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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19961110

Título: "Ya no habra mas tiempo"

Original en audio: 6 min. 55 seg.


Queridos Hermanos:

Las parábolas son un recurso pedagógico maravilloso de la predicación de Jesús, para imprimir en los corazones de los oyentes una enseñanza, al mismo tiempo profunda y fácil de recordar, de transmitir.

Hoy, la Santa Iglesia nos ofrece esta Parábola de las diez doncellas, -igual podría traducirse, las diez vírgenes-, y así quizás las recordamos por la traducción que solía leerse en el evangelio del domingo.

Las costumbres judías en torno al matrimonio, suponían entre otras, esta clase de ceremonia, en la que el novio con una especie de corona de flores, iba a buscar en una determinada hora del día o de la noche, a su prometida o a su novia, y eso servía de comienzo para una celebración, para una fiesta.

No se trataba, entonces, de la costumbre que tenemos nosotros de celebrar el matrimonio tal día, a tal hora, en tal iglesia, sino que tenían como ese tipo de juego.

Las celebraciones matrimoniales, por otra parte, eran muy largas. Se convertían en algo parecido a pequeñas ferias y fiestas, como cuando tenemos nuestras fiestas y ferias en Chinácota, o en Sutatá, o en La Palma, que son celebraciones no de un instante. Consistían en un conjunto de momentos en los que participaban de la familia de él y de la familia de ella.

Este ambiente era bien conocido por todos los oyentes de Cristo cuando por primera vez predicó esta Parábola. Para nosotros suena un poco extraño y por ello, hay que añadir algunas explicaciones como las que estamos haciendo.

Pues bien, viene a suceder que en esta comparación, Cristo logra describir con maestría un profundo contraste.

De lo que concierne, en realidad, es de que quede en el ánimo de sus oyentes el contraste entre la modorra, la pereza con que toca esperar a que sucedan las cosas, y la prisa cuando ya llegó el novio, hay que correr y no les alcanzan las piernas para llegar a la tienda, para volver a la fiesta, para tocar y para decir si pueden o no ser recibidas.

Se trata del contraste entre ese tiempo en la historia, en el que parece que nada sucede; y ese es el tiempo en el que también quizá estamos nosotros. La Segunda Carta de Pedro hace la advertencia: "Algunos piensan que ya no va a suceder nada, porque desde la creación del mundo, el mundo sigue igual" 2 Pedro 3,3-4.

Así pueden sentir muchas personas: Sale el sol, se pone el sol. Nace gente, se muere gente. Se cae un presidente o termina su período, eligen otro presidente, llega otro presidente. Cae un imperio, se levanta otro imperio.

Y por eso, se puede creer que nada está sucediendo. Por eso, uno se va adormeciendo en la fe, uno se va adormeciendo en el amor y se va limitando al mínimo. Esa es la lámpara que está a punto de apagarse.

Me gusta mucho esta nueva traducción en la expresión que dicen las doncellas precavidas a las no precavidas. Les dicen: "No nos va a alcanzar para todas" San Mateo 25,9. La traducción usual decía: "Si no alcanza para nosotras y para vosotras, mejor id a la tienda" San Mateo 25,9. Esto refleja preferiblemente, me parece, las palabras del Señor. Es la certeza de que ya es demasiado tarde.

Si es aficionado usted al Apocalipsis, búsquese el texto en el que un Ángel grita con voz potente: "Ya no habrá más tiempo" Apocalipsis 10,6. Ese es el mensaje de este evangelio y la Iglesia nos lo presenta porque el Año Litúrgico se está acabando.

Nos quedan unos poquiticos domingos antes de que termine este Año Litúrgico y estemos ante la visión maravillosa del retorno de Cristo Señor. De ahí que la Iglesia nos vaya preparando.

Pues bien, "ya no habrá más tiempo" Apocalipsis 10,6. No es indefinido, no es infinito el tiempo. A cada persona se le acaba su propio tiempo y en el momento de la muerte, ya no se le puede pedir aceite de buenas obras, aceite de fe, aceite de gracia del Espíritu.

Son como las interpretaciones que se le ha dado al aceite. Ya no se le puede pedir ese aceite a nadie. Se ha acabado el tiempo.

Lo que dice Jesús no sólo vale para cada persona, sino para la historia. En algún momento, no sabemos cuándo, se acabará el tiempo y nadie podrá hacer nada por nadie. Luego, ahora que sí tenemos tiempo, ahora, que sí es posible, hay que colmarse de fe, hay que colmarse de gracia, hay que colmarse de buenas obras y no hay que dejarse engañar por las apariencias.

Si nos da la impresión de que este tiempo va demasiado despacio y nunca sucede nada, cuando se precipiten los acontecimientos finales, quizás lloraremos el desperdicio de tantos días, de tantas ocasiones en nuestra vida.

Fiados de Cristo Señor, aprendamos su enseñanza y dispongámonos para acogerlo en la Eucaristía, mientras un día le acogemos glorioso viniendo desde los Cielos.

Amén.