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Fecha: 19961020

Título: Dejar que Cristo se convierta en pregunta para nosotros

Original en audio: 9 min. 16 seg.


Queridos Hermanos:

La Palabra de este domingo nos presenta una especie de prueba definitiva a la que quisieron los enemigos de Cristo someterlo. Esa prueba definitiva es: "¿Cómo vas a obrar tú ante los poderes de esta tierra?" San Mateo 22,17.

Se trataba verdaderamente de un lazo mortal. Si Jesús decía que no había que pagar impuesto al emperador o al César, como estamos acostumbrados a oír, esto lo situaba dentro del grupo de los rebeldes, dentro del grupo de aquellos que estaban tratando de alzarse contra el imperio, y por consiguiente, esto hacía de Él un enemigo público.

Sabemos de qué manera los romanos reprimían esta clase de rebeliones. Precisamente, la Cruz, a la que después fue sometido Cristo, era el suplicio que reservaban ellos para aquella gente de mala ley, que no se sometía a su poder.

Pero, si Cristo decía que sí había que pagar el impuesto al emperador, esto significaba que estaba de acuerdo con la dominación romana, y por consiguiente, que no estaba reconociendo verdaderamente a Dios como Rey.

La pregunta, entonces, era una verdadera trampa, y se presenta de modo cortés, llena de una falsa dulzura, de una adulación que Cristo rechaza. "Sabemos que eres sincero" San Mateo 22,16, le dicen, cuando están tratando de probar su sinceridad.

"Sabemos que tú enseñas el camino de Dios" San Mateo 22,16, le dicen, cuando exactamente lo que intentan es que quede claro que Ése no es el Enviado de Dios.

"Sabemos que tú hablas sin que te importe la opinión de la gente" San Mateo 22,16, le dicen, precisamente, para tratar de ubicarlo en alguna de las opiniones de la época, para tratar de encerrarlo en un grupo.

Si pensamos en la historia de la Iglesia y en la historia de la sociedad, ése ha sido el esfuerzo que muchas personas han hecho: tratar de matricular a Jesucristo dentro de una determinada opinión o grupo, para luego aprovecharse de ese hecho, como pretendían los fariseos en el texto que hemos escuchado.

La respuesta de Jesús se ha convertido en una especie de proverbio o de refrán. La recordamos todos en la traducción usual: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" San Mateo 22,21.

Para comprender esta respuesta, vale la pena decir que el pueblo judío, aunque aceptaba de mala gana la dominación romana, de todas maneras le sacaba mucho provecho a ese suceso. Y también hay que decir, que había entre los judíos toda una franja, especialmente la de los saduceos, que mantenía esa alianza con el imperio y que de buena gana quería que el imperio romano se quedara en Palestina.

La respuesta de Jesús está llena de inteligencia, está llena de sagacidad. En realidad, es como si les dijera: "Si ustedes están recibiendo los bienes del imperio, pues páguenle también al imperio. Si ustedes están recibiendo bienes de Dios, denle la gloria a Dios".

"Pero, no pretendan entonces ustedes, hipócritas, decir que se están rebelando contra la dominación romana, cuando ustedes le sacan tanto provecho a los romanos. No pretendan tampoco decir que le están colaborando a los romanos, si en el fondo pretenden alzarse contra ellos".

Estos señores estaban tratando de encerrar a Jesús dentro de una determinada opinión. La respuesta de Cristo les ayuda más bien a que se miren a sí mismos y a que miren en qué situación se encontraban ellos. Si pretendían que Cristo se matriculara a favor o en contra del imperio romano, esta respuesta del Señor ayuda a que ellos mismos vean en qué situación están frente al imperio.

Algo parecido sucede cuando nosotros criticamos las posturas de Cristo, cuando nosotros nos alejamos de sus posiciones o sentimos desconfianza de su radicalidad. La vida y la mirada de Jesús se convierten en una pregunta para nosotros.

Yo creo que es mejor mirar a Cristo más como una pregunta que como una respuesta. En cierto modo, Él es respuesta porque es pregunta. Cuando nosotros nos acercamos a Él, su infinita generosidad se convierte en un profundo cuestionamiento ante nuestras mezquindades.

Cuando nos acercamos a Él, su completa pureza, su hermosísima virginidad, se convierte en un cuestionamiento contra la mediocridad con que nosotros solemos tratar el amor. Cuando nos acercamos a Él, su perfecto perdón y su increíble capacidad de reconciliación, se convierten en una pregunta y en un cuestionamiento frente a nuestros pequeños odios y resentimientos.

Por eso, creo que más que un asunto de poderes y más que un asunto de emperadores, lo que nos presenta el evangelio de hoy, es a Jesús como una pregunta para esos fariseos, para ese imperio y para esos pequeños imperios.

Es como si Jesús nos preguntara en este día: ¿Quién es el Señor de nuestra vida? ¿Qué es lo que nosotros estamos recibiendo de los poderes de esta tierra? ¿Qué gloria le estamos dando a Dios?

Quiero, por tanto, hermanos, invitarlos a que frente a Cristo que se expone en la Eucaristía, a nuestro amor o a nuestra indiferencia, a nuestra adoración o a nuestra blasfemia, frente a ese Cristo que se expone, cada uno exponga también su propio corazón. Y le invito a que usted se deje preguntar hasta el fondo por Cristo.

Le invito a que no intente encerrarlo a Él. Este intento ya se hizo. Se intentó apresarlo, se intentó amarrarlo, se intentó crucificarlo, se intentó encerrarlo en el sepulcro. Y del sepulcro, de la Cruz, de los clavos y del sudario, Él sale siempre resucitado.

No procures tanto clasificar a Cristo como Filósofo, como Maestro. No intentes tanto clasificar a Cristo a favor o en contra de los pobres o de los ricos. Deja que Él más bien se convierta en una pregunta para ti.

Y frente a ese Cristo, dejemos que nuestra vida sea interrogada. Frente a ese amor puro, generoso y limpio, dejemos que nuestro amor se ruborice. Frente a nuestros egoísmos, dejemos que su liberalidad y su generosidad se conviertan en una pregunta.

Cuando uno se acerca a Jesús y es preguntado por Él, las aduanas, las rejas, las barreras del alma van cayendo y un aire nuevo se respira en el corazón.

¡Inténtelo! ¡Inténtelo a fondo! ¡Vívalo a fondo! Viva usted esta Palabra y descubrirá que Él, hasta lo profundo de su Corazón, es la verdad y el amén de Dios para nuestras vidas.