Ao19001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960811

Título: Cristo provoca tempestades en nuestro corazon por medio de su gracia y de su amor

Original en audio: 6 min. 21 seg.


En este evangelio vemos a Jesús calmando una tempestad y provocando otra.

Casi siempre cuando se lee este evangelio, la conclusión que saca es que Cristo viene a traer la calma, la paz en medio de la tempestad. Eso es verdad, pero esa es sólo la mitad de la verdad, Porque Cristo viene para que en medio de la calma surja otra tempestad.

Si usted, cuando escuchó este evangelio, sólo se enteró de una tempestad, se distrajo en la lectura; pero si usted alcanzó a oír dos tempestades, Dios el Señor le bendiga, usted es un oyente atento de la Palabra que salva.

Si usted oyó solamente de una tempestad, usted se va a quedar solamente con la mitad del evangelio; si usted oyó de dos tempestades, pienso yo, que si no con todo este evangelio, sí va a tener un mayor provecho y fruto de su asistencia y participación en esta Eucaristía.

¿Cuáles serán las dos tempestades? Una es fácil de reconocer, tan fácil como la violencia del aguacero, tan fácil como el agitarse de las olas, tan fácil como imaginarse a estos discípulos primero muertos de miedo por la violencia del oleaje, luego muertos de miedo de ver a un fantasma, y luego muertos de miedo de ver la violencia del viento.

Pedro tuvo que morirse tres veces en esa noche. No debe ser demasiado agradable pasar la noche en una barquita en medio del lago de Galilea. Quienes han estado en ese lago, -no es el caso de este servidor-, quienes han estado en ese lago certifican de los brusquísimos cambios que tiene el tiempo, el clima, allá en el lago de Galilea; y con facilidad se despiertan temporales impetuosos que aterran el corazón.

Pedro se murió tres veces esa noche. Primero, pasando la noche en medio de una tempestad, y luego, tempestad con fantasma, completos; y luego un fantasma que habla y este le hace caso: se para en el agua, y el viento que lo derriba, como quien dice, "si no me hundo en el agua, me tumba el viento delante de este fantasma en medio de la noche".

La cosa es terrorífica, ciertamente. Pero esa es solamente una tempestad. Y esa tempestad no tiene mucha importancia, porque esa es fácil de calmar; mejor dicho, esa tempestad la puede calmar Cristo, y eso fue lo que hizo.

Dice aquí que, "cuando subieron a la barca, se calmó el viento" San Mateo 14,32. Pero ahí fue que empezó lo bueno; ahí empieza la segunda tempestad. Realmente lo que Cristo hizo no fue solamente calmar el ímpetu del viento, del aguacero o de las olas; eso no fue lo que hizo Cristo solamente.

Más bien, a mí se me ocurre que lo que hizo Cristo fue meterles ese viento entre pecho y espalda, fue azotar con la lluvia de la gracia esos corazones y fue someter sus creencias y sus esquemas a la violencia de un oleaje de amor, al que ya no pudieron resistirse.

Cristo, me parece a mí, que no hay que decir que calmó la tempestad; Cristo les metió la tempestad en el corazón. Porque Pedro, ustedes lo saben muy bien, era un pescador experimentado, de esos pescadores que ya se saben todas las mañas. Pues Cristo lo venció en su propio terreno dos veces, por lo menos.

Una, en el pasaje que hemos escuchado hoy; y otra, en aquella famosa pesca: llevaban toda la noche tratando de coger algo, y Pedro había aplicado toda su pericia de pescador a sacar el alimento, y no había logrado nada. Y llega Cristo y le dice, cuando ya estaba amaneciendo y el reflejo del sol sobre el agua asusta a los peces, "bueno, ahora sí echa la red" San Lucas 5,4.

Y Pedro la echa diciendo: "¡Este señor qué va a saber de este asunto!" Y la red casi se les rompe por el número de pescados, y entonces hubo otro milagro: no sólo que hubiera peces, sino que la red no se rompiera. Y Pedro quedó aterrado, se le rompió el esquema y dijo: "Señor, yo soy un pobre pecador; apártate de mí" San Lucas 5,8.

De modo que el objetivo de este evangelio no es contarnos que Cristo puede calmar tempestades. Si eso no lo han logrado todavía los meteorólogos, los del siglo XXI, los del siglo XXII, lo lograrán. Inventarán sustancias químicas que se echen en las nubes, inventarán maneras de calmar los ciclones y anticiclones del viento o lo que sea.

Este Evangelio no es para que nos quedemos boquiabiertos pensando en que una tempestad se puede calmar, sino para que también a nosotros se nos entre esta tempestad en el alma.