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Fecha: 19960825

Título: Nadie sabe quien es Cristo, sino aquel que recibe del Padre Celestial el don del Espiritu

Original en audio: 31 min.


Queridos Hermanos:

Las lecturas que hemos escuchado hablan por sí mismas, especialmente el Santo Evangelio. Es siempre actual la pregunta que Jesús hizo a los discípulos: “¿Quien dice la gente que es el Hijo del hombre?” San Mateo 16,13.

Efectivamente, mis amigos, Jesús es más una pregunta, a veces, que una respuesta; Jesús viene a nuestras vidas trayendo una gran interrogante. Yo creo que esto se puede entender con la ayuda de un ejemplo. Imagínate que en una empresa todo el mundo roba, cualquier parecido con lo que sucede a veces en Colombia es pura invención mía.

Bueno, estamos en una empresa donde todo mundo roba, imagínese que ahí trabaja un tal Pérez y ese Pérez no roba, ese Pérez se convierte en una interrogante para toda la empresa y seguramente lo es.

Hace poco una amiga mía la acaban de botar del trabajo, su trabajo era como una agencia de planes turísticos, y resulta que esta agencia ofrecía paquetes de planes turísticos de tal modo, que según la Ley colombiana, está bien lo que ellos hacen; pero en realidad engañan a los clientes, pero de modo legal, un engaño según la Ley.

Mi amiga, que es abogada, le marcó ese asunto y un día les dijo: “Oigan, nosotros estamos engañando a la gente; así esto lo apruebe la Ley, estamos engañando a la gente”, y la botaron.

Jesús viene a convertirse en una interrogante en nuestras vidas. Desde el principio hasta el final de su existencia, Jesús mismo, casi diría yo, incluso sin hablar, se convierte en una pregunta; y yo vuelvo a un ejemplo.

Imagínate un salón de clase donde la mediocridad impera, y si a alguien se le ocurre ser estudioso, se le dice esa palabra que empieza con “n”, sigue por “e”, hablamos de un típico “nerd”; duerme seguramente en una charca, llega al colegio dando saltos; realmente el cuadro es crítico.

No se le puede creer a una persona así. Las cosas están de tal tamaño en el mundo, que ser honrado, que salir de la mediocridad, que ser sincero, que buscar la pureza son cosas rarísimas, tanto, que por ejemplo, muchos niños empiezan a preguntarse: “Será que yo soy anormal?

¿Qué será lo que me pasa a mí? ¿Por qué mis compañeras o tienen o dicen que han tenido todo género de experiencias fascinantes y yo qué puedo contar? Lo que veo en la ruta del bus del colegio a la casa o a la ida al colegio".

"-Bueno, ahora háblanos tu de tus experiencias", "-ah, pues, fíjense que ayer me subí a la ruta…" y las amigas dicen: "“Huy, qué aburrido, se subió a la ruta, ¿cómo así? En vez de empezar por algo emocionante, dice que se subió a la ruta”. Nada de empezar por ahí.

“Y luego le estuve ayudando a mi mamá a lavar la loza y luego llegó mi papá y ayudó a secar la loza”, y las amigas: “No, por favor, ¿el papá seca la loza?” ¿Qué está pasando? ¿Qué sucede en esa casa?"

Jesús, y quien siga a Jesucristo, se convierte en un signo de contradicción, así se lo dijo Simeón a la Virgen María y así tengo yo el gusto de repetirles a ustedes en esta tarde; el que siga a Jesucristo, con todo su amor y con todas sus consecuencias, se convierte en un signo de contradicción y el mundo, en buena parte, tratará como una especie de aplanadora, tratará de que tú quedes al mismo nivel de promiscuidad, al mismo nivel de mediocridad, al mismo nivel de vulgaridad.

Esto significa que ser cristiano, en buena parte, implica a atreverse a ser distinto, y esto cuesta trabajo, porque es terrible quedarse sin amigos, porque es terrible que a veces a uno lo excluyan, eso es muy fastidioso y muy doloroso.

Cuántas personas, por ejemplo, entre las mujeres, empiezan a tomar un lenguaje vulgar simplemente para no diferenciarse de su grupo, un lenguaje de groserías. Cuando están aquí en el grupo de oración es distinto, aquí no le van a decir ninguna grosería a ese Padre que, "quién sabe de dónde lo desenterraron, no le vamos a decir ninguna grosería a él."

O sea que mientras estamos todos aquí y mientras el aparato suena y la guitarra acompaña y todos estamos aquí, todos juntos, ya, “aleluya al Señor, bendito seas”; aquí todos somos buenos, el problema no es ser cristiano aquí. Aquí en este salón, en esta tarde, en esta noche es fácil ser cristiano.

Y yo creo que si uno no es cristiano y entra a una reunión de estas, uno es el que empieza a sentirse un poco “nerd”: "Oiga, toda esta gente que esta como en otro cuento y yo estoy aquí como mosca en leche".

Hermanos míos, después la cosa cambia, después la cosa va al revés, con el tiempo las groserías esa gente que saluda y le salen culebras, signos de interrogación, signos y números, arroba y no sé qué más cosas; ¡es terrible ser distinto, es terrible!

Entonces, primera enseñanza de este evangelio: Jesús es la respuesta, claro que sí; pero Jesús, antes de ser respuesta, es una pregunta. Yo quiero recordar con ustedes una anécdota personal. Tú debes de conocer al sacerdote, al que admiré y admiro mucho, al sacerdote Rafael García Herreros, conocido de todos nosotros, seguramente.

Una vez estando en el “Minuto de Dios” salí de la Eucaristía, y estaba el Padre García Herreros caminando frente a la iglesia, como cosa bien rara estaba solo, porque ese Padre vivía agobiado por la cantidad de gente, pero estaba solo; me acerqué a saludarlo, con esa cara un poco así como cuando ve a la gente de la televisión en la calle, así como diciendo: "¿Será de verdad?"

Me acerqué a saludar al Padre García Herreros y pudimos conversar tres minutos cuarenta y dos segundos; el hombre me dijo esto, entre otras cosas, y me preguntó: "¿Qué hace?" En ese tiempo estaba estudiando Física en la Universidad Nacional de Colombia, sí; ustedes han de pensar que soy un “nerd”, entonces el Padre García Herreros me dijo: “-Bueno, ¿y usted qué hace?”

"-Bueno, yo estudio Física en la Universidad Nacional" "-¿y en su carrera, me dijo él, usted tiene que resolver muchos problemas como en la ingeniería y en la matemática?" Yo le dije: “-Desde luego que sí, padre”, estamos hablando de la época en que yo era un joven un poco moreno, no había entrado al convento, esta conversación sucedió en esa época.

Y me dice el Padre García Herreros: “Entonces en su carrera usted tiene que resolver muchos problemas", y luego me dijo como si no dijera nada: "¿Y ya resolvió el problema de Jesucristo?" ¿Jesucristo un problema? El problema de Jesucristo.

Efectivamente, yo creo que esa frase, junto con muchas otras cosas, fue un llamado profundo del Señor; y si estoy aquí esta noche, en parte, es porque quiero resolver el problema de Cristo, porque Cristo me ha sacado una cantidad de problemas, pero me ha traído otros que ustedes no se imaginan.

Primera enseñanza de este Evangelio: Cristo es la respuesta, pero antes Cristo es la pregunta; segunda enseñanza de este evangelio: el que siga como Cristo, se va a convertir también en pregunta para otras personas y esto significa arriesgarse a ser diferente, arriesgarse a ser coherente, es decir, que no sea uno el Antonio que asiste a aquel grupo de oración y otro el Antonio que está después por allá quién sabe en qué plan.

Arriesgarse a ser coherente, arriesgarse a ser auténtico es difícil; pero aquí está nuestra tercera enseñanza. Mira lo que Cristo le dice a San Pedro, Pedro dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” San Mateo 16,16, y Jesús le dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” San Mateo 16,18.

Pero antes le dice: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló la naturaleza humana, sino mi Padre que está en los cielos” San Mateo 16,17.

Sí, “mi Padre que está en los cielos” San Mateo 16,17, esto significa que para comprender el enigma, para responder la pregunta qué es Cristo, no se arriesgue usted con sus solas fuerzas humanas, porque le puede pasar una de estas tres tristes historias que le voy a contar.

Primera triste historia, usted dice: “De verdad, yo debo ser un joven coherente, la predicación del Padre me ha convencido; “de ahora en adelante dejaré de golpear a mi abuelita, voy a suspender mi incoherencia, voy a ser muy coherente; de ahora en adelante me voy a llamar Ernesto Coherente González, voy a tomar esa decisión”.

Entonces el hombre sale sacando pecho: "Vengo del grupo de oración, he asistido a una Eucaristía, la Palabra de Dios ha llegado a mi vida, voy a ser coherente, voy a llamarme Ernesto Coherente González". ¡Muy bien! ¡Maravilloso!

Durante la primera semana, Ernesto Coherente le fue muy bien, el hombre efectivamente era todo un Ernesto y era un coherente, mejor dicho, que era tan coherente que yo les contara de la coherencia. Y este hombre a los ocho días conoció a Susana Incoherente y eso se puso muy interesante; él la saludó: “Buenas tardes, en nombre de este grupo”; ella se lo quedó mirando: “Mucho gusto, Susana Incoherente”.

Ernesto sintió que tenía que evangelizar a Susana, estamos en el caso de una Susana que es pagana, debe evangelizarla.

Entonces Ernesto se pone a la tarea de evangelizar a Susana: “¡Si yo pudiera evangelizar esos ojitos, Dios mío!” Entonces el hombre se pone a esa tarea, evangelizarle los ojos a Susana, y descubrió este problema, que lamentabilísimamente en todas las iglesias la gente se sienta así como están ustedes aquí, y resulta, que si aquí está Ernesto coherente y aquí está Susana incoherente, así no le puedo ver los ojitos a Susana.

"¿Cómo hago yo para evangelizarle los ojitos a Susana incoherente? No, lo que necesito es estar con ella, necesito comprenderla". Entonces le empezó a decirle palabras muy lindas a Susana: “Susana, tú tienes los dientes como perlas”, y entonces la amiga, que ya sabe el punto, ya sabe de qué se trata; la juventud, ya saben ustedes, que es muy precoz ahora; “Susana tú tienes los ojos como el cielo”, y ella le dice: "-Pero mis ojos no son azules". "-No, llenos de nubes".

Entonces, el hombre se da cuenta de que para evangelizar a Susana tiene que estar con Susana. Muy pronto sus pláticas pierden la coherencia. De modo que lo primero que le puede pasar a usted es que si usted sale con un propósito de, “yo voy a ser un super cristiano, y un cristiano super coherente, y a mí nadie, ni aunque todos caigan…”.

Hermano, eso fue lo que le pasó a Pedro, ¿te acuerdas de Pedro? A él le pasó eso, “Señor, aunque todos te nieguen, yo nunca te negaré” San Mateo 26,34.

¿Qué le falló a Pedro? Que Pedro se estaba apoyando en sus propias fuerzas y ese es un error. A algunos muchachos, por ejemplo, les pasa eso con respecto a la pureza: "Bueno, se acabaron las impurezas en mi vida, de ahora en adelante voy a ser puro, me llamarán Juan Agua Cristal o Juan Manantial Sánchez".

Y se comprometen y se ligan y hacen voto privado de castidad: “Y voy a ser puro, pero hasta que ya”. ¿Cuál es la dificultad? Es muy lindo que tengamos esos ideales y hay que tenerlos, hay que saber cultivarlos, pero no te apoyes en tus solas fuerzas, porque si no, los fracasos quedan como un poco de ocasión de decepción.

Entonces demos nuestro argumento: Cristo es la pregunta y Cristo también es la respuesta, pero esa respuesta te la tiene que dar el Padre Celestial con la gracia del Espíritu; si tú pretendes, con tus solas fuerzas llevar la vida cristiana, te vas a estallar o te vas a reventar, y yo ya he conocido a más de un estallado o reventado.

Jesús le dice: “Esto no te lo ha revelado la naturaleza humana, sino mi Padre que está en el cielo” San Mateo 16,17. Porque hay otro peligro, les dije que eran tres peligros, el otro peligro es el del muchacho estudioso, pero no tan estudioso como el “nerd”.

Es estudioso, pero en la medida en que lee por ahí libros, lee un poco de Semana, lee Selecciones, lee un poco de.... Y por ahí ha desarrollado un elegante cultura de crucigramita; con esa cultura de crucigramita el hombre cree que sabe mucho, porque ya puede citar en alguna conversación a Kierkegaard y de él no sabe nada, pero lo puede citar.

Entonces, ¿cuál es la otra tentación? La persona que empieza a leer bien por ahí una cosita y luego otra cosita y empieza a sacar sus conclusiones: “Yo voy a tener mi propia filosofía, yo no voy a ser como esos borregos del grupo de oración de San Felipe Apóstol; ¡manada de borregos! Miren, todos oyendo al cura allá, todo lo que el cura les diga; ¡borregos! Yo, en cambio, soy independiente, mi pensamiento es independiente; yo tengo mi propia filosofía de la vida"

"-Oiga, ¿yo por qué voy a estar oyendo a cualquier cura? Yo también grito, tengo mi claridad, tengo mis consejos, tengo mis ideas", "-¿bueno, y cuáles son sus ideas?" "-Yo, por ejemplo, he llegado a la conclusión de que existe un solo Dios y unos le llaman Alá, otros le llaman Yahvéh, otros le llaman Dios, otros le llaman Jehová".

"Y eso no importa, pero existe un solo Dios y todas las religiones son iguales; eso, da lo mismo una cosa con otra; unos dicen que Jesús, otros dicen que Mahoma, los otros dicen que Buda, que Confucio, eso da más o menos lo mismo".

¿Qué le ha pasado a este joven? ¿A este amigo qué le ha sucedido? Le ha sucedido lo contrario de lo que dice este evangelio; aquí dice el evangelio: “Dichoso tú, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado la naturaleza humana, sino mi Padre que esta en el cielo” San Mateo 16,17.

Uno no conoce a Cristo, uno no llega a conocer a Cristo si no es por la gracia que el Padre Celeste envía con su Espíritu. Si uno empieza a mirar a Cristo y dice: "No, pues un maestro como todos los demás maestros en esta tierra; un maestro que hay ahí igualito a Buda, igualito a Mahoma, igualito a Krishna", igualito a ya no se quién más.

¿Sabe que le ha sucedido a ese señor? Le ha faltado escuchar este evangelio. Señor, tú eres dichoso, porque eso no te lo reveló la naturaleza humana; el misterio de Cristo sólo nos lo revela el Padre celeste.

Pero yo tengo que comentar este detalle, es paja que Jesús pueda ser equiparable a Buda a Mahoma o a ninguno de esos; me parece que sí, que son señores muy respetables en muchos aspectos, y sin duda nosotros tenemos mucho que aprender de los demás, nada de llenarnos de presunción.

Pero mira esto, ¿de qué hombre se dice, de cuál, de quién se dice que haya muerto para la salvación del mundo? Yo conozco un poco de Gautama Buda y conozco un poco de la vida de Mahoma y conozco de la vida de Confucio y de los demás maestros, y también de Kierkegaard, yo sé de estos señores.

¿Se dice acaso de Kierkegaard, o de Marx, de Freud, se dice acaso de Confuncio, de Lao Tsé, se dice de cualquiera de ellos que haya muerto para perdón de los pecados? Claro que en la medida en que ellos fueron maestros se parecen a Cristo Maestro o Cristo se parece a ellos, desde luego que sí.

Pero es que Cristo no fue solamente un predicador, Cristo no fue solamente un maestro de cositas y cositas, no fue un consejero de cosas para la vida, Cristo murió verdaderamente en la Cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

¿Me puedes contar de cuál de esos señores se dice que viva, que ha resucitado? De ninguno de ellos se dice que vive resucitado de entre los muertos.

De modo que, amigos míos, Cristo es la pregunta y Cristo es la respuesta; pero eso sólo te lo puede dar el Padre celeste con la gracia de su Espíritu; cuidado con creer que ya entendemos a Cristo porque ya entendimos los ideales políticos de Cristo: “Miren, Cristo lo único que quería es que no hubiera ni ricos ni pobres, eso es lo mismo que quiere el Comunismo, por conclusión, el Comunismo es lo mismo que Cristo”.

Otros dirán: "Cristo lo único que quería es que uno tuviera paz interior, yo logró la paz a través de unas meditaciones que yo hago repitiendo unas palabras extrañas, esos se llaman "mantras", yo repito por ahí unas palabras y con esas palabras voy alcanzando una paz profunda; mire, Padre, paz; Padre, no se sulfure, no pierda el equilibrio entre el yin y el yan".

Si Cristo hubiera venido únicamente a hacerle terapias tranquilizadoras a la gente, sería lo mismo que la meditación trascendental.

Otros dicen: "Mire, Cristo era un líder increíble, yo mido mi liderazgo a través del poder mental, por ejemplo, el otro día me concentré y me concentré y pude hipnotizar a una gallina; y eso demuestra claramente, que en mí hay un poder mental.

Voy a tener un poder mental tal, que el día de mañana lograré dormir a un burro". Hermano, mientras no se confunda con un espejo no hay problema alguno.

¿Qué le pasa a esa gente? Es que a usted le ha de parecer increíble, pero una vez fue a visitarme una religiosa y me dice: “Padre, ¿este libro será bueno o será malo?” Titulo del libro: “Esoterismo Práctico”. Entonces, explicando como los hombres sabían yo no sé qué con Cristo y que será lo mismo que los otros maestros espirituales.

Hermanos míos, otra enseñanza de este evangelio es: nadie sabe quien es Cristo, sino aquel que recibe del Padre celeste el don del Espíritu.

Y la última enseñanza, la última que yo quiero aportar de este domingo, esto no quiere decir que hayamos agotado el Evangelio, el Evangelio es una fuente inagotable. La ultima enseñanza: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló la naturaleza humana, sino mi Padre que está en el cielo” San Mateo 16,17.

Eso da la impresión de que la noticia era grandísima, es algo que Dios mismo te lo ha revelado, mi Papá te lo ha revelado; pero mira lo que dice al final: “Les mandó a los discípulos que no le dijeran a nadie de que Él era el Mesías” San Mateo 16,20.

¿Cómo? ¿Tan raro eso? Si es tan importante la noticia de que Cristo es el Mesías, tan importante que el Padre Celestial la puede revelar, ¿por qué Cristo al final les dijo que no le contaran a nadie? ¿Por qué sucedería? Se pueden dar varias explicaciones.

Simplemente les ofrezco una: mientras no haya plenitud de vida del Espíritu en las personas, nosotros fácilmente nos llenamos de falso espíritu, ¿recuerdas lo que dije al principio? Ser cristiano te va a hacer un poquito distinto de los demás, porque en un ambiente donde está un ciego, otro ciego, otro ciego, y luego un tuerto, "en el país de los ciegos el tuerto es rey".

Usted no vaya a creer gran cosa cuando la gente empiece de pronto a admirar o criticar las virtudes que usted tiene; yo me he dado cuenta, de que en el salón todos copiamos y todos hacemos trampa y todos nos burlamos de la profesora “cosa”, en cambio, si mantienes esa actitud de respeto, esa actitud de cariño, yo creo que tú eres distinto, y en la medida en que le van a uno diciendo eso: “yo creo que tú eres distinto, en ti hay algo”, y entonces uno empieza que no cabe.

Hay que tener mucho cuidado con esas presunciones, ¿ustedes saben quien es peor que el fariseo? Yo me permito recordarles que el fariseo oraba con estas palabras: “Señor, te doy gracias porque yo sí cumplo todos los mandamientos, yo hago todo muy bien y yo no soy como este publicano” San Lucas 18,11-12, y el publicano oraba diciendo: “Señor, ten piedad de mi porque soy un pecador” San Lucas 18,13.

¿Ustedes saben quién es peor que un fariseo? Peor que el fariseo es ese cristiano que sabe mucha oración y ora diciendo: “Señor, te doy gracias porque yo no soy como ese fariseo”; ese es un caso todavía más grave.