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¡Compraba y vendía! Compraba porque seguía buscando, y vendía porque todavía no encontraba. Cuando se encontró con esta perla fina, dejó de comprar y vender. Hizo una compra definitiva: fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
 
¡Compraba y vendía! Compraba porque seguía buscando, y vendía porque todavía no encontraba. Cuando se encontró con esta perla fina, dejó de comprar y vender. Hizo una compra definitiva: fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
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Mientras era comerciante no compraba todo lo que necesitaba ni vendía todo lo que tenía. Mientras era comerciante adquiría algunas cosas y perdía algunas cosas. Cuando apareció esta Perla lo perdió todo y lo ganó todo.
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De modo que la diferencia entre esta Perla y las que él había obtenido antes, es una diferencia no sólo de cantidad sino de cualidad o incluso de decencia. Se trata de algo totalmente distinto.
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Por fin este hombre deja de comprar y vender. Ya no tiene que comprar más porque ya encontró lo que quería, y ya no tiene que vender más porque ahora sólo sí él tiene una cosa que es su Perla, precisamente la que quiere.
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''Esto significa que la llegada del Evangelio a una vida transforma esa vida mucho más de lo que a veces creemos.''
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Esto significa que la llegada del Reino de Dios es capaz de cambiar, no una perla por otra, no como el que deja un carro para comprar otro mejor, no como el que actualiza su computador, no como el que deja la ropa que se ha gastado y compra otra que esté de moda.
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El Evangelio no entra dentro del círculo de la moda o dentro del círculo del computador o del carro. No es algo que ahora compramos o que ahora adquirimos, para luego dejar.

Revisión del 20:44 21 jul 2011

Fecha: 19960728

Título: Habremos encontrado el Evangelio cuando encontremos un Amor del cual no vamos a ser duenos sino que sera nuestro Dueno.

Original en audio: 8 min. 27 seg.


Jesús utiliza compaaciones sencillas para decir cosas profundas. Porque, a veces lo más profundo es también lo más sencillo. Y a veces buscamos muy lejos lo que está muy cerca, para terminar encontrándolo pecisamente ahí donde siempre estuvo.

Nos va hablando Jesús del Reino de Dios, porque ésa es la vida de Él: anunciar e instaurar el Reino de Dios; es decir, que Dios reine. Y para darnos a entender qué es el Reino de Dios, utiliza parábolas, narraciones, comparaciones.

Hoy, por ejemplo, nos habla de un hombre que encontró un campo, un tesoro en un campo, y nos habla de un comerciante que buscaba perlas finas.

Yo quiero empezar con ese comerciante. Porque, un ejercicio bien bonito es pensar que éso se dio después de donde termina la parábola; es un ejercicio para la imaginación.

Pensemos en ese comerciante. Si es comerciante, compraba y vendía: ésa es la definición del comerciante. Pero, mientras compraba y vendía, buscaba. Éso significa que nada de lo que compraba terminaba de satisfacerlo, y todo lo que vendía había dejado de llenarlo.

¡Compraba y vendía! Compraba porque seguía buscando, y vendía porque todavía no encontraba. Cuando se encontró con esta perla fina, dejó de comprar y vender. Hizo una compra definitiva: fue y vendió todo lo que tenía y la compró.

Mientras era comerciante no compraba todo lo que necesitaba ni vendía todo lo que tenía. Mientras era comerciante adquiría algunas cosas y perdía algunas cosas. Cuando apareció esta Perla lo perdió todo y lo ganó todo.

De modo que la diferencia entre esta Perla y las que él había obtenido antes, es una diferencia no sólo de cantidad sino de cualidad o incluso de decencia. Se trata de algo totalmente distinto.

Por fin este hombre deja de comprar y vender. Ya no tiene que comprar más porque ya encontró lo que quería, y ya no tiene que vender más porque ahora sólo sí él tiene una cosa que es su Perla, precisamente la que quiere.

Esto significa que la llegada del Evangelio a una vida transforma esa vida mucho más de lo que a veces creemos.

Esto significa que la llegada del Reino de Dios es capaz de cambiar, no una perla por otra, no como el que deja un carro para comprar otro mejor, no como el que actualiza su computador, no como el que deja la ropa que se ha gastado y compra otra que esté de moda.

El Evangelio no entra dentro del círculo de la moda o dentro del círculo del computador o del carro. No es algo que ahora compramos o que ahora adquirimos, para luego dejar.