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Fecha: 20020718

Título: La grandeza del perdon

Original en audio: 6 min. 18 seg.


A veces, hermanos, uno se pone a pensar en la distancia tan grande que tenemos con Dios. Porque Dios es tan bueno, y nosotros, los seres humanos, hemos mostrado que podemos ser muy malos.

Uno se queda aterrado de las cosas que se ven,con los crímenes atroces, con el terrorismo, con la defraudación de los bienes y las esperanzas de los pobres. Hay tanta capacidad de maldad en el corazón humano, que uno puede pensar que Dios está irremediablemente lejos.

¿Qué tendrá que ver la santidad de Dios con tanta miseria, con tanta maldad que se ve en el mundo? Esa pregunta que nos hacemos, no somos los primeros en hacerla. La distancia entre Dios y el hombre, es algo que ha estado siempre ante los ojos de las almas verdaderamente piadosas y que buscan la sabiduría.

Y es hoy el Profeta Miqueas, el que nos ayuda a encontrar una respuesta a esa pregunta. La respuesta es sorprendente, porque se trata de una respuesta a favor nuestro. Es fundamental ese versículo de Miqueas en el día de hoy: "¡Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad!" Miqueas 7,18.

Como quien dice, Miqueas nos está enseñando, que la grandeza de Dios se mide especialmente por su capacidad de perdón. Es muy grande separar a los buenos de los malos. ¡Eso es grande! Pero todavía es más grande separar el bien del mal.

Me explico: cuando uno separa a la gente buena de la gente mala, está haciendo una cosa buena, porque está impidiendo que el mal se propague como el fuego en paja seca. Cuando uno separa a los buenos de los malos, a la gente buena de la gente mala, está haciendo una obra grande.

Pero es muchísimo más interesante, es muchísimo más grande y habla de un poder muchísimo mayor, ésto: el perdón es una obra todavía más grande que la separación entre los buenos y los malos. Porque el perdón es la separación, no de la gente buena y de la gente mala, sino la separación del bien y del mal.

Cuando Dios nos perdona, hermanos, arranca de nosotros el mal. De manera que es más grande transformar a una persona mala en una persona buena. Eso es más grande que separar a una persona mala de una persona buena. Y esa es la grandeza de la que nos habla el Profeta Miqueas en este día, la grandeza del perdón.

Porque el perdón de Dios no es una declaración extrínseca, no es como un papel que Dios firma y dice: "Bueno, voy a hacer de cuenta que no pecaron". El perdón de Dios es una fuerza que llega a nosotros, que nos renueva, que cambia nuestro pensamiento, que hace distinto nuestro corazón.

Por lo tanto, la Santa Iglesia nos habla del Sacramento de la Confesión como el lugar grande del perdón, y de ahí que nos hayan enseñado que los Sacramentos comunican la gracia. Dios mismo, se entrega con su poder. Dios mismo, obra con su amor, con su bondad. Dios mismo, obra en nosotros. Dios mismo, transforma nuestro ser.

El perdón es la obra grande de Dios, porque es como volver a crear, es como renovar desde su raíz, es como volver a hacer. Luego, ya no nos desespera, ya no nos angustia pensar la distancia que nos separa de Dios. ¡Sí! Dios es inmenso, Dios es infinito, Dios es pureza sobre toda pureza, bondad sobre toda bondad y poder sobre todo poder.

Pero precisamente, porque tiene todo ese poder, es capaz de transformarnos, es capaz de hacernos de nuevo, es capaz de renovarnos. Precisamente, porque es soberano, puede hacernos de nuevo, y eso se llama perdonarnos. De esa manera, la misericordia viene a ser la expresión más grande del poder de Dios.

No nos angustiemos pensando: "¡Dios tan bueno y nosotros tan malos!" No nos desanimemos pensando: "Dios se quedará por allá lejos, porque esto por aquí está muy cochino". Más bien pensemos: "Precisamente, porque esto está tan sucio, sólo Dios puede renovarlo desde su raíz, sólo Dios con su poder, puede hacer una creación nueva".

¡A Él la gloria y alabanza!

Amén.