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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020929

Título: Estamos cerca del Reino de Dios cuando humildemente nos arrepentimos

Original en audio: 8 min. 36 seg.


Hermanos:

A veces uno tiene la idea de que Nuestro Señor Jesucristo, por esa mansedumbre, por esa humildad de corazón, tenía un lenguaje muy dulce, muy amoroso, muy tierno, muy suave.

Pero, hay una cantidad de pasajes del Evangelio que nos muestran a Jesús predicando con muchísima fuerza, casi diríamos, con muchísima dureza. Y el pasaje del evangelio de hoy es uno de esos ejemplos.

Podemos decir, que las dos clases de personas más despreciadas en aquella época, eran los recaudadores de impuestos, los llamados publicanos, y las prostitutas. Un recaudador de impuestos se hacía rico a base de la fuerza, a base de la violencia contra los más pequeños, las viudas, los huérfanos, los que no tenían cómo defenderse.

Esa clase de personas engendra resentimiento, engendra una rabia muy entendible en la época de Jesús y también en nuestro tiempo. Desde luego, está el caso de las prostitutas, aquellas personas que parecen desechables y que en todas las culturas son miradas de una manera abyecta. Los recaudadores de impuestos y las prostitutas eran entonces la basura, lo último, el lumpen de la sociedad.

¡Y tener Jesús esa fuerza de predicación para decir que, "esa clase de personas iba delante de los otros"! San Mateo 21,31. Eso casi equivalía a un insulto.

Yo creo, que es como si hoy nos dijeran, que un político corrupto, -porque sería más o menos la equivalencia con los recaudadores de impuestos de aquella época-, un político de esos que se han robado, que se han bebido la sangre del pueblo, y una prostituta, o qué sé yo qué otro tipo de persona, están más cerca del Reino de Dios que nosotros.

Podemos suponer el impacto que debían causar esas palabras de Cristo. Repito, eso se parece a un insulto. Lo menos que tenía que sentir la gente era: "Pero, ¿por qué me insulta? ¡Si yo trato de ganarme el pan honradamente! ¡Yo no ando destruyendo hogares! ¡No vendo mi cuerpo! ¿Por qué me maltrata así? ¿Por qué me dice eso?"

Así que, hermanos míos, tenemos que quitarnos la idea de que Jesús, por ser tan amoroso, por ser tan dulce, por ser tan manso y por ser tan humilde, tenía una palabra acariciadora. Muchas veces la Palabra de Cristo, más que una caricia, se parece a una bofetada, se parece a una cachetada.

Pero, esas palabras, Cristo no las dijo a todo el mundo. Cristo no está diciendo que esa clase de personas fueran mejores que todos. Cristo está diciendo algo muy específico. Esas personas van delante en el Reino de Dios por una sola razón. No es por los pecados que cometieron.

Van delante, porque, "cuando Juan Bautista predicó arrepentimiento, esa clase de personas reaccionó. Los publicanos y las prostitutas reaccionaron" San Mateo 21,32. Se dieron cuenta de su estado, de su mala vida y entraron en arrepentimiento.

Esa es la ventaja que llevan ellos. Cristo no está diciendo que esa clase de vida sea mejor, ni está diciendo que hay que pecar mucho para entonces tocar fondo y ahí sí recuperarse. Cristo lo que está diciendo, es: "Allí, donde hay arrepentimiento, allí está cerca el Reino de Dios. Y hay gente que se arrepiente más rápido que ustedes".

¿Y cuáles eran esos "ustedes"? ¿A quién le estaba hablando Cristo? Cristo no estaba diciendo: "La mejor gente del pueblo son los publicanos y las prostitutas". Él estaba diciendo estas palabras a los que se creían buenos y se creían llenos de autoridad por sus cargos religiosos. Por eso, dice el evangelio: "Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo" San Mateo 21,28.

A la gente que se considera con mucha autoridad, porque enseña, Jesús les está diciendo: "Ustedes sólo tienen palabras. Ustedes se parecen a ese muchacho que dijo: "¡Sí! ¡Sí! ¡Ya voy!", pero nunca fue. Ustedes tienen palabras, pero su corazón es desobediente. Ustedes no se arrepienten de corazón de lo que han hecho".

"En eso les están ganando las prostitutas y los publicanos. Les están ganando, porque ustedes, con su fachada de palabras bonitas, ocultan un corazón que es enemigo de Dios. En cambio, esas personas, quizás serán malas, pero por lo menos no dicen que sean buenas.

Esas personas son capaces de arrepentirse, mientras que ustedes dicen una mentira tan bien contada, que hasta se la creen ustedes mismos. Pero, Dios los conoce y sabe que están podridos por dentro".

Así entendemos el mensaje de Jesucristo. Es una cachetada, es una bofetada. Pero, es una bofetada para quitar esa fachada de palabras mentirosas. Es una bofetada para quitar las apariencias. Es para que nos demos cuenta, que todos necesitamos de Dios. Que si alguien quiere correr en el camino de Dios, tiene que empezar por una cosa: ser humilde y aprender a arrepentirse de las faltas que ha cometido; no empezar a rodearse de disculpas, de discursos religiosos y a creerse un gran maestro.

Con estas palabras, Jesús nos está hablando muy especialmente a los que predicamos. Jesús, en este momento, me está diciendo a mí: "Bueno, Nelson, usted que predica a tanta gente y que tiene tantas palabras, ¿cómo anda su corazón, hermano? ¿Es usted como los sumos sacerdotes de esa época? ¿Como los ancianos del pueblo en aquel tiempo, que tenían muchas cosas para decir, pero era solamente para tapar la mentira que llevaban dentro?"

Por eso, dice el Apóstol Santiago: "No pretendan ser todos maestros, porque el juicio de un maestro, el juicio de un predicador, es un juicio más severo" Santiago 3,1.

Y hoy, en este evangelio, lo comprobamos. Andar predicando, andar enseñando, puede ser una gran obra para Dios. Pero, también puede ser una gran mentira y una gran fachada de hipocresía.

¿Con qué conclusiones nos quedamos? ¡Que Dios detesta la hipocresía! ¡Que a Dios no se le sirve simplemente con palabras! ¡Que Dios sabe lo que hay en nuestros corazones y que el camino hacia el Reino de Dios, empieza por la humildad y por el arrepentimiento! En eso, quienes menos nos imaginamos, nos pueden dar grandes lecciones.