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Fecha : 20020811

Título: Jesus nos persigue incluso a traves de circunstancias extranas

Original en audio: 15 min. 14 seg.


Los discípulos tuvieron miedo, pensaron que un fantasma los estaba persiguiendo en la noche, y sí había alguien que los estaba persiguiendo, pero no era un fantasma, era Jesús.

Hay muchas ocasiones en que uno siente que le están pasando cosas raras, pero no siempre las cosas raras son porque lo estén persiguiendo a uno los males, los bienes también lo persiguen a uno.

Jesús estaba persiguiendo, estaba buscando a los discípulos a través de una circunstancia extraña, ¿cuándo se ha visto a alguien caminando sobre el agua? ¿Cuándo habían visto los discípulos a alguien caminando sobre el agua? Nunca. A través de una circunstancia extraña y a través de un miedo violento, era Jesús el que estaba detrás.

Jesús nos está persiguiendo, detrás del miedo violento y detrás de las circunstancias extrañas, Jesús nos está buscando, Jesús nos está persiguiendo. Esta no es una idea que yo tengo, esto es algo que enseña el evangelio. Le voy a dar dos ejemplos.

Primero, había un ciego de nacimiento, esa es una circunstancia extraña, es decir, es una rifa mala. "¿Por qué me gané la rifa de ser ciego de nacimiento? ¿Por qué, habiendo tanta gente que hubiera podido nacer ciega, nací yo? Si esa pregunta se examina con la lupa de la lógica, se ve que esa pregunta no significa nada, porque también se podría decir: "¿Por qué no tú?"

Pero bueno, esa es una circunstancia extraña, "me gané una rifa mala, ¿por qué me toco a mí la rifa de ser ciego de nacimiento? Los discípulos conocen el caso y le preguntan a Jesús: “Bueno, ¿y aquí quién peco, éste o sus padres? ¿Por qué nació ciego?" San Juan 9,1.

Esa pregunta tampoco tenía lógica. ¿Cómo así, que aquí quién peco, éste o sus padres? ¿Acaso podía pecar él antes de nacer? Esta pregunta tampoco tenía lógica, pero hoy no nos enredemos con la lógica y miremos solamente la pregunta.

Ellos preguntan: "¿Quién pecó?" San Juan 9,1, como quien dice: "¿Por qué le pasa esta desgracia a este señor?" Y la conclusión que ellos sacan es: "Una desgracia solo sale de otra desgracia, y detrás de una desgracia sólo viene otra desgracia".

Fíjese en el pensamiento de los discípulos, mire lo que ellos están pensando: "De la desgracia del pecados de los papás, viene la desgracia de la ceguera del hijo; de la desgracia sólo sigue otra desgracia, y una desgracia no sucede sino por otra desgracia".

Pues Cristo viene a romper la cadena de las desgracias con la gracia, la desgracia es una falta de gracia; Cristo rompe las desgracias con gracias.

¿Quién pecó? Como quien dice, "¡aja! Aquí hay una cadena de males, bien se ve: pecado de los papás, ceguera del hijo; yo siempre lo he dicho, a buscar la cadena de las desgracias, un mal no sucede sino por otro mal y para que sigan sucediendo males".

Así es como piensa nuestra mente obtusa, "Un fantasma, claro, ahí está, ¿ve? Preciso, un fantasma, ¿se da cuenta, hermano? Un fantasma, ¿ahora qué viene? Un problema una desgracia".

No era un fantasma, era Jesús, y en el caso del ciego de nacimiento, responde Jesús: “Ni este pecó ni sus padres” San Juan 9,3, y da una frase que es maravillosa: “Es para que se manifieste en el la gloria de Dios” San Juan 9,3.

Cuántas veces ese ciego de nacimiento pudo haber pensado: "¿Y a mí por qué me pasó esto? ¿Por qué?" Y Jesús le responde: “Es para que se manifieste en ti la gloria de Dios” San Juan 9,3; "¿por qué me persiguió la ceguera y por qué me alcanzó?" Y responde Jesús: “Porque detrás de la ceguera vengo yo”.

"-¿Por qué nos persigue un fantasma? ¿Por qué a nosotros, habiendo tantas vacas en el lago? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué el fantasma tuvo que venir contra nosotros?" "-Porque detrás de lo que tú crees que es un fantasma, vengo yo a ti". Te parece un fantasma, pero en realidad es Jesús; a ti te parece una desgracia, pero en realidad es una gracia. Hay veces que Jesús deja que las circunstancias empeoren para mejorarlas, así como se oye.

Estaba enfermo Lázaro, se veía que la enfermedad iba mal, mandaron razón donde Cristo: “Señor Jesús, el hombre Lázaro anda mal, la situación es grave” San Juan 11,3; Jesús al parecer no hace caso, deja que la situación se agrave; cualquiera hubiera podido decir: “Bonito amigo, ¿no? Semejante poder de milagros que tiene y deja morir al otro”.

Y así dijo la gente, porque el evangelio de Juan lo cuenta: “Oye, pero a uno que le abrió los ojos a un ciego de nacimiento, ¿no hubiera podido hacer una cosa para que no se muriera Lázaro?" San Juan 11,37; "ahora sí, es verdad, ese Jesús como que no ama tanto, mire cómo dejó que se agravara la cosa".

Es una circunstancia extraña una vez más. Hemos visto tres circunstancias extrañas: en la madrugada, un tipo caminando sobre el agua, "una rifa que me gané: ciego de nacimiento", "un amigo bueno con poder de milagros que me deja morir", son circunstancias extrañas, incomprensibles.

Sin embargo, hubo una mujer llamada Marta que tuvo una fe extraordinaria y le dijo a Jesús: “Si hubieras estado, mi hermano no hubiera muerto. Pero aún ahora sé, que lo que le pidas a Dios, Él te lo concederá” San Juan 11,21-22, y sabemos en qué terminó: Cristo resucita a Lázaro.

Y ahora viene la pregunta: ¿Qué le da más gloria a Dios, curar a un enfermo o resucitar a un muerto? Es como más grandecito resucitar a un muerto; a veces deja Jesús que las circunstancias se agraven.

¿Qué podemos aprender de estos tres ejemplos: el fantasma, la rifa mala, la circunstancia que se agrava, el amigo no aparece? ¿Qué podemos aprender de estos tres cuadros? Que a nosotros nos persiguen las desgracias, claro, por eso hay tantos dichos en Colombia: “Tras de cotudo, con paperas”; “tras de gordo, hinchado”; “al caído, caerle”, y “del árbol caído, todo el mundo hace leña”, como quien dice, desgracia sobre desgracia.

Y Jesús nos responde: “No, no es desgracia tras desgracia, yo rompo las cadenas de las desgracias, yo traigo la gracia a tu vida, yo traigo la bendición a tu vida, pero a veces te visitaré a través de circunstancias extrañas, como un fantasma, como una rifa, que tú dices: "¿Por qué me gané la rifa?" O como un aparente abandono.

Cristo te está buscando, Cristo te está persiguiendo. “A ver, padre, ¿usted de dónde saca que Cristo persigue a la gente?” Eso lo saco de los textos de San Pablo, San Pablo dice en la Carta a los Filipenses: “Yo me esfuerzo y corro, me apresuro detrás de Cristo, detrás del Señor, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo” Carta a los Filipenses 3,12.

Cristo te está persiguiendo y te va a alcanzar, viene a alcanzar y te va a alcanzar. De ti depende en dónde quieres que te encuentre. "-¿Cómo quieres que sea ese encuentro, suave o duro?" "-Más bien suavecito". "Pues entonces, a través de la docilidad, a través de la obediencia, que no haya que insistir tanto, es más fácil así".

A San Pablo lo llamó de muchas maneras, le presentó delante vidas santas. Hubo un hombre muy santo que se llamó Esteban. Esteban fue un gran predicador, un hombre recto y santo que hizo milagros. De él se habla en el libro de Los Hechos de los Apóstoles.

Esteban fue un ejemplo patente delante de los ojos de Pablo y Pablo vio ese ejemplo, ¿y para qué le sirvió? Le sirvió para tres cosas, para nada, para nada y para nada; le presento otros ejemplos de santidad, de predicaciones, ¿para qué le sirvió? Para nada, para nada y para nada, aparentemente.

Cuando ya iba Pablo caminando a la ciudad de Damasco con la autorización de los sumos sacerdotes para hacer redadas y recoger cristianos, cuando iba por el camino, una luz se interpuso, cayó al suelo y quedó ciego y entonces una voz le preguntó: “Saulo, Saulo, ¿por que me persigues?” Hechos de los Apóstoles 9,4.

¡Tan bello! Pablo perseguía a Cristo para acabarlo, y Cristo perseguía a Pablo para salvarlo, ¡tan hermoso!

"¿Por qué me persigues?" Hechos de los Apóstoles 9,4, y Pablo no supo qué decir, no supo explicar por qué perseguía a Cristo, porque si hubiera podido responder y hubiera sido sincero, hubiera tenido que decir: “Te persigo para acabarte", y Jesús hubiera tenido que decir: "Y yo te persigo para salvarte; tú me persigue porque me odias, y yo te persigo porque te amo".

Y Cristo estaba persiguiendo a Pablo y por eso le mandaba predicaciones, le mandaba santos, le mandaba gente y Pablo nada que entendía, y finalmente dijo: "Bueno, entonces, ¿qué haremos?" Pues a tierra, mijo; y a tierra fue a dar San Pablo, y quedó ciego.

Y allá, ciego y haciendo ayuno, sin poder ver, sin querer comer, sin beber ni una gota de agua, en esas tinieblas estuvo como en una matríz, como en un útero y de ahí nació una creatura nueva, con la fuerza y la gracia del bautismo que se le otorgó.

Así que la enseñanza que hoy quiero compartir en este domingo es esta: Cristo nos está persiguiendo; tal vez, a través de circunstancias extrañas, Cristo nos está persiguiendo; es mejor encontrarnos con Él en la suavidad y en la hermosura del abrazo de un amigo, pero no le quitemos el derecho a Cristo de, a veces, perseguirnos a través de circunstancias muy raras, e incluso nosotros podemos creer que son muy adversas.

Cristo nos está persiguiendo, Cristo nos está buscando y de esto también habla en los evangelios. Dice, por ejemplo el evangelio de Juan: “El buen pastor si tiene cien ovejas y una se le pierde, deja a las noventa y nueve y busca a la que se le ha perdido” San Mateo 18,12. Por eso nos persigue, por eso nos busca, porque nos ama y porque nos hemos perdido.

Gracias, Jesús, por buscarnos; gracias porque tu amor nos persigue. No permitas, Señor Jesús, que seamos tontos y que reneguemos de las circunstancias; no permitas que pensemos que eres un fantasma, no permitas que digamos que ganamos una rifa mala; no permitas, Señor, que hablemos mal de ti diciendo que eres un amigo que abandona.

Tú nos estás buscando, incluso a través de circunstancias extrañas; tú nos estás buscando, tú vienes a traernos la bendición y la paz. Te amamos, Jesucristo, bendito seas.

Amén.