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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990919

Título: La persona que lleva cuentas del bien que hace no tiene amor y no ha entendido el Evangelio

Original en audio: 14 min. 21 seg.


Muy Queridos Hermanos:

Los Evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan no escribieron para el aire, escribieron para seres humanos, para comunidades cristianas; podemos decir que cada uno de los evangelios nos retrata una manera de contemplar el misterio de Jesucristo en una comunidad. Y por eso cada Evangelista, por ser persona particular, individual, irrepetible, y por pertenecer a una determinada comunidad en la que estaba floreciendo la gracia de Dios, cada Evangelista tiene sus particularidades.

Cuando uno escucha la Palabra de Dios muy de cuando en cuando, tal vez no nota estas particularidades; pero cuando uno escucha con frecuencia o lee con frecuencia la Palabra, se da cuenta de que cada Evangelista tiene como sus temas predilectos, su enfoque propio, su estilo singular. Muchas veces este estilo tiene que ver con la comunidad a la que pertenecía el evangelio; hoy sabemos, por ejemplo, que San Mateo pertenecía a una comunidad en la que había muchos cristianos de origen judío.

Distinto fue el caso de Lucas, otro Evangelista. En la comunidad de Lucas primaba el elemento de origen pagano, porque al cristianismo hemos llegado, algunos, por raza, la raza judía, a la que Dios le había hecho las promesas, de quienes desciende Cristo según la carne; y otros, la inmensa mayoría, creo que por ejemplo la inmensa mayoría de nosotros venimos del paganismo.

San Mateo tiene, pues, ante sus ojos una comunidad mixta: hay algunos que se han convertido viniendo del judaísmo, y hay otros que se han convertido viniendo del paganismo. Y por eso Mateo tiene una memoria especial para aquellas palabras de Cristo que sitúan al Evangelio con respecto a la Ley de Moisés, con respecto al pueblo de la Primera Alianza.

Por ejemplo, cuando Mateo nos presenta el Sermón de la Montaña, Cristo aparece ahí, diríamos, como un nuevo Moisés. ¿Te acuerdas del Sermón de la Montaña cuando cristo dice, por ejemplo, "habéis escuchado que se os dijo, pero yo os digo"? San Mateo 5,21-22; San Mateo 5,27-28, ahí aparece Cristo como aquel que promulga la Ley definitiva. "Él no viene a abolir la Ley, -nos dice también Mateo-, sino a llevarla a su plenitud" San Mateo 5,17-18.

Estas palabras de Cristo, esa famosa expresión: "Pero yo os digo", San Mateo 5,22; San Mateo 5,28, se encuentra en Mateo y no se encuentra en los otros Evangelistas, porque repito: Mateo tenía una memoria especial, tenía el recuerdo particular de aquellas palabras de Cristo que se refería a la relación del nuevo mensaje, el mensaje de la Buena Noticia, el Evangelio, comparado con la Ley de Moisés, con las prácticas del Antiguo Testamento y con ese pueblo al que el mismo Cristo pertenecía, el pueblo judío.

Uno de los problemas de ese pueblo judío, cuando vuelve su mirada hacia el Evangelio, es el que está esbozado en el evangelio de hoy: el pueblo judío llegó primero a la viña de Dios, llegó desde temprana hora a la viña de Dios. Abraham vivió cerca de diecinueve siglos antes de Cristo, y desde Abraham y sus descendientes hasta Cristo hay toda una jornada, hay un camino que pasa por el desierto y por el destierro; un camino que pasa por la promulgación de la Ley y por el descubrimiento trágico de que esa Ley, siendo tan buena y tan sabia, no se podía cumplir.

Hay un camino, hay una jornada. Ese hombre que dice: "Estos últimos sólo trabajaron una hora y los trataste lo mismo que a nosotros que hemos aguantado el peso del día y el calor" San Mateo 20,12, esa frase de ese hombre retrata la experiencia del judío que sabe que ha tenido que recorrer un camino muy largo hasta encontrar el denario, hasta encontrar el descanso, hasta encontrar al Señor. Ha tenido que recorrer un camino muy largo, y por eso se queja.

Esta misma escena se presenta, por ejemplo, en el capítulo décimo del libro de los Hechos de los Apóstoles. En ese capítulo se cuenta que el Apóstol Pedro fue a predicar a un grupo de paganos, y mientras Pedro les estaba predicando, el Espíritu Santo bajó con poder sobre ese grupo de hombres que no pertenecían a la raza judía, y los judíos que estaban con Pedro se extrañaron y se admiraron y dijeron: "El Espíritu Santo viene sobre ellos, como vino sobre nosotros".

En esa expresión está algo parecido a lo que hemos escuchado hoy: "Estos últimos, -es decir los paganos-, sólo trabajaron una hora y los trataste lo miso que a nosotros que hemos aguantado el peso del día y el calor" San Mateo 20,12.

Así que hay una aplicación muy apropiada, muy razonable de este texto. Se trata de una comunidad en la que es necesario mostrar que Dios es bueno con todos, que la gracia es para todos, que la vida y la oferta que trae Jesucristo son para todos.

Pero nosotros no podemos quedarnos solamente con esta explicación. Tratemos de buscar una aplicación también a nuestra vida. ¿En qué sentido nosotros nos parecemos a estos judíos, y en que sentido nos parecemos a estos paganos? ¿En qué sentido nosotros hemos llegado a la última hora, y en qué sentido nosotros sentimos el peso del día y el calor de la jornada?

A ver, siente el peso del día y el calor de la jornada toda persona que le cuesta trabajo ser buena. Cuando uno es bueno porque le toca, cuando uno es bueno por guardar las apariencias, cuando uno es bueno por no darle gusto a las otras personas, cuando uno es bueno pero quisiera ser malo, cuando uno guarda la moral de manera hipócrita, uno se parece a los trabajadores de la primera hora.

Hay personas, por ejemplo, que nunca se han robado un centavo, o hay personas que han guardado una admirable pureza en su corazón y en su cuerpo, o hay personas que nunca han probado la droga y nunca han dado mal ejemplo de alcoholismo, o así tantas otras cosas. Pero hay personas que no han cometido ninguna de esas cosas, pero las han dejado de hacer por orgullo, por conveniencia, las han dejado de hacer por no darle gusto a otras personas o por lo que es costumbre en un determinado medio social.

Toda persona que tiene una moral hipócrita, toda persona que es buena porque le toca, pero quisiera ser mala, toda persona que vive así siente que cada día que persiste en su honradez, o en su pureza, o en su sinceridad, o en su observancia regular, por ejemplo nosotros los religiosos, siente que está llevando cuentas. El Apóstol San Pablo en la Primera Carta a los Corintios dice una cosa desconcertante sobre el amor. Dice: "El amor no lleva cuentas" 1 Corintios 13,5.

Cuando una persona lleva cuentas de todos los días que ha sido fiel a la esposa, quiere decir que esa fidelidad no tiene verdadera raíz en el amor. "Es que yo llevo años y años y años..." El que lleva cuentas, como este obrero llevaba cuentas de las horas de trabajo, el que lleva cuentas no está siendo bueno por amor sino por la paga, ¿y qué le dice Cristo a esa persona? "¡Coja su paga y lárguese!" Mire: "Toma tu denario y vete" San Mateo 20,14.

"Si tú lo que quieres es la paga, toma tu paga, toma tu salario y vete". En cambio al que llegó en la última hora no le dice "vete", le da el denario y le da sobre todo su amistad, su compañía, su presencia.

Así descubrimos una dimensión mucho más honda de esta lectura, más allá del problema de los judíos y los paganos en la comunidad de Mateo. La persona que lleva las cuentas de las horas, las persona que lleva las cuentas del bien que ha hecho, y de todos los bienes que ha hecho, y de todas las limosnas que ha hecho, y de todos los males de los que se ha abstenido, persona que lleva cuentas es persona que no ha entendido una palabra del Evangelio.

Una persona que lleva cuentas es una persona que en el fondo de su corazón quisiera no estar en la viña, así fuera la viña de Dios; quisiera estar en la plaza rascándose la barriga y viendo cómo el sol recorre el cielo; una persona que lleva cuentas es una persona que no tiene amor.

Por eso nosotros somos invitados por esta palabra a revisar nuestro corazón: ¿por qué hacemos el bien que hacemos, y por que nos abstenemos del mal del que nos abstenemos? ¿Cuántas veces, digo yo ahora que veo a un grupo de personas confesándose-, cuántas veces he tenido la experiencia de ver que nosotros dejamos de hacer muchos males simplemente porque está mandado? Ya es algo, respetar el mandato de Dios es algo, pero si uno no tiene una convicción más profunda que eso, si uno no tiene un amor más grande que eso, uno simplemente llevará cuentas: "¿Cuántos años llevo siendo honrado?"

¿Y cuál es la consecuencia del que lleva cuentas? Una persona así va a hacer lo que hacíamos en mi casa todos nosotros cuando éramos niños chiquitos y que mi mamá nos corregía mucho: mirar el plato ajeno. Todo el que lleva cuentas está mirando qué sirven en los otros platos: "¿Y por qué a ese sí le va bien? ¿Y por qué ese gana más plata que yo? ¿Y por qué yo soy honrado y me va mal? ¿Y por qué el narcotraficante sí es feliz? ¿Y por qué la que es libertina esa sí goza? ¿Y por qué yo me tuve que ganar todos estos trabajos?" Y se convierte en juez implacable de sus hermanos.

Cristo nos invita hoy a encontrar la maravilla del denario; pero sobre todo, a encontrar la maravilla que es estar en su viña, estar con Él, compartir con Él y quedarnos con Él. El que esté pensando en una religión de compraventa, el que esté pensando comprarle la salvación a Dios, un día escuchará esta voz: "Coge tu denario y vete" San Mateo 20,14, ese será echado de la presencia de Dios.

En cambio, el que comprenda que todo en esta bendita religión, todo tiene su piso en la gracia, en el regalo, en el amor, y el amor no lleva cuentas; el que viva la gratuidad, el gozo y la alabanza del amor, ese no sólo tendrá el denario, sino tendrá al Señor que da todos los denarios, ese tendrá la certeza de una amor que nunca acaba.

Es la invitación para nosotros en este día.