Ao23002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990905

Título: Amar es cumplir la Ley entera.

Original en audio: 21 min. 22 seg.


Mis Amados Hermanos:

Podemos decir que las lecturas que hoy nos ofrece nuestra Madre la Iglesia son como un banquete muy generoso. Realmente, hay tantas cosas tan bellas y tan provechosas que podemos meditar escuchando estas lecturas, por ejemplo, sepa eso que dijo Ezequiel, Dios le dijo a Ezequiel que él era como un centinela y que tenía el deber de alejar el peligro, al malvado.

Yo inmediatamente pensé en el ministerio que tienen los señores Obispos o que tenemos nosotros los sacerdotes, porque muchas veces al sacerdote le corresponde decir cosas y avisar de peligros y muchas veces estas palabras no van a sonar muy simpáticas, no van a sonar muy atractivas en lo oídos de las personas.

Las palabras que tenemos que predicar los sacerdotes o que nos predican los señores Obispos, a veces son palabras duras que suenan un poco mal al oído. La Carta a los Hebreos nos dice en algún lugar, es que las correcciones no le gustan a nadie, a nadie le gusta que lo corrijan, pero es deber nuestro hacer esas correcciones cuando hay que hacerlas, y es deber nuestro atender a esas correcciones cuando hay que atenderlas.

Y por ese camino uno podría reflexionar en muchas cosas, por ejemplo, la Santa Iglesia Católica defiende la indisolubilidad del matrimonio, porque así lo dijo Cristo, eso no es un invento mío como sacerdote, eso no es un invento del párroco, eso está ahí en la Palabra divina, esa es la tradición viva de la Iglesia.

Pero a veces quisiéramos que la Iglesia enseñara lo que no enseña, pero nos toca perseverar en la Palabra, por algo San Pablo dijo que había que enseñar a tiempo y a destiempo, cuando gusta y cuando no gusta.

A veces es la cosa más rara ser sacerdote, porque a veces uno predica y todo el mundo dice: Bravo! "Bravo! "¡Viva!" "¡Increíble!" "¡Qué bien!" "¡Fantástico!" Otras veces uno predica y dicen: “Huy, no, ¡cállenlo! Quítenlo”.

Y muchas veces no es por la calidad del predicador sino porque son palabras que son duras de oír, sobre todo las palabras que defienden la dignidad de la vida, la dignidad de la familia y el lugar de la justicia, esas palabras sí que son difíciles de oír, bueno eso es como un tema hermoso para este día.

Viene la segunda lectura, San Pablo nos resume todo el contenido de la Ley en el amor, "amar es cumplir la Ley entera" Carta a los Romanos 13,10. Buscar el bien del otro, procurar el bien del otro, eso es lo único que se necesita para cumplir verdaderamente con la Ley de Dios; y cuánto podríamos recibir de una meditación sobre este punto, “amar es cumplir la Ley entera”.

Por darle un caso, como sacerdote a cada rato me encuentro con muchachos, con niñas que quieren ser escuchados, que quieren consultar su situación, su vida, sus cuitas.

Todos tenemos cosas que queremos compartir y con mucha frecuencia me encuentro jovencitas que me dicen, como en estas semanas pasadas que me dice: “Padre, figúrese que tengo un novio, es un muchacho extraordinario, yo tenía mucho tiempo, creo que nunca me había enamorado así, qué hombre maravilloso, vamos juntos a la Santa Misa, es un hombre que me gusta, es un hombre que me entiende, se me va el tiempo, que ningún tiempo nos alcanza, padre”.

En ese momento uno siente como una dulzura de miel en el corazón y uno dice: “Qué bonito que se quieran, qué tierno”; cuando yo ya estaba haciendo ojos de ternera degollado oyendo la historia, me dice la niña: “Y ahora él me dice que le tengo que demostrar que sí lo quiero", e inmediatamente se me dispararon todos los sistemas de alarma, "y no, él me dice que tengo que darle pruebas contundentes”.

Yo he visto que sólo las pruebas son contundentes cuando son pruebas eróticas y se llama “el muchacho de las contundentes”, el muchacho quiere que la niña le dé pruebas contundentes. Sería muy interesante ver cómo se utiliza la palabra amor ahí, figúrate, pues, qué extorsión tan horrible y esa extorsión se la han dado a muchas mujeres, ¡qué extorsión! ¡Qué chantaje tan asqueroso!

Primero la marean, cuando ya la niña está que no ve, que ya está bien mareada, entonces, "qué calor, ¿tú no tienes como calor? ¿Tú no quisieras que nos expresáramos de una manera más espontánea, más natural?" La niña está mareada pero no es tan torpe, entonces la niña dice: "No, espérame, que no sé qué".

¡Óiganlo niñas! “Ah, pues, si tú no quieres, yo sí conozco una que sí quiere”. ¡Ese es el maldito chantaje con el que presionan y presionan! Por lo menos en los tiempos antiguos, por allá en la edad de mis papás, en aquellos tiempos antiguos y pretéritos, las cosas eran más originales, por lo menos los hombres decían: "¡O me mato!"

Eso tenía por lo menos cara de película mexicana; y entonces ella lo pensaba y lo pensaba y a veces accedía y otras veces no, y a veces, cuando no accedía, el muchacho no se mataba. ¡Cómo somos de ridículos los seres humanos, qué tal eso de "¡me mato!"

Pero yo traigo esta historia porque la relaciono con el texto de San Pablo, resulta que la Ley de Dios dice: “No hay que fornicar”, y fornicar es ejercitar la sexualidad, la genitalidad fuera del matrimonio, eso es fornicar y eso está prohibido por Dios, y Dios no prohíbe las cosas por amargarnos la vida, sino por nuestro bien.

Mire si no lo que le está pasando a la sociedad y dígame si ese mundo de promiscuos y de matrimonios despedazados es la voluntad de Dios; Dios no quiere ese mundo de promiscuos, no quiere matrimonios degenerados, Dios quiere matrimonios sanos y familias sanas, y el lugar natural donde se puede formar un niño es con un papá y una mamá que se respeten y que se amen, y eso no es posible sin el esfuerzo de la fidelidad.

Pues bien, Dios nos manda que guardemos pureza en nuestros respectivos estados de vida, que seamos castos en nuestros respectivos estados de vida; hay una castidad en el matrimonio, el matrimonio no es para desbocarse en todo lo que se le ocurra ni con quien se le ocurra.

Hay una castidad, hay una normatividad en el matrimonio, que no es para amargar el matrimonio sino por bendecirlo o cuidarlo; hay una castidad para el soltero, hay una castidad del sacerdote, hay una castidad de la viuda, hay una castidad para una persona consagrada. Pues bien, la Ley de Dios manda eso y lo manda por nuestro bien, y San Pablo dice que el amor resume toda la Ley.

Pregunta: ¿significa eso que si el amor resume toda la Ley, entonces ahora quedaron partes de la Ley que ya no hay que cumplir? Pues no se equivocó, lo que hay que decir más bien es que ese muchacho, que le da tres vueltas y marea a la niña, o esa niña, que manipula al muchacho, porque ahora hay muchas niñas que manipulan al muchacho y eso se ha visto.

Entonces lo que nosotros comprobamos es que ese “te quiero”, “te amo”, “te amo eternamente” que le decía un muchacho a la novia por teléfono, y luego: “Yo por ti haría lo que fuera”, y dijo ella: “-Pues ven, visítame”, “-Ay no, es que está como que llueve y estoy como un poco agripado”.

De manera que esto es serio. Cuando la persona dice: “Te amo, te amo y te amo”, esa persona debería pasar por esta segunda lectura: “Amar es cumplir la Ley entera” Carta a los Romanos 13,10.

¿Lo que tú llamas amor realmente es compendio de la Ley? ¿Supera la fidelidad, el respeto, la cercanía, la búsqueda del bien del otro? ¿O tú llamas amor simplemente a la pasión que te subyuga? Por eso esa segunda lectura es hermosa y es muy instructiva.

Y del evangelio también podemos aprender mucho, el evangelio nos invita a ser ministros de Dios a favor de nuestros hermanos, lo digo con este ejemplo: cuando a uno le hablan de obras de caridad uno siempre piensa, creo yo, en una persona que es muy misericordiosa: va donde los indigentes, los despierta, les da un pan, les enseña a orar, de pronto los recoge en una casa de misericordia, como hizo la Madre Teresa de Calcuta.

Esa son obras de misericordia y son muy hermosas y hacen mucho bien, pero esas no son todas las obras de misericordia.

Yo me acuerdo con el Catecismo que yo alcancé a estudiar, y eso que yo soy muy jovencito, en el Catecismo que yo estudié, ahí decía que había obras de misericordia corporales y obras de misericordia espirituales, y no nos podemos olvidar de que las obras de misericordia espirituales son tan o más importantes que las corporales.

No vamos a descuidar la asistencia a los pobres, a los enfermos, a los hambrientos, a los presos, no las vamos a descuidar; pero tampoco vamos a creer que esas son todas las obras de misericordia; hay obras de misericordia espirituales, por ejemplo, “enseñar al que no sabe”.

La prensa y los demás medios de comunicación le hicieron mucha propaganda a la vida heroica de la Madre Teresa de Calcuta, eso está muy bien, que se sepa que Dios regala esas flores, yo me atrevo a llamarlas de santidad, está bien y qué bueno que los medios de comunicación hagan eso.

Pero yo pregunto, un profesor que seis horas al día, cinco días a la semana, treinta o cuarenta semanas al año está instruyendo a sus alumnos para Dios y de la mejor manera, ese profesor no va a salir en el periódico o que para salir tendría que hacer una huelga, ese profesor no va a salir en el periódico y ese profesor está haciendo una obra de amor.

Cuando un papá reúne a sus hijos, como dice el Salmo 34: “Venid, hijos, escuchadme, os instruiré en el temor del Señor” Salmo 34,12, claro que les toca cambiar la conjugación de los verbos porque si el papá dice así, y los muchachos que tal vez tienen catorce o quince años, dicen: "¿Qué, que? “Venid, hijos, escuchadme, os instruiré en el temor del Señor”, y el muchacho dice: "¿Cómo? ¿Ah?..."

Pero el papá que reúne a los hijos y que les da consejos a los hijos, pero buenos consejos, porque hay papás que no aconsejan bien a los hijos. Por ejemplo, hay papás que les dicen a los hijos: “No le hagan caso a la mamá porque es una vieja histérica”, esos no son los consejos; y hay mamás que no aconsejan bien a los hijos porque entonces dicen: “Así es como se le hace, mi hijito, los permisos pídamelos a mi, porque es que su papá es un ogro”; esos no son consejos.

Pero sí hay papás que sí dan buenos consejos a los hijos y eso no va a salir en el periódico, pero es una obra de misericordia.

Cuando un sacerdote gasta de su tiempo aconsejando, confesando está haciendo obras de amor, así no esté en la calle repartiendo alimentos, es una obra maravillosa de amor la que está haciendo.

Y hoy el evangelio nos ha hablado de una obra de amor, que se llama corregir al que se equivoca, al que yerra, hay que corregir al que yerra, porque las personas se equivocan y no es amor dejarlas perder por el camino.

Por eso todos, pero especialmente los padres de familia, los hermanos mayores y todos los que tengan amigos o amigas, sepan que Dios nos habla hoy a una obra de misericordia que se llama corregir.

Para mí, el caso más importante es el de los amigos, porque a veces en las mismas familias nos volvemos como impermeables que no oímos al papá o la mamá, porque decimos: ¡Bah, mi papá siempre con lo mismo y mi mamá con su cantaleta!" Por eso yo invito hoy a todos, por favor, pidan luz del Espíritu Santo para saber corregir a sus hermanos, vamos a corregir a las personas, un buen consejo, una buena corrección puede salvar una vida.

Por ejemplo, una mujer casada tiene un momento demasiado triste, grave, humillante, hiriente, tiene noticias que parecen confirmadas de que el esposo ha sido infiel, la señora consulta eso con una amiga, respuesta de la amiga: “No se deje, yo le voy a presentar a usted unos tipos para que usted se desquite y no se deje” Fíjese usted su consejo, claro, el consejo tampoco puede ser: “Aguántese, haga de cuenta que nada ha pasado”.

Hay que pedir sabiduría, pero mucho cuidado con los consejos, si usted ve que un amigo suyo está tomando un camino herrado, usted tiene el deber de hablar con él; por ejemplo, los muchachos y las niñas.

Hay muchachos que, me perdonan, yo no tengo pelea con nadie, pero veo que hablan así y se las dan de valientes: "-¿y usted por qué se la da de valiente?" "Porque soy bueno para trasnochar, trasnocho más que un poste, además, en donde nos reunimos para emborracharnos, el último que se priva soy yo, soy un templado".

Nos las damos a veces como de machitos, nos las damos como de importantes, pero a veces somos unos grandes cobardes, y yo voy a pedir al Espíritu Santo que sane de toda cobardía a los niños y a los jóvenes que hoy están aquí en la iglesia; ¿a qué me refiero? Que estamos aquí en la iglesia y entonces alguien dice: "Vamos a bendecir, vamos a alabar, vamos a proclamar la grandeza del Señor"; los muchachos, felices, danzan; aquí había gente que estaba danzando, celebran a Dios.

Luego llega la hora del colegio y se les olvida toda la fe, típicamente un corrillito de esos que se hacen en los colegios y empieza uno de los muchachos a burlarse, a decir esas blasfemias elevadas sobre la fe, sobre los curas y dice y dice cosas, y este muchacho que ayer estaba en Misa.....

O sea que tenga cuidado, porque esto le puede pasar mañana, mañana hay colegio, hermano, este muchacho que ayer estaba en Misa mañana empieza a oír chistes vulgares, obscenos, blasfemos, oye barbaridades que se dicen de la Iglesia ¿ y qué hace el muchacho? Sonríe como un estúpido cobarde y se va para allá, para su puesto y no sabe qué decir; eso se llama cobardía.

“El Espíritu de Jesucristo no es Espíritu de temor, nos dice san Pablo, es un Espíritu de hijos, y de hijos herederos" Carta a los Romanos 8,14. Por esta razón, mis amigos, las lecturas de hoy nos invitan también a tener coraje, a tener fortaleza, a saber decir las cosas, o como decimos a veces, a ser los mismos en todas partes.

¿Oiga y sabe que se siente un descanso tan grande ser uno el mismo en todas partes? Si uno tiene su fe en Dios, ¿por qué la tiene que esconder? ¿Es que acaso Dios lo va a dejar a usted solo? Dios no lo va a dejar solo.

De manera que todos, incluyendo los que participan de la predicación allá en la puerta de la iglesia, eso pasa en todas las parroquias y en todas las iglesias, siempre hay gente que llega allá, se hace allá en la puerta, pero yo no puedo hablar mucho de eso porque yo también estuve allá en la puerta.

De manera que yo les digo a todos, sobre todos a los que están en la puerta, les digo: “Jesús les ama y el Espíritu, el favor del Espíritu Santo va a estar con ustedes mañana en el colegio”.

¡Gloria a Dios! ¡Un aplauso para Dios!