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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20021027

Título: “Amaras a tu projimo como a ti mismo”

Original en audio: 12 min. 53 seg.


Es muy interesante ver en la Biblia cómo Dios quiere inculcarnos sus enseñanzas, porque en la Biblia no sólo es interesante lo que nos enseña sino cómo nos lo enseña.

Por ejemplo, en Colombia tenemos leyes buenísimas, tenemos preceptos, ordenanzas, mandatos, reglamentos, códigos, disposiciones, decretos buenísimos, no nos faltan leyes, pero tal vez sí nos falta una pedagogía, una manera de hacer que la ley llegue al corazón, se interiorice, se practique, se viva.

Y por eso me llama la atención la primera lectura, el tema de hoy son los mandamientos, el amor a Dios y el amor al prójimo. Y la primera lectura se refiere al amor al prójimo y lo interesante, insisto, por lo menos es lo que quiero destacar hoy, es la manera como quiero enseñar eso, el amor al prójimo ante todo.

Observemos hermanos, que el amor del que se nos habla aquí no es una cosa que a uno le salga espontáneamente, porque amar muchas veces implica renunciar a las propias ventajas, amar muchas veces implica sacrificarse, ceder privilegios.

Y el corazón humano, herido por el pecado original y por los pecados personales y sociales, no siempre está dispuesto a amar, por esto tenemos que decir que el amor necesita ser aprendido; el deseo no, pero el amor sí.

Para desear no necesitamos que nos enseñen, pero para amar sí y el libro del Éxodo, en la primera lectura de hoy, nos da unas claves muy interesantes para acercarnos al amor, para enseñar amor y para aprender a amar.

Miremos que es lo que se está diciendo ahí: “No debes perjudicar ni humillar al inmigrante” Exodo 22,20, esa es la palabra que han escogido en esta traducción, otras Biblias dicen “el extranjero”.

Nosotros, hoy en Colombia, podríamos decir el "desplazado", la palabra hebrea en todo caso se refiere a la persona que está fuera de su propia tierra y no por su propia voluntad, no está haciendo turismo, por eso es buena la palabra "inmigrante" y por eso nos sirve la palabra "desplazado".

“No debes perjudicar ni humillar al inmigrante pues ustedes también fueron inmigrantes en el país de Egipto” Exodo 22,20. Miremos cómo se enseña el precepto, el precepto es muy fácil: “No perjudique ni humille a los desplazados”; es fácil, pero lo interesante es el método, la pedagogía, ¿aquí qué metodología se está utilizando? Recordar el pasado.

Miremos otro método, dice aquí: “No explotarás ni a la viuda ni al huérfano si los explotas se encenderá mi cólera los haré morir a ustedes por la espada, sus mujeres quedarán viudas, sus hijos quedarán huérfanos” Exodo 22,23, ¿qué pedagogía se utiliza aquí? Es como mostrar que lo que le sucede al otro te podría suceder a ti.

Llevamos dos métodos, primer método: “Acuérdese usted cómo era”; segundo método: “Así como está el otro así podría estar usted”, bonito. Son métodos prácticos para enseñar lo que significa a amar.

Y mira que mas nos puede enseñar este pasaje, "si tomas la capa de tu prójimo como prenda, debes devolvérsela antes de la puerta del sol" "no teniendo mas con que cubrirse como podrá dormir" Exodo 22,25-26, la pregunta es: ¿tú te quedas con la capa del pobre? Pues estamos hablando de una sociedad muy limitada en recursos materiales.

Un pobre usualmente tenía una sola capa que le servía para abrigarse durante el día o cubrir su desnudez en el día y de cobija por la noche, esa era esa sociedad, y dice el texto sagrado: "No te quedes con esa capa, es su cobija por la noche" Exodo 22,25, ¿Cómo podrá dormir? ¿Cómo vas a dormir tu sabiendo que el otro no puede dormir?

Otro método pedagógico, que tal que tu carne tuviera frio, que tal que la noche fría estuviera sobre ti y tu no tuvieras una capa o no tuvieras una cobija, es interesante el método.

Todos estos textos del libro del Éxodo, son como explicitaciones de lo que luego nos dice Jesús en el evangelio: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" San Mateo 22,39, y así entendemos lo que significa "como a ti mismo"; como a ti mismo significa: entonces, “ponte en el lugar del otro”, “acuérdate lo que eras tú”, “mira lo que te podría suceder”, “la vida da muchas vueltas”.

Es un método pedagógico, que de una manera muy práctica, quiere que nosotros aprendamos a descubrir lo que le está sucediendo al hermano y a ponernos en el lugar del hermano, si yo aprendo, si aprendo a ponerme en el lugar del otro de lo que le está sucediendo, de lo que le puede suceder, seguramente lo voy a tratar de otra manera.

¿Como podemos ahora aplicar esta enseñanza a nuestra vida, por ejemplo a nuestras familias? Estas cosas no se pueden quedar únicamente en la teoría, no se pueden quedar como enseñanzas abstractas, estas cosas tienen que vivenciarse.

¿De qué modo? En la sociedad en la que fue escrito o en la que fue predicado lo del Éxodo, había mucha gente que se quedaba viuda, había mucha gente que se quedaba pobre, estas escenas que dice el Libro del Éxodo eran escenas que todo el mundo conocía, la gente no tenía un guardarropa, la gente tenía una túnica y si acaso una más de repuesto.

Vivían de otra manera, de una manera que a nuestros ojos es extremadamente pobre, y la capa que le servía en el día, era la cobija para por la noche; las personas utilizaban los vestidos hasta que se caían, hasta que se volvían harapos sobre sus carnes.

Porque sus telas eran gruesas, pero eran muy costosas, no había las máquinas ni mucho menos almacenes de telas, todo prácticamente era echo a mano en esa sociedad, estos ejemplos se entendían inmediatamente porque estaban cerca de las experiencias de vida de aquellas personas.

Para nosotros, ¿cómo podemos aprender? ¿Cómo podemos aplicar esto? Necesitamos acercarnos a las experiencias de vida, necesitamos acercarnos a los problemas y a los dolores, a los problemas y a los olores, necesitamos acercarnos a ése que está ahí.

Les cuento esta historia con la que termino, un papá participaba de un bonito grupo de oración, él empezó a ver que los hijos se le estaban volviendo demasiado caprichosos, demasiado egoístas, demasiado superficiales, ningún juguete era suficiente juguete, ningún helado era suficiente helado, ningún juego era suficiente juego, ellos eran insaciables y todo era: “Papi, dame, papi, dame”, y el papá se dio cuenta de que los hijos se le estaban malcriando.

El papá pertenecía a ese grupo de oración, entonces se organizó en ese grupo una visita a un ancianato, casi siempre él iba solo o iba con la esposa, no se le ocurría llevar a los hijos, porque decía: “Los niños están muy pequeños, los niños se van a aburrir, tantas cosas tristes, “tantas cosas feas que se ven en esos ancianatos, en esos hogares de misericordia".

Pero un día, precisamente que estaba pensando en lo caprichosos que se le habían vuelto los niños, y un dijo: "Y ¿por qué no los llevo?" Y se llevó a los niños y los niños conocieron, por eso digo los dolores y los olores, y los niños vieron otras vidas, otras familias.

Y luego conocieron otros barrios, otros niños, otras escuelas; es decir, el papá hizo lo que dice el Libro del Éxodo, llevar al niño a que pueda tener una experiencia distinta, que sepa que la vida no es igual para todo el mundo y que pueda ponerse en el lugar del otro.

El niño estaba acostumbrado a que la abuelita era la consentida de la casa, la abuelita era como una muñequita venerada y venerable allá en la casa y todo el mundo la quería y la respetaba.

Y cuando fue al ancianato y vio esas mujeres que eran abuelas y que nadie las visitaba, y vio lo que tenían que comer esas abuelas, tuvo que acordarse de su abuelita, tuvo que pensar cómo era la cosa en su casa, santo remedio, los niños, por lo menos por un tiempo, cambiaron, los niños se dieron cuenta de cuánto tenían.

No esperemos a que la vida nos quite lo que tenemos para que se cumpla el refrán: “Uno no sabe lo que tiene sino cuando lo pierde”, no es necesario perderlo, basta acercarnos con amor al hermano, basta descubrir la necesidad del hermano, basta sentir lo que el está viviendo y entenderemos la palabra de Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”San Mateo 22,39.