Ap03003a

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Fecha: 19990418

Título: El Resucitado va haciendo camino con nosotros

Original en audio: 6 min. 21 seg.


Queridos Hermanos:

¡Qué relato tan hermoso el que nos ofrece San Lucas en este tercer domingo de Pascua! ¡Cómo no reconocernos en esos hombres dudosos y tristes, que van hacia Emaús!

Ya ellos habían escuchado la buena noticia, habían escuchado que Jesús está vivo, que el sepulcro no tenía la última palabra, que la fuerza de Dios era más grande que la fuerza de la muerte. Pero no tenían vigor para creer.

Y aunque la Escritura proclama el camino de la Cruz y de la gloría, tampoco podían entender las Escrituras. Sus ojos eran incapaces incluso de ver al Resucitado, que estaba haciendo camino con ellos.

También nosotros hemos escuchado la buena noticia. También a nosotros se nos ha dicho, que el sepulcro no pudo retenerlo. También nosotros sabemos, que hay una Palabra después de la muerte, y que esa Palabra de vida viene de Dios y es la Resurrección de su Hijo.

Pero también nosotros, como caminantes desilusionados, a veces vamos por esta tierra incapaces de aceptar las buenas noticias, de puro abrumados de malas noticias.

Tenemos claro, cuál es el poder de Caifás. Sabemos, cuál es el poder de Pilato. Conocemos la tortura de la Cruz. Sabemos tanto de la abundancia del mal, que cuando nos llegan a contar que el bien existe, que el bien es rey y triunfa, no tenemos vigor, no tenemos fuerza.

Pero si nos reconocemos a nosotros en esos caminantes, reconozcamos también que Jesucristo, -aunque no lo puedan ver nuestros ojos-, va haciendo camino con nosotros. Como dice hermosamente la plegaria eucarística quinta: "Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan".

Cuando tomas la Biblia en tus manos, pides al Espíritu Santo que te ilumine, sientes que Dios te habla y descubres su voz en lo íntimo de tu corazón, de nuevo el Resucitado te está explicando las Escrituras.

Cuando te acercas a la iglesia, escuchas las palabras del Evangelio, y sientes que tú podrías ser uno de esos personajes que nos cuentan las Páginas Sagradas, es Cristo el que te está explicando las Escrituras; es Él el que parte el Pan de la Cena para ti.

Es verdad que Cristo les reprochó la incredulidad; les dijo que "eran duros de entendimiento" San Lucas 24,25. Pero también es cierto, que se puso a explicarles pacientemente.

Él es Jesús, Jesús del camino, Jesús que hace camino con nosotros. Jesús, que si encuentra, aunque sea un rescoldo de fe, aunque sea la última brasa y sólo la última encendida, es capaz de hacer camino, es capaz de volverse misionero, para anunciarle también a ese desilusionado, que la noticia del amor es posible.

Por eso el evangelio de hoy tiene una carga de esperanza inmensa. Como sacerdote, muchas veces he tenido que presenciar el dolor del corazón que no puede creer. He tenido también que sentir yo mismo, el dolor de ver a la gente renunciar a su fe, o de renunciar a la Iglesia.

En esos momentos, uno tiende quizás a desesperarse. Pero aquí está este capítulo veinticuatro del evangelio de Lucas, para decirnos, que tal vez a esas personas, tal vez a los que ya se van de Jerusalén, -en Jerusalén estaba la comunidad de los discípulos y éstos ya se iban de ahí-, tal vez, a ésos que hoy se van de Jerusalén, a ésos también Cristo los espera en algún recodo del camino, y caminará un trecho con ellos.

Cristo, como testifican estos dos discípulos que iban a Emaús, encenderá fuego en esos corazones. Quizás un día tengamos el gozo de ver, que todos esos que en cierto momento se alejaron de Dios, -a algunos de nosotros nos ha pasado además-, que todos esos retornan, que todos ellos vuelven, y que nos gozamos juntos en la Casa del Señor con la noticia maravillosa del amor.

Por nuestra parte, si llegan tiempos oscuros, si el rostro se ensombrece, pidamos al Espíritu que abra nuestros ojos. A lo mejor Jesús está muy cerca, a lo mejor está a tu lado con una Palabra que te ayuda a comprender ese dolor, a descubrir su sentido en la Cruz y en la Pascua, y que tiene todavía calor para darte, calor para tu alma.

No más desesperación; no más desilusión. Cambiemos la desilusión y la tristeza desesperanzada por una súplica, por una plegaria y por un oído atento.

Jesús está cerca. Él sigue haciendo misión en medio de nosotros, y su Palabra de salvación puede transformar nuestras vidas, como transformó la vida de estos dos discípulos.