama quázares o quázars, estas vueltas suceden a muchísimas revoluciones por segundo. Pues hay parejas que son como quázares: el uno da vuelta alrededor del otro, y el otro alrededor del otro, yo no sé cómo no se marean. Y cada uno pendiente de los defectos del otro: ".Pero es que fíjate que tú me dijiste, "-ah, pero tú me dijiste", "-porque tú pensaste que yo te había dicho, que yo te iba a decir, que tú habías pensado que yo te dije".

¡Eso marea, eso destruye! Si la pareja se dedica tantísimo tiempo a resolver sus problemas y a dar vueltas, se marea. Yo no sé cómo hacen los quázars allá en el espacio para no marearse, debe ser que no tienen cerebro, ¿no? Claro, son estrellas sin cerebro. Pero nosotros tenemos cerebro y nosotros nos mareamos.

La pareja tiene que aprender este ejemplo también, y la familia. La familia tiene que detenerse y hacer oración. Precisamente en nuestra parroquia se está haciendo propaganda a la oración en familia. Está con nosotros un misionero, que ha estado en muchas partes del país, está aquí con nosotros invitándonos, convocándonos a la oración en familia.

A mí me gusta cómo lo describe el padre Mora, que es el nombre de este misionero, él invita a las familias: "Sean valientes y apaguen ese televisor, diez minutos, quince minutos, para orar por la misma familia". En muchas familias se habla mucho, pero se ora poco o nada; y la oración es indispensable.

Los Apóstoles oyeron el problema que había, pero no se quedaron ahí: "Bueno, a ver, explíquenos; a ver, Lucrecia, explique su punto de vista; bueno, ahora pasemos a Jacinta, explique usted; a ver, usted, díganos usted también; y usted... Y mientras tanto, ¿quién predica?

Hay que ponerle un límite a los problemas, hay que darle un tiempo a los problemas, claro, hay que oírlos y hay que buscar una solución, pero también hay que orar y hay que darle un espacio a la Palabra de Dios.

Por eso nuestro querido misionero, el Padre Mora, invita a que la familia ore, por ejemplo, con el Santo Rosario. ¿Y sabe por qué tiene tanta fuerza el Santo Rosario, que está por todo el mundo y en todas las lenguas? Porque el Rosario es una manera muy fácil de recordar los principales momentos de la vida de Cristo, es como estar en contacto con la Palabra viva de Dios. Ese es el mensaje que nos trae este sacerdote, que por bondad de Dios, pertenece a mi Comunidad.

Oremos en familia, dejémonos de estar echándonos las culpas de los unos a los otros; los papás diciendo: "Eso, con esos muchachos ya no se puede", y los hijos diciendo: "Mi papá nunca me entiende"; el esposo diciéndole a la esposa: "Deje de ser celosa", y la esposa diciéndole al esposo: "Y usted deje de ser tan gallinazo y tan coqueto".

¿Qué sacamos de tantas recriminaciones? Marearnos. Nos damos vueltas los unos a los otros, hasta que acabamos mareados y perdidos de Dios. ¡Qué enseñanza tan bonita! A los problemas hay que buscarles una solución, hasta donde podemos, pero hay que dar espacio a la oración.

Un grupo que tiene problemas, debe hablar, pero sobre todo tiene que orar. Tenemos que hablar, pero también tenemos que dejar que Dios hable, y Dios habla a través de la oración y a través de la predicación.

Hay tantas cosas tan bellas que se pueden decir, pero no quiero fatigarlos. Sólo quiero invitarlos a que sumemos nuestros nombres a la campaña de la oración del Rosario en familia. Sumemos nuestros nombres, hagamos el experimento de darle la palabra a Dios.

Ya en la casa habló o gritó el papá, habló o gritó la mamá, hablaron o gritaron los hijos; ya estamos mareados, necesitamos ser valientes, apagar un momento ese equipo de sonido, apagar un momento ese televisor y tener el valor de orar juntos, ojalá con el Santo Rosario.

Que Dios Nuestro Señor nos enseñe esas dos cositas que aprendimos hoy: que problemas hay en todas partes, y no hay que escandalizarse, y no hay que desmayarse, y no hay que desmoronarse; y segundo: que necesitamos darle la palabra a Dios.

Ya tú hablaste, ya habló tu esposa, ya hablaron tus hijos, ya hablaron tus papás; dale una oportunidad a Dios, detén tu vida, ora un poco en familia.

Amén.