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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20021124

Título: En Jesucristo se unen el amor y el poder

Original en audio: 5 min. 57 seg.


Podemos decir, mis hermanos, que en esta fiesta estamos bendiciendo, alabando, agradeciendo el poder de Jesucristo. Lo primero que a uno le viene a la mente cuando se piensa en un rey, es el poder. ¡Jesucristo tiene el poder! ¡Él es el Poderoso!

Él mismo lo manifestó, como nos cuenta el capítulo veintiocho del evangelio según San Mateo. Dijo a sus Apóstoles: "Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la tierra" San Mateo 28,18. Jesucristo es el Poderoso, el que tiene poder.

Y en el Apocalipsis hay varias alabanzas dirigidas a Cristo bajo la figura del Cordero degollado. Allá también se proclama en tono de alabanza: "¡A Él, el honor y el poder!" Apocalipsis 7,12. De igual manera en la Santa Misa, festejamos, alabamos el poder de Dios, por ejemplo, cuando decimos: "Tuyo es el poder, el honor y la gloria por siempre, Señor".

Pero, ¿qué es lo maravilloso de esta fiesta? Que el poder no está separado del amor. Porque, la gran tragedia que sufre el mundo, es que el amor está separado del poder. De poco sirve un amor impotente, de poco sirve un poder sin amor. Lo que necesitamos es un poder que tenga amor, lo que necesitamos es un amor que tenga poder.

¿Qué es un amor impotente? El amor impotente es el que se queda solamente en las buenas intenciones, en los buenos sentimientos. ¿Quién de nosotros quiere que los niños mueran de hambre? ¿Quién? ¡Nadie! Todos queremos que los niños tengan alimento. Todos tenemos buenos sentimientos para con los niños. Mas, los niños se siguen muriendo de hambre.

Tenemos buenos sentimientos, tenemos amor por los niños. Sin embargo, ¿de qué sirve un amor impotente? Si ese amor no se traduce en obras, en instituciones, en familias nuevas, si no se traduce en una educación de la afectividad y en una educación en el manejo de nuestro tiempo y dinero, nuestro amor es impotente. Y el amor impotente va dejando una estela de cadáveres. ¡Un amor impotente no sirve de nada!

No obstante, un poder sin amor es todavía una cosa peor. Un poder sin amor es un ídolo demoníaco, que sacrifica a sus intereses sangre humana. Poder sin amor es lo que hemos conocido en la larga serie de las tiranías que en el mundo han existido. Poder sin amor significa campos de concentración como quiso Hitler: "Al que no me obedezca, lo torturo o lo mato".

Poder sin amor significa opresión, desaparecidos, torturas, secuestros. ¿Qué corazón se necesita para secuestrar a una persona? Cuando se secuestra a una persona y se sabe que hay toda una familia llorando de rabia, de dolor, de miedo y eso no importa, cuando no importan las lágrimas de los pobres, cuando no importan los sentimientos de los indefensos, ahí tenemos el rostro de un poder sin amor.

No sabe uno qué es peor, si el amor impotente, el amor sin poder, o el poder sin amor. El amor sin poder, es la complicidad con que tanta gente deja que el mundo se pudra. El poder sin amor, es el fuego maldito que destruye naciones enteras, que despedaza a los inocentes y a los pequeños en los altares de la egolatría y de los distintos imperios.

Pero, Jesucristo no es amor sin poder, ni Jesucristo es poder sin amor. En Jesucristo, bella, hermosa, sabiamente, se unen el amor y el poder. Él es el amoroso Pastor, Él es el único Juez.

Juntemos esas dos palabras: Juez, eso suena a poder; Pastor, eso suena a amor. Jesucristo es los dos, poder que sabe amarnos, amor que tiene poder en nosotros.

Alegrémonos en esta fiesta y aprendamos del modelo de Cristo, a hacer que nuestro amor se vuelva realidades de salvación y que nuestro poder se vuelva instrumento de misericordia.