Ap04005a

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Fecha: 20110515

Título:Tengamos una mirada nueva para Jesucristo en esta Pascua

Original en audio: 4 min. 33 seg.


Casi siempre, en los domingos, la primera lectura y el evangelio están muy relacionados, mientras que la segunda lectura suele abrir un tema diferente.

A mí me gusta comparar la presencia de la Palabra de Dios en nuestra liturgia con lo que sucede en una buena comida. Una buena comida usualmente tiene varios platos, se habla incluso de primer plato, segundo plato; yo diría que algo así es lo que sucede los domingos. Siempre hay un plato fuerte, que es el evangelio, que va acompañado de una entrada, y esa entrada es la primera lectura; pero también sule haber como un plato complementario, un segundo plato, por si acaso alguien quisiera también tomar algo ligeramente diferente.

Casi siempre, repito, primera lectura y evangelio van juntos; pero tal vez este cuarto domingo de Pascua en el ciclo A sea una excepción. La primera lectura está tomada de los Hechos de los Apóstoles, y nos da un mensaje claro y vigoroso. Una vez más tenemos a Pedro levantando su voz el día de Pentecostés y recordando a todos los que allí se han congregado que Jesús es el Señor, que Él es el Mesías, que hay una responsabilidad nuestra en la medida en que la causa última de a crucifixión de Cristo es arrancar el pecado del mundo, y pecadores somos todos.

Pero Pedro sobre todo está invitando a los que allí se han congregado, y nos invita a nosotros, a que dejemos atrás la vida de pecado, a que abracemos el mensaje de amor y misericordia, reconociendo a Jesucristo como nuestro Salvador, es un mensaje muy fuerte.

Pero la conexión mayor, en este caso, no está entre primera lectura y evangelio, sino entre la segunda lectura y el evangelio. Porque la segunda lectura está tomada de la Primera Carta de Pedro, capítulo segundo; mientras que el evangelio está tomado del capítulo décimo de San Juan. Y en estas dos lecturas encontramos también el título que tiene este domingo, porque este domingo tiene título propio.

Así como el segundo domingo de Pascua es el "Domingo de la Misericordia", según la voluntad del Beato Juan Pablo Segundo, así también el cuarto domingo de Pascua, desde hace mucho tiempo, es el "Domingo del Buen Pastor".

Realmente lo que hacemos en el cuarto domingo, y esto vale para el Ciclo A que es en el que nos encontramos, y también cuando llegue el Ciclo B y cuando llegue el Ciclo C; lo que sucede en realidad, es que durante la Pascua contemplamos la victoria de Jesucristo desde distintos ángulos, y uno de los más importantes es ver en Cristo Aquel que guía nuestra vida.

Reconocernos rebaño de Jesucristo es reconocerlo a Él como capaz, como poderoso y como sabio y como misericordioso, para ser nuestra referencia; Él es el que guía el rebaño, o según la expresión que aparece en el evangelio de hoy, Cristo es la puerta de las ovejas, Cristo es Aquel cuya voz reconocen sus ovejas. Y por eso tenemos que entrar por Cristo.

Cuando se habla de Cristo como puerta, también se habla de esa cercanía, ese aceptarnos Jesús dentro de su intimidad, dentro de su Corazón, dentro de su casa, que es la Iglesia.

Vivamos entonces con amor la victoria de Cristo como lo estamos haciendo en esta Pascua, veamos en Él nuestro líder, y jamás nos olvidemos de orar por nuestros pastores.