Ao17003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990725

Título: Dios nos revela la noticia de su amor en nuestras circunstancias concretas e individuales

Original en audio: 14 min. 33 seg.


Todos sabemos que la palabra Evangelio significa Buena Noticia, y sabemos también que en la Santa Misa siempre se lee un trozo del Evangelio. Yo pienso que el pasaje de hoy realmente es un evangelio al cuadrado, un evangelio que es un gran noticia noticia, una extraordinaria noticia, un evangelio que nos cuenta de la alegría, la admiración, la generosidad, el fuego que suscita en nosotros la llegada del Reino de Dios.

¿Qué tal lo que le pasó a este comerciante, no cualquiera: comerciante en perlas finas, experto en perlas, al que un día le llega la perla del gran valor, una perla que vale más que todas las perlas, una perla capaz de hacer que este hombre deje atrás todo su oficio, deje su comercio, deje su compra y su venta? Es la última, es la perla definitiva, es la perla única.

¿O qué tal este otro hombre que se encuentra un tesoro en un campo y entonces lo vuelve a esconder, y vende todo lo que tiene, y compra el campo? "¿Qué tiene en común estas dos imágenes que nos da Jesucristo? La alegría, el entusiasmo, la generosidad, el dejar atrás todo un pasado.

Este comerciante de perlas había tenido perlas chiquitas, medianas y grandes, las vende todas, vende todo lo que tiene para adquirir esa única y definitiva perla. Ese es el encuentro con el Evangelio. ¿Cuáles son esas perlas chiquitas y grandes que uno ha tenido en la vida? Pues las cosas en las que uno ha vivido, las que a uno le han interesado, las alegrías que han hecho que uno diga: "Esto vale la pena".

¿Que tal encontrar una alegría que vale más que todas las alegrías? ¿Qué tal encontrar una dicha que vale más que todas las dichas y un tesoro que vale más que todos los tesoros? Eso es encontrar el Reino de Dios, eso es encontrarse con Jesucristo y con su Evangelio.

¿Qué enseñanza sacaremos para nosotros? Probablemente diremos: "¡Qué rico para esta gente que se encontró con ese tesoro o que se encontró con esa perla! ¿Y qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo poder encontrarnos con ese tesoro? Cómo poder llegar a esa perla? El Evangelio nos lo presenta como una sorpresa: "El Reino de los cielos se paree a un tesoro escondido en un campo, el que lo encuentra..." San Mateo 13,44; "se parece a una perla que alguien encontró" San Mateo 13,45-46.

Este comerciante veía pasar muchas perlas por su comercio, un día llegó una grande; y este hombre seguramente pasó por muchos campos hasta llegar a ese campo que tenía el tesoro grande. Esto nos indica que Dios nos va a ir a visitar o nos está visitando en nuestro terreno, Dios ha acomodado su lenguaje a nuestra realidad, y en nuestro lenguaje y en nuestra realidad Dios pronuncia su salvación. Se trata de encontrarle el lenguaje a Dios, lo que Dios ha querido decirme, lo que Dios ha querido regalarme en mi lenguaje, en mi realidad.

Si este no fuera un comerciante de perlas sino de rubíes, pues el Reino de los Cielos le llegaría como un rubí fantástico; y si fuera comerciante de diamantes, le llegaría el Reino de los Cielos como un diamante maravilloso.

Dios ha pronunciado su noticia en tu vida, en tu lenguaje y en tus circunstancias. Si escuchas, si logras descubrir ese tesoro que está en tu lenguaje y en tus circunstancias y que ha llegado hasta ti, has encontrado el Reino de los Cielos.

Voy a decir una cosa disparatada: ¿qué tal que este hombre, el del tesoro, se hubiera encontrado la perla? Pues tal vez él no hubiera tenido los ojos el comerciante para saber que era era la perla única y definitiva y la más hermosa.

Dios a ti te va a hablar como tú eres, y si tú descubres el Evangelio, lo descubres de acuerdo con lo que tú eres, con un gozo capaz de desbordarte desde lo que tú eres. El joven descubrirá a Jesús como la gran noticia de su juventud; una pareja descubrirá a Jesús como la gran noticia de su amor de pareja; un niño descubrirá a Jesús como el gozo inmenso de su infancia; un anciano descubrirá a Jesús como el soporte, como la alegría, como la serenidad, como la esperanza de su ancianidad.

Mis hermanos, esta noticia del amor Dios la pronuncia en nuestras circunstancias; de pronto hay que cavar un poco, como el hombre del tesoro, encontró el tesoro: tuvo que cavar un poquito, pero lo encontró. En tu lenguaje, en tu historia, en tu mundo, Dios está pronunciando su noticia, ¿qué necesitamos? Necesitamos ojos, necesitamos oídos para recibir esa noticia, para percibirla, para encontrar ese gozo inefable, ese gozo radiante del Señor.

Por eso estas palabras tiene que acabar en oración. Hay que pedir a Jesucristo que abra nuestros ojos, que nos revele la noticia. San Pablo decía: "Cuando dios se dignó revelarme a Cristo, entonces..." Carta a los Gálatas 1,16, Hay que pedirle al Señor Jesús: "Revélanos tu noticia, muéstrame tu noticia".

Dice la Primera Carta de Juan: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos amó primero" 1 Juan 4,10.

Nuestra oración ¿cuál va a ser en este momento? Va a ser: "Señor, muéstrame que tú me amaste primero, muéstrame el amor que tú por adelantado me ofreciste, el amor que tú por adelantado me estás entregando en mi vida, como yo soy, en el oficio ene el que me encuentro, en el contexto en el que estoy; regálame, Jesús, descubrir la noticia de tu amor.

Abre mis ojos, que yo pueda ver que tú me amaste primero, que me amaste por adelantado, irreversible, irrevocable, poderosamente me amaste. Que yo pueda sentir esa noticia de tu amor, que yo pueda gozarme en la fuente de ese amor". "Me amó y se entregó por mí" Carta a los Gálatas 2,20, decía San Pablo; "que yo pueda sentir eso".

Una vez que lo sientas, va a producir una revolución en tu vida, una vez que lo sientas va a producir lo que le pasó a este comerciante: todas las otras perlas, "véndame todo eso, salgamos de todo eso"; y todas la otras cosas, "mire, dejemos atrás todo eso, atrás todo".

"Muéstrame, Señor, ese amor que tú me ofreciste por adelantado antes de que yo te conociera, antes de que yo te agradeciera, antes de que yo pensara en ti, antes de que yo hiciera nada por ti, probablemente cuando te estaba ofendiendo". Ese es el amor que necesitamos que Dios nos muestre.

"Abre mis ojos, ayúdame a escavar en mi campo, ayúdame a encontrar el tesoro. Muéstrame el amor que tú me tenías, el amor que me ofreciste por adelantado".

Recordemos aquí esa palabras del gran convertido de la Iglesia antigua, San Agustín . San Agustín meditaba en estas cosas y decía: "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé!" Tarde ¿por qué? Porque Dios empezó desde temprano a amarnos.

Repito la oración: "Muéstrame, Jesús, el amor que me tenías antes de que yo pensara en ti. Revélame, Jesucristo, el amor que tú me tiene, el amor que tú has pensado para mí, para mí, con mi lenguaje, con mi oficio, con mis circunstancias, con mis problemas". Sobre todo esto: ·Jesús, muéstrame cómo tú me estaba amando cuando yo te estaba ofendiendo.

En esos días, en esas horas, con esas palabras, cuando probablemente nosotros no le dábamos ni una miradita a Jesucristo; cuando decíamos estupideces,- creo que muchos de nosotros hemos dicho estupideces sobre la religión, sobre la Iglesia, sobre los sacerdotes, sobre los sacramentos-; cuando yo estaba diciendo tonterías de ti; cuando yo te ofendía con mis pensamientos; cuando mis pensamientos vagaban lejos de ti, cuando mis palabras iban por otros caminos, cuando mis obras eran insultos a ti, muéstrame el amor que me tenías en ese momento.

Muéstrame que siempre me amaste, muéstramelo. Que en mi vida, que en mi rincón-, este comerciante de perlas finas tenía un rincón en la placita, y allá a ese rincón de la plaza le llegó la perla fina-. En mi vida, en mi rinconcito tú estabas pensando en mí.

Te imploro, Jesús, que regales esta experiencia maravillosa, inolvidable, la experiencia inolvidable y maravillosa de tu amor, la experiencia quemante de tu amor para cada uno de los aquí presentes. Regala esa experiencia, muéstrale a cada uno y a cada una cuánto los amaste.

Hermano mió, mucho antes de que tú pudieras pronunciar el Nombre de Jesús, mucho antes de que tú le alabaras y le agradecieras, incluso cuando estabas hablando mal de Él, Él te miraba con amor y decía: "De pronto un día lo cambio", y derramaba sobre ti los dones de su misericordia cuando tú no tengáis corazón para agradecérselo.

Es que ahí está la prueba, San Pablo lo dice muy claramente: "La prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros todavía pecadores, envió a su Hijo por nosotros" Carta a los Romanos 5,8.

Revélales, Jesucristo, tu amor, revélanos tu amor; revélanos la potencia de tu gracia y danos el júbilo de sentirnos amados, amados, amados por ti.

Amén.