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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990718

Título: Descubramos la semilla del Reino, y hagamos el bien que tenemos que hacer.

Original en audio: 16 min. 22 seg.


Amados Hermanos:

El Evangelio está lleno de preguntas profundas, qué tal esta que ha salido en el pasaje de hoy: ¿por qué hay mala hierba? Esta es una pregunta como para romperse la cabeza uno, por que si la tierra es para todos, no alcanza para todos.

Estadísticas recientes muestran que las tres personas más ricas del mundo en este momento tiene más dinero que los ochenta países mas pobres, tres personas; algo debe de andar mal ahí.

¿Qué pasa con esta tierra a la que ensuciamos tanto, con esta naturaleza que ya parece revelarse contra el ser humano y querer como excluirlo? ¿Por qué hay mala hierba? ¿por qué hay problemas que son endémicos?

Nuestra patria sufre endémicamente de la violencia generación tras generación, un recorrido por la historia de Colombia lo lleva a esta conclusión; la violencia no es de este año ni de hace diez años.

Alguien podrá decir que no hemos podido salir de la Patria Boba. Gente que me responda por qué hay racismo en los Estados Unidos de América y que me cuenten también cuántos muertos más va a haber en la la guerra entre católicos y protestantes en Irlanda, y que me diga por qué el Islam persigue, tortura, aísla a los cristianos. ¿por que hay mala hierba? ¿Por qué la maldad en el corazón humano? Es una pregunta aguda, profunda, dolorosa.

Si nos vamos a la Iglesia, encontramos algo semejante. Se supone que la Iglesia tiene su origen en la predicación y en la santidad de Jesucristo, ¿por qué hay mala hierba en la Iglesia? ¿Por qué nosotros, que hemos sido bendecidos de tantas maneras, nosotros los sacerdotes, tantas veces decepcionamos?

Cuando uno lee los documentos de la Iglesia sobre la familia cristiana se admira, qué cosa tan sensata y tan hermosa, pero cuando conoce la realidad de tantas familias con sus fríos, sus indiferencias, sus infidelidades, sus hipocresías, uno se pregunta por qué hay mala hierba, por qué en todos los caminos que recorre el ser humano va quedando ese sello de quedarnos a medio camino, de llegar sólo a la mitad, de no alcanzar el fruto.

Las leyes de los países están llenos de sabiduría muchas veces, pero el comportamiento de los mismos países no está de acuerdo con esas leyes; las constituciones de las comunidades religiosas están llenas de sabiduría, pero el comportamiento de los religiosos a menudo no responde a esa sabiduría, no más ejemplos.

Que quede la pregunta: ¿por qué esa mala hierba, incluso en el jardín de Dios? ¿Por qué esa mala hierba?

Miremos los Papas. Hay grandes ejemplos de santidad y hay unas vergüenzas terribles para nuestra Iglesia Católica en la historia de los Papas. Si revisamos los estados de vida, las naciones, los siglos las culturas, por todas partes parece que pudiera crecer esta mala hierba, como las enfermedades que tienen la capacidad de surgir hasta en los lugares más inhóspitos, ahí donde la vida apenas alcanza a darse, hay suficiente vida para enfermarse.

"Al Reino de los Cielos, -dice Cristo-, le sucede a lo que la buena semilla: "Un hombre sembró en su campo” San Mateo 13,24; hay una semilla buena y hay un campo bueno, pero también hay un enemigo que siembra esa mala hierba; exasperados por la mala hierba, nosotros seguramente nos identificaremos con lo que dijeron estos amigos del patrón: “¿Quieres que vayamos nosotros a arrancarla?” San Mateo 13,28.

Quisiéramos tomar la justicia con nuestras manos, cuando la maldad alcanza ciertas cosas quisiéramos tomar la justicia por nuestras manos, parece que de ahí surgió ese fenómeno de los paramilitares, del agotamiento, de la exasperación, de la necesidad de hacer algo: "Hay que acabar con ellos, hay que acabar con los enemigos".

La solución que propone Cristo no es arrancar esa mala hierba, dice que “no hay que arrancarla, no sea que al arrancarla arranquéis también el trigo” San Mateo 13,29.

¿Es esta una respuesta pasiva a una pregunta dramática? Lo que dice el evangelio de hoy es que hay que dejar que crezcan juntos, ¿pero como dejar que crezcan juntos si vemos lo que está pasando? ¿Si vemos los frutos de maldad, violencia y de muerte? Pues hay que dejar que crezcan juntos, porque al arrancar unos podríamos arrancar de los otros, sobre todo hay que creer que es mayor la fuerza de la buena semilla.

Hay que creer, cosa que no dice la parábola, que también esa maldad te puede convertir, si se pudiera distinguir completamente, si se pudiera diseccionar completamente el bien del mal, si pudiéramos poner exactamente de un lado las personas buenas y de otro las personas malas, si pudiéramos lavar completamente nuestras manos y separarnos de toda complicidad, entonces podríamos arrancar la mala hierba y dejar sólo el trigo.

Pero esto no se puede porque el corazón humano es ambiguo, tiene de bueno y de malo, un día puede ser muy perverso, y luego puede convertirse; un día puede ser muy generoso, y luego ser un criminal; además, existen las redes de complicidad, especialmente cuando estudiamos los problemas de la psicología y de la sociología, descubrimos que las maldades de unas personas tienen su origen en las indiferencias, en los egoísmos, en las soberbias de otras personas.

Quién sabe cuánta responsabilidad tenemos nosotros los que estamos aquí con las situaciones que vive el país o que vive el mundo, y uno no lo cree, uno no cree que la pequeña maldad, que el pequeño egoísmo, que la pequeña indiferencia de uno se pueda sumar al mal de otros y pueda llegar a convertirse en una carga insoportable que genera muerte, exasperación y violencia en otras personas, pero aún en un plano pequeño como es el plano familiar, esto se puede comprobar.

Un adolescente se suicidó, estudian el caso: él sentía que no le importaba a nadie, pregunta: ¿en qué momento el padre le dijo a él “usted no me importa, mijo”? no se lo dijo nunca, esas palabras no se las dijo nunca; ¿en qué momento la mamá le dijo a su muchacho “usted no me importa”? No se lo dijo nunca.

¿De dónde salió la muerte del muchacho? Salió de la suma de actos pequeños, de no prestar atención. Muchas veces de descuidar no sólo del mal que hacemos sino del bien que dejamos de hacer, de todos los bienes que no hemos hecho y de todos los males que a nosotros nos parecieron pequeños, pero que trajeron consecuencias grandes.

Hemos hecho difícil la vida para otras personas, después de que esas personas están metidas en sus problemas es fácil señalarlas y decir: “Mala hierba, muérase”; después de que están allá.

Es lo que ve uno como sacerdote, por ejemplo, con el problema del aborto. Muy cómoda la posición de los que dicen: “Despenalicemos el aborto”, muy cómoda la posición de los que dicen que no se le permite a la mujer abortar, ¿pero qué hay detrás de eso? ¿Qué hubo en esa familia? ¿Qué hubo en ese colegio? ¿Qué hubo en esos amigos? ¿Qué hubo en esas amigas? ¿Qué hubo en esas conversaciones?

Ese muerto no es el muerto causado por un médico en una clínica de abortos, ese muerto es el muerto de mucha gente que hizo males y dejó de hacer bienes, y después de que las personas están emproblemadas les hacemos lo mismo que le hicieron los sumos sacerdotes a Judas: “Ese es tu problema” San Mateo 27,4.

Y dijo Judas: “He condenado a muerte a un inocente” San Mateo 27,4, y le dicen los sumos sacerdotes: “¿Y nosotros qué? es tu problema” San Mateo 27,4, y esta frase: “Ese es tu problema” es la que llevó a Judas a la desesperación y al suicidio y es la que puede llevar a muchas personas a cometer crímenes contra sí mismo o contra la sociedad.

Por eso Jesús tiene razón, pues claro que tiene razón. “Vamos a quitar la mala hierba”, ¿eso significa que vamos a quitar las malas raíces? ¿Y qué tal que esas raíces nos implicaran también a nosotros, los que nos consideramos buenos y que nos consideramos jueces? Estoy por pensar que alguno de ustedes dirán: “Pero yo no le hago nada a nadie”.

De una homilía tranquila y honrada, "¿yo por qué tengo que soportar lo que está viviendo este país y lo que está viviendo este mundo?" Sí, usted tiene razón, usted no le hace mal a nadie, ah, pero ¿hace usted el bien que tiene que hacer? ¿Hace usted el bien que puede hacer?

Eso sólo lo descubre uno cuando descubre la semilla del Reino. Para saber uno cuál es todo el bien que uno puede hacer tiene que haberse encontrado con la semilla del Reino, tiene que haberse fascinado por la semilla del Reino.

¿Usted siente que tiene una noticia maravillosa y alegre que darle al mundo? Si no lo siente usted no ha descubierto cuál es la predicación de Jesús y entonces su primer deber, lo primero que usted ha dejado de hacer es descubrir la semilla del Reino; y si usted, en cambio, ya ha descubierto esa semilla y está fascinado o fascinada por el Reino de Dios, ¿qué pasa con usted que no lo anuncia?

Yo no creo que usted o yo seamos inocentes. Nuestros años perdidos, nuestras palabras negadas, nuestra falta de pasión por el Reino de los Cielos nos acusa; nosotros no podemos considerarnos trigos para señalar a los otros y decir que son mala hierba.

Nosotros, los que hemos tenido ocasión de escuchar la Palabra, debemos preguntarnos si hemos descubierto el vigor de la semilla del Reino y si habiéndola descubierto la hemos propagado con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro amor, más allá de los límites de nuestros egoísmos colectivos.

Porque hay quien cree que porque le hace bien a su familia ya cumplió con todo, hermanito, ¿usted no recibe de toda la sociedad? ¿No considera que tiene una responsabilidad más allá de su apartamento, de su casa, de su carro, de su club? ¿No cree usted tiene algo que hacer mucho más allá de sus fronteras?

Es que existe el egoísmo de las personas, y también existe el egoísmo de las parejas, y también el egoísmo de las familias y de las clases sociales.

Yo le puedo apostar que si usted descubre la maravillosa noticia del Reino, si usted descubre esa semilla, y si usted se fascina por esa semilla, y usted tiene la palabra llena de gozo del Evangelio de Cristo, usted se asombrará de todo el bien que nunca hizo, porque usted creyó que estaba haciendo todo el bien que podía.

Tal vez está haciendo usted todo el bien que puede, todo el bien que se puede hacer sin conocer la semilla del Reino, pero cuando se conoce la semilla del Reino, cuando se encuentra el vigor de la semilla del Reino de los Cielos, uno descubre que uno lo que ha estado haciendo es protegiendo sus afectos, protegiendo su pequeño mundo y defendiéndose del resto de la sociedad; pobre balance que no nos deja clasificados como trigos, ciertamente.

Mis hermanos, al recibir la comunión en el día de hoy, pidámosle a Cristo que nos ayude a descubrir la semilla del Reino, la noticia fantástica de su amor y de su gracia; pidámosle al Padre Celestial que nos dé el gozo irreprimible del Evangelio de Jesucristo y el deseo irreprimible de trasmitirle a otros y de hacer el máximo bien posible; descubriremos que muchos que parecían mala hierba son trigo de la mejor calidad.