Ap03001a

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Fecha: 19960421

Título: La Resurrección de Cristo, fuente de nuestra fe y de nuestra esperanza

Original en audio: 3 min. 42 seg.


Cada domingo es una proclamación de la Resurrección del Señor. Esto vale especialmente para los domingos del tiempo pascual, empezando desde luego, por ese domingo, que es fuente de todo domingo, el día de la Pascua.

Pero también es verdad, que cada domingo tiene su matiz y su enseñanza propia. En este domingo, por ejemplo, la podríamos resumir en aquello que dice el Apóstol San Pedro en su Carta: "Por Cristo, vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria; y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza" 1 Pedro 1,21; la Resurrección de Jesucristo, como fuente de nuestra fe y de nuestra esperanza.

El mismo Apóstol, en su discurso del día de Pentecostés, cuando habla al pueblo judío, les dice: "No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio" Hechos de los Apóstoles 2,24.

De modo que Aquel, que había sido "acreditado por los milagros, por los prodigios, por las señales" Hechos de los Apóstoles 2,22, -como ha dicho el Apóstol en su predicación de Pentecostés-, ese mismo Cristo, acreditado primero por las señales, ahora queda confirmado y definitivamente acreditado por esta gran señal, que es el testimonio de su Resurrección.

Y en esa Resurrección, nosotros, los seguidores de Cristo, no podríamos salir del apesadumbramiento, de la tristeza, de la decepción, de la congoja, que aparece en aquellos discípulos de Emaús; de ahí, no podríamos salir.

Porque, efectivamente, también nosotros tendríamos que decir: "Porque esperábamos que Él fuera el futuro liberador" San Lucas 24,21.

Pero una vez muerto y confinado al sepulcro, ¿cómo creerle a un liberador, que ha sido puesto en manos de sus enemigos, que ha sido puesto en las garras de la muerte, y que bajo el peso de una losa pesada, no logra levantarse, no logra decir algo distinto a: "Fracasé, perdí?"

Dios Padre acreditó a Nuestro Señor Jesucristo, resucitándolo de entre los muertos. Y la Resurrección es la gran señal de que una vida como la de Cristo, conduce ciertamente a una muerte como la de Cristo, pero por ese camino, a una Resurrección como la de Cristo.

Por eso, gracias a la Resurrección del Señor, nuestra fe y nuestra esperanza se centran en Dios.

Que Él nos permita mirar con ojos de fe su vida. Que nos permita mirar con ojos de fe su muerte, para mirar con ojos de fe su Resurrección.