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Elías en su cueva, encerrado, buscando cómo sobrevivir, recibe una visita de Dios, y es una visita que trae un mensaje de paz. Es decir, está toda esa tormenta de tribulación, de dolor que asfixia; está toda esa angustia y luego la presencia de Dios que restaura, que devuelve la paz.
 
Elías en su cueva, encerrado, buscando cómo sobrevivir, recibe una visita de Dios, y es una visita que trae un mensaje de paz. Es decir, está toda esa tormenta de tribulación, de dolor que asfixia; está toda esa angustia y luego la presencia de Dios que restaura, que devuelve la paz.
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En el evangelio hay otra clase de tormenta, mucho más parecida a lo que significa esta palabra en nuestro idioma. Se trata de una de esas tormentas del Mar de Galilea, también conocido como Mar de Tiberíades o Genesaret: son nombres distintos para esa porción de agua.
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En el Mar de Galilea son famosas esta clase de tormentas. Los que conocen la geografía del lugar, cuentan cómo de un momento para otro se desencadenan viento, lluvia torrencial, aguas encrespadas, que hacen sentir que el abismo se abre ante tus pies. Y con la misma presteza desaparece también la tormenta, volviendo a quedar todo tranquilo.
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En medio de esa tormenta están los discípulos: están angustiados. Y en medio de la tormenta se acerca Jesús. Sabemos lo que sucede: Jesús trae la tranquilidad, Jesús trae la paz a esta barca de los discípulos, y la tormenta cesa.
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''Es decir, que en principio el mensaje de hoy es un mensaje de paz, es aquella paz que se puede encontrar únicamente en Dios. Si nosotros tal vez estamos atravesando tormentas, que creo puede ser el caso de más de uno de los que estamos aquí, la Biblia nos está invitando, la Palabra nos está invitando el día de hoy a buscar nuestra paz en el Señor, a saber que solamente fundados en Él podemos encontrar ese sosiego, podemos encontrar esa estabilidad.''
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Fue San Agustín quien dijo famosamente: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, está desasosegado mientras no descanse en ti".
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Hay que encontrar a Dios para encontrar esa paz. Y claro, nosotros nos preguntamos cómo es que Dios puede darnos la paz si Dios no nos va a pagar las deudas que tenemos. Y las deudas nos angustian.
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A veces tenemos una enfermedad, y el hecho de que creamos en Dios no significa que esa enfermedad va a desaparecer automáticamente, aunque hay milagros, pero no es que vaya a suceder todas las veces.
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O quizás tenemos esa otra clase de angustia cuando vemos los conflictos, las peleas, la dureza, el odio. Ahora mismo creo que muchos de nosotros estamos preocupados si dirigimos nuestra mirada hacia Oriente. Porque, acaba de despuntar un conflicto armado entre Rusia y la nación de Georgia.
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Y ya hay muertos, ya hay aviones que se envían, ya el Parlamento de Georgia declaró guerra a Rusia. Y no sabemos de qué tamaño va a ser ésto. Pedimos a Dios que tenga compasión de esas dos naciones; pedimos a Dios que éso no vaya a ser el comienzo de una conflagración más grande.

Revisión del 22:46 4 ago 2011

Fecha: 20080810

Título: Nuestra paz comienza cuando reconocemos que Dios es indestructible y ponemos nuestra esperanza en El.

Original en audio: 18 min. 22 seg.


Como hemos destacado en otras oportunidades, es una buena idea buscar como un hilo conductor en las lexturas. Estas lecturas que nos ofrece la Iglesia, especialmente el domingo, no son escogidas al azar, sino que van recorriendo paso a paso la vida de Cristo, el ministerio de Cristo.

Nos van enseñando por éso mismo a mirar al Hijo de Dios. para descubrir en Él nuestra salvación, para afirmar en Él nuestra fe. Hoy, por ejemplo, la primera lectura y el evangelio nos hablan de esa tranquilidad, nos hablan de esa paz que Dios puede dar.

Elías es el protagonista de la primera lectura, un profeta que tuvo que vivir tiempos muy difíciles, porque la mayor parte de su gente había traicionado la fe de los mayores, había traicionado la Alianza, esa alianza que se selló con Moisés.

Le habían dado la espalda a Dios y Elías había quedado solo, y no únicamente en esa angustia de la soledad, sino en la angustia de la persecución. Detrás de todos los tormentos, de la tribulación de Elías, estaba una mujer, Jezabel, que logró eficazmente implantar la idolatría en Israel.

Por supuesto ella detestaba con todo su corazón lo que pudiera recordarle a la gente que había una alianza con Yahvé, una alianza con el Dios de Moisés. Y por eso ella odiaba a muerte a Elías.

En la práctica Elías tuvo que salir como fugitivo. No teniendo a dónde ir, se fue precisamente al monte de la Alianza, el Monte Horeb, y allí sucedió lo que encontramos en el texto de hoy.

Elías en su cueva, encerrado, buscando cómo sobrevivir, recibe una visita de Dios, y es una visita que trae un mensaje de paz. Es decir, está toda esa tormenta de tribulación, de dolor que asfixia; está toda esa angustia y luego la presencia de Dios que restaura, que devuelve la paz.

En el evangelio hay otra clase de tormenta, mucho más parecida a lo que significa esta palabra en nuestro idioma. Se trata de una de esas tormentas del Mar de Galilea, también conocido como Mar de Tiberíades o Genesaret: son nombres distintos para esa porción de agua.

En el Mar de Galilea son famosas esta clase de tormentas. Los que conocen la geografía del lugar, cuentan cómo de un momento para otro se desencadenan viento, lluvia torrencial, aguas encrespadas, que hacen sentir que el abismo se abre ante tus pies. Y con la misma presteza desaparece también la tormenta, volviendo a quedar todo tranquilo.

En medio de esa tormenta están los discípulos: están angustiados. Y en medio de la tormenta se acerca Jesús. Sabemos lo que sucede: Jesús trae la tranquilidad, Jesús trae la paz a esta barca de los discípulos, y la tormenta cesa.

Es decir, que en principio el mensaje de hoy es un mensaje de paz, es aquella paz que se puede encontrar únicamente en Dios. Si nosotros tal vez estamos atravesando tormentas, que creo puede ser el caso de más de uno de los que estamos aquí, la Biblia nos está invitando, la Palabra nos está invitando el día de hoy a buscar nuestra paz en el Señor, a saber que solamente fundados en Él podemos encontrar ese sosiego, podemos encontrar esa estabilidad.

Fue San Agustín quien dijo famosamente: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, está desasosegado mientras no descanse en ti".

Hay que encontrar a Dios para encontrar esa paz. Y claro, nosotros nos preguntamos cómo es que Dios puede darnos la paz si Dios no nos va a pagar las deudas que tenemos. Y las deudas nos angustian.

A veces tenemos una enfermedad, y el hecho de que creamos en Dios no significa que esa enfermedad va a desaparecer automáticamente, aunque hay milagros, pero no es que vaya a suceder todas las veces.

O quizás tenemos esa otra clase de angustia cuando vemos los conflictos, las peleas, la dureza, el odio. Ahora mismo creo que muchos de nosotros estamos preocupados si dirigimos nuestra mirada hacia Oriente. Porque, acaba de despuntar un conflicto armado entre Rusia y la nación de Georgia.

Y ya hay muertos, ya hay aviones que se envían, ya el Parlamento de Georgia declaró guerra a Rusia. Y no sabemos de qué tamaño va a ser ésto. Pedimos a Dios que tenga compasión de esas dos naciones; pedimos a Dios que éso no vaya a ser el comienzo de una conflagración más grande.