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Fecha: 20111120

Título: El que no practica la misericordia no ha entendido el Evangelio de Jesucristo

Original en audio: 4 min. 26 seg.


¡Feliz domingo! ¡Feliz fiesta de Cristo Rey! Con este domingo estamos llegando a la culminación del Año Litúrgico.

Durante este año nos ha venido acompañando San Mateo, y es él también quien cierra con broche de oro, dándonos luces muy claras sobre qué significa el reinado de Cristo y qué significa servir a Cristo.

El miso Mateo nos había dicho al final del Sermón de la Montaña, que es el discurso más famoso de Jesucristo, había dicho en labios de Cristo. "No basta con decirme: ¡Señor, Señor! Hay que hacer la voluntad del Padre que está en los cielos" San Mateo 7,21.

La verdadera forma, la verdadera, manera de servir a Cristo es dar espacio en nuestras vidas para que su Evangelio suceda. El Evangelio tiene que volar de las páginas de un libro a las páginas de tu vida. Esas letras del Evangelio tienen que poderse leer en las horas, en las acciones, en las palabras, en lo que tú haces.

Y esto es lo que nos recuerda de manera dramática el capítulo veinticinco de este evangelio según San Mateo. ¿De qué se trata pertenecer a Cristo? ¿En qué consiste eso de pertenecer a Cristo? Pues el capítulo veinticinco nos lo muestra de un modo bastante gráfico. De lo que se trata finalmente es de compartir los sentimientos de Cristo, ser como Él, ¿en qué sentido? Pues lo mismo que escuchamos en otro contexto en el evangelio de Juan: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo" San Juan 20,21; "como el Padre me ha amado, así os amo yo" San Juan 15,9.

Es decir, eso que Cristo ha recibido del Padre, nosotros lo recibimos de Cristo. entonces nosotros venimos a ser como una presencia, como una prolongación del Señor. San Pablo decía: "Somos embajadores de Cristo" 2 Corintios 5,20. Es una imagen que también se ha expresado de otras maneras, como por ejemplo: "Tus manos son manos de Cristo, tus ojos son ojos de Cristo", es decir, Cristo no tiene otros ojos que tus ojos para mostrar su mirada al mundo.

Con tus manos, con tu corazón, con los pasos que tú das, con las palabras que tú dices, tú y yo y todos los que somos discípulos del Señor, mostramos la hermosura de su Evangelio, el poder se su gracia.

Ahora bien, ¿por qué Cristo ha querido tener esa paciencia con nosotros? ¿Por qué Cristo nos ha soportado con tanta paciencia y nos ha rodeado de tantos bienes? ¿Por qué ha curado nuestras heridas y nos alimenta incluso con su Cuerpo y con su Sangre? La única expresión, la única explicación es el amor, amor de misericordia, amor gratuito, amor generoso. Pues si eso es lo típico de Cristo, eso tiene que ser lo típico del cristiano; y por eso, el que no sabe de misericordia, no sabe de Cristo. Eso es lo que viene a decirnos el evangelio de hoy.

El que ve la necesidad del pequeño, del pobre, del enfermo, del desvalido, del desaparecido, del oprimido, el que ve eso y no hace nada, y se encierra en cambio en su egoísmo, ése no ha entendido nada del Evangelio, ése no es de Jesús. En cambio, el que prolonga el gesto compasivo de Cristo con el hambriento, con el sediento, con el que está desorientado, con el que está desvalido, ése, ése sí conoce la palabra "gracia", ése sí ha entendido el Evangelio de salvación.