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Fecha: 19990801

Título: Dios es generoso y abundante en dar sus dones, en dar su misericordia, pero no quiere que nosotros los desperdiciemos

Original en audio: 26 min. 15 seg.


Amadísimos Hermanos:

¡Qué distinto piensa Dios de lo que nosotros pensamos a veces! Las preocupaciones del mundo, los ataques de Satanás hacen que pensemos que el bien es escaso y pequeño y que el mal es abundante y poderoso; sentimos que los bienes son escasos y sentimos que los males son abundantes; pero las lecturas de hoy nos están hablando de bienes abundantes y de la victoria de la abundancia del bien sobre la presencia del mal.

Con respecto a la población en este planeta tierra, desde hace tiempo nos están repitiendo una mentira, que la cosecha no va alcanzar, la agricultura no va a dar abasto, hay que limitar los nacimientos, hay que frenar el nacimiento de los niños, hay que contener la población porque no va alcanzar la comida.

Lo gracioso es que estudios muy serios nos muestran que no es así, el planeta tierra está facultado por la naturaleza, es decir por Dios mismo, mucho más con la fuerza de la tecnología para sostener una población muchísimo mayor de la que hay actualmente, el problema no es el número de personas, el problema es el presencia del egoísmo y la guerra.

Si la mitad de lo que se invierte en armas se invirtiera en predecir y repartir alimentos, cesaría la pobreza absoluta en el planeta. Nosotros queremos disculpar nuestro egoísmo diciendo que la tierra no puede soportar a tanta gente; la tierra no puede soportar es a tanto egoísta, eso es lo que no puede soportar la tierra; pero la tierra sí puede soportar a mucha gente, y por eso cortamos tantas vidas y nos criamos en el paroxismo, la angustia de la escasez.

Eso con respecto a los bienes materiales; pero esa misma idea lamentablemente la tenemos con respecto con los bienes espirituales. Nosotros, los que somos pecadores, muchas veces sentimos que Dios tiene como un deposito de perdón, pero que ese depósito ya casi se está acabando, como que ya a Dios le queda muy poquito perdón para darnos, como que la misericordia de Dios ya no fuera a dar a basto.

A veces pensamos que Dios lleva tan estricta cuenta que de lo que nosotros hemos hecho, de lo que nosotros hemos sido, que Dios nos va a retirar su amor, que Dios se va a ir de nosotros; ¿pero que nos dice la lectura de la Carta a los Romanos? Yo leo aquí esto “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Quién? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez?” Carta a los Romanos 8,35.

Y dice: “Tengo la certeza de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni lo presente, ni lo futuro, nadie puede separarnos del amor de Dios manifestado en Jesucristo” Carta a los Romanos 8,38.

Lo que nos están diciendo las lecturas de hoy es, Dios es generoso, Dios, Dios tiene en abundancia, ¿Esa es una autorización para desperdiciar? Hijos malvados y perversos quieren entenderlo así; pero si Dios nos está diciendo a nosotros, que somos enfermos y pecadores, que Él tiene en abundancia, no es para que nosotros desperdiciemos, sino para que nosotros, aprendiendo a confiar y gozando de la abundancia que Dios nos otorga, podamos también ser generosos con nuestro tiempo, con nuestra alegría, con nuestros bienes, con nuestro amor.

Porque estamos viviendo un tiempo en el que creemos que tenemos que ser escasos, no sólo somos escasos, no sólo somos mezquinos con los bienes materiales, somos escasos con la sonrisa, por ejemplo. Qué trabajo para sonreír, se nos acerca un extraño, "usted no es digno de una sonrisa", una persona que no sabemos quién es: "Usted no es digno que yo le regale un saludo"; somos mezquinos, somos egoístas con la sonrisa, con el amor, con el saludo, hasta con esos bienes somos mezquinos.

Dios quiere que experimentemos la abundancia de su amor, de su gracia, de su alegría; Dios es bueno, es generoso hasta límites inconcebibles. Hasta donde conocemos el universo, podemos afirmar que el único lugar en el que hay certeza de que hay vida inteligente es este planeta tierra, no sé si las cosas cambien después.

Vamos a meterle un poco de matemática a este asunto. El sol se encuentra a unos 150 millones de kilómetros de aquí vamos a imaginar que este dedo es el sol y este dedo índice izquierdo es la tierra, se supone que hay 150 millones de kilómetros entre este sol y esta tierra.

Toda la vida que hay en la tierra depende de la luz que nace, que brota del sol, piensa en eso, y yo te pregunto una cosa, esta tierra recibe la luz de este sol, pero el sol no manda su luz como un rayo láser hacia esta tierra, el sol manda su luz desde todas partes.

Una parte minúscula, menos de una millonésima parte de lo que produce el sol, se aprovecha, es decir, que de mil millones de partes, 999 millones 999 mil 999 partes se van al espacio infinito y se desperdician aparentemente, o aparente y realmente.

De todo ese sol sólo una minúscula parte llega a esta tierra, pues Dios no tiene problema en que se desperdicien 999.999,999 partes con tal de que le llegue a la tierra lo que le tiene que llegar, así es Dios para todos.

Piensa en Jesucristo, Jesucristo es el verdadero sol, Jesucristo es más que el sol, es el sol que nace de lo alto, Jesucristo dijo muchas predicaciones, muchísimas, el evangelio de Juan nos dice: "Que si se fueran a poner todas las cosas que hizo y dijo Cristo, no cabrían los libros en el mundo" San Juan 21,25. De todo lo que dijo e hizo Cristo, apenas una partecita nos ha quedado en la Sagrada Escritura.

Jesucristo dijo unos sermones maravillosos, unas predicaciones espectaculares, unas parábolas insólitas, preciosas, unas joyas increíbles, ¿y dónde están? Cristo regó con generosidad, Cristo esparció la semilla con amor, con bondad, con generosidad, ¿dónde están esas parábolas? Muchas veces el Evangelio nos dice que Cristo predicaba horas enteras; si nosotros juntamos unas que otras las palabras de Cristo en el Evangelio, no nos dan para esas horas enteras, días y días y días de predicación.

¿Todo esto qué indica, mis amigos? Que Cristo hizo como el sol: Cristo regó amor, Cristo sembró palabras, Cristo repartió misericordia en cantidades y cantidades y cantidades, y dio muchísimo, muchísimo, de todo eso una partecita, un destello es lo que nos ha quedado en la Biblia.

El Dios en el que creemos nosotros es un Dios abundante, fuerte, grande, santo, un Dios que a cientos de millones de kilómetros sabe dónde están sus niños para darles luz, amor aire, caricia.

Cuando un niño pequeño sale al jardín y corre lleno de vida y lleno de alegría y se revuelca en ese pasto y juega con esa arena, cuando un niño se siente así gozoso, a 150 millones de kilómetros Dios ha enviado los rayos de luz que van a acariciar las mejillas de ese niño, Dios puede mirarte a 150 millones de kilómetros y saber que tú necesitas la caricia de ese rayo de luz, y por darte la caricia de ese rayo de luz es capaz de “desperdiciar”, es capaz de botar" al espacio infinito lo que sea, Dios es abundante, Dios es generoso, y donde más es generoso es en la cruz.

Una vez me fui a confesar, yo no me confieso por deporte, me confieso porque soy un pecador. Tú no te imaginas lo que es uno de sacerdote confesarse, todo el mundo reza por nosotros los sacerdotes, uno sabe el daño que hacemos los sacerdotes con nuestros pecados, uno sabe el problema y el escándalo que suele causar uno con su pecado, y mira, ¡se siente una cosa terrible, terrible! ¡Yo sí quisiera y quiero realmente ser santo, con la bondad y con la fuerza de Dios quiero caminar hacia allá!

De manera que, como dice un himno de la Liturgia de las Horas, “con la frente llena de delitos, hay que buscar confesión”. Tú no te imaginas lo que uno siente, mira cuantos ojos de ustedes, amados amigos, están puestos en este caballero, quien soy yo, por favor? ¿Quién soy, quién soy? Un pecador, no soy más.

De manera que fíjate que fui todo contrito y avergonzado y yo iba como asustado y como pensando: "Dios debe estar bravo conmigo", y como el Señor ha sido grande y misericordioso conmigo y me ha dado tantas cosas, tantas, tantas, me ha amado con abundancia increíble. Y yo decía: "Seguramente Dios va a retirar algunos de sus dones de mí", ¡esa es una blasfemia lo que yo estaba diciendo! ¡Dios no es así1 ¡Dios no es así!

Pero yo iba asustado, iba avergonzado por mi pecado, iba a confesarme, y me confesé, una confesión sencilla y bonita; hay tantos sacerdotes y tan buenos, yo no creo que yo sea un buen sacerdote, pero hay tantos sacerdotes tan íntegros y tan buenos.

Una confesión sencilla, bonita, pulcra, hermosa, el amor de Cristo ahí presente; y yo me fui a orar a una capillita después de confesarme, ¿sabe lo que me pasó? Yo sentí que Jesucristo me hablaba desde una cruz, me hablaba no con voz que oyeran mis oídos, sino como una voz en el corazón.

Debe ser porque Cristo sabe que a mí me gustan las matemáticas, por lo que me dijo esto: “Mil millones” ,yo me quedé como frío, y siguió diciendo: “mil millones de veces tus pecados, yo también los perdonaría”, como dicen los paisas, me mató, quedé matado; "mil millones de veces tus pecados, yo también yo los perdonaría”. Dios es abundante.

Y para creer en Dios hay que sumergirse en la abundancia de su amor, por todos los caminos las voces del mundo nos van a decir: "El bien es imposible, el bien es escaso, todo se está acabando, esto va a explotar". El verdadero cristiano sabe que Dios no es un enemigo que esté esperando el peor momento del mundo para explotarlo, para estallarlo; Dios no es un enemigo que esté a las puertas, a ver cuando se muere la persona en el peor momento, cuando peor la embarró.

Dios es el gran amigo mira, mira, Dios está de tu parte, Dios es capaz de defender tu causa incluso cuando tú ya no crees en ella, Dios es capaz de soportar tu vida incluso cuando tú ya no crees en ella, Dios es capaz de soportar tu vida incluso cuando tú ya no crees en ella.

Dios trasnocha, una de las cosas que yo descubrí, Dios trasnocha, se pasa las noches pensando cómo sanar tu vida, cómo sanarla; tú, preocupado, preocupado, preocupado, pero cuando finalmente caes rendido de sueño y te duermes, cuando tú por fin te duermes, Jesucristo a la cabecera de tu cama piensa los mejores caminos para ti, las mejores sendas para ti. Jesucristo te ama de una manera tal, de una profundidad tal, con una intensidad tal, que si tú lo sintieras, te sentirías sostenido por el dueño del universo.

Jesucristo te ama, Jesucristo quiere que tú experimentes la potencia de su amor, si tú le dices a Cristo: “Tengo un problema: es que soy un pecador” y Cristo dice: “¿Es que no has visto mi sangre? ¿Para que crees que sirve mi sangre si no es para lavarte?”

¿Qué dice el libro del Apocalipsis de los santos?: “Estos son los que blanquearon sus vestiduras en la Sangre del Cordero” Apocalipsis 7,14, no dice: “Estos son los que nunca pecaron”, sino dice: “Estos son los que blanquearon sus vestidos en la Sangre del Cordero” Apocalipsis 7,14.

Jesucristo, no hay problema que le quede grande a Jesucristo, no hay angustia difícil para Jesucristo, no hay escasez irreparable para Jesucristo, Jesucristo es el Hijo del dueño de todo, Jesucristo ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra, Jesucristo es el Rey, es el Señor de los señores, Jesucristo tiene potestad para sacar pan aun en el desierto como nos lo muestra el evangelio.

Permítele a Jesucristo, con esto termino, permítele a Jesucristo lucirse en tu caso y en tu vida, ¿Qué quieres tú, ser una historia más de los que no creyeron? ¿O quieres ser una historia más de los que sí creyeron y de los que sí experimentan la gracia, la bondad, la fuerza, la bendición de hoy?

Jesucristo, Jesuctisto, puede hacer las obras más maravillosas. “-¡Ay, pero es que el mundo está lleno de pecado, es que el mundo está tan difícil, el mundo está tan violento, el mundo está tan retorcido, hay tanta ignorancia". ”-¿Y tú crees que Cristo ignora eso? Miremos cuál fue el tiempo en el que vivió la Santísima Virgen, la Madre de Jesucristo, que es la obra acabada, la obra perfecta de Dios.

Miremos ese tiempo. ¿Tú sabes dónde quedaba Nazaret? En Galilea, donde la fe estaba pervertida, donde la fe incluso había desaparecido a muchas personas, y estaba adulterada y mezclada en muchas cosas, problemas políticos, los que tú quieras, problemas económicos, los que tú quieras, posesiones diabólicas, las que tú quieras, enfermedades a granel, y en ese mundo la gracia de Dios condujo a una niña desde su concepción inmaculada hasta su asunción gloriosa, cero pecados.

Y eso puede ser, no me venga con la historia que como el mundo está en pecado, y que como hoy todo el mundo peca, y es que como los ambientes son tan pesados, me va dando a mí como una rabia que la gente diga eso, como si Dios no tuviera poder para conducirnos sin pecado en medio de este mundo.

No vayamos aquí a decir que pecamos porque el mundo está..., ¡no, el mundo siempre ha estado así! El mundo será adversario de Dios hasta el final, ¿quién se preocupa de eso? Pecamos porque dejamos de creer en Dios, pecamos porque nos soltamos de la mano de Él, nos hundimos porque como Pedro, le quitamos la mirada a Cristo y volvemos la mirada a la tempestad y las aguas, por eso nos hundimos.

Cristo tiene poder y con el poder de Jesucristo, con la unción de su Espíritu es posible hasta ese milagro maravilloso que se llama María. Cristo condujo a su Santísima Madre con gracia, con amor la condujo por un mundo repleto de pecado, la condujo sin una sola falta. Dios tiene gracia abundante, Dios tiene amor abundante, unción abundante.

En esta celebración de nuevo tenemos la Sangre de Cristo con nosotros, imagínate, el Cuerpo de Cristo con nosotros, ¿quién se preocupa? La fuente de la sangre no ha cesado de manar, ahí está, está para ti, siempre que quieras ven, visítalo, póstrate ante su sagrario y dile: "¡Gracias, gracias, gracias!" Y alábale con las fuerzas de tu alma, ahí está para ti, no se ha ido, no está enfermo, no está distraído, no está en otros negocios, el negocio de Él eres tú, el oficio de Él eres tú, el arte suya eres tú.

¿Y Usted por qué asegura todo eso, Fray Nelson? Muy fácil, porque el Credo lo dice: “Por nosotros y por nuestra salvación”. Yo quiero que tú en esta noche creas profundamente en Jesucristo, quiero que creas en Él, en su poder, quiero que escuches la voz secreta que a mí también me habló, esa voz que dice: “Mil millones de veces, lo que tú has hecho, yo también lo perdonaría”.

Quitemos ese obstáculo y hablemos como amigos, así te ama Cristo, ¿cuál es el obstáculo? “Ah, es que estoy apenado, estoy avergonzado”. Mira, si fuera mucho más, yo también quitaba eso, quitemos eso y hablemos como amigos, hablemos de corazón a corazón: la abundancia del corazón de Cristo, te espera; la riqueza inagotable de su gracia, te aguarda. Cristo está para ti, Cristo vino por ti, Cristo está aquí, en medio de nosotros, porque que quiere hacerte bien, ese es Él, sólo viene a hacer bien, no viene a condenar, vino a salvar lo que estaba perdido, ese es Jesucristo, nosotros lo aceptamos.

Sí, Señor, nosotros en este momento te acogemos, te recibimos, te estamos recibiendo y aceptando como nuestro verdadero Señor y Salvador; tú que eres el Hijo único de Dios, Hijo único de la Santa Virgen María, Señor Jesús, ungido del Padre con la unción del Espíritu Santo, Jesús, yo creo en ti, creo en tu unción, creo en tu estilo, creo en tu palabra, creo en tu mirada, creo en tu Evangelio y quiero tener mi mirada puesta en ti, no quiero apartar mis ojos de ti, no quiero retirar mi corazón de ti, quiero estar en ti y experimentar la abundancia que brota de ti.

Satanás pretende engañarme y decirme que todo es escaso, que todo es peligroso, que todo es miedoso, Satanás pretende dominarme con el miedo. Señor Jesús, yo quiero creer en ti de una manera total, absoluta, como creo en los amigos; no quiero creer en tu abundancia para aprovecharme de ti, no quiero ser un traidor, quiero ser un amigo tuyo; quiero creer en ti con todas las fuerzas de mi alma, y quiero experimentar en todas las células de tmi cuerpo, en todos los días de mi vida, en todas las áreas de mi alma, en todos los rincones de mi casa, quiero experimentar el poder de tu bendición.

Jesucristo, abre en este momento todo mi ser, abre, Señor, las puertas que se encuentren cerradas en mi alma, todas son tuyas, te entrego todo, abre todas mis puertas; sé tu mi dueño, sé tú mi Señor, sé tu el dueño de mi alma, me entrego a ti.

Jesucristo, Jesucristo, Hijo del Dios vivo, te amo y me entrego a ti, con todas las fuerzas de mi corazón, confío en ti; sé que nada puede me apartarme de tu amor porque así lo menciona el Apóstol San Pablo; yo me entrego a ti, yo creo que tu mano bendita puede sanar; yo creo que tu corazón maravilloso, tu corazón sagrado, Señor, puede restaurar mi alma y mi corazón herido.

Me postro ante ti, te abrazo a tus plantas y con lágrimas en los ojos te digo: “¡Qué bueno que hayas venido! ¡Qué bueno que estés aquí! ¡Qué bueno que me hayas llamado! ¡Qué bueno que me hayas esperado! ¡Qué bueno que tú seas mi Señor! ¡Y qué bueno que yo sea tu siervo también!

¡A ti honor y alabanza, Jesucristo! Te amamos junto con todos mis hermanos, como embajador de todos ellos, yo, el más indigno, como embajador de todos ellos, te digo, Jesús: te amamos, estamos ante tus plantas para que tu seas, el amado, el Señor de nuestras almas, para que tú seas nuestro Rey y Pastor.

Jesús, tú puedes en nosotros lo que nadie más puede; tú vas a hacer en nosotros lo que nadie más puede hacer. Jesús, tú en este momento estás derritiendo el hielo; hermoso Jesucristo, el sol de tu amor está empezando a brillar en este momento en corazones que eran como témpanos, y tu estás empezando a derretir el hielo.

Veo cómo corazones que estaban entumidos, asustados, se empiezan a unir a ti. Tú vas quitando esa capa de nieve, granizo, hielo que cubría tantas almas, y tú estás en este momento derritiendo este hielo, bendito seas Jesucristo, permite que nos derritamos ante ti y te digamos: “Señor, nos rendimos ante ti, creemos en ti, nos entregamos a ti, te alabamos, bendito seas, gracias, Jesucristo, gracias, gracias, Señor, ante ti nos derretimos, ante ti nos rendimos, Jesucristo, y te alabamos y te damos gracias.

Qué bueno que estés aquí, Jesús; haz toda tu obra en nosotros, deja obrar a tu corazón, deja obrar a tu misericordia, te damos permiso, Jesús, te damos permiso para que tú hagas tu obra en nosotros. ¡Lo que nadie puede hacer, tú lo puedes hacer; lo que nadie sabe hacer, tú lo sabes hacer; lo que nadie quiere hacer, tú sí lo quieres hacer!

Gracias, Jesús, gracias, gracias, Jesús. Obra con poder, Señor, en este pueblo que te ama; obra con poder en él, y que todos puedan experimentar tus maravillas, la maravillosa noticia de tu Palabra y de tu Evangelio.