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Fecha: 19991017

Título: Que Dios sea realmente el Rey de nuestra vida

Original en audio: 16 min. 33 seg.


El pueblo hebreo durante un tiempo gozó de independencia, se podían gobernar ellos mismos, tuvieron sus propios reyes. El primero de los reyes fue Saúl, luego vino David y luego Salomón, hasta ahí había un solo rey para todo el pueblo.

Pero ya de ahí en adelante se desordenó la cosa, porque resulta que el hijo de Salomón, que se llamaba Roboam, ya no tuvo el talento, ni la inspiración, ni la amistad con Dios para mantener unido al pueblo, entonces se dividieron en dos reinos, uno al norte y el otro al sur, finalmente el Reino del Norte se acabó, lo acabaron los asirios y quedó sólo el Reino del Sur.

El Reino del Sur fue arrasado por un reino de Babilonia llamado Nabucodonosor, Nabucodonosor llegó y cargó con todo y desterró a los judíos, los que vivían en el Reino del Sur que era el único que había quedado, se los llevó para Babilonia, desde ese momento se acabó la independencia política del pueblo hebreo, ya no tuvieron independencia política.

¿Se acabaron o no se acabaron los del pueblo hebreo? No se acabaron, porque hubo una pelea entre los de Babilonia y los persas, los persas no creían en el Dios de los hebreos.

Yo tengo que contarle toda esta historia a usted para que percibamos con toda su fuerza el mensaje de la primera lectura, que de pronto la hemos sentido un poco lejana; ya verá la sorpresa que nos tiene Dios en esa primera lectura.

Resulta que los persas vencieron a los babilonios, ¿y qué pasó? Que el rey de los persas, que en ese momento era Ciro, el señor que mencionaron en la primera lectura, tomó como política en su gobierno deshacer lo que habían hechos los otros, un poco lo que pasa por ejemplo en algunos cargos públicos en nuestro país.

Que resulta que hay un alcalde que es liberal por ejemplo y después llega un conservador a deshacer todo lo que hizo el liberal y luego llega otro liberal a quitar o a cortar todos los planes y todos los procesos que había hecho el conservador, algo parecido fue lo que sucedió ahí con los persas.

Con Persia y Babilonia cuando subió Ciro. Cuando él ya venció al imperio de Babilonia, Ciro quiso deshacer todo lo que había hecho Babilonia, en particular lo que había hecho Nabucodonosor.

Y por esta razón dijo: “Ah, con que a esos tales judíos se los trajeron hace setenta años de allá, de su tierra, pues devolvámoslos que se devuelvan para su tierra” Esdras 1,1-14, y así los judíos pudieron volver a Jerusalén y por eso no se acabó el pueblo judío.

Mientras que el Reino del Norte (acuérdese que se habían dividido) el Reino del Norte que se llamó propiamente Israel, los asirios se lo cargaron y ellos si nunca los devolvieron y claro un pueblo desterrado termina por diluirse, por disolverse, por acabarse.

Todas esas tribus del norte se acabaron y ese era el destino que esperaban los judíos, los del Reino del Sur, pero los judíos, aunque fueron llevados al reino de Babilonia, después por esa pelea que hubo entre Persia y Babilonia, Ciro dijo: “Bueno, ustedes devuélvanse a su tierra”.

Yo que quiero destacar con esto, porque ya son bastantes nombres raros para una sola homilía, yo quiero que usted tenga el cuadro de lo que estaban pensando las personas y el cuadro de lo que estaba pensando Dios, hay que tener los dos cuadros en esa primera lectura.

¿Que pensó Nabucodonosor cuando se alzó, cuando se abalanzó contra los judíos y los despojó de todo? ¿Qué estaba pensando? Satisfacer su codicia, su egolatría como tantos otros tiranos, era un hombre ególatra: "¡Ah, el poder! Yo soy el que mando".

Bueno, ¿qué estaba pensando Nabucodonosor cuando desterró a los judíos? Desplegar su poder, darse importancia, gloria, honor para satisfacer su codicia, pero llegó otro más grande, que fue el imperio persa.

¿Qué estaba pensando Ciro cuando venció a Nabucodonosor o a sus sucesores? Pues estaba pensando lo mismo de Nabucodonosor: "Yo les voy a ganar; esta pelea me la gano yo". Y se acaba el imperio de Babilonia y surge el imperio Persa.

Y Ciro eso estaba pensando y cuando Ciro dijo: “Y quiero que los judíos se devuelvan a Jerusalén”, ¿que estaba pensando? "No les voy a dar el gusto de que ninguna de sus órdenes queden en pie", como quien dice, "le voy a arruinar todos sus programas de gobierno, todo lo que se quiso hacer lo voy a deshacer".

¿Ciro estaba pensando en Dios? ¿Estaba pensando en el amor a Dios? ¿O En la fidelidad de la alianza? ¿En que se cumpliera el plan? Él no sabía nada de eso, y eso es lo que nos ha dicho la primera lectura precisamente.

Esto dice el Señor a Ciro. Dice aquí, “Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías” Isaías 5,4.

¿Cuál es la enseñanza que nos da la primera lectura? ¿Cuál es la enseñanza que nos quiere presentar? Pues nos quiere presentar la enseñanza de cómo piensan las personas y como obran; y como piensa Dios y como obra.

Ciro estaba pensando en sus intereses, tan egoísta como todos, tan codicioso como todos, pero a través de la codicia de Ciro Dios estaba cumpliendo su plan, estaba devolviendo a los judíos a su tierra y así regresaron los judíos a su tierra.

Los habían sacado en el año 587 antes de Cristo, y cerca del año 520 o cosa parecida, los devolvieron a su tierra, y de esa restauración, el pueblo judío levantó el templo con mucho esfuerzo y se concentraron a estudiar la Ley y se conservaron como pueblo y de ahí nació Jesucristo, de ese pueblo así conservado, después de ese destierro.

Hay un refrán que resume esta enseñanza: “Dios escribe derecho en renglones torcidos”; muchas veces uno quiere enderezar los renglones a como dé lugar, como quien dice, "mientras no se establezca un régimen de justicia, de claridad, de verdad, mientras no se logre que las cosas sean sanas, transparentes y leales, no se puede vivir una vida recta y buena", ¡paja! Eso no es así.

Fíjate cómo cada uno de los personajes de esta historia, Nabucodonosor, Ciro, Babilonia, Persia, cada uno de esos personajes estaba obrando a su propia manera, con su propia libertad y a su propio estilo, y sin embargo el plan de Dios se iba cumpliendo paso por paso.

El plan de Dios se cumple, la obra de Dios se cumple; Ciro, aunque no conocía a Dios, es un ungido de Dios; Ciro, aunque obra movido por su codicia, cumple con el plan de Dios; Ciro, aunque obra para desquitarse del otro y aunque era por idolatría, es un servidor de Dios.

Como quien dice, lo que hace esta primera lectura es una maravilla, es abrirnos los ojos para que sepamos que son también instrumentos de Dios, incluso circunstancias, lugares, instituciones problemas, personas que ni siquiera están pensando en Dios; se convierten en instrumentos de Dios.

De una manera más clara dice esto el Apóstol San Pablo en la Carta a los Romanos: “Todo concurre para el bien de los que aman a Dios” Carta a los Romanos 8,28. Todo concurre para el bien.

Nosotros no esperemos vivir nuestra vida cristiana en un mundo donde todos le hacen caso a Dios, en un mundo donde toda la gente le hace caso a Dios, no esperemos eso; nosotros retrasamos la obra de la santidad de nuestra vida, la obra de la conversión de nuestra vida, porque estamos esperando que los renglones se pongan derechos; señores, no es así, no es así.

¿Hoy cómo estamos? ¿Hoy quién gobierna? Esta es una pregunta, que poniéndose así pensador, vamos a darme ese título, como pensador, no hago con mucha frecuencia. ¿Quién gobierna realmente el mundo? Yo creo que los gobiernos políticamente establecidos, no son los que tienen el verdadero poder.

Yo he llegado a esa conclusión: existen senados, cámaras, congresos, existen cortes constitucionales, existe división de poderes y presidente de la república, existen muchas cosas, ¿pero quien gobierna realmente? Eso es difícil decirlo.

En un país como este uno no sabe si está en manos de Nabucodonosor o en manos de Ciro o en manos de quiénes, entonces uno vive en incertidumbre, ¿quién es el que realmente gobierna?

La primera lectura, y ahora vamos entendiendo el evangelio, nos invita a cambiar la pregunta, el problema no es quién te gobierna a ti, mejor dicho, ¿quién dice que te gobierna a ti? El problema es quién dices tú que es tu rey; el problema no es el que diga que manda sobre ti, el problema es a quién le haces caso tú.

Ustedes, mis hermanos, ustedes son llamados hoy por la Palabra de Dios a cambiar la pregunta, no esperemos a que nos gobierne el mejor gobierno, no esperemos a que la sociedad se organice, para que esté clara, transparente, lúcida y razonable.

Dios obrará a través de muchos Ciros, Dios obrará a través de muchos como Nabucodonosor, no esperemos a que sean las circunstancias las favorables. Decía un pensador: "Las cometas no se levantan a favor del viento sino contra él".

Señores cristianos, señoras cristianas, no esperen ustedes a que las circunstancias sean favorables al Evangelio, también a través de esas personas aparentemente adversas, también a través de esos instrumentos, Dios estará obrando.

Para poder comprender mejor, digo el evangelio que hemos escuchado, fíjate la pregunta con la que le llegan a Jesús: “Bueno, ¿vamos a darle dinero al emperador, sí o no?” San Mateo 22,17.

Cualquier cosa que dijera Cristo, peligraba su vida, tenían algo de que acusarlo; si Cristo decía sí, entonces dirían: "Está a favor del Imperio Romano"; si Cristo decía no, entonces dirían: "Es un revoltoso, es un guerrillero", como los zelotas que había en la época de Cristo.

De manera que si decía que no, ahí estaban los soldados de Herodes listos para caerle, y si decía que si, que había que pagar impuesto al Emperador, ahí estaban los fariseos celosos de la nacionalidad judía, listos para caerle; cualquier cosa que dijera le tenían la trampa perfecta.

¿Y que responde Jesucristo? Pues con toda la sapiencia que todos le conocemos dice: “Bueno, pues devuelvan el al emperador lo que es del emperador y devuélvanle a Dios lo que es de Dios” San Mateo 22,21.

Con otras palabras, lo que significa es: "El problema no es ése" es que tampoco era gran cosa estar gobernado, ni por Saúl, ni, por Salomón ni por David, el problema no es quién esté encima de usted, ni quién diga quién tiene poder sobre usted; el problema es a quién está obedeciendo usted, el problema no es quién dice que es rey de usted, sino usted quién dice que es su rey.

Yo creo que podemos resumir las enseñanzas de estas lecturas exactamente con esa frase, el problema no es quién dice que es su rey, sino el problema es quién dice usted que es su rey.

¿A quién tiene usted por rey? ¿Quién gobierna sobre su vida? Porque si su vida está gobernada por Dios, todas las circunstancias, incluidas las batallas entre Persia y Babilonia, todas las circunstancias serán instrumentos para que se cumpla en usted el plan maravilloso de amor que Dios tiene a su favor.

Ya no discuta más con las circunstancias, ya no se enrede más con las circunstancias, piense que si usted tiene eficazmente a Dios como su Rey, las circunstancias obrarán a favor de usted, aunque parezcan tan extrañas como la lucha entre Ciro y Babilonia.

Ya no se enrede más con que el precio de la vida, con que la economía, con que las leyes, la falta de paz, la violencia, ¡qué pereza que eso sea el único tema! Como si Dios ya dejara de ser Rey porque hay esos problemas.

La lectura de hoy es vigorosa, es liberadora, está diciendo: "Mire, Dios no deja de reinar, así haya un Ciro un Nabucodonosor, o haya el que sea, tenga usted a Dios por Rey y las circunstancias obrarán a su favor.

Que si gobierna el fondo monetario internacional, Bill Clinton, o el que quiera gobernar, o el que tenga el poder en esta tierra, no importa; si Dios es mi Rey, todos esos señores son Ciros y a través de ellos Dios cumple maravillosamente su plan en mí, y como dijo San Pablo, en ti y en tu familia.

No nos vamos a enredar más con las circunstancias, con vigor, con prudencia, con vigilancia y con calma, avanzaremos por esta tierra, seguiremos nuestro camino con una sola certeza: "Si Dios es realmente el Rey de mi vida, todo concurrirá en favor de ese plan de amor que Dios tiene para mí".