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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19961124

Título: Cristo Rey es la plenitud, es el eco ultimo de la Resurreccion

Original en audio: 7 min. 42 seg.


Queridos Hermanos:

Cada domingo la Iglesia hace memoria de lo que sucedió en el primer domingo, porque la cuenta de domingos tiene su cero, tiene su punto de partida. El primer domingo, el que le da su nombre, su gloria, y su luz a todos los domingos, fue el día de la Resurrección de Nuestro Señor.

El acontecimiento de la Resurrección nadie lo presenció, nadie puede decir qué fue lo que le sucedió a ese Cuerpo que había sido puesto en el sepulcro, y del cual luego no se tuvieron más noticias ahí.

Los judíos de la época, que no necesariamente hay que asociar con los judíos de hoy, los judíos de la época inventaron una historia y le dieron una fuerte suma de dinero a los guardias para que aseguraran que mientras estaban dormidos, alguien se había robado el Cuerpo de Jesús.

Desde luego esta es una contradicción, si estaban dormidos, ¿cómo pueden asegurar que se lo robaron? Y si estaban despiertos, ¿entonces por qué no hicieron nada para impedir que se lo robaran?

En realidad, ese Cuerpo desaparecido del sepulcro, del cual se cuentan una cantidad de apariciones, sobre todo en esos primeros días de la Iglesia, pero también a lo largo de la historia, ese Cuerpo desaparecido, ese Cuerpo glorificado es el centro, y el corazón de nuestra fe.

Si a nosotros nos preguntan, para responder en una sola frase, qué es lo que nosotros creemos como cristianos, lo que nosotros creemos es que ese Hombre, Jesús de Nazaret, Profeta grande en palabras y señales, murió en la Cruz, odiado, pero sin odiar, con una voluntad absolutamente de entrega al Padre y de perdón por la humanidad.

Muerto en la Cruz fue puesto en el sepulcro y después no hubo más noticia de Él, hasta que unas personas, testigos privilegiados, contaron haberse encontrado con Él; los que principalmente difundieron este testimonio son los Apóstoles, y por eso, la fe que nos reúne también en este domingo, tiene su fuente última en el testimonio de esos hombres, los Apóstoles.

¿Y por qué hemos de creerle a ellos? Pues, entre otras cosas por la misma incredulidad que ellos mismos tuvieron; los Evangelistas nos cuentan de la tremenda cobardía, del horrible susto que tuvieron que vivir los seguidores de Cristo cuando vieron que su Señor, su líder era castigado, era crucificado, y era finalmente muerto.

Que hombres cobardes y sin instrucción llegaran hasta el testimonio de la sangre, y que los acompañara una vida recta y santa, llena de amor y prodigios, eso ha servido de canal para que el Espíritu de Dios difunda la noticia bendita de la Resurrección a lo largo y ancho de las culturas, a través de todos los siglos, más allá de todas las barreras.

Sin embargo, esta noticia no se ha apoderado por completo de la tierra; muchas personas viven como si no existiera amor o esperanza para ellas; otras personas intentan hacer todas sus preguntas de modo que encuentran respuesta en las realidades que tienen al alcance de su vista, y por eso todavía nosotros no sabemos hasta dónde llega la noticia de la Resurrección.

Aquí es donde entra la celebración que estamos haciendo el día de hoy; es una celebración en esperanza. Hoy la Iglesia celebra con esperanza a Cristo como Rey del Universo. Cristo Rey es la plenitud, es el eco último de la Resurrección. El reinado de Cristo sobre toda criatura, es la plenitud de aquello que se nos cuenta en la Biblia.

Y por eso bien se puede decir que la última página de la Biblia, la última página de la revelación no está impresa en papel, sino que quedará impresa en la historia de la humanidad, cuando se concluya, cuando se lleve a plenitud el reinado de Cristo.

Reinado que contrasta vivamente con los gobiernos y con los reyes; y reinados que nosotros conocemos. En el prefacio de nuestra Eucaristía, vamos a llamar a Cristo Rey de paz, y a su Reino, un Reino de justicia y de amor.

Parece que el amor fuera lo más estéril para reinar, parece que para ganar el poder, el amor es un estorbo; y parece que se alza con el poder, no el que tiene más amor, sino el que tiene más garras o pezuñas para aplastar a los otros, y levantarse por encima de sus cráneos, y lograr así ascender al puesto que codician.

Por eso tiene algo de sorprendente la noticia de que Cristo sea Rey, un Hombre, que hasta donde podemos escuchar en los Evangelios, tiene una predicación que no sirve para alcanzar el poder. ¿Acaso, a base de perdones y misericordias, a base de compasiones y comprensiones, se logra el poder? Bien le dijo Cristo a Pilato: “Mi Reino no proviene de este mundo, no es el mundo que me ha hecho Rey” San Juan 19,36. El Reinado de Cristo no es comparable a los reinos de esta tierra.

Y, sin embargo, es el único y verdadero Reinado, porque si hay algo que termina doblegando al corazón humano, es el ser amado. La urgente necesidad de ser amado, de ser acogido esto es lo que en últimas tiene poder en el corazón humano.

Es verdad que las garras o pezuñas pueden aplastar a los cráneos, es verdad que eso puede suceder; pero ese cráneo, esa vida aplastada, en realidad no se ha sometido, y por eso los imperios de esta tierra, cuando se sostienen a base de intriga, de violencia, o de malas artes, esos reinos de esta tierra, en realidad, no reinan, lo que hacen es silenciar las voces, pero los corazones de esos supuestos súbditos maldicen y reniegan de sus supuestos jefes.

Sólo Reina aquel que logra llegar al corazón, mover la voluntad; la única puerta para lograr eso es el amor; el esplendoroso amor de Cristo brilla en la Cruz, y brilla en la Pascua. Él es el Rey del Universo. Y por eso, como decíamos al comienzo de esta celebración, hoy estamos teniendo el último eco de la Semana Santa, luego nos prepararemos a suplicar a Cristo que regrese, y este es el Adviento.

Y para animarnos a esperarlo con más fuerza, recordaremos su llegada al Pesebre en Belén, y esto será la Navidad; así, de año en año, la Iglesia nos instruye y nos alienta para que lleguemos a plenitud en nuestra propia vida cristiana.