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Fecha: 19960818

Título: Jesús ve mas

Original en audio: 16 min. 31 seg.


Queridos Hermanos:

Los Santos Evangelios nos han acostumbrado a la figura de Jesús lleno de bondad, de mansedumbre, de compasión, de paciencia, de generosidad.

Este evangelio parece contradecir algunos o todos esos adjetivos, podemos considerar bueno y bondadoso, manso y generoso a ese Cristo que tanto tarda en atender la súplica de la mujer que le suplica y que luego la atiende como tan duramente.

Es ese el mismo Jesús que en otras oportunidades ha llegado decir “se me conmueven las entrañas por este pueblo” es este mismo Jesús que multiplica los panes en este versículo.

Hoy Jesús proclamaba la buena noticia del Reino de Dios y curaba toda clase de enfermedades en el pueblo. Si había venido a curar, a sanar, a aliviar ¿por qué esa indiferencia ante un dolor tan manifiesto?

Si podía hacerlo ¿por qué no lo hizo desde el principio? ¿Por qué dejó que ella rogara tanto, que se humillara tanto? ¿Por qué ella tuvo que arrancarle ese milagro casi como de mala gana a Cristo?

Estas preguntas o semejantes se las han hecho muchos cristianos, porque ciertamente, este evangelio como que contradice la imagen mas conocida, la faceta mas amable de Cristo Jesús.

Bien, aceptemos entonces que ahí queda una respuesta y yo voy a la frase que dijimos en el aleluya: “Jesús curaba toda clase de enfermedades en el pueblo” San Mateo 9,35. Yo no quiero simplemente dar una respuesta a las preguntas que he planteado hace un momento, y por eso permitidme, hermanos, recordar aquel otro pasaje del Evangelio.

Me refiero a ese momento en el que Jesús está rodeado de gente y traen a un paralítico, pero hay tanta multitud, que tienen que abrir un hueco en el techo y descolgar al paralítico frente a Jesús.

Cuando va bajando la camilla delante de Él y finalmente queda el enfermo frente a Jesús, Jesús dice una palabra desconcertante, quizá no menos desconcertante que la actitud que nos presenta el evangelio de hoy, Jesús le dice a este hombre paralítico y postrado: “Ten confianza, hijo, tus pecados son perdonados” San Mateo 9,2.

Uno que está viendo la parálisis de ese hombre, de pronto podría pensar que, ¡hombre que importa si ha pecado o no ha pecado! ¿no ves que es un paralítico? Un paralítico y se pone a perdonarle los pecados.

Si así le hablara alguien a Jesús, Jesús le respondería: “Es que la primera parálisis que tiene este hombre es la parálisis de un corazón que no puede creer, es la parálisis de un corazón que ya no sabe esperar, es la parálisis de un alma que ya no alcanza a amar".

Y así como cuando llega un paciente gravemente herido por un accidente y llega a urgencias en el hospital, los médicos se concentran primero en lo más grave, supongamos una persona que por ejemplo tenía una gripe muy fuerte y lo atropella un camión, y ahí está echando sangre por los cuatro costados.

¿Ustedes qué pensarían de que llega este hombre chorreando sangre a urgencias y un médico le dice: "A ver, denle un "Dristán" para la gripe, porque esa gripe lo tiene vaciado".

Nosotros le diríamos: “¡Médico inepto! este señor se está muriendo, primero cúrelo del desangre, primero logremos sanar la conmoción, el shock nervioso, el paro cardíaco y luego veremos si tenía o no tenía gripe".

Pues así llegó Cristo también con el paralítico aquel, cuando le presentan el paralítico los demás, que no eran ni médicos ni enfermeros sino malos teguas, y esos somos nosotros, trataban de curar lo que más se veía, su parálisis física.

Jesús ve más, tal vez esa es la primera enseñanza más grande en este domingo, en un momento en esta parroquia yo veía que utilizaban carteles, carteles grandes con la respuesta del Salmo o con otras cosas.

Si yo tuviera que hacer un cartel para motivar a cada uno de ustedes para este evangelio, yo haría un cartel gigantesco, bueno, que no alcance a tapar a la Virgen de Chiquinquirá, con un cartel bien grandote que dijera: “Jesús ve más, Él sí ve dónde están los problemas”.

Por consiguiente, lo que hizo Jesús con este paralítico fue ir ahí donde estaba más grave la enfermedad, ahí nadie ve; y lo que hace Jesús con esta mujer es ir ahí donde es más grave la enfermedad, así nosotros no lo entendamos en el primer momento, porque el versículo del aleluya así lo dice: “Jesús curaba toda clase de enfermedades” San Mateo 9,35.

No simplemente la clase de enfermedades que nosotros alcanzamos a ver; “curaba toda clase de enfermedades” San Mateo 9,35.

Con este presupuesto, seguramente podremos entender mejor, y, sobre todo, agradecer el evangelio de hoy. ¿Esta mujer quién era? Una cananea, cananea significa de Canán, ese era el nombre que tenía la tierra de Jesús, antes de que llegaran los israelitas después de volver de Egipto.

Una cananea, porque la región de los cananeos era idólatra y si hay una tierra donde haya abundado la brujería es Canán, por consiguiente, esta mujer cuando se acerca a Jesús, estaba atravesada de dolor por el problema de la hija.

¿Pero cuál es la imagen de Jesús que ella tiene? ¿Qué es lo que ella busca en Jesús? Ella mira a Jesús como un hombre que tiene poderes extraordinarios, ella busca a Jesús como buscaría a un brujo, busca a alguien que tiene poderes.

Desde luego que tenía un problema gravísimo, que era una hija muy enferma y eso lo podía ver todo el mundo, pero el estado de esta mujer no lo podía ver todo el mundo, porque sólo Jesús ve mas, sólo Jesús sabía el estado de ese corazón.

La actitud de Jesucristo, su no responderle, aplazar la respuesta y luego hablarle de los niños y los perros, ese lenguaje aparentemente duro y cortante, ¿qué está haciendo? Que ella no busque a Cristo como un brujo. Mire la palabra que le dice Jesús: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” San Mateo 15,24.

Esta mujer no pertenecía al pueblo de Israel, era una idólatra y buscaba a Jesús como un brujo, Jesús le habla de tal manera que ella entienda; que más allá del problema del demonio que tiene la hija, que ella misma no ha hecho sino servir al demonio con sus brujerías, porque hay que saber que toda idolatría y superstición, así se venda en la puerta de esta iglesia o al frente pasando la calle, toda idolatría termina siendo un servicio al demonio.

De manera que esta señora venía muy afanada, porque veía muy grave la situación de endemoniada de su hija y Jesús veía la cosa más grave; su hija estaría poseída por el demonio, "pero tú no tienes ni los rudimentos, ni el principio, ni la raíz de la fe que te puede salvar".

Y mientras Jesús le hablaba así con dureza exteriormente, con la gracia de su Espíritu, interiormente la movía, porque esta cualidad tiene la Palabra de Dios, tiene esa capacidad de golpear nuestros oídos y al mismo tiempo quebrantar nuestro corazón.

Y por eso usted sabe que cuando yo hablo de idolatrías y de las tiendas que están al otro lado de esta iglesia, usted siente que su corazón se le acelera, porque probablemente usted lo mismo que esta mujer, ha estado buscando a Jesús como un brujo.

Pues usted ha de saber, que el que busca a Cristo Jesús como un brujo, el que entra donde el indio amazónico, donde María Alonsa, donde el negro Felipe, donde la mano milagrosa, el que entra a esos locales que tienen imágenes de la Virgen y al lado tienen imágenes repugnantes de poderes obscuros, usted tiene que saber que si usted se acerca a esos lugares y le ha puesto su fe a esos colores, usted lo único que necesita es una respuesta dura y cortante como esta de Cristo.

Usted necesita escuchar en esta tarde la frase del Señor: “yo he sido enviado solamente para las ovejas perdidas de la casa de Israel” Categoría:Mateo 015_024, perdidas sí, pero ovejas; y por eso este es el día para preguntarnos, no solamente si hemos llevado una vida perdida, sino sobre todo, si somos o no somos ovejas del rebaño de Cristo.

De manera que Cristo habla a esta mujer provocándola a la fe, llamándola a la fe, y lo logró; porque Cristo cura toda clase de enfermedad, lo logró, ¿cómo lo logró? “No está bien tirar el pan de los niños a los perros” San Mateo 15,26.

Si esa palabra te parece dura, ve y mira cómo están los santuarios idólatras, mira cuánta gente tira su fe por buscar un cuarzo, mira cuánta gente puede mezclar un Rosario con un agua de colorines o con unas oraciones raras a Gregorio Hernández para que le haga una operación; pero hay que saber que el que hace ese tipo de revueltos, debe escuchar que ha renunciado a la mesa de los hijos y que ha vuelto a la mesa de los perros.

Pues Cristo le dice semejante frase y con esta frase le estaba moviendo el corazón hacia la fe, porque la respuesta de ella es inspirada por Dios: “así es, Señor, pero los perros también comen de las migajas que caen de la mesa de los señores” San Mateo 15,27.

“las migajas” San Mateo 15,27. Esta mujer descubre, efectivamente, su propia condición de alejada de Dios, descubre que ha sido idólatra, pero descubre que hay una clase de pan que también come el perrito; es decir, que todavía queda algo en común entre el niño que se sienta a la mesa y el perrito que ronda a esa mesa.

Y así, lo que logró Cristo con su actitud, con su aparente dureza y con este diálogo tan cortado, lo que logró Cristo fue que esta mujer empezara a creer y comiera del mismo pan de los hijos y dejara de comer del pan de los perros; le respondió Jesús: “¡Mujer, qué grande es tu fe!” San Mateo 15,28.

Ahora es grande tu fe porque ahora sí comes el pan de los hijos, lo recibes como migajas, pero es el mismo pan; lo mismo que Dios ha prometido a Israel, hoy te lo promete a ti, porque hay que saber que en esa cananea estamos representados todos nosotros, los pueblos que no somos judíos por nacimiento, sino que hemos sido injertados con el árbol del judaísmo.

“¡Mujer, que grande es tu fe!” San Mateo 15,28. Así esta mujer había pedido un milagro, la sanación de su hija y Cristo le concedió dos milagros, la sanación de la niña, que ella quería, pero sobre todo, la sanación del corazón y la capacidad de creer en Jesús, no buscando en Él simplemente un poder, no simplemente un brujo.

Lo grande de esta mujer es que no buscara algo sino que encontrara a alguien, a un Dios que la ama, que se preocupa por ella, que la salva.

Ven hoy, Señor Jesucristo, ven a tu pueblo católico que está amenazado por tantas idolatrías. Ven, Señor, te pido con lo mejor de mi alma que tú inspiras, ven y enséñanos a comer el pan de los hijos, así hayamos llevado vida de perritos.

Ven Señor Jesucristo y restaura la fe en esta cananea, que es la Iglesia, nacida de la fertilidad; ven, Cristo Jesús, y enséñanos a creer con fe viva, con fe fuerte, con fe firme en ti, el único Salvador.

Amén.