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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20081026

Título: Dios nos ama y nos pide amarlo a El y amar a los demas como a nosotros mismos.

Original en audio: 13 min. 29 seg.


Queridos hermanos:

Antes de hacer alguna reflexión sobre las lecturas de hoy, yo quiero invitarlos a que nos detengamos un momento para descubrir la riqueza de esto mismo que estamos haciendo, es decir, celebrar la palabra de Dios, celebrar el sacramento de su amor.

En los países de los que nosotros venimos, ir a la Misa es algo común y entre los edificios del pueblo o de la ciudad donde venimos, seguramente es familiar la torre de la Iglesia, la cruz está por todas partes, para mí, me imagino que lo mismo que para ustedes, encontrarme en una cultura tan distinta como esta, producen sentimientos muy diversos.

He tenido ocasión de visitar santuarios de Confucio y santuarios Taoístas en estos días, los altares sencillos donde la gente ofrece sus frutas o el incienso y donde están esas piezas de madera que parecen como unas medias lunas y que se tiran para averiguar la suerte. Con esos actos tan sencillos, estas personas desean expresar su veneración por el recuerdo de antepasados o por ciertas formas de deidad que ellos consideran que existen.

Pero lo primero que atrae mi atención, cuando veo a la gente haciendo esa clase de cosas, es que no existe esta proclamación de una palabra, nosotros nos reunimos y lo primero que hacemos es escuchar la palabra, por eso nuestra Misa tiene dos partes, la liturgia de la palabra y la liturgia de la Eucaristía, la celebración liturgia es como celebración.

Nosotros celebramos la palabra de Dios, la celebramos escuchándola, presidiéndola, atendiéndola y luego celebramos el amor que Dios nos ha tenido, porque en una cena como esta, cena que celebramos en la Misa, Jesús nos regaló todo lo que nos podía regalar, su cuerpo, su sangre, su vida entera y eso no existe en los templos de estos amigos aquí en el país, ellos no tienen esa noticia.

No podemos decir quién es mejor o quien es peor, no se trata de eso, si algo bueno tenemos es un regalo de Dios, quien de nosotros hizo algo para que Cristo se le manifestara así, como se nos ha manifestado, pero lo que quiero es que apreciemos nuestra fe, que valoremos lo que tenemos, desde que empezamos la Misa, lo primero que hacemos es trazarnos la señal de la cruz y ya con ese solo gesto estamos recordando en donde se manifestó el amor de Dios, de que tamaño es el amor de Dios, un Dios que se ha ocupado de nosotros, que se ha agachado para levantarnos, que ha tenido la ternura, la compasión, la misericordia para con nosotros.

Mientras que en estas religiones orientales todo es empinarse para tratar de subir a un nivel espiritual, sapiencial, divino, esto se ve sobre todo en el confucianismo, mientras que la religión oriental es tratar de empinarse, nuestra fe cristiana es descubrir a un Dios que se agachó.

La religión oriental es como el ser humano que hace lo mejor de lo mejor de sus fuerzas físicas, emocionales y mentales tratando de alcanzar, es el ser humano en el máximo de su esfuerzo. Nuestra religión cristiana es el ser de Dios en el máximo de su compasión, de su amor y de su ternura.

El nuestro es un Dios que ha mostrado que quiere ocuparse de nosotros y eso hasta un grado, hasta un nivel que simplemente desconcierta, por eso decía un poeta español, Lope de Vega, entiendo yo que fue él, decía “que tengo yo” le decía a Cristo “que tengo yo que mi amistad procuras, que interés se te sigue Jesús mío”.

Esto es lo maravilloso y yo quisiera, porque sé que a menos que Dios disponga otra cosa, nos vamos a ver muy pocas oportunidades en esta vida, quizás con algunos esta es la única ocasión que nos veremos sobre la tierra, pues como solo tengo estos minutos para contarles la noticia del amor de Dios, lo que quiero dejar grabado en cada corazón de ustedes es que el Señor nos ha amado con locura, como dice el evangelio de Juan, “nos ha amado hasta el extremo” (San Juan 13,1).

Y por eso no tiene nada de extraño, que el mismo Señor cuando nos va a mandar algo, cuando nos va a dar su mandamiento, su norma, la norma es básicamente y fundamentalmente amar, eso es lo que hemos encontrado en el evangelio de hoy precisamente, le preguntan unos fariseos para ponerlo a prueba ¿Cuál es el mandamiento principal? (San Mateo 22, 36).

¿Y por que esto era poner a prueba a Jesús? pues porque entre los judíos fervorosos de aquel tiempo, había muchas discusiones, porque había muchas escuelas, entonces unos decían que el mandamiento más importante ere este y otros decían que era aquel, y los fariseos al hacerle esta pregunta a Jesús lo que quieren es meter a Jesús en una casilla, tenerlo encajonado, saber el es de esta escuela, ya lo tenemos aquí atrapado, ya sabemos cómo es El.

Querían saber, querían averiguar a qué escuela pertenecía Jesús, con quienes hacia partido, para después decir ese partido está errado o está equivocado; pero fíjate que en la mente de los fariseos todo esto era un juego académico, era un problema intelectual y era evidentemente un truco para tratar, como dice el evangelio, tratar de atraparlo, le hacen esa clase de pregunta jugando para ver si pueden atrapar a Jesús y pensando solamente desde el punto de vista de los conceptos y las teorías, pero esa pregunta, que era una trampa y que era un juego para ellos, sirve de ocasión para que Jesús nos regale la nuez, el centro, el corazón del evangelio.

Tal vez para ellos ese era un tema únicamente para la cabeza, Jesús responde desde el corazón. El evangelio mismo tiene un corazón y en ese corazón el centro es amar, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y amarás a tu prójimo como a ti mismo (San Mateo 22, 37-39).

Ahí tenemos el centro de nuestra enseñanza y ahí tenemos el centro del evangelio, pero claro, todos creemos que amamos y todos amamos a algo o a alguien. Además hay personas a las que es muy fácil amar, usualmente es muy fácil amar a la familia, por decir algo, el que tiene un novio o una novia le resulta muy sencillo amar a su novio o a su novia.

Amamos a nuestros amigos, y amamos también cosas, si tenemos un computador de última generación lo queremos mucho y lo protegemos bastante o un reproductor de mp3.

La tecnología y los automóviles despiertan algo más que interés intelectual, sentimos afecto por la ropa fina de pronto, y sentimos afecto por lugares, el amor está siempre impregnando en todos los aspectos de la vida humana; pero cuando Jesús nos habla aquí de amor, la medida de ese amor la da El mismo, es decir, la palabra amor ha quedado redefinida desde que Jesús vino a este mundo.

Porque en todos estos ejemplos de amor, tanto a las cosas como a las personas que he dicho, pues finalmente lo que sucede es que uno se ama a través de las cosas, yo amo el coche que he comprado, pero es que recibo la satisfacción de que es mío, incluso muchas veces en el amor que creemos que tenemos a las personas, más que amar a las personas nos estamos amando a través de las personas, nos amamos a través de ellas, amamos los beneficios que podemos encontrar en ellas y por eso, repito, hay personas a las que es muy fácil amar.

Usualmente para un muchacho soltero y en buena salud amar a una mujer hermosa inteligente y cariñosa no requiere mayor esfuerzo; pero hay que preguntarse si ese amor se dirige del hombre hacia la mujer o si el hombre se está amando a sí mismo a través de esa mujer, es decir, está recibiendo un beneficio. Jesús ha redefinido la palabra amor, en el diccionario de Jesús la palabra amor tiene un contenido impresionante y ese contenido es lo que está en la señal de la cruz, por eso tenemos tantas cruces, por eso nos trazamos la señal de la cruz.

La palabra amor ha encontrado su plena definición allí donde Jesús se ha despojado de sí mismo, por buscar nuestro bien y nuestra salvación.

Mis amigos, sigamos esta celebración, vamos terminando la liturgia de la palabra, lo que sigue es la liturgia de la eucaristía, esto es maravilloso en nuestra fe, porque no se trata simplemente en recordar que Cristo nos amó allá en otra época, aquí sobre el altar este mismo Cristo que se convierte en presencia de amor que renueva nuestras vidas.

Que el Señor nos abra los ojos para que sepamos lo que estamos recibiendo y vivamos con gratitud y con alegría esta que es nuestra fe.